España-Guerra Civil

El historiador Raimundo Cuesta dice que “Unamuno fue un profeta en el infierno del 1936”

Entrevista realizada al historiador Raimundo Cuesta, Premio Nacional a la Innovación Educativa, al término de la Mesa debate, Paraninfo: Unamuno ante el 12 de octubre de 1936, que se celebró el pasado jueves, 5 de septiembre, en El Centro de Documentación de la Memoria (Salamanca, España). Cuesta, profundo conocedor de la vida y obra del pensador vasco Miguel de Unamuno, es co-fundador de las plataformas de pensamiento crítico Cronos y Fedicaria. De formación marxista y ecléctica, ha dirigido proyectos de investigación académica sobre historia, memoria y didáctica crítica en España y en América Latina. Es asimismo experto en la Guerra Civil española y autor de numerosos artículos académicos y obras como “Felices y Escolarizados” (una dura crítica a la educación tradicional) y “La venganza de la memoria y las paradojas de la Historia”. (En la imagen de portada Raimundo Cuesta en Valparaiso, Chile (2009), país donde asistió como invitado internacional a un seminario sobre Historia y Memoria organizado por la Universidad Academia del Humanismo Cristiano de Santiago de Chile.

El historiador Raimundo Cuesta (Cronos y Fedicaria) ha subrayado que el pensador vasco Miguel de Unamuno, rector de la Universidad de Salamanca en “el infierno de 1936” (Guerra Civil española) era un hombre de grandes valores y una especie de “profeta bíblico”, agudamente crítico, que a veces se volvía enormemente ofensivo y que lo mismo arremetía contra el Rey Alfonso XIII que contra el ministro y general español Martinez Anido, a quien tachó de “enano epiléptico”.

En declaraciones a este escriba, Raimundo Cuesta, doctor con Premio Extraordinario en Historia, enfatizó que “aunque el Unamuno confuso” dio la bienvenida, en un principio, “a la rebelión militar del dictador Francisco Franco del 18 de julio de 1936”, cuando tomó conciencia de lo “bestiales que eran los golpistas” que se levantaron contra la II República española (1931-1939), vivió el resto de su vida, unos pocos meses, “aislado, arrepentido y apesadumbrado”.

Su “alianza” con el dictador Francisco Franco (1892-1975) quien según Raimundo Cuesta practicó durante cuarenta años en España “una brutal cirugía de cuerpos y almas”, se tornó en abierta rebelión cuando, en un acto celebrado en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, el 12 de octubre de 1936, se dirigió al fundador de la legión, Millán Astray, y le escupió en la cara “venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis la fuerza bruta (y la ayuda de los nazis alemanes), pero no convenceréis porque para ello hace falta persuadir y tener razón”.

Dicen que el general Astray, mutilado de guerra, gritó fuera de sí “en el templo de la cultura de la Universidad”, ¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte! (según las versiones). Algunos dicen que si no llega a estar en ese acto la mujer del dictador, doña Carmen Polo de Franco, Unamuno pudo haber sido fusilado “in situ” en Salamanca.

Recordó Raimundo Cuesta que en aquella España (La Guerra Civil que acabó con la República duró entre 1936 y 1939), tres figuras destacaban en sus respectivos campos, a saber: El pensador y escritor Unamuno, como “profeta y animal prepolítico”, el filósofo Ortega y Gasset (La Rebelión de las Masas) “como forjador de las élites ilustradas y europeizantes” y Manuel Azaña, presidente de la Segunda República (11 de mayo de 1936-3 de marzo de 1939) como “el político capaz de articular un intento de modernizar España mediante una ‘revolución republicana’ sustentada en los intelectuales progresistas y la clase obrera”.

“La revolución” de Azaña, un intelectual de la pequeña burguesía y de talante sosegado, consistía en dar la vuelta pacíficamente a las antiguas estructuras heredadas de la monarquía (el latifundismo, el caciquismo, el Estado confesional y la influencia de la Iglesia, la paupérrima educación, la condición de las clases trabajadoras, el Estado centralista, etc.”, subrayó Raimundo Cuesta, quien en la actualidad está inmerso en un trabajo sobre “Azaña, Ortega y Unamuno”.

Azaña, a diferencia de sus colegas, no creía que “que la solución fuera solo o preferentemente un problema de educación. Para él era una cuestión de armar una formidable alianza de clases entre partidos republicanos y partidos obreros”, matizó Cuesta en una entrevista -más amplia y rica en reflexiones y matices que dan una visión panorámica de los hechos-que se puede leer pinchando en este enlace “Unamuno, un profeta en el infierno del 1936”.

Al final – agrega Cuesta- “Los tres acabaron mal: Unamuno murió aislado en su casa el último día del año 1936; Azaña tuvo que refugiarse en el exilio francés y murió allí en 1940; los funerales de Ortega tuvieron lugar en un otoñal y grisáceo Madrid de 1955, imagen mustia de un liberalismo de minorías selectas, apenas tolerado por el franquismo”.

Al ser preguntado por las secuelas del conflicto bélico, Cuesta subraya “La historia pasa pero pesa, como la losa que cubre todavía la sepultura de Franco en la basílica del Valle de los Caídos (especie de Pirámide faraónica con cruz de reconquista (física y espiritual) donde está la momia del dictador). Y añade “nuestra conciencia política está todavía decididamente marcada por ‘la guerra, la dictadura y la transición a la democracia’. Esas son las tres ‘heridas’ sangrantes que a la menor se abren a borbotones”.

Al ser interrogado por los motivos por los que España no “cierra el capítulo del pasado” y avanza hacia el futuro, Cuesta responde con rotundidad:

“En referencia a lo que dices, las páginas del pasado se pasan cuando no quedan deudas pendientes y cuando en una sociedad como la nuestra prime una representación colectiva, con muchos matices diferenciales, que sea compatible con los valores de una democracia avanzada y no con los esgrimidos por los herederos y hoy defensores del fascismo a la española.”

Y puntualiza -refiriéndose a los que dicen que “la política ha muerto” a manos de las altas finanzas-, “la juventud, las mujeres, los adultos, los jubilados, etc. tienen problemas específicos y formas de movilización a veces espectaculares. Las grandes finanzas hacen lo que pueden para evitarlo, pero, en realidad, nada podría parar a la confluencia de movimientos que hoy se encuentran dispersos y fragmentados.”

Aludiendo a la película de próximo estreno “Mientras dure la guerra” de Alejandro Amenábar, y a un comentario que hizo el director chileno español sobre Unamuno, diciendo que era un personaje “frío y seco”, Cuesta se muestra incrédulo y remacha: “Lo más parecido a Unamuno son unas zarzas ardiendo en el desierto; todo su pensamiento y actitudes vitales están revestidas de pasión, de alta temperatura anímica”, concluyó el pensador cántabro formado en Salamanca.

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