Historia

En Occidente, todos somos mentirosos

VoltaireNet    09.Jun.2019    Mundo

Al analizar la conmemoración del desembarco aliado en Normandía, el aniversario de los sucesos de la plaza Tiananmén y la campaña con vista a la elección ‎del Parlamento Europeo, el autor observa que los occidentales no paran de mentirse a ‎sí mismos sobre la Historia y de autocongratularse por cosas que nada tienen de ‎gloriosas, a pesar de que la Verdad es lo único que puede liberarnos. ‎

La propaganda es una manera de divulgar ideas, sean verdaderas o falsas. Pero mentirse a ‎sí mismo no sólo es negarse a reconocer sus propios errores sino tratar de autoconvencerse ‎de que uno es perfecto y tratar de huir hacia adelante. ‎

Turquía es el ejemplo perfecto de esa actitud llevada a su máxima expresión. Ese país sigue negando que ‎trató de liquidar las minorías turcas no musulmanas, en varios momentos diferentes, a lo largo ‎de toda una generación, desde 1894 hasta 1923.

Los israelíes también se destacan en ese ‎ejercicio: dicen haber creado su Estado para ofrecer una vida digna a los judíos sobrevivientes del ‎exterminio nazi, pero la realidad es que –en 1917– el presidente estadounidense Woodrow Wilson ya ‎se comprometía a favorecer la creación de un Estado israelí, además de que más de ‎‎50 000 sobrevivientes de los campos de concentración viven hoy en Israel en condiciones de ‎pobreza. ‎

Sin embargo, los únicos capaces de llegar a consensos sobre sus propias mentiras y de ‎profesarlas como realidades indiscutibles son los occidentales. ‎

El desembarco de Normandía

En estos días se festeja en Occidente el 75º aniversario del desembarco de los Aliados en las ‎playas francesas de Normandía. Según proclaman casi unánimemente los medios de difusión ‎occidentales, con el desembarco de Normandía los aliados iniciaban la liberación de Europa del ‎yugo nazi. ‎

Pero todos sabemos que eso es falso.

El desembarco en Normandía no fue cosa de “los Aliados” sino casi exclusivamente del Imperio ‎Británico y del cuerpo expedicionario estadounidense.
El objetivo no era «liberar Europa» sino «correr hacia Berlín» para tratar de apoderarse de la ‎mayor cantidad posible de territorios ocupados por el III Reich antes de que este se derrumbara ‎definitivamente ante el empuje victorioso de los ejércitos soviéticos.
Los franceses no acogieron el desembarco con entusiasmo sino más bien con horror, tanto que ‎Robert Jospin –padre del ex primer ministro francés Lionel Jospin– llegó a denunciar en la primera ‎plana de su periódico que los anglosajones importaban la guerra a Francia. Por aquellos días, ‎los franceses enterraban sus 20 000 muertos, víctimas de los bombardeos desatados por los ‎anglosajones únicamente para desviar la atención de las playas seleccionadas para el desembarco. ‎En la importante ciudad francesa de Lyon, hubo incluso una enorme manifestación contra la dominación ‎anglosajona alrededor del jefe del «Estado Francés», el mariscal Philippe Petain, quien ‎colaboraba con la ocupación nazi. Otro detalle importante es que el jefe de la Francia Libre, ‎el general Charles de Gaulle, nunca participó en ningún tipo de conmemoración del desembarco ‎en Normandía. ‎

El hecho es que la Historia es más complicada que las películas de Hollywood. La Historia no es ‎una cuestión de «buenos» y «malos» sino de hombres que tratan de salvar o no a otros ‎de manera más o menos humana. Al menos se han evitado este año idioteces como las de ‎Tony Blair, quien, en la conmemoración del 60º aniversarion del desembarco se gano la condena ‎de la prensa británica al afirmar en su discurso que el Reino Unido había entrado en guerra para ‎salvar a los judíos del Holocausto –no a los gitanos, por supuesto. Detalle, la masacre contra los ‎judíos de Europa comenzó sólo después de la conferencia de Wansee, en 1942.‎

La masacre de Tiananmén

También acaba de conmemorarse el triste aniversario de la masacre de Tiananmén. ‎Constantemente leemos que el cruel régimen chino masacró a miles de sus conciudadanos que ‎se habían reunido pacíficamente en la principal plaza de Pekín, sólo porque pedían un poco de ‎libertad. ‎

Pero todos sabemos que eso también es falso.‎

La manifestación de la plaza Tiananmén no fue cosa de chinos comunes y corrientes sino un intento de golpe de Estado fomentado por los partidarios del entonces primer ministro Zhao ‎Ziyang.‎
Decenas de soldados fueron víctimas linchamientos o perecieron quemados vivos en aquella plaza por ‎‎los «pacíficos manifestantes». Estos últimos destruyeron cientos de vehículos militares antes de que ‎los hombres de Deng Xiao intervinieran contra ellos.
Los especialistas estadounidenses en «revoluciones de colores», como Gene Sharp, estaban ‎en Pekín para organizar a los golpistas de Zhao Ziyang.‎

La Unión Europea

Los europeos acaban de votar para designar los diputados al Parlamento Europeo. Durante ‎semanas, nos repitieron incansablemente consignas que aseguran que «Europa es la paz y la ‎prosperidad» y que la Unión Europea es la realización del sueño europeo. ‎
Pero, todos sabemos que eso es falso.
Europa es un continente, que va «desde Brest hasta Vladivostok», como decía Charles ‎de Gaulle, y es además una cultura de apertura y de cooperación, mientras que la Unión Europea ‎es sólo una administración montada contra Rusia, la continuidad de la carrera hacia Berlín ‎iniciada con el desembarco en Normandía.
La Unión Europea ha sido incapaz de aportar la paz a Chipre, donde sólo representa la cobardía ‎ante la ocupación militar turca. No es prosperidad sino el estancamiento económico en un mundo ‎que se desarrolla a toda velocidad.
La Unión Europea no tiene absolutamente nada que ver con el sueño nacido entre las dos ‎guerras mundiales. Los antepasados de los europeos ambicionaban la unión entre regímenes ‎políticos que servían el interés general –las Repúblicas, en el sentido etimológico de la palabra– ‎según la cultura europea, situados tanto dentro como fuera del continente. Aristide Briand ‎reclamó, por ejemplo, que Argentina –país latinoamericano de cultura europea– fuese parte de ‎esa unión, pero no el Reino Unido, que siempre ha sido una sociedad clasista.‎

Habría muchos otros ejemplos con que ilustrar la realidad del verdadero sueño europeo. ‎

Los europeos caminan como ciegos

Los europeos tienen aprender a distinguir lo que es cierto de lo que es falso. Podemos celebrar la ‎caída del hitlerismo sin tratar de convencernos de que los anglosajones fueron nuestros ‎salvadores. Podemos denunciar la brutalidad de Den Xiaoping sin negar que el baño de sangre de ‎Tiananmén salvó a China del regreso al colonialismo. Podemos sentir satisfacción de que Europa ‎no fuese dominada por la Unión Soviética, sin tener por eso que sentirnos orgullosos de ser ‎lacayos de los anglosajones. ‎

En Occidente no paramos de mentirnos a nosotros mismos para esconder nuestros actos de ‎cobardía y nuestros crímenes. Y luego nos sorprendemos de no lograr resolver ningún problema ‎humano.