Palestina

Artistas gallegos lanzan canción para denunciar el genocidio contra el pueblo palestino

Javier Cortines    10.Ago.2019    Mundo

Las migraciones bíblicas que inundan de cadáveres el mediterráneo (El Mar Muerto de Occidente) nunca se hubieran producido sin las guerras que desencadenó el Imperio, con la ayuda de los dirigentes europeos, contra los países del “Eje del Mal”.

Con un poema del escritor y político gallego-argentino Lois Pérez Leira, compuesto en homenaje a la activista palestina que “vale más que mil hombres”, y con la colaboración del destacado músico gallego “Tono Alcalde”, se ha procedido al lanzamiento internacional de la canción “No podrán contigo Ahed”.

“La idea surgió a causa de la rabia que me produjo la actitud represiva del Gobierno sionista (…) Con esa canción queremos llamar la atención sobre el genocidio que está cometiendo Israel contra el pueblo palestino”, declaró Lois Pérez Loira.

La canción, que será traducida a varios idiomas para que la denuncia tenga una repercusión global, dice así:

La Palestina histórica ha perdido ya más del 85% del territorio que ocupaba desde el siglo II d.C. Tras la invención del “Estado de Israel” para compensar a los judíos que sufrieron el Holocausto, los nuevos habitantes de la “Tierra Prometida” llevan practicando una política de exterminio y “apartheid” de los palestinos, que EEUU ha metido en el saco de “El Eje del Mal” tras propagar que son “un pueblo de terroristas”.

Según el ensayista uruguayo-argentino Luis E. Sabini, profundo conocedor de la problemática de Oriente Medio, el objetivo del Gobierno de Tel Aviv es ir encerrando poco a poco “al enemigo” en una especie de campos de concentración “al estilo de las reservas indias” en Estados Unidos, con el fin de aniquilar cualquier idea de patria o identidad palestina.

Ese genocidio no sería posible sin “el tácito apoyo de Europa”, que ha dejado su política exterior en manos de la Casa Blanca, a pesar de las nefastas consecuencias que está teniendo para el viejo continente.

No me canso de repetir que “las migraciones bíblicas” que inundan de cadáveres el mediterráneo (El Mar Muerto de Occidente) nunca se hubieran producido sin las guerras que desencadenó el Imperio -con la ayuda de los dirigentes europeos-, casi siempre con engaños, para salvaguardar y blindar los intereses políticos, económicos y geoestratégicos (petróleo y ocupación de plataformas de dominio regional) de la superpotencia USA.

La situación en Palestina es asfixiante, principalmente en el enclave costero de Gaza, donde la vida es una auténtica pesadilla para sus dos millones de habitantes, muchos de los cuales, principalmente jóvenes, optan por enfrentarse a Israel empujados por “una extrema desesperación”, ya que “no tienen nada que perder”, excepto “la dignidad”.

Unos 35.000 palestinos, la mayoría con estudios, abandonaron en 2018 “el campo de concentración” de Gaza, donde apenas hay agua potable y electricidad y el desempleo afecta al 70% de los jóvenes menores de 30 años.

Gaza está rodeada por una verja de púas de 51 kilómetros de largo y sus 40 kilómetros de costa están bloqueados por la marina israelí que impide frecuentemente la llegada de ayuda humanitaria con el fin de provocar levantamientos en el enclave costero que justifiquen los bombardeos de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI).

La Franja tiene una superficie de 350 kilómetros cuadrados, mide 41 kilómetros de largo y entre seis y doce de ancho. Comparte una línea fronteriza con Egipto de once kilómetros, donde se encuentra el paso fronterizo de la ciudad palestina de Rafah.

Cada día crece el número de palestinos que intenta llegar a Europa en busca de una “vida mejor”, a través de Egipto. Mientras tanto Israel sigue derribando barrios árabes en Jerusalén Este, multiplicando su número de colonias, con fundamentalistas armados, en los territorios ocupados, y gastando miles de millones de dólares, con el apoyo del lobby judío, para dar al mundo la imagen de país democrático y avanzado.

De los catorce millones de palestinos que hay en el mundo, la mitad, unos siete millones, viven como apátridas en terceros países, donde “esperan” una reacción de la comunidad internacional, basadas en las resoluciones de la ONU y la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que posibilite la creación de dos Estados libres y soberanos (El Palestino y el de Israel) en las tierras donde abundaban los manantiales de leche y miel. Allí donde palestinos y judíos, según la Biblia, tuvieron un antepasado común Abraham (Ibrahim para los árabes), considerados por ambos su “Profeta”.

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