Un día común en la “crisis” inducida por el imperialismo contra la República Bolivariana de Venezuela (I)

Deseamos narrar un día común y corriente en la vida de una familia venezolana, como un ejercicio pedagógico y real, para mostrar que la mal llamada crisis en Venezuela, no solo es política, económica, y social, también es existencial, pues afecta la supuesta normalidad que vive la gente en mí país, con abundantes riquezas en este caso.

La narración, se hará en algunas ocasiones, en lenguaje personal, igualmente, la haremos en varias entregas, por lo denso y extenso de la misma. Asimismo, el relato nos llevará a preguntarnos, por qué el pueblo venezolano resiste ante tales calamidades.

La familia del relato corresponde a una historia real, la cual está compuesta por los padres, cinco hijas e hijos, viviendo en cuatro casas independientes, pero en un mismo terreno, en el barrio Robinson Ferreira Traves, en un sector de clase popular.

Nos levantamos temprano, y amanecimos algunos y algunas cansados, ante la mala noche sin luz eléctrica y agua. Nos acostamos sin ducharnos ante la carencia de agua y para ahorrarla para bañarse en la mañana e ir al trabajo. Fue una noche terrible sin ventilador, para la mayoría y sin aire acondicionado para unos cuantos, más en una ciudad muy caliente, como lo es Maracaibo, la segunda ciudad de Venezuela.

Los que vamos al trabajo, nos aseamos con poca agua, previamente conseguida con algunos vecinos que tienen tanques y depósitos de agua. Los que se quedan en casa, tratarán de conseguir durante el día, para bañarse, lo que sea. El primer golpe es que no tenemos crema dental para cepillarse y jabón de baño; lo suplimos con sal y jabón para lavar ropa. Disculpen, lo grotesco, pero el papel higiénico es muy costoso, lo sustituimos con otro tipo de papel, tela, o agua.

Ante la hiperinflación inducida, estos productos más los de aseo para el hogar, es decir, TODOS los productos, son demasiado costosos, y cuando se consiguen, hay que hacer largas colas, filas, para poder adquirirlos.

Les comparto algunos costos en bolívares y dólares: jabón de baño: Bs.S. 3.500 / $ 1.16; Pasta o crema dental: Bs.S. 6.500 / $ 2.16; Papel higiénico: Bs.S. 12.000 / $ 4.00; Shampoo: Bs.S. 14.000 / $ 4.6; Aceite para cocinar: Bs.S. 16.500 / $ 5.3; Arroz: Bs.S. 5.900 / $ 1.96; Carne: Bs.S. 8.900 / $ 2.96.

El precio del dólar hoy en Venezuela es de Bs.S. 3.000 bolívares soberanos.

El salario mínimo o básico mensual es de 18.000 bolívares soberanos, equivalente a $5.6 tasa oficial. En algunos casos el costo de algún producto básico, supera el total del salario mínimo.

Esto suceda ya que los empresarios burgueses, tienen el control del mercado de divisas y manipulan los precios, tanto de los dólares, bolívares, como de los costos de los productos de primera necesidad.

No obstante, ante la pregunta, porque el salario mínimo es tan bajo, lo abordaremos en la próxima entrega de estos relatos.

Finalmente, el precio de la Canasta Básica Familiar de enero 2019 es de Bs.S. 1.396, 507, 23, compuesta por 25 productos.

En muchos casos, hay dinero, pero no se logra comprar porque se agota ante tanta gente. En estas filas y colas, muchas veces hay personas que se desmayan, por el calor, el stress, o porque no pudo desayunar bien o no desayunó nada.

Cuando logramos asearnos algo, vamos a desayunar, ahh, pero antes, nos vestimos con la ropa sin planchar por la falta de luz. Normalmente, la colocamos en ganchos durante la noche anterior, para que se estire al calor de la noche. Igualmente, tenemos que ahorrar las veces de puestas de camisas, pantalones, vestidos, blusas y otras prendas, todo por la falta de agua y jabón para lavar ropa.

Hay cooperativas comunales que elaboran algunos de estos productos, a bajo costo o costo normal, pero no tienen mucha producción ante tanta demanda, entre ellos se encuentran los desodorantes. Los dispositivos para afeitarse igual son costosos. Mucha gente se deja la barba y bigotes y tardan para cortarse el cabello. En esto de los productos de aseo personal, cosméticos y productos femeninos, como las toallas sanitarias, las mujeres son las que más sufren.

Normalmente, en Venezuela el desayuno en las ciudades calientes, no es muy pesado, se come arepa, que es una especie de tortilla, pero más gruesa, con queso y café con leche, o pan, o alguna fruta. Cuando no hay nada de esto, recurrimos a la caja de alimentos, que tramitan los Comités Locales de Abastecimiento y Producción CLAP ante el Estado a bajo costo. Aunque la caja trae harina para hacer arepas, pero se compra siempre un pequeño trozo de queso, o se usa margarina o mantequilla que trae la caja. A veces, no hay café o no hay leche, aunque la caja trae leche. Pero, cuando se agota la caja de alimentos, nos vemos en problemas para desayunar o comemos cualquier cosa.

En muchas ciudades de nuestro país, en las casas se siembran arboles de mango, y en época de producción de mangos, se recurre a éstos para comerlos, hacer jugo, dulces y otros. En algunos casos, sin azúcar.

La gente del pueblo, cuando no tiene harina para las arepas, compra masa de maíz natural cocida y elaboran las arepas, pero esto ha provocado que las personas hayan rebajado mucho de peso ante esta suplencia. También venden el jugo o agua que queda del cocimiento del maíz, se le agrega azúcar o sal y se bebe como jugo. Eso es creatividad popular.

Luego, de comer algo, los que trabajamos nos dirigimos a nuestros centros laborales, donde el traslado y la estadía allí, serán relatos para un segundo artículo.

Los que quedan en casa, se preparan para el almuerzo. Aquí dejamos constancia que esta incertidumbre de comer algo cuando es habitual, hace que la gente entre en una especie de ansiedad, producto de que antes de estas vicisitudes, la gente solía comer en exceso y como se dice acá, “hasta quedar llenos, hartos”. Cuando no hay seguridad de comer poco en el desayuno, almuerzo y cena, la gente cae en ansiedad.

De allí que las personas dicen, mayormente los opositores al gobierno, “nos estamos muriendo de hambre”, pero no es cierto, es que han comido poco o no han quedado hartos.

Es decir, la guerra económica, como se llama, ha cambiado los hábitos alimenticios y de toda índole del pueblo venezolano.

Estamos partiendo del hecho que en esta familia, cuyos padres son personas de la tercera edad, y tenemos una integrante que sufre de esquizofrenia depresiva, tienen la caja de alimentos provista por el gobierno, pero cuando se agotan los productos de la misma, se recurre al ahorro de dinero producto de la compra de la caja. Normalmente, todas las personas de la tercera edad tienen pensión del Estado, hayan trabajado-cotizado a no, esto permite cierto alivio para estas personas, igualmente para las personas con algún tipo de discapacidad, como la mujer de esta familia.

Además, la obtención de los medicamentos para estas personas, o si necesitan alguno ante una enfermedad, pasa por el mismo periplo de los alimentos, largas colas o filas para poder comprarlos. El Estado venezolano también tiene un programa para ofrecer el beneficio de las medicinas, pero pasa por el hecho que no se alcanza a la totalidad de los pacientes, o por la corrupción de algunos servidores públicos, como se les llama en Venezuela, funcionarios públicos que se corrompen y venden los medicamentos por aparte o los sacan del país, normalmente a Colombia.

Esta corruptela, lamentablemente afecta a los alimentos, enseres del hogar y beneficios que provee el gobierno bolivariano. Este es otro mal interno, la corrupción, con la que tiene que bregar el Estado.

Para el almuerzo, reitero si tenemos la caja de alimentos, preparamos con algunos de los productos de ella, puede ser frijoles con arroz, pasta larga o corta con atún, o con salsa de tomate, si se desea comer carne, pollo, cerdo o pescado, se compra, pero previo, hay que hacer las colas filas respectivas. Normalmente, la merienda de la tarde es un café o un dulce casero.

Las personas que no pueden adquirir la caja de alimentos, se la juegan con las pensiones, los bonos en dinero en efectivo que provee el gobierno y lo devengado por su trabajo, donde se le asigna, además, un ticket para alimentación de Bs.S. 1.800 mensual.

Dejamos para otra entrega las vicisitudes de la cena y cómo es la vida en el espacio laboral.