Pequeñas vergüenzas: no fue lapsus, es pura ignorancia

El Presidente de la República de Chile dio estatus histórico a un personaje de ficción: Róbinson Crusoe. Y como no hay primera sin segunda, dio por muerto al poeta Nicanor Parra en la inauguración de la Feria del Libro de la Plaza de Armas, en el marco del Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, donde el Mandatario dio -el 23 de abril reciente- un discurso alusivo al tema.

El Presidente de la República de Chile dio estatus histórico a un personaje de ficción: Róbinson Crusoe. Y como no hay primera sin segunda, dio por muerto al poeta Nicanor Parra en un acto cultural: nada menos que para la celebración del Día del Libro. De inmediato, como ratas con temor a que les escondan el queso multitud de “comunicadores” en Chile se apresuraron a encontrar una explicación: se trató de un “lapsus presidencial” –esto es: un mero resbalón, un descuido.

En Chile para ser alcalde se debe acreditar determinados años de estudios regulares; y los ha habido alcaldes o alcaldesas que, una vez elegidos o elegidas, debieron correr a buscar una escuela amiga para lucir su certificado… Al presidente, en cambio, se lo exime de algo tan simple como –por ejemplo– informarse que por esos mismos días había aparecido la última obra del poeta: Parranda Larga, y no como autoedición, precisamente.

Orgulloso el empresario-presidente dijo en la feria instalada en la Plaza de Armas de la capital chilena:

“Podrán encontrar en esta feria lo mejor de nuestra literatura, lo mejor de nuestra creatividad, lo mejor de nuestro talento, partiendo por nuestros Premios Nobel, Pablo Neruda, Gabriela Mistral, siguiendo con nuestros premios Cervantes como es el caso de Gonzalo Rojas y mi amigo Jorge Edwards que está presente con nosotros”.

Hiperkinético, que dicen que lo es, el presidente Piñera no vio la portada del libro de Parra; como quizá alguna vez hace tiempo oyó hablar de él, lo metio en el saco de los ausentes, dijo:

“También algunos que ya nos dejaron, como es el caso de Vicente Huidobro, Pablo de Rokha o un gran antipoeta, como es Nicanor Parra”. Los presentes, educadamente, aplaudieron. Peor fue el incendio de Roma, claro, o la pregunta de María Antonieta acerca de por qué esos desharrapados parisinos no comían pasteles si les faltaba pan.

Otro ¿lapsus? se le “chisporroteó” en el Archipiélago Juan Fernández. De visita a la isla Róbinson Crusoe, el jefe del Estado rindió homenaje a un náufrago célebre: “En esta isla vivió durante cuatro largos años Róbinson Crusoe, cuya historia no solamente fascinó al mundo entero, sino que puso en el mapa del mundo a esta isla, en la cual viven 800 chilenas y chilenos”.

¿Y Daniel Defoe? Bien, gracias.

Malas lenguas afirmaron de prisa que el presidente no hizo más que mostrar su falta de cultura literaria. Leer un libro, conocer a un escritor –dijeron– no es lo mismo que cantar boleros. Las canciones pop son del gusto de don Sebastián, como lo demostró más de una vez a lo largo de la campaña electoral, y en la tele.

Algunas buenas conciencias, habida consideración al entusiasmo de presidente por los emprendimientos, pensaraon que sus referencias literaturescas fueron “de adrede”, para ayudar a la venta de Yo, Piñera, biografía del primer mandatario escrita por Ernesto Carmona que se presentó durante la feria –y que él, el primer mandatario, sin dudas tampoco leerá.

“El problema no es la desobediencia civil, sino la obediencia civil”.

Howard Zinn