Brotes de tensión florecen en todo el mundo

Las potencias dominan con el control financiero
y salen a controlar las materias primas

Quienes viven en los países desarrollados tienen la vaga sensación de que las guerras han desaparecido o sólo quedan remanentes de conflictos que se ubican siempre en las periferías del mundo y que no les compete. En todo caso se sienten “víctimas” de una guerra esporádica emprendida por el “terrorismo” global, como si ello fuera un partido, una organización, un movimiento político.
Sin embargo, casi todos los conflictos existentes están de una manera u otra vinculados a los intereses de los países desarrollados. Según la organización internacional Médicos Sin Fronteras, a principios de este año había en el mundo 22 conflictos armados, más de la mitad eran guerras por el control de recursos naturales, petróleo, gas, minerales o diamantes, y existía tensión en otros 14 países por las mismas causas. Otras organizaciones añaden otros conflictos en el mundo por control de otros recursos naturales como el agua potable, coltan (mineral para la fabricación de baterías de celulares), o tierras de cultivos.
Los conflictos más sangrientos están ubicados en Medio Oriente y Africa, y tienen dos denominadores comunes, la lucha por el control del petróleo y gas, y la injerencia de Estados Unidos, directa e indirectamente. Precisamente a principios de este año Estados Unidos anunció la creación de un Comando Africa para sus fuerzas armadas, similar al Comando Sur que en una época tuvo su sede en la base de Panamá.
Estados Unidos anunció que en setiembre de 2008 comenzarán las operaciones del denominado Comando de Africa (AFRICOM) por sus siglas en inglés y su primer jefe será el general William Ward, confirmado a principios de noviembre por el Senado.
La presencia del Pentágono en el continente se manifiesta actualmente a través de los comandos Europeo, Central y del Pacífico, fórmula que el secretario de Defensa, Robert Gates, considera “un arreglo obsoleto que quedó desde la Guerra Fría”.
El AFRICOM abarcará todos los países africanos, con la excepción de Egipto, que continuará siendo parte del Comando Central. El Comando también incluirá las islas de Cabo Verde, Guinea Ecuatorial, Santo Tomé y Príncipe.
Su área de responsabilidad se extenderá hasta islas en el Océano Indico, entre ellas Comores, Madagascar, Mauritania y las Seychelles.
Todo por el petróleo
La sociedad capitalista nos fomenta el consumo y el despilfarro. El modelo vive de crear nuevas “necesidades” y nos impone sustituir bienes mucho antes de que lleguen a su vida útil. Gran parte del sistema capitalista moderno se sostiene en la industria automotriz y por consiguiente en el consumo de combustibles. Hasta ahora, el petróleo era casi el único utilizado. El consumo de petróleo ha crecido más de 8.000 veces desde 1900. Actualmente se fabrican 62 millones de autos por año y ya hay en circulación, en el mundo, más de 800 millones de vehículos. Esto provoca una “sed” de petróleo de parte de los consumidores.
El problema es que el petróleo no es un bien infinito.
Según diversos estudios, en 2002 quedaban en el mundo entre 990.000 millones y 1,1 billones de barriles de crudo por extraer.
Mantiendo el ritmo de consumo, las reservas mundiales se agotarían hacia el año 2043. Otras estimaciones prevén un aumento del consumo y por lo tanto estiman que las reservas se agotarían ya en el 2030.
Sin embargo, estas previsiones no incluyen el hallazgo de nuevos pozos o la posibilidad de extraer petróleo de zonas que en la actualidad son consideradas reservas naturales y, por lo tanto, no perforables.
De todas maneras, el combustible base para mover la industria y el comercio mundial se reduce, su precio aumenta, y todos se pelean por poseerlo o controlarlo.
Irak y Afganistán
En su libro de memorias, el ex director de la Reserva Federal de Estados Unidos, Alan Gresspean confesó que la invasión a Irak fue por el petróleo. En los mismos días hacía la misma confesión el primer ministro de Australia, cómplice en casi todas las aventuras bélicas de Estados Unidos.
Aunque sin confesiones expresas, también la invasión a Afganistán tuvo que ver con el petróleo.
Aunque el objetivo no su explotación en concreto en el país, sino el traslado del petróleo de la cuenca del Caspio a través de un oleducto que los propios talibanes estaban negociando con Estados Unidos, más concretamente con una empresa en la que la actual Secretaria de Estado, Condoleezza Rice fue directora ejecutiva, y en la que fue funcionario el actual presidente de Afganistán, Hamid Karzai, un ex agente de la CIA.
Karzai fue dirigente del holding petrolero Unocal, y encargado de controlar las obras del proyecto del oleoducto transafgano que se negociaba con los talibanes hasta que estos rompieron con la empresa norteamericana.
En toda la zona del Mar Caspio y hacia la parte de Afganistán, existen enormes reservas de gas y petróleo.
Especialmente en muchas de las ex repúblicas soviéticas que limitan con este país asiático.
Estados Unidos, además de buscar el acceso directos a esos recursos, también quiere el control de su salida, de paso quitar a Rusia del camino, complicando los actuales negocios de Moscú con Europa Occidental en el abastecimiento de gas, y provocar que los europeos queden obligados a buscar fuentes alternativas de energía o depender de las petroleras norteamericanas. Además, complicaría el acceso de China Popular, dependiente del abastecimiento energético externo, de acceder a esos recursos.
Los mandatarios Talibán viajaron a Texas en 1998 para negociar el oleoducto con Unocal pero después cambiaron de opinión y rompieron el acuerdo. Esto provocó la reacción de la muy bien vinculada empresa.
John J. Maresca, vicepresidente de Unocal, aclaró todo lo que estaba en juego en Afganistán en una declaraciones realizadas ante un comité en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos ese mismo año.
“La región del Caspio contiene enormes reservas de hidrocarburos sin explotar, una gran parte situadas en la cuenca del propio Mar Caspio. Las reservas totales de petróleo de la región podrían llegar a alcanzar una cifra superior a los 60.000 millones de barriles de petróleo, aunque algunas estimaciones hablan de 200.000 millones. Una opción sería construir un oleoducto hacia el Sur, desde Asia Central hasta el Océano Indico. (…)
La única opción alternativa posible es cruzar Afganistán, lo cual también conlleva sus riesgos. El territorio a través del cual se construiría dicho oleoducto está controlado por los talibanes, un movimiento islámico que no goza del reconocimiento de prácticamente ninguna otra nación”.
“La construcción de nuestro proyectado oleoducto no podría empezar hasta que se constituya un nuevo gobierno… Dicha ruta acercaría Asia Central a los mercados asiáticos y por lo tanto sería la ruta más barata en términos del transporte del petróleo”.
Tres años más tarde, el atentado a las Torres Gemelas de Nueva York les servía en bandeja la excusa para invadir Afganistán y poner a un empleado de la petrolera como presidente.
Más evidente ha sido la invasión a Irak, donde las excusas del gobierno norteamericano para iniciar la guerra han cambiado cada vez que quedaba en evidencia las mentiras iniciales. Sin armas de destrucción masiva y sin establecer la llamada “democracia” la única excusa que queda para una guerra que ha provocado, directa e indirectamente, más de 600.000 muertos y casi 5 millones de desplazados, es el petróleo.
Un conflicto que tiende a expandirse con la injerencia de Turquía en el norte de Irak con la excusa de combatir a los militantes independentistas kurdos. La zona autonómica kurda de Irak, es rica en petróleo, y su fortalecimiento puede incentivar las anhelos independentistas de los kurdos que se extienden por Turquía, Siria, Irak e Irán y algunas de las ex repúblicas soviéticas fronterizas.
También con el objetivo de controlar el petróleo en la región, Estados Unidos presiona para provocar un cambio en Irán, y de paso, con la denuncia del supuesto plan de armas nucleares del gobierno de Teherán, busca impedir que construya centrales nucleares y mantener el control sobre esa fuente de energía.
Por lo menos dos portaaviones y media docena de barcos de guerra norteamericanos están apostados a las puertas del Golfo Pérsico y a tiro de las ciudades iraníes. Según el gobierno iraní, Estados Unidos entrena en Irak a rebeldes que realizan atentados en el país.
Asia Central
La presencia norteamerica es evidente también en las ex repúblicas soviéticas de la región del Caspio.
En junio de 2005 los presidentes de Afganistán, Hamid Karzai, y de Tayikistán, Emomalí Rajmónov, acudieron en el puerto fronterizo tayiko de Nizhni Piandzh a la ceremonia de colocación de la primera piedra del proyecto bautizado con el rimbombante nombre de “El Puente de la Amistad”, obra del cuerpo de ingeniería del Ejército norteamericano. El puente costará 28,3 millones de dólares que aportará la administración americana
El Pentágono ve a Tayikistán como pista para lanzar sus ataques aéreos en la región y las misiones de sus fuerzas especiales.
Estados Unidos también mantiene bases militares en Kirguizistán y Uzbekistán.
Precisamente entre Afganistán y Kirguizistán hay ricos yacimientos de combustibles fósiles. Grandes bolsas de petróleo y gas que comparten Kazajstán, Uzbekistán, Tayikistán, y la propia Kirguizistán. La mayoría de estas reservas están aún por explotar, muchas de ellas quizá por descubrir. Según especialistas, esta región de Asia Central, después de las regiones del Golfo Pérsico y la del Caspio, puede tratarse de la tercera más rica de Asia en combustibles fósiles.
Desde Turkmenistán fluye el petróleo a través de oleoductos hacia el Kazajstán, y después hacia Rusia. El entramado conecta con las tuberías de la región del mar Caspio, y de allí a través del Cáucaso la especia puede llegar a Europa.
La misma tubería podría extenderse hacia el este y llegar hasta China, cosa que los norteamericanos quieren impedir a toda costa.
El gas y el petróleo de Asia Central se lo están disputando los norteamericanos, los rusos, los europeos y China.
Precisamente en Kirguizistán, las fuerzas pro occidentales -es decir pro norteamericanas- impusieron la llamada “Revolución de los Tulipanes” a principios de 2005, siguiendo el modelo de los cambios pro occidentales provocados en Georgia y Ucrania. En un comunicado de entonces, Washington señaló que “es gratificante ver cómo los eventos en Kirguizistán transcurren hacia un proceso democrático y un gobierno estable”, pese a que el gobierno anterior le había concedido la autorización para instalar una base militar, que aún mantiene. Poco un año más tarde, en noviembre de 2006, varias protestas populares fueron reprimidas violentamente.
Kuirguizistán se encuentra en el corazón del Asia Central, al norte limita con Kazajstán, al oeste con Uzbekistán, al sudoeste con Tayikistán y del sudeste y al este con China.
La república vecina de Uzbekistán, y la de Georgia en el Caúcaso fueron también elegidas por el Pentágono para ubicar sus asentamientos militares.
En Uzbekistán, uno de los firmes aliados del presidente Bush, el ejército debió reprimir una revuelta popular en mayo del 2005 y que se zanjó con docenas de muertos. El país, además de una base militar norteamericana, posee grandes reservas de petróleo y oro.
El presidente de Uzbekistán, Islam Karimov gobierna con mano de hierro el país desde 1991, controla los medios de comunicación y ha entablado una lucha contra el terrorismo islamista, lo que le ha valido la simpatía de Estados Unidos desde el 11 de septiembre de 2001. Con las bases permanentes en las naciones ocupadas, Afganistán e Irak, Estados Unidos mantiene una cortina de seguridad sobre tres de las mayores reservas de hidrocarburos del planeta.
La reconquista de Africa
En los últimos 20 años, después del debacle del sistema socialista europeo, se desencadenaron en Africa decenas de conflictos que provocaron la muerte de millones de personas y el desplazamiento forzado de otros tantos. Sólo para mencionar algunos, Liberia, Congo, Ruanda, Somalia, Etiopía. En casi todos ellos, se buscaba un nuevo reparto de los recursos naturales, diamantes, coltan -mineral fundamental para la fabricación de las nuevas generaciones de celulares-, petróleo, gas, y agua potable o para la agricultura.
En el centro de Africa los conflictos que figuran como internos se internacionalizan. Los rebeldes cruzan fronteras, reciben apoyo de los gobiernos vecinos y además de la diplomacia y el chantaje, las potencias occidentales participan con soldados o mercenarios.
La República Centroafricana, Chad y Sudán estan en una conflicto donde destaca el control de los recursos naturales, petróleo, gas, agua y tierras de cultivo.
Francia mantiene tropas en la República Centroafricana para respaldar al gobierno contra los rebeldes que supuestamente reciben apoyo de Sudán. Sudán a su vez es acusada de apoyar rebeldes en Uganda y Chad. Y estos gobiernos responden con la misma moneda.
El Pentágono crea un Comando especial para antender la situación en Africa que comenzará a funcionar en setiembre del próximo año.
Es que Estados Unidos extrae de Africa oriental el 15 por ciento de sus importaciones de petróleo, y se espera que para 2015 el promedio ascienda a un 25 por ciento.
Pero las potencias occidentales -como si se tratara de una recolonización- rastraen en busca de otros recursos naturales.
La presencia de Europa en Africa sigue siendo importante cuando recien comienzan a celebrarse los 50 años de independencia de algunos países. Aunque Estados Unidos ha realizado ya varios intentos por ir estableciendo tropas. En varias oportunidades realizó operaciones militares, especialmente en la zona del Cuerno de Africa.
Aunque algunos conflictos graves parecen haberse apaciguados, como en Liberia, Ruanda, las tensiones continúan y pueden volver a resugir apenas las condiciones de explotación de los recursos naturales cambien o exista la amenaza de que sean modificadas.
Lo siguiente son algunos ejemplos de los conflictos más graves del continente.
República Centroafricana
La República Centroafricana tiene abundantes yacimientos de oro, diamantes y uranio. Desde su independencia en 1958 mantuvo extrechos lazos con la ex metrópolis, Francia. En 1965, Jean Bokassa dió un golpe de Estado y se proclamó presidente y emperador vitalicio con el beneplácito de Francia. Se dice que el ex presidente francés, Giscard D’Estaing, recibía diamantes del dictador centroafricano para financiar su campaña electoral.
Un nuevo golpe de Estado en 1979, también apoyado por los franceses, encumbró a a David Dacko como presidente.
Sucesivos gobiernos militares llevaron al poder al general Francois Bozizé, que aprobó una nueva constitución en 2003, y realizó elecciones que ganó.
En la actualidad Francia mantiene un número importante de soldados y fuerza aérea que combate a los insurgentes. En el país están instaladas unas 40 empresas francesas que extienden sus tentáculos a los países vecinos.
No muy lejos, en Chad y Sudán hay nuevas reservas petroleras y alli se disputan su explotación empresas norteamericanas, europeas y chinas. Otras ex colonias europeas, que mantenían acuerdos comerciales con las ex metrópolis, buscan nuevos mercados y nuevos inversores, y alli entran en disputa las empresas norteamericanas, europeas y chinas. Este último país necesita recursos energéticos para mantener su alta tasa de crecimiento y busca en Africa socios comerciales.
Darfur
La compleja situación en Sudán y en la región de Darfur, limítrofe con Chad, tiene muchos de los elementos de una política neocolonial y refleja la dificil lucha de los países africanos en obtener una independencia real, tanto política como comercial.
A la hora de valorar la situación, los grandes medios de comunicación social buscan simplificar en una lucha entre el gobierno en el norte de Sudán, controlado por árabes musulmanes, y el sur negro, cristiano y animista. Una simplificación que aunque no refleja la realidad, sirve a los intereses de las potencias extranjeras que quieren sacar tajada de los recursos del país, y jutifican la ideología de las guerras en Medio Oriente que promueve la derecha norteamericana.
Una división étnica y cultural que proviene de la política colonial impuesta por Gran Bretaña cuando Sudán era una de sus colonias.
Entre tantos intereses nacionales y extranjeros en juego, 200.000 personas han muertos en los últimos 5 años y más de 2,5 millones de personas han sido desplazadas de sus hogares.
Después de alcanzar la independencia del colonialismo británico en 1956, Sudán ha conocido sólo siete años de paz en los enfrentamientos entre el norte islámico y el sur no musulmán.
La guerra entre el Gobierno y los grupos rebeldes cristianos del sur es, en gran medida, una lucha control de los recursos naturales de Sudán. El colapso de la economía del norte por la sistemática explotación del suelo ha obligado a las élites mercantiles norteñas -los Jellaba- a expandir sus actividades económicas hacia el sur.
Es allí donde se encuentran las fértiles tierras de Renk, la zona petrolífera de Bentiu y los yacimientos de níquel y uranio. Sólo el 5% del suelo sudanés es cultivable, lo que agudiza la lucha por el territorio útil.
En 1997, la guerra entre el Gobierno sudanés y las fuerzas rebeldes ha traspasado las provincias del sur para extenderse a las fronteras orientales con Eritrea y Etiopía.
A la vez, Uganda acusa al Gobierno de Sudán de proporcionar apoyo al grupo armado milenarista Ejército de Resistencia del Señor. Se está produciendo, así, un creciente internacionalización del conflicto. Curiosamente, la derecha religiosa norteamericana, de gran influencia sobre Bush, custiona el gobierno de Sudán y apoya a su aliado en Uganda.
Bush, aunque presiona por cambios en el gobierno de Sudán, vetó una ley en el Congreso que prohibía a las empresas norteamericanas a invertir en ese país.
Congo
En la República Democrática del Congo conviven unas 200 etnias que ahora, apoyados desde el exterior, se disputan el control de la abundante riqueza mineral. A los ya codiciados yacimientos de diamantes, oro, petróleo y uranio se ha sumado en los últimos años la ‘fiebre’ del coltán (abreviatura de columbita y tantalita), un metal utilizado en el sector de las nuevas tecnologías y especialmente necesario para la fabricación de teléfonos móviles. Para desgracia de sus habitantes, la madre naturaleza quiso ubicar en este rincón del planeta el 80% de las reservas mundiales de tan cotizado mineral.
Allí han puesto sus ojos, sobretodo en los últimos diez años, las grandes multinacionales: Nokia, Ericsonn, Siemens, Sony, Bayer, Intel, Hitachi, IBM y muchas otras. Se han formado en la zona toda una serie de empresas (muchas de ellas “fantasmas”) asociadas entre los grandes capitales transnacionales, los gobiernos locales y las fuerzas militares (estatales o “guerrilleras”) para la extracción del coltan y de otros minerales como el cobre, el oro y los diamantes industriales. Las grandes marcas comenzaron la disputa por el control de la región a través de sus aliados autóctonos.
Cuando en 1998 se desató la guerra, la entonces secretaria del Departamento de Estado norteamericana, Madeleine Albright la denominó como “la primera guerra mundial africana”, por la vinculación de las grandes potencias económicas en el conflicto, y porque además se trataba de una brutal pelea por el control de una materia prima.
Las organizaciones de derechos humanos insisten en que EEUU, Alemania, Bélgica y Kazajstán -principales destinatarios, pero no los únicos, del coltán- y las multinacionales que comercian con éste, están, en definitiva, financiando el conflicto, sustentado igualmente por el comercio ilegal de diamantes en las zonas del país controladas por el Gobierno. Desde 1999, el conflicto en la región de Ituri ha provocado al menos 50.000 muertos y más de medio millón de refugiados, según datos de Amnistía Internacional.
Nigeria
Nigeria podría llegar a convertirse en el cuarto productor mundial de petróleo y las transnacionales se disputan el control del país. El 90% de las exportaciones del país se deben al ‘oro negro’. En la década de los 70 el Gobierno aprobó un decreto que le otorgaba el derecho exclusivo sobre la riqueza del suelo y las zonas costeras y firmó lucrativos contratos con multinacionales como Shell, Texaco o Chevron que, a la vez que expoliaban el país, ejercían un gran control sobre sus territorios.
En esa década las ventas petrolíferas permitieron que los indicadores económicos subieran, aunque no ocurrió lo mismo en el ámbito social, lo que provocó la indignación de muchas tribus, como los ijaw y los ilaje, que no dudaron en atentar contra los pozos sufriendo la posterior represión del Ejército. El último grupo rebelde en sumarse a la lucha ha sido la Fuerza Voluntaria del Pueblo del Delta, que declaró una “guerra total” al Gobierno a partir del 1 de octubre de 2004 recomendando a las productoras petroleras extranjeras que suspendiesen su producción y asegurando que sus trabajadores serían blancos de la violencia.
Periódicamente se suceden atentados a las instalaciones petroleras y secuestros a los empleados de las compañías.
Extendiendo la presencia militar
En junio del 2003, el entonces subsecretario de Defensa, Paul Wolfowitz, anunció una revisión de la presencia militar norteamericana en el mundo. ” Estamos ante una amenaza muy diferente de cualquier otra que hayamos afrontado a lo largo de la historia” dijo al explicar esa revisión, aunque no adelantó en que consistía concretamente.
Algunos especialistas estimaron que el objetivo sería diseminar tropas estacionadas en bases permanentes existentes desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo Corea del Sur y Alemania a bases no permanentes, es decir trasladarla a países con los que se firman convenios para el ingreso temporal de tropas a cumplir tareas específicas.
Actualmente Estados Unidos tiene desplegados 70 mil efectivos en Alemania, 38 mil en Corea del Sur y 47 mil en Japón, de ellos unos 30 mil en la pequeña isla de Okinawa. Asi como otros miles en bases en Asia Central y realizando ejercicios o en tareas de “colaboración” en más de 100 países.
En un encuentro realizado en Ecuador en marzo pasado, contra la presencia norteamericana en la base de Manta, activistas de la Red No Bases, denunciaron que en 2005 existían 735 bases militares de Estados Unidos repartidas en los cinco continentes.
El valor estimado de esas bases era de unos 127.000 millones de dólares, además de ocupar unas 12 millones 726 mil 668 hectáreas en el mundo, conviriténdose el Pentágono en el mayor terrateniente mundial.
Estas 735 bases reconocidas por Estados Unidos, no incluyen los llamados acuerdos de acceso y cooperación (denominados Puestos Avanzados de Operaciones o Centros de Seguridad Cooperativa) firmados con diversos gobiernos y que le ha permitido extender la presencia militar a más de 1000 puntos en todo el planeta.
En América Latina, tras el cierre en 1999 de la base en la zona del Canal de Panamá, Estados Unidos logró acuerdos para establecer su presencia militar en Compalapa en El Salvador, Reina Beatriz en Aruba, Hato Rey en Curazao y Manta en Ecuador. A esto hay que añadir la base de Guantánamo en Cuba, que mantiene desde comienzos del siglo XX.
Además Estados Unidos ha instalado bases de radares en Honduras, Perú, Colombia, y mantiene especialistas, tropas o técnicos realizando trabajos casi permanentes en Paraguay, Argentina, Nicaragua, entre otros.
En Colombia, además de fuerzas especiales de la DEA, de oficiales que “capacitan” al ejército colombiano, hay decenas de contratistas -un eufemismo para los mercenarios del siglo XXI- pagados por el dinero del Plan Colombia, ahora Patriota, que mantienen la guerra en el país acceso a Sudamérica desde el norte.