Brasil, política

Al desnudo trama para perseguir a Lula y al PT

Emir Sader     13.Jun.2019    Opinión

Brasil ha vivido varios años bajo el chantaje de una farsa: bajo el pretexto del combate a la corrupción, se ha destruido su democracia, desmoralizado el Estado de derecho, liquidado el prestigio del Poder Judicial, golpeado duramente su economía y cambiado el destino político del país.

Esa farsa fue denunciada a lo largo de todos esos años por Lula –principal víctima directa de esa operación-, por la izquierda, por las fuerzas democráticas, sin que la función Judicial frenara las arbitrariedades de la llamada operación Lava Jato.

Ahora, las denuncias de las escándalos conversaciones entre los agentes de la Lava Jato, que incluyen a miembros del Superior Tribunal de Justicia (STF), a los medios de comunicación, a parlamentarios de la derecha y a los EEUU, desnudan de forma brutal toda la trampa montada para perseguir al PT y a Lula y bloquear la voluntad popular de que volvieran a presidir el país.

El segundo paquete de denuncias revela, por una parte, un comprometimiento directo de un miembro del STF, que se comporta como militante político de un proyecto de derecha, sometiendo esa máxima instancia del Poder Judicial al juez Sergio Moro, así como la subordinación de toda la operación Lava Jato a instancias norteamericanas, a las que se dice que habría que consultar.

Aunque todo lo revelado apenas confirma lo que había sido denunciado sistemáticamente, una parte de la opinión publica queda atónita frente a lo revelado, otra se aprovecha para cambiar de posición después de haber adherido entusiastamente a la Lava Jato y haber erigido a Sergio Moro a héroe nacional. El mismo STF, reiteradamente, la última vez hace pocas semanas, rechazó todas las denuncias de la defensa de Lula sobre el carácter para nada imparcial de Sergio Moro para juzgar a Lula. Las posiciones políticas concretas de ese juez, sus vínculos directos con el PSDB, la condena de Lula sin pruebas, la persecución política al PT, no han servido para que se declarara su falta total de imparcialidad.

En varias circunstancias Moro ha actuado como jefe político de una facción del Poder Judicial para impedir la libertad de Lula, desconociendo decisiones de instancias más altas del mismo, y no solo eso: ha influido sobre jueces para dificultar o impedir la salida de Lula a funerales de parientes y amigos, así como para que no pudiera conceder entrevistas, todo eso hacía suponer que había una estrecha coordinación entre todos los miembros de la Lava Jato, violando todas las normas jurídicas de la imparcialidad que los jueces deben tener.

Cuando se han revelado las conversaciones, la primera reacción de Moro ha sido la de decir que no había hecho nada de ilegal, reconociendo implícitamente la veracidad de todo lo revelado. Cuando la reacción generalizada indicó que si había cometido graves violaciones a la ley, toda la derecha se ha movido en otra dirección: el carácter ilegal de las escuchas y las interceptaciones de las conversaciones. Cuando ya se había dado cuenta de que un gran cantidad de información interna de la operación Lava Jato había llegado a un medio de comunicación, Moro denunció que su celular había sido hackeado, como preparando una justificación sobre la forma supuestamente ilegal de la obtención de toda la información.

Después de que los medios de información habían difundido con amplia cobertura toda la información, Globo fue acusada directamente por el periodista Glenn Greenwald, que dirige The Intercept en Brasil, de tener participación directa en la operación Lava Jato. Entonces este medio corporativo pasó a descalificar a ese órgano de prensa alternativa, lanzó duros ataques al periodista, destacando el carácter supuestamente ilegal de la obtención de la información y señalando que los materiales pudieron haber sido falsificados.

El país sigue en vilo, aguardando las nuevas revelaciones, dado que los que tienen el material – además de enviar una copia de todo al exterior – anuncian nuevas revelaciones.

Emir Sader, sociólogo y científico político brasileño