Solo Maradona lo hace posible

Impactante retorno…
Primero fue un trascendido, luego comentarios y finalmente se concretó. Diego Armando Maradona es entrenador de Gimnasia y Esgrima La Plata.

La noticia sacudió la modorra del aburrido, pero competitivo, intenso, ‘metedor’, y ambicioso, fútbol argentino. El domingo 8 de septiembre se hizo la presentación en el estadio con público alegre en las tribunas. Con numerosos canales televisivos transmitiendo en directo; con fuegos artificiales; y hasta con un helicóptero sobrevolando el bosque platense, para mostrar lo que era una fiesta futbolística protagonizada por un club (casi) condenado al descenso…

Solo Maradona puede provocar semejante convulsión y repercusión mundial. El alicaído Gimnasia recibió ofertas económicas para que permita transmitir en vivo y en directo los entrenamientos; otro quiere agrandar el estadio; se suceden los esponsores. Y recordemos que en 5 partidos de la Superliga, Gimnasia marcha último con 1 punto, 2 goles a favor y 6 en contra, y con un entrenador despedido…

En las primeras 48 horas de confirmada la contratación del 10, miles de simpatizantes se acercaron a la sede tripera, de calle 4, confirmándose que en tiempo record se asociaron 1.200 simpatizantes más.

De seguro que la llegada de Maradona aportará ánimo y más entrega a un plantel golpeadísimo. Lógicamente que no podrá hacer milagros. Podrá aportarle sus ideas y hasta podrá que un equipo que es muy limitado logre algunos puntos. Pero para muchos gimnasistas ello es secundario. La revolución maradoniana ya está en marcha.

Revertir futbolísticamente (y con puntos) la dificilísima situación y posición en la tabla requerirá de mucho más que ánimo, ganas, y esperanzas. Pero más allá de ello, Maradona ha sacudido a La Plata, y al ambiente futbolístico argentino.

Con una selección a los tumbos; con equipos que “está para campeón” durante 5 o 6 fechas, y luego se desvanecen; con una AFA igual que antes; con una Superliga hecha a la medida del macrismo; con visitantes sin asistir a las canchas; con el impedimento que el simpatizante no-socio pueda comprar una entrada común; con la corrupción mediática futbolera reinante; con las bandas de barrabravas cada vez más funcionales a las fuerzas de seguridad; con entradas caras; con partidos muy “intensos”, con gente que “pivotea”, con jugadores de “mucha entrega”, con carrileros, “dobles 5″, y explicaciones numéricas de formaciones que se asemejan a un juego de quiniela, pero con poco de fútbol, este suceso maradoniano ha demostrado que el futbolero, el simpatizante, el amante del fútbol sigue esperando que este deporte le retribuya.

Maradona ha sido el más grande; al decir que es el 10, se resume en dicho número la creatividad, la invención, la sorpresa, la genialidad, lo inesperado en el fútbol. Porque los que han usado (y usan?) esa casaca tienen la obligación de frotar la lámpara constantemente y hacer jugar a todo su equipo (y manejar los partidos). Maradona siempre lo hizo; fuera con la camiseta que fuera; en el país y en el exterior.

Pero además, fue un rebelde, que –más allá de sus errores, equivocaciones, torpezas- personales, se le plantó a la corrupción del calcio, a la UEFA, a la AFA, a la FIFA, a los medios hegemónicos.

Demasiados enemigos poderosos umó en su historia, como para pasar solamente como un excelente futbolista. Para peor –dice el establishment-, reivindica al Che Guevara, a Fidel Castro, a Hugo Chavez, a Nicolás Maduro, a Telesur, a Néstor Kirchner y a Cristina Fernández…

Cómo le van a perdonar semejantes irreverencias. Se lo han hecho, se lo hacen y se lo harán pagar cada vez que los poderosos puedan.

Sin embargo él, como solo los grandes pueden hacer, se reinventa y cada vez que reaparece, genera un hecho de trascendencia.

Los que fueron cómplices de la peor dictadura que azotó Argentina, no le perdonan al 10, que haya sido adicto. Los que arreglaban partidos en el calcio, lo sancionaron inventándole una causa. Los que han sido genuflexos servidores de la dictadura brasileña y preservativos del poder estadounidense, le quieren dar clases de moral. Los que alentaron el sabotaje y la salida de Gerardo Martino a la vez que apoyaron la llegada de Jorge Sampaoli a la conducción de la selección argentina, le cuestionan que el equipo que conducía el 10, fue eliminado en el mundial de Sudáfrica…

Hoy el castigo del descenso está ahí nomás; no a la vuelta de la esquina, sino a simple vista. En este sentido, pocos se acordarán que Gimnasia y Esgrima La Plata fue campeón en 1929; y que muchas décadas después ganó la Copa Centenario de la AFA.

Sin embargo la llegada del 10 ha cambiado el ánimo y hasta ha hecho alejar la tristeza de imaginar al club en la segunda diviional en la venidera temporada. Eso sólo lo puede lograr ‘algo’ trascendente, monumental. Maradona lo hizo.

Para quienes gustan de apostar a sabiendas de cual será el resultado, esta ‘elección’ del 10 es una equivocación. Como si fuera una obligación elegir a quien será seguro campeón; así es fácil hacer las cosas.

Maradona ha demostrado desde siempre que jamás eligió la fácil. Inclusive en los errores. Para él no ha existido el gris; ha sido blanco o negro.

Por ello el ciudadano común, el amante del fútbol siente por él un amor que muchos no comprenden desde su racionalidad y frialdad analítica. Pero Maradona es pasión; y el común se idéntica con él.

Es casi seguro que su magia con la 10, no podrá instalársela a sus dirigidos; es entendible. Él ha sido único. Aún hoy, sorprende. Porque en medio de tanta pobreza explícita e intelectual; en medio de tanta explotación y desencanto; en medio de tanta obsena ostentación del poder macrista, él es una alegría.

No es poco en un país que está siendo azotado por una noche gris.

SANTA FE-ARGENTINA (por Rodolfo O. Gianfelici, PrensaMare)