Ecuador: Una política internacional de Estado

Kintto Lucas    28.Ene.2010    Opinión

El 20 de diciembre de 2008 señalaba en un artículo que el nombramiento de Fander. Falconí como Ministro de Relaciones Exteriores, y las palabras del Presidente, Rafael Correa, en la posesión, eran una muestra de que el Gobierno fortalecía su política exterior. En ese sentido, comentaba que el hecho de asumirla como una herramienta de estrategia geopolítica y no solo de inserción en el mercado mundial era parte de ese vuelco positivo que se podría percibir en los próximos meses. Comentaba además que Falconí, no era experto en política internacional, pero su capacidad en el ámbito de la planificación, su visión política y su conocimiento geopolítico, hacían pensar que era la elección adecuada para un Gobierno inmerso en un proceso de cambios.

En oportunidad del nombramiento, el Presidente Rafael Correa, señaló que había sido una ingenuidad no haber pensado en razones geopolíticas, sino solo en razones comerciales. Hizo una especie de autocrítica pertinente para emprender esa reestructura necesaria en la política externa. “Por supuesto que tenemos que politizar el Servicio Exterior en su buen sentido, es decir, que refleje la política exterior de un Gobierno democráticamente electo”, dijo el mandatario, anunciando una intención acertada para cualquier momento, pero sobre todo para el momento político que vive la región.

Un año después de su designación y pocos días después de su renuncia al cargo, no hay duda que la elección de Falconí fue sumamente acertada. Su trabajo en la cancillería lo demostró. Sin embargo, los mismos analistas que criticaron la designación de Falconí, hoy critican el nombramiento de Ricardo Patiño como Ministro de Relaciones Exteriores.

Pero los mismos argumentos que utilicé para defender la nominación del ex Ministro, y algunos otros vinculados a la trayectoria de Patiño, indican que éste es el más indicada para dirigir una política exterior que se ha ido consolidando en política de Estado. La necesaria profesionalización del servicio exterior no está en duda, pero las relaciones internacionales son un instrumento político y así deben ser asumidas. Quienes las llevan adelante deben ser funcionarios que respondan a un proyecto político claro.

Hoy la política internacional de los países tiene mayor trascendencia que en décadas anteriores. Sin embargo, Ecuador no había tenido una política exterior coherente con las necesidades de un país pequeño, que por su posición geográfica puede jugar un papel geoestratégico importante.

La política internacional de Ecuador había limitado durante mucho tiempo su esfuerzo a las relaciones con Estados Unidos, los países fronterizos y los grandes de América del Sur. Era la expresión de una política externa reducida, tradicional, muchas veces a semejanza de la partidocracia.

Con una política internacional coherente a nivel global y hacia la región, Ecuador ha estrechado lazos políticos, sociales, culturales y comerciales mucho más firmes y estables con una variedad más amplia de países, generando credibilidad externa, fortaleciendo un posicionamiento geopolítico y asumiendo un papel protagónico en el difícil camino de la integración.

Ese gran trabajo, ahora debe fortalecerse con acciones que impulsen un mayor intercambio y complemento entre las instancias institucionales, los sectores sociales, económicos y culturales, del país con los de otros países. Un mayor intercambio y complemento entre los pueblos. Eso, sumado a una fuerte política de comunicación exterior, desde la Cancillería y desde las representaciones diplomáticas, ayudará a un mayor posicionamiento de Ecuador en el imaginario colectivo internacional, en las relaciones políticas y sociales, y en el intercambio comercial.

La Constitución establece objetivos para una política exterior transformadora. El nuevo Canciller afirmó que tiene la intención de continuar, y en algunos aspectos profundizar, el trabajo de Falconí, consolidando los objetivos constitucionales de la política internacional.