Contra Cuba el yanqui no pudo ni podrá ¡Jamás!


Es importante en estos momentos, a escasos días de un aniversario más de la caída del guerrillero heroico Ernesto Che Guevara, llamar la atención sobre la agresión de la que está siendo objeto el pueblo cubano a raíz de que en abril pasado, tras el fracaso de la intentona golpista contra el Gobierno bolivariano de Venezuela, el imperio descargase sus frustraciones contra Cuba, reforzando el infame bloqueo con una serie de políticas selectivas con el fin de estrangular el flujo de combustibles a la isla.

La justificación de la administración Trump es ridícula: que el Gobierno bolivariano se mantiene en pie gracias al apoyo cubano, cosa absurda a todas luces para cualquiera con conocimientos básicos de geografía, para no mencionar materias tan especializadas como la historia, la geopolítica y la politología. Ese discurso es solo una hoja de parra para justificar el chantaje político contra la isla socialista: Si los hermanos cubanos dejan de solidarizarse con Venezuela, entonces podrán tener petróleo.

Ante ese chantaje, obviamente, no cederán ni el Gobierno ni el pueblo cubanos, que mantienen viva aquella enseñanza del Che de que “No se puede confiar en el imperialismo, pero ni tantito así, ¡¡nada!!” Por favor señor Trump: No nacimos ayer para andar creyendo en propuestas indecentes, ni en Cuba ni en el resto del Abya Yala.

He estado en Cuba dos veces. La primera, en el año 2004, en una de las coyunturas más complejas que le haya tocado vivir a la Revolución Cubana en los últimos 25 años. Entonces gobernaba el loco de Bush (el Trump de aquel entonces) que un par de años antes había puesto a Cuba junto a Irak, Irán, Corea del Norte, Libia y Siria en el famoso “eje del mal”. De esos países, varios han sufrido guerras devastadoras desde entonces.

Tan compleja era la coyuntura en aquellos momentos que unos meses antes de mi visita, en mayo de 2004, el comandante Fidel Castro respondía de esta manera a un llamado “Programa de Transición” lanzado por Bush contra Cuba: “Puesto que usted ha decidido que nuestra suerte está echada, tengo el placer de despedirme como los gladiadores romanos que iban a combatir en el circo: Salve, César, los que van a morir te saludan”.

Entonces pude ver con mis propios ojos, en los barrios, en las fábricas, en las cooperativas agrícolas, en las universidades y en los centros culturales de Cuba la gran conciencia política de ese pueblo, un pueblo con una muy larga experiencia. Se juntaban para oír los discursos, discutían, meditaban, valoraban la situación y se disponían a hacer lo que hubiera que hacer. Recuerdo por aquel entonces que había habido una gran movilización y que toda la población de La Habana había recibido instrucción en guerra de guerrillas para hacerle frente a una posible intervención militar.

Regresé a Cuba el 4 de noviembre de 2008, exactamente la misma noche que salió electo Barack Obama en Estados Unidos. En el lobby del hotel la gente aplaudía y afuera en las calles también, aunque unos estaban más optimistas que otros: Era sin duda bueno que se fuera el maniático de Bush, pero mientras que el imperio fuera imperio, no se resignaría a aceptar la libertad del pueblo cubano.

Con Barack Obama comenzó un proceso paulatino de cambio de relaciones de los Estados Unidos hacia Cuba. Naturalmente, el imperio jamás abandonó sus ambiciones de destruir la Revolución Cubana, solo cambió sus métodos por otros más “flexibles”. Obama, que ganó en 2008 con la promesa de cambiar sus relaciones con Cuba, se dilató seis años, ya llegando al final de su último mandato, para restablecer relaciones con la isla. Poco duraron los cambios ya que Trump en 2016, al ganar las elecciones, se dedicó a desmontar todo lo logrado en los últimos años hasta llegar a la situación de hoy.

Ahora con un Donald Trump desesperado por resultados que le den réditos políticos en un año electoral que promete ser muy difícil para él, su administración busca desesperadamente algún golpe de suerte que le permita mostrar algún triunfo en momentos en los que su ola de derecha en América Latina pierde fuerza.

Pero el pueblo cubano, que ha pasado por tantas pruebas en 6 décadas de revolución, también está listo para esta ofensiva. Hoy, los Estados Unidos están tratando de reeditar la fracasada aventura del año 2018 en Nicaragua contra los otros países revolucionarios y progresistas de Nuestra América, especialmente contra Cuba. De eso están plenamente conscientes las y los cubanos, por eso no dudaron en acatar el reciente llamado del presidente Miguel Díaz-Canel a “pensar como país”.

A inicios de septiembre, a raíz de dificultades en la generación de energía provocadas por (entre otras medidas genocidas) la decisión del Gobierno estadounidense de dificultar el abastecimiento con petróleo venezolano, el presidente Díaz-Canel lanzó una jornada de amplia información sobre el tema explicando que se trataba de una coyuntura delicada, como muchas otras que ha enfrentado la revolución cubana, y llamó a “pensar y actuar distinto” en el sentido de rescatar las experiencias positivas del anterior “período especial”, entre 1989 y mediados de los años 90, cuando Cuba debió hacer frente al colapso de la Unión Soviética y a lo más duro del bloqueo estadounidense, pero en condiciones muy diferentes a las de aquel contexto.

Según el presidente Díaz-Canel, Cuba hoy cuenta con una serie de fortalezas que antes no existían, entre las que podemos mencionar un contexto político latinoamericano y mundial muy diferente al de hace 30 años, así como todo un acumulado de experiencias en todos los terrenos. “Puedo afirmar, serena y firmemente, que contamos con una estrategia para vencer, y que la administración yanqui no va a lograr sus propósitos de desalentar al pueblo cubano y mucho menos rendirlo”, expresó el mandatario.

Entre el tipo de experiencias que se han mencionado en el terreno eléctrico están un mejor aprovechamiento de las capacidades de generación eléctrica así como una distribución de la demanda de energía para controlar los picos de consumo, pero de modo más general, para enfrentar el recrudecimiento del bloqueo en curso, hizo un llamado “sin dramatismos ni falsas alarmas”, a recuperar la solidaridad y el sentido de la austeridad, así como la ética de los servidores públicos actuando “con estilos afines a los momentos actuales”.

Sobre todo, Díaz-Canel convocó al pueblo “a pensar como país, con la convicción de que es inagotable la fuente de la inteligencia colectiva” de las y los cubanos. Este llamado lanzado por el gobierno, ha sido respondido en tiempo récord por miles de mensajes de la ciudadanía aportando ideas y reflexiones de acuerdo a los lineamientos planteados. No tenemos la menor duda de que el pueblo cubano enfrentará de manera exitosa esta coyuntura que a su vez está inmersa en una coyuntura mayor, de gran incertidumbre, que abarca al mundo entero.

Desde Nicaragua Libre no nos queda otra cosa que reiterarle a nuestros hermanos cubanos nuestra solidaridad de siempre y asegurarles que el imperio en tierras de Sandino ni pudo, ni podrá. ¡Jamás!