¿En el Padrenuestro el Papa separa el trigo de la cizaña?

¿Se trata de un simple juego de las palabras que Papa en el padrenuestro haya propuesto el cambio en la redacción que reza: “No nos dejes caer en la tentación”, por aquella otra que sería la modificada por: “No nos dejemos caer en la tentación”, ¿por cuánto el Papa advierte que no puede ser Dios quien induzca a sus hijos a que pequen?

Desde ya esta modificación no es un mero cambio en la redacción, puesto que a decir del Papa ha llevado 17 años de sesudo análisis por parte de quienes han abordado el cambio a la transcripción del mismo. Y realmente debe ser cierto que dar este paso ha llevado a escrupulosamente escribir una nueva redacción; no sólo porque Dios, un ser infinito en bondad pueda inducir a sus hijos a que trasgredan lo que para él representa la bondad, sino porque, como un acto de fe el no pecar va perdiendo apego.

Y es que tal vez en lo que debería irse más allá en éste audaz análisis, que libera a Dios de ser quien indirectamente induzca al pecado, no es tanto en la exégesis, en la explicación sobre si alguien es inducido o no a cometerlo, y nada menos que por Dios; sino en lo que representa en sí el pecado; más allá de que si alguien es inducido a cometerlo o no, pues tan sólo el hecho que sea un mandamiento no cometerlo, no puede en todo caso convertirse en un contundente estímulo a no perpetrarlo, sino en la explicación del porqué no debe cometérselo, porque es pecado.

Ese es el caso el caso de las corrientes prohibicionistas que terminan siendo un incentivo para cometer más bien lo que se prohíbe. Lo prohibido es lo deseado, dice un viejo adagio. Así ocurrió hace casi un siglo atrás cuando regía las políticas prohibicionistas del consumo de licor que llegó a convertirse en una coartada para el consumo desenfrenado.

¿Podría entenderse entonces que el pecado, el mal vendría a ser un referente de orientación moral, ética para las personas, en la perspectiva que sin pecado no habría capacidad de tener una noción diferenciadora entre ambos extremos?

Vale decir entre el bien y el mal, que es a lo que el Papa ha dado pie con la modificación del padre nuestro, induciendo una discusión de que si bien no es Dios quien incita a pecar, no menos cierto es que dentro esa racionalización se debe discutir y analizar que el para que la salvación exista debe existir el pecado, como una necesidad de coexistencia congénita e indisoluble con la salvación, de otro modo; y desde ese enfoque racional sería una motivación de fe la que induciría a no pecar, que no siempre; y siendo los humanos seres racionales quede garantizado que no vaya a pecar por esa su misma naturaleza racional.

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