Trump con más sanciones a Irán y más armas en el Golfo

Sergio Ortiz    27.May.2019    Opinión

Donald Trump es un peligro para la paz mundial. Bloquea a Cuba, agrede a Venezuela, sanciona a China y Rusia, interviene en Siria y ahora redobla las sanciones a Irán.

El neonazi en la Casa Blanca hace barbaridades todos los días; algunas se cometen en algunas fechas históricas, casualmente o no. El 8 de mayo de 2018 abandonó el tratado firmado por seis países con Irán en julio de 2015, que había sido suscripto en Viena por Francia, Alemania, Reino Unido, EE.UU., Rusia y China, con Irán.

El Plan Integral de Acción Conjunta (JCPOA, por Joint Comprehensive Plan of Action), pactaba el levantamiento de todas las sanciones que pesaban contra Teherán, a cambio que los persas limitaran su enriquecimiento de uranio y cambiaran el reactor de su planta de agua pesada de Arak. También que fueran inspeccionados periódicamente por la Organización Internacional de Energía Atómica y se confirmara que no buscaban fabricar armamento nuclear.

Para ese acuerdo hubo trabajosas negociaciones de esos países y la ONU, amén de la OIEA. Y desde ese momento el grado de cumplimiento de todas las partes fue más que aceptable, comenzando por el gobierno de Hasan Rohani.

La agencia internacional siempre certificó que los persas cumplían su palabra. Y éstos empezaron a mejorar su economía, al comerciar el petróleo y otros productos con una libertad que no tenían. Y firmaron acuerdos de inversión con empresas europeas, rusas y chinas, no así estadounidenses, por varios miles de millones de dólares.

Ese esfuerzo empezó a venirse abajo con Trump. El 8 de mayo de 2018 anunció que abandonaba el tratado con Irán. Fue en sintonía con acusaciones infundadas del sionista Benjamín Netanyahu, mintiendo que el gobierno de Rohani seguía con el objetivo de fabricar armas nucleares, cuando Israel tiene unas 200 o más armas de ese tipo nunca inspeccionadas por la OIEA.
Por eso al inicio se aludió a fechas históricas pisoteadas por el magnate neofascista. El 8 de mayo cada año se celebra la victoria de los aliados contra el régimen de Adolfo Hitler, en la Segunda Guerra Mundial (en Rusia ese festejo es al día siguiente cuando los jerarcas nazis se rindieron frente a los generales soviéticos).

Y justo ese día, de 2018, Trump comenzó con la primera tanda de sanciones contra el petróleo iraní, con la idea de siempre del imperio de rendir a sus enemigos por hambre y dificultades económicas.
Se va la segunda.

Ante esa agresión el gobierno iraní puso el grieto en el cielo del Islam. Protestó fuerte y exigió al resto de los firmantes del JCPOA que garantizaran su vigencia, aún sin Washington. Rusia y China, aliados de Teherán, siguieron comerciando e invirtiendo normalmente, además de abogar por mantener ese tratado.

La Unión Europea también criticó la decisión yanqui. No tanto por un aprecio que no siente por el país islámico sino sobre todo en beneficio de sus empresas, que habían hecho acuerdos con Teherán, como Airbus, Siemens, Total, PSA (Peugeot Citroën), etc. los que entraron en zona de peligro. Por eso el titular del Consejo Europeo, Donald Tusk, manifestó: «mirando las últimas decisiones del presidente Trump, alguien podría pensar que, con amigos como esos, quién necesita enemigos».

Lejos de flexibilizar su política agresiva, exactamente al año de ese paso hacia la puesta en riesgo de mayores conflictos con Irán y en la zona o región, Trump y su equipo beligerante redoblaron la apuesta. El 8 de mayo pasado anunciaron una segunda etapa de sanciones económicas y financieras contra el crudo, la banca y los puertos iraníes, además de engrosar la lista con 700 personalidades sancionadas.

Las medidas tienen también un alto contenido político, por ejemplo, al declarar en abril como «organización terrorista» al Cuerpo de Guardianes de la Revolución, con el aplauso de Netanyahu.
Como si todo eso fuera poca cosa, Trump envió al estrecho de Ormuz, lindero a Irán, el portaaviones USS Arlington, con vehículos anfibios y otras aeronaves, el que se unirá al USS Abraham Lincoln en el Golfo Pérsico. Es un punto recaliente de la región por donde circula entre el 25 y el 30 por ciento del petróleo hacia los mercados del mundo.

Irán cumplió todas las pautas del Tratado y EE.UU. no; Trump tomó el camino de nuevas sanciones unilaterales, violentando lo suscripto por varios países, y también incursionó en el plano militar, afectando muchísimo la paz regional y mundial.
Sin resultados.
La maniobra norteamericana va a fracasar, por cinco razones.
Primero, enfrenta a Irán y profundiza diferencias con la Unión Europea de 28 países, Moscú y Beijing.

Segundo, Rohani y el líder máximo iraní, ayatolá Khamenei, han llamado a reforzar la unidad política y militar. En la nación persa actúan en unidad el gobierno, sus autoridades, el pueblo, el Cuerpo de Guardianes de la Revolución, la petrolera estatal, el Banco Central, etc.
Tercero, si bien la economía afectada depende mucho del petróleo, el primer vicepresidente Eshaq Jahangiri puntualizó ante el Consejo Supremo para la Ciencia que «tras los esfuerzos realizados durante los últimos años, la dependencia del presupuesto en los ingresos del petróleo se ha reducido». Ahora es del 30 por ciento; antes era del 80-90 por ciento.

Cuarto, Rohani y el canciller Mohamad Yavad Zarif dieron 60 días a la Unión Europea para que restablezca el Tratado pese a la deserción y sanciones de Trump. En caso contrario Irán se desobligará de sus compromisos relativos al uranio enriquecido.

Quinto, así como el bloqueo no derrotó a Cuba ni a Venezuela, las sanciones no doblegarán a Irán. Las amenazas de intervención no tendrán éxito con una nación galvanizada luego que en los años ’80 fuera invadida por Irak, por entonces apoyada política y militarmente por Ronald Reagan y Donald Rumsfeld. Lo que EE.UU. no entiende es que Irán no es Irak, como Venezuela no es Panamá, Siria no es Granada y Cuba no es Kosovo.

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