¿Democracia europea o latinoamericana?

Las críticas al rey de España, Juan Carlos, y al presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, han despertado fuertes reacciones en muchos ciudadanos españoles que consideran que en su país se vive una verdadera democracia, de la que, sostienen, debemos aprender los latinoamericanos.

Tenemos que coincidir en que las democracias latinoamericanas no son ejemplares y que en muchos países se está buscando un modelo propio de mayor participación ciudadana. Algo que las democracias europeas, entre ellas la española, no se atreven siquiera a considerar. La participación ciudadana se limita a votar partidos o candidatos cada cierto tiempo.

Algunos han estimado que tanto el rey, como Zapatero defendieron la democracia, uno al mandar a callar al presidente Chávez -también interrupiendo al orador de turno- y el otro a defender a su antecesor en el gobierno. Según esta posición, calificar al ex presidente José María Aznar de fascista es un desconocimiento de la democracia en España, ya que el mandatario fue electo por lo españoles.

Rodríguez Zapatero, expresó en una reunión con socialistas en Argentina, que defendió a Aznar porque era un “compatriota”. En ese discurso, que recogió la prensa argentina, no habló de la democracia, sino que reinvindicó la nacionalidad de Aznar para su defensa.

La forma en que fue electo Aznar no fue cuestionada por Chávez ni por otros mandatarios latinoamericanos.

Lo que se criticó fue la posición política de Aznar en varios temas y su postura ideológica. Criticar a un presidente por sus posiciones políticas e ideológicas entran en el marco de lo permitido por las democracias europeas. El partido del actual presidente del gobierno español ha calificado a Aznar y al Partido Popular, de mentir y confabular con la investigación del atentado terrorista del 11 de marzo.

¿Significa eso que los españoles sí pueden criticar severamente a Aznar y que esa posibilidad les está vedada a otros ciudadanos?

¿No cabría en una discusión democrática rebatir que Aznar no es un fascista en lugar de descalificar a quien lo califica?

El ex presidente español ha hecho mucho mérito, y lo continúa haciendo, para ser considerado fascista. El que haya participado en elecciones democráticas no implica que ideológicamente no sea fascista.

Calificarlo de esa manera no implica desconocer la democracia española, aunque quizás los españoles deberían reconocer que no tienen un modelo perfecto, que tiene muchas limitaciones, y que todos los días surgen elementos que deberían preocupar por sus limitaciones.

El mismo día de la polémica, por ejemplo, un juez multó a dos caricaturistas que se habían burlado del gobierno a través del príncipe de Asturias. Pocas semanas antes, la justicia inició juicio a jóvenes republicanos que quemaron fotos del rey.

En la misma semana del incidente real, un grupo neonazi asesinó a un joven de 16 años que protestaba por la marcha de esos fascistas. Ante la exigencia de que el gobierno prohibiera la marcha de estos grupos responsables de ataques racistas, el vocero del PSOE dijo que en democracia todos podían manifestarse. Al mismo tiempo la policía reprime a los que manifestaron contra el franquismo y en recuerdo al joven asesinado por los neonazis.

Creo que si estos episodios hubieran ocurridos en Venezuela, por ejemplo, la descalificación al gobierno hubiera sido unánime en la prensa internacional.

El modelo español lo resuelven los españoles, pero por favor no intenten vendernos ese modelo. América rompió los lazos con la monarquía hace casi 200 años.

Como latinoamericano tampoco comprendo que una democracia pueda ser “perfecta” cuando se sostiene una monarquía. La sólo existencia de un monarca implica que se admite que no todos los ciudadanos son iguales ante la ley.

Aunque tenga un cargo decorativo, recibe manuntención del Estado -pagado con el impuesto de todos los ciudadanos-, se le adjudica la representación del país y del Estado cuando muchos de sus ciudadanos no están de acuerdo con su figura, y ni siquiera pueden decidir si se mantiene o no, en una consulta popular. Además extiende por herencia ese cargo y la representación del país. Es decir, al pueblo se le impone quien lo representa.

Criticar el modelo democrático español, y de otras naciones europeas, no implica sostener que las democracias latinoamericanas son mejores o perfectas.

El presidente español, en la discusión política que sostenía con los líderes latinoamericanos, antes de que el rey mandara a callar a Chávez, decía que América no tenía que atribuir sus problemas a factores externos, y que Europa había contribuído incluso al desarrollo conceptual de la democracia.

Zapatero olvidó mencionar que tanto el desarrollo económico de Europa, la acumulación de capital que permitió la instauración del capitalismo en el continente, y por ende del desarrollo de las ideas políticas, se basó en la explotación de América después de la conquista. Y que esa deuda nunca se pagó y ni siquiera se ha reconocido.

Y si se repasa la historia de América en los últimos años, se verá que la intervención extranjera ha determinado el desarrollo político y económico de la región. No mencionaremos la etapa de la lucha por la indenpendencia y posterior construcción de las naciones, donde la intervención de las potencias extranjeras, entonces Gran Bretaña, dividió el territorio e impuso países. Tampoco nos referiremos a las intervenciones militares extranjeras directas de la primera mitad del siglo XX. Un esquemático repaso incluiría en otras, invasiones norteamericanas a Haití, Nicaragua, Panamá y Cuba. Y en la segunda mitad del siglo pasado, intervenciones militares en Guatemala (1954), República Dominicana (1965), Cuba de nuevo (1959), Chile (1973), Nicaragua (1979), Granada (1983), Panamá (1989), Haití otra vez (2004), y la participación norteamericana al fomentar y financiar golpes de Estado militares en prácticamente todos los países latinoamericanos. Una cadena de sucesos e intervenciones que llega hasta nuestro días.

España podría decir que poco ha tenido que ver con esas situaciones, pero las empresas españolas si que han sabido aprovecharse de la situación, en algunos casos, como Argentina, mediantes presiones y chantajes como se ha demostrado en el proceso de privatizaciones emprendidas por el ex presidente Carlos Menem en los 90.

Y en este caso, Aznar, Rodrigo Rato y el rey Juan Carlos jugaron un importante papel, según se demuestra en el libro “Los nuevos conquistadores” de Daniel Guillermo Cecchini y Jorge Zicolillo (publicado 2002 por Siglo Veintiuno de Argentina Editores).

Según estiman analistas económicos, las mayores empresas españolas obtienen entre 30-50% de sus ingresos operativos en América Latina, y en sólo 9 años, entre 1992 y el 2001, transfirieron a sus casas matrices beneficios superiores a los 19 mil millones de dólares.

Pero los empresarios españoles no se limitan a calcular la relación costos beneficios, también pretenden que los gobiernos latinoamericanos les faciliten el camino.

Precisamente el pasado miércoles 21 de noviembre, 70 empresas españolas con inversiones o intereses en América Latina, reclamaron desde la Bolsa de Valores de Madrid, “reglas claras” y “libertad de empresa” en el continente americano, que no en Europa.

Las empresas que más reclamaron libertad de movimientos, fueron las del sector petroleros, energía eléctrica, telefónica y bancos. Aunque tampoco quedó atrás el sector de medios de comunicación que en los últimos meses ha emprendido compras de diarios, radios y televisoras.

Las democracias latinoamericanas

En cuanto al modelo de democracia latinoamericano se puede concluir que aún no existe un modelo propio, salvo el cubano. Hasta ahora los países de la región han insistido en los modelos y estructuras copiadas de Europa.

Cuando en anteriores ocasiones los pueblos han buscado modelos alternativos, por ejemplo en la etapa del populismo desarrollista de los años 40 y 50, la intervención extranjera directa o indirecta, con la promoción de golpes de Estado, terminó con esos experimentos.

Ahora en varios países se busca desarrollar modelos de participación popular, descentralización y basados en las comunidades. Es un camino que recién empieza y tendrá muchas idas y venidas, y que ya está siendo cuestionado por las potencias extranjeras, Estados Unidos en primer lugar, pero también Europa. Esas nuevas experiencias de democracia participativa se están desarrollando en Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, y un grado menor, también hay experiencias en Brasil, Uruguay, Nicaragua, y Argentina, a través de los movimientos sociales.

Los modelos de democracia representativa han sufrido duros golpes en los últimos años en Sudamérica, donde los partidos políticos tradicionales se han apartado de sus pueblos, quedando cautivos de una cúpula que gobernaba para sus intereses.

La sociedad ha buscado nuevas formas organizativas reclamando participación en las grandes decisiones del Estado. Desde movimientos contra las privatizaciones, por los derechos de las minorías, hasta reformas constitucionales o en defensa del agua.

El fracaso de la democracia representativa en otorgar participación a los ciudadanos, quedó especialmente de manifiesto cuando los pueblos recurrieron a las protestas para sustituir presidentes antes de que concluyeran sus mandatos. Desde 1992 en adelante, fueron destituídos por lo menos 7 presidentes en la región en países como Brasil, Argentina, Perú, Ecuador y Paraguay.

En otros países los gobiernos han tenido que dialogar con las organizaciones sociales para presentar leyes o modificarlas, ante el fracaso de la representatividad de los partidos políticos.

En todos los países latinoamericanos crecen las organizaciones sociales que reclaman participación y poder de decisión. Desde el Movimiento Sin Tierra de Brasil, hasta organizaciones por la defensa del Agua en El Alto de la Paz de Bolivia.

En esta nueva etapa de relación entre organizaciones sociales y el Estado, comienzan a surgir experiencias de gobiernos comunales o locales. En algunos países se comienzan a incorporar estas estructuras al aparato del Estado, buscando la participación y control ciudadano.

El experimento tendrá idas y venidas, pero es auténtico y propio, y enfrenta desde ya las críticas y sabotajes de las oligarquías locales y los intereses extranjeros.

En varios países hay inversiones extranjeras enfrentadas a movimientos sociales que cuestionan la validez de las mismas. Grupos ecologistas o minorías sociales que denuncian la depredación del medio ambiente o la falta de inversión social para los verdaderos dueños de esos recursos.

Recientemente en Brasil, una multinacional suiza fue acusada por el asesinato de un militante del MST que mediante la ocupación de un predio, protestaba contra el cultivo de transgénicos.

Venezuela se plantea ahora una nueva experiencia de democracia participativa con la reforma constitucional.

Todas las baterías propagandísticas -y de otro tipo- de la derecha están centradas en difamar y tergiversar la reforma constitucional que será plebiscitada el 2 de diciembre.

Los demócratas europeos, en lugar de sumarse a la histería antichavista -y que extienden por osmosis a los gobiernos populares o populistas como los descalifica Aznar- deberían apoyar esas experiencias de participación ciudadana, y colaborar en convertir las democracias representativas en participativas.

Europa hacia la derecha

Los demócratas europeos podrían también observar la paja en el ojo propio y atender el peligroso giro a la derecha de los gobiernos europeos. Electos sí, pero sostenidos en la xenofobia, el temor a peligros terroristas, algunos inventados o sobredimensionados, y con cambios en la legislación que recortan las libertades individuales.

En los últimos años, quizás por temor a tener que compartir algo de la riqueza generada, los europeos han elegido gobiernos de derecha que presentan como programa electoral, limitar la inmigración, y fomentando el indivualismo social, reducir impuestos y abandonar prestaciones sociales que proporciona el Estado.

Gobiernos de derecha se han establecido en Alemania, Francia, Suecia, Dinamarca, mientras que en otros países existe la posibilidad de que partidos de derecha ganen las elecciones, o que los gobiernos socialdemócratas que subsisten, cedan a la presión de la oposición de derecha y reduzcan aún más sus postulados.

Después del 11 de setiembre de 2001, el presidente Bush “convenció” a sus aliados europeos de colaborar y participar en la “lucha contra el terrorismo”. En esa colaboración, Europa fue recortando libertades y muchas veces mirando hacia el costado cuando su aliado transcontinental violaba las leyes internacionales en su territorio.

Entre algunas cosas, sigue sin investigarse la colaboración de los gobiernos y/o servicios secretos europeos con el traslado clandestino e ilegal de presuntos terroristas, algunos todavía desaparecidos ya que no están registrados en ninguna prisión ni existe constancia de su detención.

También en la democrática Europa existen cárceles clandestinas, o existieron hasta hace muy poco, mientras los gobiernos se niegan a reconocer su existencia pese a las evidencias y documentos presentados en una investigación del Parlamento Europeo.

Una democracia que ignora las decisiones del parlamento en ese sentido.

Fin de la privacidad

En las últimas semanas se acordó también que Europa conceda a Estados Unidos datos de los pasajeros de aerolíneas, en principios de aquellos que viajan a ese país, aunque a veces la colaboración entre servicios excede a lo estipulado. Estados Unidos recibirá información de la antelación y forma de pago del pasaje, así como otros datos personales de los viajeros.

La Unión Europea tampoco ha revelado demasiado, ni ha anunciado sanciones o investigaciones, sobre la colaboración de bancos europeos con los servicios de espionaje norteamericanos, al concederle información sobre cuentas bancarias en Europa de supuestos sospechosos de terrorismo.

En poco más de un año, en enero de 2009, entrará en vigor dentro de la Unión Europea, una ley que obliga a las compañías proveedoras de servicios de internet y telefonía movil, ha archivar durante un año, todo el tráfico electrónico y llamadas por celulares. El archivo debe registrar los correos electrónicos, páginas web visitadas y conversaciones telefónicas por celulares. Las empresas están obligadas a entregar a los aparatos represivos del Estado, servicios de espionaje, etc., los datos solicitados. Se estima que anualmente serán decenas de miles los ciudadanos que tendrán una carpeta abierta con sus conversaciones, correos y visitas a internet.

Sólo Suecia anticipa que los servicios de espionaje recabarán datos de 10.000 casos anuales.

La democrática Europa también prevé cambios en la política de asilo y en el recibimiento de inmigrantes.

Francia ya estableció la necesidad de pruebas de ADN para establecer grados de parentescos en los casos de reunificación familiar de los inmigrantes. Los adoptados son expulsados de las familias.

Millones de euros son invertidos en detener la invasión de los pobres del Tercer Mundo, y de los territorios de Europa del Este. Los parientes pobres de Europa buscan trabajo y las mieles que el capitalismo les ofrecía cuando existía el triste Muro de Berlín. Pero ahora, cuando llegan a buscar trabajo y encargarse de las tareas que muchos desprecian, son recibidos con desconfianza. La foto del rumano inmolándose en España en protesta por la falta de atención, recorrió el mundo. Las denuncias de trabajo esclavo que involucra a inmigrantes es una realidad en todos los países de la rica Unión Europea.

Las nuevas democracias europeas

Con el derrumbe del bloque soviético tras la caida del Muro de Berlín, las potencias occidentales se lanzaron a la conquista económica de los países de Europa del Este, y con ello la exportación de su modelo de democracia.

En los países que demoraban esa transición, “fundaciones” europeas y norteamericanas financiaban movimientos políticos y sociales que cuestionaban la legalidad de los gobiernos y promovían la desobediencia civil y/o sublevaciones. Una práctica extendida incluso a países del Asia Central que realizaban asi, radicalmente, su paso del socialismo deformado soviético al capitalismo salvaje. Con una desventaja, llegaban tarde al reparto de roles y sólo les quedaba de rango de países en desarrollo y dependientes.

En poco años, como si fueran dirigidos por una empresa de publicidad, surgían revoluciones de colores, “naranjas” “azules”, “púrpuras”, etc.

Quizás la más publicitada haya sido la “revolución naranja” en Ucrania. La oposición encabezada por Viktor Yushchenko y Yulia Tymoshenko rechazaron los resultados electorales en noviembre de 2004 y que consagraba a Viktor Yanukovich como presidente, considerado pro ruso. La Unión Europea consideró que había habido fraude y ayudó a mantener la rebelión hasta que se proclamaron nuevas elecciones, en las que salió electo presidente Yushchenko. Su aliada en la oposición, Yulia Tymoshenko fue designada primer ministro. Pero el acuerdo duró poco. En setiembre de 2005, Tymoshenko fue obligada a renunciar ante las denuncias de corrupción de sus colaboradores. En nuevas elecciones legislativas realizadas a principios de este año, el partido del “pro ruso” Yanukovich ganó las elecciones. Sin embargo, los antiguos aliados “naranjas” volvieron a ponerse de acuerdo para formar nuevo gobierno y seguir con el proyecto de volcar a Ucrania hacia la Unión Europea, dejando de lado las acusaciones de corrupción y nepotismos que se habían lanzado antes.

Un británico primer ministro de Georgia

También la ex república soviética de Georgia se produjo una revolución de color. La “revolución rosa” de 2003, fue en los hechos un golpe de Estado contra el presidente George Shevardnadze, presidente del país desde 1995, y que había sido ministro de Relaciones Exteriores de la URSS en sus últimos años.

Sin embargo desde entonces, el gobierno ha reprimido los intentos de diversas minorías en independizarse, y enfrenta en estos días fuertes movilizaciones de la oposición que reclaman un cambio de gobierno.

El actual presidente Mijaíl Saakashvili, acaba de designar a un joven banquero, de 36 años como nuevo primer ministro. Vladímir Gurguenidze, se formó en Estados Unidos y trabajó para ABN AMRO de Holanda. Tiene además la ciudadanía británica.

De la buena gestión del nuevo jefe de gobierno en las próximas semanas depende en buena medida la reelección de Saakashvili en las elecciones presidenciales anticipadas del próximo 5 de enero. En una medida claramente electoralista, Saakashvili encargó a Gurguenidze que “duplique las pensiones y aumente considerablemente los salarios de los profesores”.

Así, las exitosas revoluciones pro occidentales de Europa del Este, han quedado en caricaturas y sinónimos de corrupción, y se convierten en esforzados soldados de Occidente en la lucha contra Rusia, constituida en una potencia capitalista que reclama espacios.

Rusia advierte

En este juego de poderes, el presidente ruso, Vladimir Putin, advirtió a los países occidentales que no continuen intentando dividir ni intentando subvertir a sus aliados.

“Algunas personas están constantemente insistiendo en la necesidad de dividir nuestro país, y están intentando difundir esta teoría,” dijo Putin a cadetes militares durante un discurso en Moscú.

“Están aquellos a los que les gustaría construir un mundo unipolar, a quienes les gustaría gobernar a toda la humanidad,” agregó Putin, una frase que ha usado durante los últimos sietes años de su gestión para referirse a Estados Unidos.

“Algunos países menores, bajo presión de los mayores, están teniendo dificultades en descifrar cómo defender sus propios intereses. Y Rusia jugó, y continuará haciéndolo, un rol positivo y estabilizador en el mundo,” sostuvo.

El mismo discurso repitió en la celebración del Día de la Unidad Nacional, un feriado de otoño creado hace tres años por el Gobierno de Putin para reemplazar al Día de la Revolución.

Putin subrayó la importancia del país en recursos energéticos y la amenaza exterior que les acecha, ya que “otros creen que somos demasiado afortunados por poseer tantos recursos, por lo que estiman que hay que repartirlos”.