Adiós Baduel, hasta nunca, que tu dios te perdone


Caracas, 6 de noviembre del 2007. No te conocíamos antes del 13 de abril, como tampoco conocíamos hasta ese día a otros cientos de venezolanos que ese día, de pronto, aparecieron en nuestras vidas.

En esa época yo, junto a otros compañeros, participaba en un proyecto de comunicación y acción política alternativa llamado PROCESO y nuestro trabajo se producía en la calle, no tanto el mío como el de otros compañeros que cumplían tareas de liderazgo social y político (que en la Venezuela de hoy es lo mismo).

Aquél día en medio de la confusión, y sólo después de que el pueblo tomara las calles a pecho descubierto y con la Constitución Bolivariana en la mano, comenzamos a conocer de la acción directa de algunos jefes militares y de las tropas a su cargo. En otros casos, según se ha venido develando, las tropas fueron las que forzaron a los jefes militares a actuar.

Digo esto no para restarle méritos a nadie, pero sí para recordar que nosotros, el pueblo sin armas, los trabajadores, el movimiento popular, las madres, los jóvenes, el movimiento alternativo de comunicación, no abandonábamos las calles desde los primeros escarceos fascistas que pretendieron tomar las calles a comienzos de diciembre del 2001. Nuestro deseo de lucha, nuestras acciones no eran por unos cargos, por un espacio de poder o por una representación simbólica; por el contrario, se trataba -se trata y seguirá siendo así el resto del tiempo de lucha y de tormentas que nos toque vivir- de nuestra intuición y conciencia de clase que nos hace comprender que la lucha de clase es una imposición de la sociedad desigual e injusta generada por el capitalismo, y que nos toca afrontar a riesgo de nuestras vidas y del futuro de la patria humana.

Decía que antes de que fuesen construidos los héroes en el imaginario colectivo, ya los sectores populares venían de extensas luchas, de un largo proceso histórico para conquistar la libertad, la igualdad y la justicia a través de la Revolución. Antes de que fueran construidos los “héroes”, el pueblo tenía días ofrendando su sangre, perdiendo la vida o quedando para siempre en una silla de ruedas, como mi amigo Jorge Recio.

La verdad es que no sé que hiciste tú, Baduel, esos días, sé que, luego del 13 de abril, fuiste elevado a la categoría de héroe para tu propia gloria. Yo también me convencí de tu heroísmo. También sé, Baduel, que ese día lo que pasó en nuestro planeta fue un acto heroico colectivo, en el que cada individuo fue parte de una acción protagonizada por millones, así que la acción individual hubiera sido insignificante sin la acción colectiva. No hay héroes individuales, entonces, lo que hubo fue una gran acción heroica. Con eso no pretendo desconocer la importancia y el impacto de su acción o la de “los otros héroes” del 13 de abril, sino colocar la historia por delante.

Pasado el tiempo, y como consecuencia de la no existencia de un espacio orgánico en el que confluyamos todos, no como mitos, sino humanizados, seguíamos sin saber quién era quién de entre todos los que comenzábamos a considerar parte del NOSOTROS, le preguntábamos a algunos amigos quién es ese Baduel, un tipo extraño por su “misticismo”, por su actitud misteriosa y por su hablar parabólico. La respuesta siempre era la misma: Baduel es uno de los nuestros. La verdad es que la confianza en estos compañeros (que dejo claro, sigo teniendo) era suficiente para considerar que Baduel “era uno de los nuestros”.

Seguramente tú, Baduel, no has cambiado. Seguramente tú, Baduel, antes del 13 de abril eras la misma persona que el pasado 5 de julio, cuando entregaste las riendas del Ministerio de la Defensa, dejó clara su ideología a través de la lectura de ese pobre manifiesto socialdemócrata, sembrador de dudas y cuyo centro era la defensa del capitalismo. Ese día, por fin pude comenzar a saber quién eres.

Uno de esos amigos por suerte te respondió y desnudó el vacío de tus argumentos. Yo le agradezco la honestidad a ese compa.

Pero así como, luego del 13 de abril, fuiste una de las referencias heroicas de la Revolución Bolivariana, te puedo decir, que ahora, a partir de ayer, eres una de las referencias de la traición al pueblo venezolano, no por quien eras de verdad, sino porque “te considerábamos uno de los nuestros”. Sí, Baduel, los trabajadores, los explotados, las mujeres revolucionarias, los excluidos por el capitalismo, los que han ofrendado su vida por esta causa, el pueblo que te convirtió en héroe y te consideraba uno de los nuestros fue traicionado por ti, porque no entendiste, porque ni siquiera eres capaz de entender que salimos con la Constitución Bolivariana en la mano porque estamos haciendo la Revolución. No fue la oligarquía, ni Globovisión, ni los Obispos, ni la burguesía, que hoy te aplaude, quienes defendieron la Constitución Bolivariana, ni siquiera fueron ustedes los “héroes” los que la defendieron. Entiende bien esto, Baduel, fue el pueblo revolucionario y bolivariano, el mismo que hoy sale a defender la Reforma Constitucional, quienes defendimos el 13 de abril la Constitución Bolivariana y la Revolución.

Eso es lo que tú, Baduel, no has entendido, el 13 de abril nosotros no sólo salimos a defender la Constitución sino que salimos a hacer la Revolución. Quizás tu motivación, Baduel, fue la defensa sincera de la Constitución, pero es evidente que no saliste a defender la Revolución. Esa es una gran diferencia entre tú y nosotros, antes y ahora.

Mientras tú, Baduel, te quedaste anclado en tu propia jerigonza “institucionalista”, que hoy te coloca junto a los enemigos del pueblo, nosotros votaremos por la Reforma Constitucional sabiendo que es sólo un paso más para construir el Socialismo en nuestro país y en Nuestra América, teniendo además plena conciencia de la necesidad de profundizar el proceso revolucionario de manera tal que se acelere la demolición de las viejas estructuras gubernamentales burocratizadas que no le sirven al pueblo, así como la importancia de que la revolución se libere de los falsos “revolucionarios” que han secuestrado la participación y hacen política instrumentalizando al pueblo, como lo expresan los compañeros de la Misión Boves.

Adiós Baduel, hasta nunca, que tu dios te perdone.

Mauricio Rodríguez G. Periodista venezolano