Esta narración, no es para ser dignos de lástima, no es para querer ser héroes, es para mostrar que la cuando se lucha por la verdad y contra la mentira, nos asiste una fuerza patria, que nos impulsa a seguir adelante y triunfar. ¡VENCEREMOS!

Un día común en la “crisis” inducida por el imperialismo contra la República Bolivariana de Venezuela (II)

jose amesty    13.Abr.2019    Destacados

La guerra económica, por supuesto, también afecta la vida institucional, más si son instituciones públicas, hay escasez de material para trabajar: papel, tinta o tóner para las fotocopiadoras y otros. Esto trae consigo un mal servicio a los usuarios. Las personas tienen que traer papel o algún otro bien, para poderse servir de alguna gestión. En algunos casos, cambiamos la aceleración de un trámite, por la colaboración con algún material que se necesite.

Un día común en la “crisis” inducida por el imperialismo contra la República Bolivariana de Venezuela (II)
Deseamos narrar un día común y corriente en la vida de una familia venezolana, como un ejercicio pedagógico y real, para mostrar que la mal llamada crisis en Venezuela, no solo es política, económica, y social, también es existencial, pues afecta la supuesta normalidad que vive la gente en mí país, con abundantes riquezas en este caso.

José A. Amesty R.

Antes de continuar con la narración, deseamos precisar un elemento que quedó pendiente del relato anterior. Ante la pregunta, porque el salario mínimo es tan bajo? Informamos que si tomamos en cuenta el salario mínimo, más el bono de alimentación, más la caja CLAP mensual, más los bonos (regulares y temáticos) mensuales, más la pensión mensual, por supuesto, aumenta lo que recibe mensualmente cada venezolano, además que en cada familia estos beneficios son entregados a más de un integrante de la familia.

Por otro lado, el gobierno bolivariano subvenciona los gastos de educación, salud, vivienda, enseres domésticos, otros.

Las personas que laboramos, luego de desayunar algo, o preparar algo para llevar (almuerzo básicamente), nos dirigimos a tomar el transporte público, tenemos dos opciones, caminar un largo trecho, para tomar el metro o tomar un carro por puesto o bus. Debido a la guerra económica, el transporte público es deficitario, ya que no hay muchas unidades en buen estado, debido a los altos costos de los repuestos de los automóviles y autobuses. Si se toma algún transporte rápido, ya es buena suerte.

Cuando estas apiñado en algún camión, camioneta o cualquier tipo de automotor, no dejas de notar en las caras y cuerpos de los usuarios, las señas de una mala noche, ya comentada, si logró bañarse, y si pudo colocarse algún tipo de desodorante.

Al llegar a nuestros sitios de trabajo, inmediatamente los que traen algo para comer desayunan, otros no comen nada y esperan el almuerzo, otros salen a los alrededores a comer algo, si tiene dinero, los que no tienen, comen alguna fruta, usualmente bananos.

La guerra económica, por supuesto, también afecta la vida institucional, más si son instituciones públicas, hay escasez de material para trabajar: papel, tinta o tóner para las fotocopiadoras y otros. Esto trae consigo un mal servicio a los usuarios. Las personas tienen que traer papel o algún otro bien, para poderse servir de alguna gestión. En algunos casos, cambiamos la aceleración de un trámite, por la colaboración con algún material que se necesite.

Deseamos mencionar, un hecho curioso en nuestro duro trajinar, la guerra económica, también afecta la circulación normal del papel moneda, más aun, cuando en una ciudad fronteriza como Maracaibo, hay el contrabando de los billetes hacia Colombia. Hay una escasez de billetes de cualquier denominación, por lo que nos vemos en la necesidad de cuidar mucho los que adquirimos. Normalmente, los servidores públicos, necesitamos a diario dinero para pagar los pasajes del transporte y para algunos gastos bajos.

Ante, esta situación, normalmente nos dan permiso para salir del trabajo, en la mañana, o por la tarde al finalizar la jornada, para ir al banco y retirar dinero en efectivo, los que tienen en sus cuentas. En el banco, las colas filas son interminables, son cansonas y estresantes. Algunas personas, casi a diario, sufren desmayos ante tanta presión. Más aun, si en el banco no hay aire acondicionado y la gente suda y sufre.

Cuando logramos volver a la faena del trabajo, regresamos cansados y hambrientos. En ocasiones algunos compañeros/as no pueden traer almuerzo, entones recurrimos a la solidaridad y compartimos de lo que traemos y hacemos una mesa común para todos y todas.

Al final de la tarde, algunos van al banco a buscar efectivo, y otros vamos nuevamente a pasar el suplicio de un transporte deficiente y escaso.

Muchas veces llegamos a nuestras casas, con hambre, y cansados, para enfrentarnos nuevamente a la tarea diaria de tratar de sobrevivir con los problemas, de la mañana, cuando nos levantamos y tratar de elegir qué comemos de la caja CLAP.

Antes de disponernos a dormir, si no hay luz eléctrica, nos sentamos frente a nuestras casas a conversar, a hacer planes para el próximo día, o simplemente a esperar que retorne la energía eléctrica o a que nos de sueño, para dormir.

Nunca en esos momentos de relax, hay reproche o buscar culpables, porque ya sabemos quiénes son los culpables de la situación, si señalamos algunos errores del gobierno, pero nunca culpables. Nunca nos desesperamos, como los que no tienen esperanza.

Esta narración, no es para ser dignos de lástima, no es para querer ser héroes, es para mostrar que la cuando se lucha por la verdad y contra la mentira, nos asiste una fuerza patria, que nos impulsa a seguir adelante y triunfar. ¡VENCEREMOS!