Argentina

Fin de temporada: Macri se despidió del balcón

“Quienes han generado esta crisis, el Gobierno y el FMI,
tienen la responsabilidad de poner(le) fin
y revertir la catástrofe social argentina.
Deberían arbitrar todos y cada uno de los medios
y las políticas necesarias”

Comunicado del Frente de Todxs tras la reunión de
Alberto Fernández con la misión del FMI (26VIII19)

Desde el interior de un frasco es difícil comprender lo que sucede. La Casa Rosada, para la mayoría de quienes ocuparon su sillón principal después de la última dictadura cívico militar, terminó convirtiéndose en un táper, tan hermético, que los separa de la realidad y, finalmente, los escupe hacia el hiriente llano de la derrota.

El urnazo del 11 de agosto, las causas que lo generaron y la secuela que le sigue -y lo acompañará hasta el día de la asunción de Alberto Fernández- vuelven a confirmar esa descripción del efecto que tienen sobre los modernos presidentes argentinos las viejas paredes levantadas sobre el terreno que ocupara la Real Fortaleza de San Juan Baltasar de Austria, también llamada Castillo de San Miguel.

En este caso, además, con la amenaza de arrasar la construcción electoral creada hace cuatro años por el partido de gobierno con la Unión Cívica Radical y la Coalición Cívica -para derrotar al kirchnerismo- y de dejar al borde de la desaparición al propio PRO, que gobierna desde hace doce años la capital de la Argentina, con difíciles posibilidades para un “posmacrismo” y para la sobrevida política de sus principales dirigentes.

Del mismo modo en que los tiempos institucionales se trastocaron, el mandatario que no será reelegido está obligado a gobernar junto al fantasma de un presidente que todavía no es. Los medios de comunicación, instituciones como las judiciales y organismos internacionales como el FMI, transitan ese espacio contradictorio. Los formadores de precios y los fugadores de divisas lo aprovechan y hacen su agosto en agosto, a costa del hambre de argentinas y argentinos, en especial de ese 62,5% de niñas y niños que viven en la pobreza, de esos 8 millones de menores que padecen algún tipo de privación diaria.

A Fondo con Fernández
En el atardecer de ese tajo de primavera en pleno otoño porteño que fue el lunes 26, el dilema de esta transición se expresó de manera rotunda, y quien mejor lo expresó fue Alejandro Werner, el director gerente para el Hemisferio Occidental del FMI, nacido en Córdoba y de nacionalidad mexicana abrazada durante el exilio al que lo llevó su padre, Manuel, un contador perseguido por la dictadura por su ligazón con José Ber Gelbard y con el banquero David Graiver, propietario de Papel Prensa, la planta que le fuera apropiada a su familia bajo tortura y cuyas acciones fueron cedidas por el general degradado Jorge Rafael Videla a los diarios Clarín, La Nación y La Razón.

En dos momentos de la reunión de los integrantes de la misión técnica que llegó al país en el marco de la quinta revisión del Acuerdo Stand-By con el candidato a Presidente de la Nación del Frente de Todxs, Alberto Fernández, el economista doctorado por el reputado Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), expresó el problema que implica para el organismo trabajar “con gente que se va, y necesitamos trabajar con la gente que llegará”.

Otro tramo del diálogo confirma el diagnóstico del FMI sobre lo irreversible de la victoria del peronismo y sus aliados y del callejón que atraviesa con miras al giro del tercer desembolso del año por u$s 5.420 millones. La reconstrucción textual que logró Carlos Burgueño para Ambito Financiero ubica a Werner reconociendo ante quien obtuvo 47,65% de los sufragios -supera el 50% si se quitan los votos en blanco-, con más de 15 puntos de diferencia sobre Macri, que “es difícil negociar hoy con alguien en su situación. Y, evidentemente, usted será el próximo presidente”. Agrega que la respuesta de Fernández fue que es “sólo un candidato”, al tiempo que la búsqueda de opciones para “salvar este problema institucional” es algo que lo “excede. Se trata de un tema que debe tratar con el Gobierno”.

Solo 48 horas antes, los hombres del Fondo habían tenido otra postal de la coyuntura argentina, en el marco de una transición que arrancó cuando el ministro de Economía de María Eugenia Vidal, Hernán Lacunza, reemplazó a Nicolás Dujovne, delegado de Christine Lagarde, y trasladó sus bártulos hasta el palacio de Hacienda nacional, ubicado junto a la Casa Rosada, donde empezó a remar en el dulce de leche que separa el presente del 10 de diciembre.

El sábado 24, la misión técnica del Fondo llevaba cerca de una hora y media de reunión con Lacunza y con Guido Sandleris, titular del Banco Central, cuando las ventanas del despacho del quinto piso dejaron filtrar los gritos que llegaban desde la vecina Plaza de Mayo, tan exacta e ingenuamente como quería Macri. Werner, el jefe de la misión Argentina, Roberto Cardarelli, y el jamaicano Trevor Alleyne, escucharon los “sí, se puede”, los “no vuelven más” y, por qué no, algunos aullidos que reclamaban una “Argentina sin Cristina”.

Eran las 19.04 cuando el realismo mágico del PRO los convirtió en testigos privilegiados del entusiasmo con odio con que varios miles de porteños quisieron acompañar la despedida del balcón donde, tres años y medio atrás, el gerente general de uno de los principales grupos económicos del país bailó al ritmo de la cumbia de Gilda “No me arrepiento de este amor”, con la vicepresidenta Gabriela Michetti entonando sin desafinar la -hoy premonitoria- frase “Yo siento que la vida se nos va, y que el día de hoy no vuelve más”.

El perfecto castellano de Werner y del italiano Cardarelli, tal vez les permitió entender la excusa presidencial, a esa altura ya convertida en fracaso y grito desesperado: “Tres años y medio es poco tiempo para cambiar todo lo que hay que cambiar”. La suerte estaba echada y así se lo expresaron dos días después a Alberto Fernández, al llegar al quinto piso de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET). De todos modos, unos y otros saben que el futuro de la relación y, en especial, el desembolso de u$s5.400 millones dependerá de la decisión del mandatario estadounidense, Donald Trump, que no dijo una palabra desde la medianoche del 11 de agosto, en que supo que su “amigo argentino” acababa de perder sus posibilidades de gobernar durante otros cuatro años.

De Fernández al Fondo
Poco antes de que empezara el encuentro se produjo el tercer llamado de Macri a Fernández, con un nuevo apretón de su “abrazo del oso” con el que intenta condicionar al rival que lo derrotó; volvió a pedirle apoyo público a las negociaciones con el organismo que exigió el “déficit cero” que terminó de destruir la vida de la población y permitió que las divisas giradas volasen de inmediato hacia guaridas y fondos extranjeros. El ex jefe de Gabinete de Néstor Kirchner no dejó trascender su respuesta, habló a través de un comunicado que fue mal recibido en la Casa Rosada y peor calificado por los medios que trabajan en el nuevo posicionamiento que persiguen los grupos de poder real ante el desplazamiento del péndulo del gobierno.

Además de la corrección de los visitantes, la reunión del lunes incluyó algún guiño de los “fondistas” hacia las concepciones de los anfitriones, por ejemplo su receptividad a las críticas al manejo de la inflación por parte de Macri, que la consideraba la “demostración de tu incapacidad para gobernar”, solucionable en base a la reducción de emisión monetaria. Por el contrario, Cardarelli puso en el tapete un “impensado” en el repertorio fondomonetarista, como es la alusión a la “concentración de los mercados”. Según el trabajo arqueológico de Burgueño, el compatriota del neoboquense Daniele De Rossi usó un ejemplo al que hasta le puso nombre y apellido: “el mercado panadero, el 80% está manejado por Bimbo”, en alusión al grupo trasnacional de origen mexicano que, en la Argentina, controla el 80 por ciento de la producción a través de las marcas Fargo, Bimbo y Lactal.

A pesar de alusiones de ese tipo, que apuntan a uno de los problemas profundos de la economía nacional como es la concentración económica, no evitó que el candidato del Frente de Todxs, en persona y a través del comunicado formal emitido poco después, los hiciera corresponsables de haber “generado esta crisis” y de “la catástrofe social que hoy atraviesa a una porción cada vez mayor de la sociedad”.

Con números en la mano, Fernández les demostró que cada uno de los cuatro objetivos del acuerdo con el que la Alianza Cambiemos regresó el país a la sombra condicionante del FMI había sido incumplido: no se recuperó el crecimiento de la economía, que en realidad cayó 1,7%, ni se generó empleo “para combatir la pobreza”, ya que el desempleo supera con comodidad el 10%; tampoco se redujo la inflación, que se disparó al 53,9% anual, y la supuesta “trayectoria decreciente de la deuda pública”, parece una broma ante la trepada que provocó la gestión saliente, con una suba de 29 puntos porcentuales del PBI.

A la argumentación concisa y realista, se le sumó la crítica por haber contribuido a financiar la fuga de capitales del país. El triunfador en las PASO señaló que el propio organismo violó la disposición de su Acta Constitutiva que marca que “ningún miembro podrá utilizar los recursos generales del Fondo para hacer frente a una salida considerable o continua de capital”. Sin borradores pero con datos, les recordó que, entre junio de 2018 y julio de 2019, se fugaron del sistema bancario más de u$s27.500 millones y otros u$s9.200 millones fueron retirados del mercado de capitales
por especuladores; esos u$s36.600 millones, constituyen un 80% del total de los giros del FMI. Sin apelar al “por si esto fuera poco” de los vendedores callejeros, agregó que en las dos últimas semanas huyeron de la banca otros u$s2.700 millones que estaban depositados y que, a juicio de su equipo, también se financiaron con recursos del préstamo.

Sin necesidad de señalar que las transnacionales amigas del presidente Donald Trump y los grupos económicos socios del macrismo, son los responsables de la pérdida de esos recursos que argentinas y argentinos pagan con hambre, enfermedades y deterioros de todo tipo, Alberto Fernández plantó la bandera de lo que será su formato de negociación económica internacional. Expresó la defensa del interés nacional, sin planteos de reestructuración de la deuda y con propuestas futuras de renegociación o, más precisamente, de “reperfilamiento” de la misma, un concepto importado de la ingeniería civil que alude a las operaciones que se realizan sobre los taludes de piedra para devolverles su geometría original y evitar posibles derrumbes.

Una metáfora destinada a explicar posibles futuros canjes de deuda por otros de vencimiento a plazo más largo, o a través del rescate de compromisos en dólares por deuda en moneda local que -al aceptar el fracaso global de la economía de su jefe- el ministro Lacunza terminó empleando en la tarde de otra jornada de delirio del dólar, la tasa de referencia y el riesgo país. En definitiva anunció que comenzaba la renegociación de la deuda contraída y buscaba el paraguas institucional del Congreso de la Nación, que en todo momento evitó Mauricio Macri, en violación al mandato constitucional.

Justicia dada vuelta
Mientras todos miran hacia el Fondo, los tribunales también otean un lejano mes de diciembre. El candidato de Todxs seguirá empujando la problemática económica hacia el centro del escenario y la temática judicial no figura ni en los borradores de la campaña que se relanza el 7 de septiembre ni abulta las carpetas de sus equipos. Antes de ser precandidato incluso, adelantó que no tiene “ningún interés en cambiar la Constitución” y que alcanza con que la misma “se cumpla”.

Este criterio no significa que desatienda el flanco. En la ciudad de San Juan y ya en campaña, resaltó que carece de “vocación de venganza contra los jueces”, a quienes les reclama “total independencia” y “que no dependan con el poder político de turno”, como considera que sucedió durante el macrismo. En mayo tuvo una de las frases que más buscan sus enemigos para intentar instalar la inminencia de una persecución: “Hay jueces que van a tener que dar explicaciones de las barrabasadas que escribieron” y apuntó hacia varios despachos de Comodoro Py, donde algunos magistrados y fiscales, a juicio de sus asesores, hicieron “abuso de la prisión preventiva” contra dirigentes opositores a los que, de todos modos, no consideran “presos políticos”.

No son pocos los jueces y fiscales que apuran sus papeles jubilatorios, todos para garantizarse el cobro de sus jugosas jubilaciones al 82% móvil y sin pago de Ganancias; algunos ante posibles sanciones que les lleguen una vez que un Consejo de la Magistratura de nuevo cuño investigue sus conductas del presente, otros en previsión de eventuales cambios en esas características previsionales, que los diferencian de la ciudadanía de a pie.

La atmósfera de tranquilidad que Fernández intenta generar, sobre todo su rechazo al revanchismo, no le alcanza a los grupos de medios de mayor peso, tampoco a sus principales plumas y figuras. Una y otra vez buscan pelos en la leche más depurada, incluso van contra algunas decisiones judiciales como la que desprocesó a connotadas figuras de la gestión kirchnerista vinculadas al soterramiento del Sarmiento o aquella que rechazó un pedido del grupo Macri sobre el acuerdo de acreedores con el Estado por la que quiere eludir una deuda con el Estado de $70 mil millones; incluso atacan la decisión del juez Claudio Bonadío de ordenar la investigación de las irregularidades que la Auditoría de la Ciudad de Buenos Aires registró en la obra del “Paseo del Bajo”.

Por fuera de esos artificios del “periodismo de guerra” remanente, a Mauricio Macri y sus abogados, le preocupan la gran cantidad de causas en contra de quien fue el primer presidente argentino que se sentó en la Casa Rosada procesado por la Justicia y, sobre todo, la gravedad de algunas de ellas. El cambio de clima de época generado por la derrota electoral, hizo efecto hasta sobre la edición de TN, el canal de noticias del grupo Clarín, que armó un recuento de parte de los delitos que se le imputan al mandatario,
Contra Macri y su familia hay 97 causas abiertas, la mayoría de las cuales estuvieron “estacionadas” durante gran parte de su gestión. A juicio de los analistas especializados los expedientes que pueden causarles mayores problemas son los relacionados con el fraude de la deuda del Correo Argentino, las estafas de los peajes, los parques eólicos y la venta de Macri Air a Avianca, con adjudicación fraudulenta de rutas aéreas; los Panamá Papers, hoy dormidos en el fuero Penal Económico, con un mínimo de $460 millones de pesos en danza y 50 sociedades armadas por el Grupo Macri por investigar y la adjudicación y las coimas pagadas en el marco del soterramiento del ferrocarril Sarmiento por IECSA, una de las empresas presidenciales, además de la resolución que debe tomar la Corte Suprema sobre el reclamo del diputado Felipe Solá para cuestionar judicialmente el blanqueo de los familiares presidenciales y los demás funcionarios del gobierno, decididos por decreto y contra una ley de la Nación.

Fuera de Comodoro Py, con más precisión en la Avenida Buenos Aires 127 de la ciudad bonaerense de Dolores, el juez Alejo Ramos Padilla avanza con la investigación de espionaje ilegal que hoy tiene bajo la lupa a Marcelo D’Alessio y al fiscal Carlos Stornelli y que mañana puede rebalsar e implicar a lo más granado de la “inteligencia” gubernamental, para llegar hasta el jefe del Ejecutivo.

Calles en movimiento

Todos los números sobre los que Alberto Fernández y el FMI discutieron, en la real realidad constituyen una situación social desesperante, con el hambre que dejó de ser un fantasma para convertirse en un retortijón en la panza de cada vez más personas, en un país que quienes siguen el comportamiento de la Encuesta Permanente de Hogares calculan al borde del 50% de pobres, con un crecimiento nunca registrado de la indigencia.

Los movimientos populares encabezados por la Central de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), la Corriente Clasista y Combativa (CCC) , Somos Barrios de Pie y el Frente Popular Darío Santillán decidieron ganar las calles de la Ciudad de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Misiones, Chaco, Tucumán, Corrientes, Formosa, Jujuy, Necochea, Neuquén, Santiago del Estero y de otras localidades del país, en protesta por la situación que vive la población y contra las medidas económicas anunciadas por el gobierno este miércoles 28.

Las manifestaciones reclamaron un aumento del Salario Social Complementario del 50%, la misma proporción que piden para el salario mínimo y para las jubilaciones y pensiones mínimas; una mejora del 40 % en las partidas para meriendas y almuerzo de los comedores populares; el mismo bono de $2.000 que se anunció para el sector formal para los trabajadores de la Economía Popular; cese de las suspensiones de los programas laborales, puesta en práctica inmediata de la Ley de Emergencia Alimentaria y prórroga de la Emergencia Social.

Así como este presente que es ya es pasado se superpone a un futuro que ya se presentó, también transitan en simultáneo los tiempos de las formas y las negociaciones con las necesidades de quienes ya no tienen nada, las y los que llenaron las urnas con las votos del rechazo a un modelo y sus políticas.

* Periodista y Psicólogo argentino. Investigador asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (http://estrategia.la/). Miembro de La Usina del Pensamiento Nacional y Popular (http://www.usinadelpensamientonacional.com.ar)