España-Juego de Tronos

Ya se sabe cómo será el final de Juego de Tronos

Arjuna    14.Abr.2019    Opinión

“Doblepensar significa el poder de mantener dos ideas contradictorias en la mente simultáneamente, y aceptar ambas” (1)

George Orwell

La mayoría de los españoles está más interesada por saber quién se va a sentar en el Trono de Hierro que por el resultado de las elecciones del próximo 28 de abril. El desencanto y la decepción ha calado sobre todo en la gente joven, otrora entusiasmada con los partidos surgidos del 15M (2) y, según los últimos análisis de Metroscopia, la abstención de las personas que tienen entre los 18 y los 25 años, podría rondar el 51%.

Es decir, la mitad de los tres millones de jóvenes con derecho a voto (de esas edades) ya no se siente identificada con ningún partido, ya que nadie ha sabido conectar con sus preocupaciones, entre las que destacan su futuro laboral y el acceso a la vivienda. El otro 50% que votará tampoco está muy emocionado con el panorama político, pero “por rabia o convencimiento ideológico” (una loable minoría éstos últimos) depositará su papeleta a favor del amigo y en contra del enemigo.

Entre la juventud crece un sentimiento anti-sistema, una sensación de destierro en su propio país. Los campos de batalla se reducen, se hacen más concretos: la defensa de los animales, el cuidado de la tierra, la guerra de guerrillas en páramos sin patria ni banderas. La búsqueda de un lugar en este mundo tan civilizado y tan primitivo, donde hay que abrirse paso a puñetazos, a base de pastillas o con llaves de oro.

Que los politólogos y “los opinadores”, que se multiplican como champiñones en esta época del “engaño masivo, saquen sus conclusiones sobre ese fenómeno.

Bueno, retomemos el hilo del principio. Estamos “ad portas” de ver la octava y última parte de Juego de Tronos, cuyo primer capítulo empieza en la madrugada del 14 (domingo) al 15 (lunes) en España. Será un buen momento para trasnochar y engancharnos de nuevo a la única historia que, al parecer, interesa a “la humanidad pudiente”, cada vez más plana emocionalmente a causa del empacho informativo que adormece y nos convierte en “ventrílocuos del sistema”.

Aún recuerdo el día en el que el líder de Podemos, Pablo Iglesias, en la cresta de la ola, tuvo la osadía de regalarle al Rey Felipe VI una colección de vídeos de Juego de Tronos. Ese muchacho de izquierdas, que subió como la espuma tras el 15M, no podía ocultar una sonrisa maliciosa lanzándole al monarca el mensaje de que “cualquier corona está en el aire”, sobre todo en un país cainista como el nuestro. Donde los republicanos y los descendientes del caudillo (el dictador Franco) se odian a muerte. Donde los Hunos y los Otros se excluyen y se desprecian. Donde la única bandera que alegra al personal lleva el emblema del jamón ibérico, la botella de vino y la paga de Navidad.

Felipe VI, que en aquella época veía a Pablo Iglesias “como a un bichito con malas pulgas”, puso cara de póquer y, aunque deseaba darle un bofetón y arrojarle al circo para que se le comieran las fieras, mandó a uno de sus lacayos que recogiera “el regalo envenenado” y siguió, como todos y todas, actuando en el Gran Teatro del Mundo.

Volvamos al núcleo de esta crónica, parece difícil que Daenerys Targaryen (la madre de los dragones) se siente en el Trono de Hierro con su amado sobrino Jon Nieve. Ese sería un final de color de rosa y, como todos sabemos, la vida es otra cosa. La juventud es locura, la madurez es lucha y la vejez es lamento, nos diría Banjamin Disraeli en un ataque de sinceridad provocando en nuestro interior un choque de Hielo y Fuego.

Bueno, como escribí al principio, ya se sabe cómo será el final de Juego de Tronos, lo dijo hace poco -y ya se ha publicado en un montón de revistas- George R.R. Martin: “El final será agridulce”.

-1- P. ej. Ser de izquierdas y vivir en un barrio de ricos donde la mayoría de los vecinos son del bando contrario.

-2- El Movimiento 15M, también llamado el movimiento de los indignados, tuvo lugar en Madrid en Mayo de 2011 y movilizó a millones de ciudadanos que estaban hartos de las falsas promesas de los gobernantes y exigían un cambio radical para construir una sociedad con rostro humano. Todo aquello se fue -como diría nuestro trovador Joaquín Sabina, “al bulevar de los sueños rotos”.

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