Como pocas veces en la historia, América Latina llega a una Cumbre con la frente en alto

Un evento para la retórica, de lugares comunes, declaraciones y frases para el bronce, entre otras son las calificaciones que han cruzado en estos días a la XVII Cumbre Iberoamericana, pero otros vientos soplan en la América morena. No pocos países llegan con una contundente carta de presentación al evento internacional que en la práctica, más que en los discursos, da cuenta de autodeterminación, de soberanía, de un proceso efectivo de integración y de voluntades para lograr la tan escurridiza equidad.

Desde Norteamérica o desde el Viejo Continente deben mirar hoy con ojos distintos a los jefes de Estado y de Gobierno de América Latina que se reúnen este fin de semana en Santiago de Chile con los gobernantes de España y Portugal en la XVII Cumbre Iberoamericana, un total de 22 jefes de Estado o de Gobierno y delegados de las más altas instancias internacionales, como el secretario general de la ONU y el director de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Efectivamente, en esta oportunidad los países de la Gran Colombia, de Centroamérica y Sudamérica llegan premunidos de un instrumento concebido para la integración latinoamericana, luego que en un acto de autodeterminación e independencia de los grandes polos de poder mundial, crearan el llamado Banco del Sur, con el propósito de dejar atrás los onerosos intereses del Fondo Monetario Internacional y abrirse paso -en un camino -no desprovisto de dificultades- hacia el crecimiento con desarrollo.

Ese es uno de los aspectos del nuevo rostro que se revela en esta cumbre, más allá de los pronósticos de inutilidad que efectivamente han quedado comprobados en el curso del siglo pasado. Nadie puede ignorar que en los grandes foros internacionales se sostuvo que al Siglo XXI se entraría de la mano del desarrollo. Muy lejos de la realidad: Suman alrededor de 300 millones el número de pobres y de indigentes en América Latina y ha campeado la corrupción y la desigualdad.

Es más. A la luz de la situación imperante, de la inexistente cohesión social -eje central de la Cumbre- y de un persistente crecimiento sin bienestar, desde la ONU se trazó a fines del siglo pasado el desafío del milenio para superar o al menos reducir a la mitad en los primeros 15 o 20 años del Siglo XXI (ya van siete años) la pobreza, la pobreza extrema y el hambre.

Las metas apuntan asimismo a disminuir el analfabetismo, enfrentar la carencia de salud y la desigualdad de género, bajar en dos terceras partes la tasa de mortalidad de niños y la materna en tres cuartas partes; detener y reducir la propagación del VIH/SIDA; mejorar la calidad de vida de al menos cien millones de habitantes que viven en tugurios; incrementar la educación, garantizar la sostenibilidad del medio ambiente, entre otras metas, cuyo logro permitiría dar sólo entonces incipientes pasos hacia el desarrollo del milenio.

Esa es la realidad que envuelve a los delegados de la Cumbre Iberoamericana y así se admite. “América Latina sigue siendo la región más desigual del mundo. Ambos factores, pobreza y desigualdad extrema, constituyen realidades inaceptables y, por lo tanto, son los principales desafíos que deben ocupar nuestro quehacer”, sostuvo el secretario de la Cumbre Iberoamericana, Enrique Iglesias.

Otros gestos prácticos, además del Banco del Sur, que hablan de una nueva postura de los países y gobernantes latinoamericanos, salvo excepciones, es la búsqueda de voluntades para establecer políticas energéticas regionales que contribuyan igualmente al desarrollo y la equidad. Entre estas figura el proyectado Gasoducto del Sur, propuesto por Venezuela en 2006.

Emerge en este plano también la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), un modelo de integración de los Pueblos del Caribe y América Latina basado en principios de cooperación, solidaridad y complementariedad, que surge como una alternativa a los esquemas económicos que profundizan asimetrías estructurales y favorecen la acumulación de riquezas, de acuerdo a los postulados de ALBA, que viene a constituir otro mecanismo de integración junto con la ALADI y el MERCOSUR, iniciativas a las que España y Portugal mucho pueden aportar desde sus respectivas posiciones en la Unión Europea.

Por encima de las diferencias bilaterales, se muestra también voluntad de actuar en función de intereses superiores a través del diálogo, como lo hacen hoy el comandante Manuel Marulanda, líder de las FARC, con el presidente colombiano Álvaro Uribe, a través de la mediación del gobernante Hugo Chávez; un esfuerzo para establecer relaciones humanitarias que en definitiva apuntan a fortalecer la paz en la región.

Chile y Bolivia, Perú y Chile, Argentina y Uruguay habrán de imponer el diálogo también para abordar situaciones como la mediterraneidad de Bolivia, los conflictos limítrofes planteados por Lima y el de la papelera que afecta a los rioplatenses, por mencionar algunos de los conflictos bilaterales.

La participación de Colombia en el Banco del Sur, siendo un país más cercano a Washington, también es un golpe de timón que hay que tener en cuenta ya que el flamante organismo prestamista se plantea como alternativa al Banco Mundial, Al FMI y al Banco Interamericano de Desarrollo, fuertemente influenciados por Estados Unidos. Y se respeta en la comunidad de naciones la postura de Chile o Perú frente a esta instancia latinoamericana, en la que solo figuran como observadores y privilegian otras opciones.

Mientras, Ecuador, Venezuela y Bolivia han recuperado para sus economías nacionales ricos yacimientos energéticos que estaban en manos de transnacionales de Estados Unidos y Europa, Chile y Cuba avanzan en un Acuerdo de Complementación Económica (ACE), que fuera suscrito en el marco de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), el 20 de diciembre de 1999 en Montevideo.

En tanto, Washington y su bloqueo a Cuba sufrieron un lapidario rechazo de la Asamblea General de las Naciones Unidas (184 votos en contra de la coerción económica contra la mayor isla de las Antillas y cuatro votos -de Israel, la Casa Blanca y dos satélites- a favor, además de una abstención).

Son “gestos” -y no fantasmas o ejes del mal- que hablan por si sólo respecto a los nuevos vientos que corren, un adelanto a las propuestas de medidas prácticas que se esperan de la XVII Cumbre Iberoamericana.

En términos económicos y sociales y sus desequilibrios; y de los desafíos que han de asumirse para superarlos, meollo de la Cumbre, cabe aquí la fuerza de una frase del Libertador Simón Bolívar: … “Pongamos la piedra fundamental de la libertad suramericana: vacilar es perdernos”. Su vitalidad es la que se requiere hoy.

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