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Cuando un genial tango sirve para mostrar la pobreza de la realidad actual…

“Volvió una noche”, de Gardel y Lepera

Redacción Argentina :: 14.09.20

Carlos Gardel y Alfredo Lepera compusieron la genial obra: Volvió una noche. Hablan de una mujer a la que el protagonista no esperaba. Refiere que ella tenía “en su rostro tanta ansiedad, “Que tuve pena de recordarle, Su felonía y su crueldad”.

SANTA FE-ARGENTINA (por Rodolfo O. Gianfelici, PrensaMare) Carlos Gardel y Alfredo Lepera compusieron la genial obra: Volvió una noche. Hablan de una mujer a la que el protagonista no esperaba. Refiere que ella tenía “en su rostro tanta ansiedad, “Que tuve pena de recordarle, Su felonía y su crueldad”.

Que ella pidió perdón; prometió el regreso de tiempos mejores idos y que “todo nos sonreirá”. Sin embargo, él no le creyó, porque “Las horas que pasan ya no vuelven más”. Que lo pasado, pasado está y no puede re-editarse; por ello calló su “amargura”, y tuvo piedad.

Ella se sintió sorprendida “Y con una mueca de mujer vencida, Me dijo es la vida, y no la vi más…”.

El hombre la recuerda como la “locura” de su juventud; pero que ahora tiene “la mirada triste y sin luz”. La considera un “espectro”.

Tras ese momento de ineperado encuentro, “Se fue en silencio, sin un reproche”.

Casi se diría que esa mujer que traicionó, al pedir perdón reconocía sus errores. Pero al no recibir la respuesta ansiada, deseada desesperadamente, tiene la dignidad de marcharse silenciosamente.

Porqué esta referencia a la genial obra poética y musical…? Porque en estos días de inicios del primaveral septiembre, los argentinos asistieron al regreso de un tristísimo personaje llamado Mauricio Macri.

En este caso, no retorna de ninguna traición. Si hubo quienes le creyeron, es problema de ellos, no de él. Retornó de sus vacaciones en la costosísima francesa Saint-Tropez. También de fotografiarse en el apéndice de la yanquizada FIFA (la Fundación).

Porque quien hizo los deberes que el poder neoliberal mundial le exigió y marcó, lo premió con un carguito como para darle un “reconocimiento” (¿?) internacional, tras su paso destructor por la presidencia argentina.

Su retorno es con mucha pena y sin nada de gloria, aunque los medios pretendan mostrarlo como un (casi) patriota. Ha vuelto al país el más inútil, el más alejado al trabajo (vago llamarían algunos), el más destructor presidente que se recuerde en la vida democrática argentina.

El poder necesita que esté de cuerpo presente. Es el único que puede mantener (por ahora) la unidad de la derecha, el neoliberalismo y el antiperonismo. Es la expresión del odio.

Es el máximo exponente del campo anti-nacional y anti-popular. Un sector tan desgastado y devaluado que necesita de Macri, porque sus otros exponentes (Elisa Carrió, Gerardo Morales, Alfredo Cornejo, Martín Lousteau, Ernesto Sanz, Alfonso Prat-Gay, Patricia Bullrich…) están tan rebajados o menguados que –se diría- no saben “ni jugar con tierra”…

Ocurre que Macri ‘garantiza’ que la confrontación se mantenga latente como una necesidad de vida, para los sectores dominantes. Entienden que al hacerse difícil producir una ruptura en el interior del peronismo (como se ilusionaban), necesitan abroquelar fuerzas.

Consideran que ellos (“duros” y supuestos “blandos” del macrismo) son un solo cuerpo, y que el peronismo también. En ese sentido, Macri debe conducir la política de la confrontación constante, para desgastar y debilitar al gobierno nacional.

Cuando Macri “eligió” e impuso a Patricia Bullrich al frente del PRO dejó en claro qué pensaba hacer tras dejar el gobierno. Ella se encargó de cumplir a rajatablas con la estrategia del choque constante. Buena alumna…

Pero su sola presencia también ha generado algunos disgustos dentro del PRO. Para lo cual se hace necesario que “el dueño del circo” se haga cargo (lo que significa que los payasos/as, vuelvan a sus tareas…).

Macri es la radicalización. No desde lo progresista, sino desde la derechización de la política. Lo ha dejado en claro en cada una de sus intervenciones (via internet) de las reuniones virtuales de la Mesa Nacional de Juntos por el Cambio.

Macri impulsa el no-diálogo con el gobierno nacional; impulsa a los anticuarentena; impulsa (desde Francia) que en Argentina no existe libertad; impulsa las marchas callejeras; impulsa la protección del accionar de los empresarios del grupo Vicentin; impulsa que no se apruebe una reforma en la justicia Federal; impulsa un Estado ausente…

Todo lo que hizo e impuso entre 2015 y 2019, ahora lo sostiene, defiende y desea imponerlo desde la oposición.

Decir o pensar que existen “duros” y “blandos”, es caer en el juego que hace este último sector de Juntos por el Cambio, para ganar espacio y vencer en la interna que le hacen (disimuladamente) a Macri. A no confundirse

Macri y la segunda línea de su alianza ya miran al 2021 y las elecciones legislativas; incluso algunos van un poco más allá (Maria E. Vidal, Horacio Rodríguez Larreta, Emilio Monzó…) y avisoran con ganas el 2023. Este año lo consideran ‘perdido’, por lo que ya hacen su apuesta electoralista en plena pandemia.

Lo que algunos no saben es qué hara Macri el año venidero. Jugará a bendecir? Jugará a ser candidato a diputado nacional porteño? Jugará a ser candidato para obtener fuero (y protección)? Jugará a desestabilizar y “que pase lo que pase”?

Nadie lo sabe. No porque él sea una luz política (por favor). Sino porque se entrecruzan los intereses de Juntos por el Cambio, con los de Washington, Londres, Tel Aviv, y el gran capital internacional…

A su turno, cada uno tratará de usarlo como mejor lo considere. Ya se sabe que él siempre va a estar disponible para ello. Y si no quisiera, ese poder sabe que Macri le debe mucho, y le pasará factura, para hacerlo entrar en razón.

De allí el “premio” que le dieron al frente de la impresentable Fundación FIFA; una forma de mantenerlo con ‘respirador artificial’ a nivel internacional (no por méritos propios, sino por necesidades externas).

Si es por su capacidad, el campo nacional y popular debería estar tranquilo. El gran problema radica en que Macri es –para qué negarlo- lo mejor que ha logrado “construir” el campo antinacional y antipopular en décadas. De allí el peligro que representa.

Lo bueno es que este personaje jamás tendrá un Gardel o un Lepera que lo inmortalicen. Apenas los panfletarios Clarín o La Nación…

Rodolfo O. Gianfelici, PrensaMare


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