A propósito de “Queridas patrias”

Acababa de aparecer “Queridas patrias. Un testimonio de Ricardo Pizarro” recogido en forma de libro por su hermano Manuel, asiduo colaborador de Liberación. Él me concedió el honor de escribir el prólogo del mismo, que hoy ofrezco a los lectores con el agregado de mi más cálida invitación a la lectura de este libro que trata de la vida de un chileno oriundo de Valparaíso, de múltiples oficios y de reconocida actuación como entrenador de fútbol de élite, quien actualmente reside en Estocolmo.

Después de leer el relato de Ricardo Pizarro, a pedido de su hermano Manuel para, antes de publicarlo, adjuntar un prólogo que, a su criterio, necesario para cumplir con las pautas literarias que una obra debe contener, no pude, lamentablemente, sujetarme a esa rigurosa regla de la ceremonia de apertura de este libro que ahora otros disfrutan de su lectura, atrapados “en la cueva del pirata”, aventura infantil que no solo refresca nuestra imaginación, también evoca vivencias de la adolescencia y juventud callejeando por Playa Ancha y en u partido de fútbol para meterle un gol a la vida.
“Queridas patrias” demuestra, sin duda, que Manuel Pizarro es un innato escritor, cuya capacidad de percibir y comprender el estado de ánimo de su principal personaje y protagonista, consigue también involucrarse en la vida de su hermano Ricardo, cuando éste relata sus aventuras infantiles, sueños juveniles y los, desde luego, desafíos que asume para ser futbolista, entrenador y quizás más que todo un hincha de corazón de ese deporte que apasiona millones.
“Queridas patrias” es pues una narración vivencial de Ricardo. Su modo de ser, de soñar y vivir es tan fiel a las andanzas de muchos de nosotros que hoy aquí en Suecia, nuestra patria de adopción, nos pone a prueba esa capacidad de recordar “los domingos y los veranos” de ayer.
A través de su relato nos muestra también las imaginarias fotografías de “El cabezón”, “El careguante” o aquellos de estos tiempos de ahora “el fågel” o “el pulka”, héroes y amigos de anecdotarios y momentos bonitos de su vida.
Quiero afirmar también que la sensibilidad con la que está escrito “Queridas patrias”, el autor retrata a su hermano en cuerpo y vida, mostrando al lector su desarrollo personal, familiar y social. “En ese año (1974) cumplía los veinte años. Me sentía en la plenitud de mi nivel futbolístico…” Describe con sentimiento.
Para Manuel no ha debido ser fácil resumir en la blancura del papel la desilusión y la esperanza, de su hermano acostumbrado a salir victorioso de todas las pruebas.
Fue un día de abril de 2002 cuando la sonrisa de Ricardo se transfigura. Cuenta que ese día “sintió el pelotazo en los genitales” al escuchar: blodcancer…akut leukemi…en un hospital sueco.
“¿Me voy a morir doctor? Por favor dígame la verdad…” Obviamente Ricardo al exigir una respuesta en su interior ha tenido que decir aún ¡no me quiero morir!
Con semejante para los que padecen una enfermedad irreversible e incurable, en la mayoría de los casos repercute trágicamente en la capacidad individual de obrar, pero Ricardo ostentando entendimiento y voluntad suficiente para gobernar su persona, asumiría un nuevo desafío. En otras palabras que a él le gusta expresar: jugar su mejor partido… la copa de la vida.
En el correr de los meses muchos relatos se juntarían. Todo deja ver que no se sentía solo ni deprimido y triste. Un ángel llamada Catalina había llegado.
Se sentía con más ánimos para seguir hablando de su querido equipo Wanderers de Valparaíso, revivir para otros los momentos como si fueran hoy los días de gloria de Diego Armando Maradona del mundial de 1986.
Después vendría 1991, su primera experiencia como entrenador del O´Higgins. A ese equipo había dedicado también sus mejores años como jugador y con mucha propiedad habla como buen conocedor de las grandes inquietudes del fútbol latinoamericano en estas tierras de Suecia.
Catalina no fue un amor, fue un milagro en su vida. Ricardo si bien rescata de sus recuerdos los temas musicales del grupo Creedence Clearwater Revival, acude también a este pasaje, Adelaida, la mujer de su vida, como diría él, con fragancia de eucaliptos.
Ricardo, directo y sincero aborda el drama de su separación matrimonial, pero también considera que su vida es un premio dedicado a sus hijos, amigos y a aquel lejano pueblo donde nació.
Por todo “Queridas patrias” no sólo es “algo de la vida” de Ricardo Pizarro, es una reflexión testimonial de los momentos tristes y alegres de su existencia, que desde aquel instante cuando agarró por primera vez un par de zapatos de fútbol no paró de correr.
¿Acaso una premonición? Cuando niño dijo: Agarré los zapatos me los probé, luego los apreté a mi pecho y me eché a correr…”.

Queridas patrias: Un testimonio de Ricardo Pizarro
Redactor: Manuel Pizarro
Género:Testimonio
170 páginas.
Editorial Senda/ Senda förlåg. Estocolmo 2009.
Este libro se encuentra a la venta en Librería Latinoamericana de Estocolmo.