Utopia Comunista

El historiador Raimundo Cuesta afirma que “el nuevo hombre que propugnaba el socialismo ha sido una monumental estafa”

Cada día crece el número de intelectuales de izquierdas que tras vivir una juventud con esperanzas puestas en el poder transformador del socialismo real muestra ahora una profunda decepción por el fracaso de esa experiencia histórica (que tuvo su mayor exponente en la Rusia que surgió tras la disolución de la URSS) que acabó haciendo trizas el sueño de crear un mundo mejor y más solidario. El pensador Raimundo Cuesta, que ha dirigido varios proyectos de investigación histórica en España y América Latina, hace un llamamiento a la reflexión y análisis crítico de lo ocurrido, sin reservas ni tapujos, para -como diría Nietzsche en su ensayo Las Tres Caras de Clio- reconocer los errores y “poner cada cosa en su lugar”, pues todo pasado deber ser “revisado y corregido”.

El historiador español Raimundo Cuesta, Premio Nacional a la Innovación Educativa y profundo conocedor del marxismo y su impacto internacional, desde sus comienzos hasta ahora, afirma que el fracaso del comunismo ha producido una decepción general en las generaciones que se aferraban a la utopía que prometía una transformación de la sociedad y un mundo mejor basado en valores éticos y solidarios.

“El nuevo hombre propugnado por los revolucionarios socialistas del siglo pasado ha sido una monumental estafa que ha quedado desmentida, de cabo a rabo, por la realidad post-comunista de países como Rusia después de la disolución de La URSS”, señala Raimundo Cuesta, co-fundador de las plataformas de pensamiento crítico Cronos y Fedicaria en un ensayo, todavía inédito, al que ha tenido acceso este escriba.

Raimundo Cuesta, doctor con premio extraordinario en Historia, estima que es casi una tarea de Sísifo cambiar “la mentalidad de pueblos” que en el fondo siguen aferrados a costumbres ancestrales y no acaban de asimilar nuevos panteones ideológicos.

“Debemos ser prudentes respecto a las posibilidades de mutación inmediata de la especie humana a través del ejercicio de la fuerza o el imperio de la ley”, subraya este pensador cántabro, formado en la Universidad de Salamanca, en un texto titulado “Milenarismo y utopía perdida. La añoranza de un futuro perfecto”.

Cuesta, que dirige desde hace décadas proyectos académicos sobre investigación histórica en España y varios países latinoamericanos, dice, refiriéndose a la utopía que degenera en mesianismo de salvación:

“El fracaso y derrota de la experiencia del socialismo realmente existente condujo a una etapa, al menos en Occidente (Eurasia) de pérdida de confianza en las utopías sociopolíticas, y de derrumbe, una y otra vez proclamadas, de las promesas mesiánicas de un mundo mejor”.

Agrega Cuesta, autor, entre otras obras, de “Felices y Escolarizados” (una crítica de la escuela en la época del capitalismo” y “La Venganza de la Memoria y las Paradojas de la Historia”, que “La caída del socialismo establece una nueva era para la reflexión y también para el examen crítico del pasado sin reservas, sin tapujos y valorando el horror que a menudo ha acompañado y seguido a alguna de las grandes utopías transformadoras”.

Respecto a la lucha de clases remarca que “algunas veces, aunque durante poco tiempo, los vencidos tomaron las riendas del poder y, al final, se comportaron con las estratagemas propias de los vencedores”.

La decepción, la desconfianza, los mensajes utópicos de los mesías etc., enturbian cada vez más -agrega este escriba- una sociedad que ha caído en las fauces del totalcapitalismo, ese monstruo que no deja de alimentarse con los cuerpos y almas de los que -como diría Hannah Arendt- han caído en la trampa del adagio del “burro, la noria, el palo y la zanahoria”.

La actual post-verdad, los tanteos políticos, la realidad virtual, el consumismo compulsivo y los líderes “best seller, sólo tienen ojos para lo inmediato y dejan a la gran banca y a Bruselas el timón de nuestra nave, esa que lleva en el mascarón de proa el toro de Wall Street, y que navega en “el mare procesolum” de esta época marcada, entre otras cosas, por las migraciones bíblicas, “el thanatos climático” (con la subsiguiente muerte de especies y órganos vitales del cuerpo planetario) y la creciente desigualdad entre ricos y pobres separados por muros cada vez más altos, en cuyas espinosas alambradas hace un esfuerzo sobrehumano para sobrevivir, la esperanza.

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