Declaración oficial de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre Cambio Climático y Derechos de La Madre Tierra

Redacción Central    30.Abr.2010    General

El reto está lanzado: Cancún tiene que parecerse más a Cochabamba que a Copenhague.

Acuerdo de los pueblos
Declaración oficial de la Conferencia Mundial de los Pueblos
sobre Cambio Climático y Derechos de La Madre Tierra
Hoy, nuestra Madre Tierra está herida y el futuro de la humanidad está en peligro.
De incrementarse el calentamiento global en más de 2º C, a lo que nos conduciría el llamado
“Entendimiento de Copenhague” existe el 50% de probabilidades de que los daños provocados a
nuestra Madre Tierra sean totalmente irreversibles. Entre un 20%y un 30% de las especies
estaría en peligro de desaparecer. Grandes extensiones de bosques serían afectadas, las sequías e
inundaciones afectarían diferentes regiones del planeta, se extenderían los desiertos y se
agravaría el derretimiento de los polos y los glaciares en los Andes y los Himalayas. Muchos
Estados insulares desaparecerían y el África sufriría un incremento de la temperatura de más de
3º C. Asimismo, se reduciría la producción de alimentos en el mundo con efectos catastróficos
para la supervivencia de los habitantes de vastas regiones del planeta, y se incrementaría de
forma dramática el número de hambrientos en el mundo, que ya sobrepasa la cifra de 1.020
millones de personas.
Las corporaciones y los gobiernos de los países denominados “más desarrollados”, en
complicidad con un segmento de la comunidad científica, nos ponen a discutir el cambio
climático como un problema reducido a la elevación de la temperatura sin cuestionar la causa
que es el sistema capitalista. Confrontamos la crisis terminal del modelo civilizatorio patriarcal
basado en el sometimiento y destrucción de seres humanos y naturaleza que se aceleró con la
revolución industrial.
El sistema capitalista nos ha impuesto una lógica de competencia, progreso y crecimiento
ilimitado. Este régimen de producción y consumo busca la ganancia sin límites, separando al ser
humano de la naturaleza, estableciendo una lógica de dominación sobre ésta, convirtiendo todo
en mercancía: el agua, la tierra, el genoma humano, las culturas ancestrales, la biodiversidad, la
justicia, la ética, los derechos de los pueblos, la muerte y la vida misma.
Bajo el capitalismo, la Madre Tierra se convierte en fuente sólo de materias primas y los
seres humanos en medios de producción y consumidores, en personas que valen por lo que
tienen y no por lo que son.
El capitalismo requiere una potente industria militar para su proceso de acumulación y el
control de territorios y recursos naturales, reprimiendo la resistencia de los pueblos. Se trata de
un sistema imperialista de colonización del planeta.
La humanidad está frente a una gran disyuntiva: continuar por el camino del capitalismo, la
depredación y la muerte, o emprender el camino de la armonía con la naturaleza y el respeto a la
vida. Requerimos forjar un nuevo sistema que restablezca la armonía con la naturaleza y entre
los seres humanos. Sólo puede haber equilibrio con la naturaleza si hay equidad entre los seres
humanos.
Planteamos a los pueblos del mundo la recuperación, revalorización y fortalecimiento de los
conocimientos, sabidurías y prácticas ancestrales de los Pueblos Indígenas, afirmados en la
vivencia y propuesta de “Vivir Bien”, reconociendo a la Madre Tierra como un ser vivo, con el
cual tenemos una relación indivisible, interdependiente, complementaria y espiritual.
Para enfrentar el cambio climático debemos reconocer a la Madre Tierra como la fuente de la
vida y forjar un nuevo sistema basado en los principios de:
· armonía y equilibrio entre todos y con todo
· complementariedad, solidaridad, y equidad
· bienestar colectivo y satisfacción de las necesidades fundamentales de todos en armonía con
la Madre Tierra
· respeto a los Derechos de la Madre Tierra y a los Derechos Humanos
· reconocimiento del ser humano por lo que es y no por lo que tiene
· eliminación de toda forma de colonialismo, imperialismo e intervencionismo
· paz entre los pueblos y con la Madre Tierra.
El modelo que propugnamos no es de desarrollo destructivo ni ilimitado. Los países necesitan
producir bienes y servicios para satisfacer las necesidades fundamentales de su población, pero
de ninguna manera pueden continuar por este camino de desarrollo en el cual los países más
ricos tienen una huella ecológica 5 veces más grande de lo que el planeta es capaz de soportar.
En la actualidad ya se ha excedido en más de un 30% la capacidad del planeta para regenerarse.
A este ritmo de sobreexplotación de nuestra Madre Tierra se necesitarían 2 planetas para el
2030.
En un sistema interdependiente del cual los seres humanos somos uno de sus componentes no
es posible reconocer derechos solamente a la parte humana sin provocar un desequilibrio en
todo el sistema. Para garantizar los derechos humanos y restablecer la armonía con la naturaleza
es necesario reconocer y aplicar efectivamente los derechos de la Madre Tierra.
Para ello proponemos el proyecto adjunto de Declaración Universal de Derechos de la Madre
Tierra en el cual se consignan:
· Derecho a la vida y a existir;
· Derecho a ser respetada;
· Derecho a la continuación de sus ciclos y procesos vitales libre de alteraciones humanas;
· Derecho a mantener su identidad e integridad como seres diferenciados, autorregulados e
interrelacionados;
· Derecho al agua como fuente de vida;
· Derecho al aire limpio;
· Derecho a la salud integral;
· Derecho a estar libre de la contaminación y polución, de desechos tóxicos y radioactivos;
· Derecho a no ser alterada genéticamente y modificada en su estructura amenazando su
integridad o funcionamiento vital y saludable.
· Derecho a una restauración plena y pronta por las violaciones a los derechos reconocidos en
esta Declaración causados por las actividades humanas.
La visión compartida es estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero para
hacer efectivo el Artículo 2 de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio
Climático que determina “la estabilización de las concentraciones de gases de efecto
invernadero en la atmósfera a un nivel que impida interferencias antropogénicas peligrosas para
el sistema climático”. Nuestra visión es, sobre la base del principio de las responsabilidades
históricas comunes pero diferenciadas, exigir que los países desarrollados se comprometan con
metas cuantificadas de reducción de emisiones que permitan retornar las concentraciones de
gases de efecto invernadero en la atmósfera a 300 ppm y así, limitar el incremento de la
temperatura media global a un nivel máximo de 1°C.
Enfatizando la necesidad de acción urgente para lograr esta visión, y con el apoyo de los
pueblos, movimientos y países, los países desarrollados deberán comprometerse con metas
ambiciosas de reducción de emisiones que permitan alcanzar objetivos a corto plazo,
manteniendo nuestra visión a favor del equilibrio del sistema climático de la Tierra, de acuerdo
al objetivo último de la Convención.
La “visión compartida” para la “Acción Cooperativa a Largo Plazo” no debe reducirse en la
negociación de cambio climático a definir el límite en el incremento de la temperatura y la
concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera, sino que debe comprender de
manera integral y equilibrada un conjunto de medidas financieras, tecnológicas, de adaptación,
de desarrollo de capacidades, de patrones de producción, consumo y otras esenciales como el
reconocimiento de los derechos de la Madre Tierra para restablecer la armonía con la naturaleza.
Los países desarrollados, principales causantes del cambio climático, asumiendo su
responsabilidad histórica y actual, deben reconocer y honrar su deuda climática en todas sus
dimensiones, como base para una solución justa, efectiva y científica al cambio climático. En
este marco exigimos a los países desarrollados que:
· Restablezcan a los países en desarrollo el espacio atmosférico que está ocupado por sus
emisiones de gases de efecto invernadero. Esto implica la descolonización de la atmósfera
mediante la reducción y absorción de sus emisiones.
· Asuman los costos y las necesidades de transferencia de tecnología de los países en
desarrollo por la pérdida de oportunidades de desarrollo por vivir en un espacio atmosférico
restringido.
· Se hagan responsables por los cientos de millones que tendrán que migrar por el cambio
climático que han provocado y que eliminen sus políticas restrictivas de migración y ofrezcan a
los migrantes una vida digna y con todos los derechos en sus países.
· Asuman la deuda de adaptación relacionadas a los impactos del cambio climático en los
países en desarrollo proveyendo los medios para prevenir, minimizar y atender los daños que
surgen de sus excesivas emisiones.
· Honren estas deudas como parte de una deuda mayor con la Madre Tierra adoptando y
aplicando la Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra en las Naciones Unidas.
El enfoque debe ser no solamente de compensación económica, sino principalmente de
justicia restaurativa - es decir restituyendo la integridad a las personas y a los miembros que
forman una comunidad de vida en la Tierra.
Deploramos el intento de un grupo de países de anular el Protocolo de Kioto el único
instrumento legalmente vinculante específico para la reducción de las emisiones de gases de
efecto invernadero de los países desarrollados.
Advertimos al mundo que no obstante estar obligados legalmente las emisiones de los países
desarrollados en lugar de reducir, crecieron en un 11,2% entre 1990 y 2007.
Estados Unidos a causa del consumo ilimitado aumentó sus emisiones de GEI en 16,8%
durante el periodo 1990 al 2007, emitiendo como promedio entre 20 y 23 toneladas anuales de
CO2 por habitante, lo que representa más de 9 veces las emisiones correspondientes a un
habitante promedio del Tercer Mundo, y más de 20 veces las emisiones de un habitante de
África Subsahariana.
Rechazamos de manera absoluta el ilegitimo “Entendimiento de Copenhague”, que permite a
estos países desarrollados ofertar reducciones insuficientes de gases de efecto invernadero,
basadas en compromisos voluntarios e individuales, que violan la integridad ambiental de la
Madre Tierra conduciéndonos a un aumento de alrededor de 4ºC.
La próxima Conferencia sobre Cambio Climático a realizarse a fines de año en México debe
aprobar la enmienda al Protocolo de Kioto, para el segundo período de compromisos a iniciarse
en 2013 a 2017 en el cual los países desarrollados deben comprometer reducciones domésticas
significativas de al menos el 50% respecto al año base de 1990 sin incluir mercados de carbono
u otros sistemas de desviación que enmascaran el incumplimiento de las reducciones reales de
emisiones de gases de efecto invernadero.
Requerimos establecer primero una meta para el conjunto de los países desarrollados para
luego realizar la asignación individual para cada país desarrollado en el marco de una
comparación de esfuerzos entre cada uno de ellos, manteniendo así el sistema del Protocolo de
Kioto para las reducciones de las emisiones.
Los Estados Unidos de América, en su carácter de único país de la Tierra del Anexo 1 que no
ratificó el Protocolo de Kioto tiene una responsabilidad significativa ante todos los pueblos del
mundo por cuanto debe ratificar el Protocolo de Kioto y comprometerse a respetar y dar
cumplimiento a los objetivos de reducción de emisiones a escala de toda su economía.
Los pueblos tenemos los mismos derechos de protección ante los impactos del cambio
climático y rechazamos la noción de adaptación al cambio climático entendida como la
resignación a los impactos provocados por las emisiones históricas de los países desarrollados,
quienes deben adaptar sus estilos de vida y de consumo ante esta emergencia planetaria. Nos
vemos forzados a enfrentar los impactos del cambio climático, considerando la adaptación como
un proceso y no como una imposición, y además como herramienta que sirva para
contrarrestarlos, demostrando que es posible vivir en armonía bajo un modelo de vida distinto.
Es necesario construir un Fondo de Adaptación, como un fondo exclusivo para enfrentar el
cambio climático como parte de un mecanismo financiero manejado y conducido de manera
soberana, transparente y equitativa por nuestros Estados. Bajo este Fondo se debe valorar: los
impactos y sus costos en países en desarrollo y las necesidades que estos impactos deriven, y
registrar y monitorear el apoyo por parte de países desarrollados. Éste debe manejar además un
mecanismo para el resarcimiento por daños por impactos ocurridos y futuros, por pérdida de
oportunidades y la reposición por eventos climáticos extremos y graduales, y costos
adicionales que podrían presentarse si nuestro planeta sobrepasa los umbrales ecológicos así
como aquellos impactos que están frenando el derecho a Vivir Bien.
El “Entendimiento de Copenhague” impuesto sobre los países en desarrollo por algunos
Estados, más allá de ofertar recursos insuficientes, pretende en si mismo dividir y enfrentar a los
pueblos y pretende extorsionar a los países en desarrollo condicionando el acceso a recursos de
adaptación a cambio de medidas de mitigación. Adicionalmente se establece como inaceptable
que en los procesos de negociación internacional se intente categorizar a los países en desarrollo
por su vulnerabilidad al cambio climático, generando disputas, desigualdades y segregaciones
entre ellos.
El inmenso desafío que enfrentamos como humanidad para detener el calentamiento global y
enfriar el planeta sólo se logrará llevando adelante una profunda transformación en la agricultura
hacia un modelo sustentable de producción agrícola campesino e indígena/originario, y otros
modelos y prácticas ancestrales ecológicas que contribuyan a solucionar el problema del cambio
climático y aseguren la Soberanía Alimentaria, entendida como el derecho de los pueblos a
controlar sus propias semillas, tierras, agua y la producción de alimentos, garantizando, a
través de una producción en armonía con la Madre Tierra, local y culturalmente apropiada, el
acceso de los pueblos a alimentos suficientes, variados y nutritivos en complementación con la
Madre Tierra y profundizando la producción autónoma (participativa, comunitaria y
compartida) de cada nación y pueblo.
El Cambio Climático ya está produciendo profundos impactos sobre la agricultura y los
modos de vida de los pueblos indígenas/originarios y campesinos del mundo y estos impactos se
irán agravando en el futuro.
El agro negocio a través de su modelo social, económico y cultural de producción capitalista
globalizada y su lógica de producción de alimentos para el mercado y no para cumplir con el
derecho a la alimentación, es una de las causas principales del cambio climático.
Sus herramientas tecnológicas, comerciales y políticas no hacen más que profundizar la crisis
climática e incrementar el hambre en el planeta.
Por esta razón rechazamos los Tratados de Libre Comercio y Acuerdos de Asociación y toda
forma de aplicación de los Derechos de Propiedad Intelectual sobre la vida, los paquetes
tecnológicos actuales (agroquímicos, transgénicos) y aquellos que se ofrecen como falsas
soluciones (agrocombustibles, geoingeniería, nanotecnología, tecnologíaTerminator y similares)
que únicamente agudizarán la crisis actual.
Al mismo tiempo denunciamos como este modelo capitalista impone megaproyectos de
infraestructura, invade territorios con proyectos extractivistas, privatiza y mercantiliza el agua y
militariza los territorios expulsando a los pueblos indígenas y campesinos de sus territorios,
impidiendo la Soberanía Alimentaria y profundizando la crisis socioambiental.
Exigimos reconocer el derecho de todos los pueblos, los seres vivos y la Madre Tierra a
acceder y gozar del agua y apoyamos la propuesta del Gobierno de Bolivia para reconocer al
agua como un Derecho Humano Fundamental.
La definición de bosque utilizada en las negociaciones de la Convención Marco de las
Naciones Unidas sobre Cambio Climático, la cual incluye plantaciones, es inaceptable. Los
monocultivos no son bosques. Por lo tanto, exigimos una definición para fines de negociación
que reconozca los bosques nativos y la selva y la diversidad de los ecosistemas de la tierra.
La Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas debe ser plenamente
reconocida, implementada e integrada en las negociaciones de cambio climático. La mejor
estrategia y acción para evitar la deforestación y degradación y proteger los bosques nativos y la
selva es reconocer y garantizar los derechos colectivos de las tierras y territorios considerando
especialmente que la mayoría de los bosques y selvas están en los territorios de pueblos y
naciones indígenas, comunidades campesinas y tradicionales.
Condenamos los mecanismos de mercado, como el mecanismo de REDD (Reducción de
emisiones por la deforestación y degradación de bosques) y sus versiones + y ++, que está
violando la soberanía de los Pueblos y su derecho al consentimiento libre, previo e informado,
así como a la soberanía de Estados nacionales, y viola los derechos, usos y costumbres de los
Pueblos y los Derechos de la Naturaleza.
Los países contaminadores están obligados a transferir de manera directa los recursos
económicos y tecnológicos para pagar la restauración y mantenimiento de los bosques y selvas,
en favor de los pueblos y estructuras orgánicas ancestrales indígenas, originarias, campesinas.
Esto deberá ser una compensación directa y adicional a las fuentes de financiamiento
comprometidas por los países desarrollados, fuera del mercado de carbono y nunca sirviendo
como las compensaciones de carbono (offsets). Demandamos a los países a detener las
iniciativas locales en bosques y selvas basados en mecanismos de mercado y que proponen
resultados inexistentes y condicionados. Exigimos a los gobiernos un programa mundial de
restauración de bosques nativos y selvas, dirigido y administrado por los pueblos,
implementando semillas forestales, frutales y de flora autóctona. Los gobiernos deben eliminar
las concesiones forestales y apoyar la conservación del petróleo bajo la tierra y que se detenga
urgentemente la explotación de hidrocarburos en las selvas.
Exigimos a los Estados que reconozcan, respeten y garanticen la efectiva aplicación de los
estándares internacionales de derechos humanos y los derechos de los Pueblos Indígenas, en
particular la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, el
Convenio 169 de la OIT, entre otros instrumentos pertinentes, en el marco de las negociaciones,
políticas y medidas para resolver los desafíos planteados por el cambio climático. En especial,
demandamos a los Estados a que reconozcan jurídicamente la preexistencia del derecho sobre
nuestros territorios, tierras y recursos naturales para posibilitar y fortalecer nuestras formas
tradicionales de vida y contribuir efectivamente a la solución del cambio climático.
Demandamos la plena y efectiva aplicación del derecho a la consulta, la participación y el
consentimiento previo, libre e informado de los Pueblos Indígenas en todos los procesos de
negociación así como en el diseño e implementación de las medidas relativas al cambio
climático.
En la actualidad la degradación medioambiental y el cambio climático alcanzarán niveles
críticos, siendo una de las principales consecuencias la migración interna así como
internacional. Según algunas proyecciones en 1995 existían alrededor de 25 millones de
migrantes climáticos, al presente se estima en 50 millones y las proyecciones para el año 2050
son de 200 a 1000 millones de personas que serán desplazadas por situaciones derivadas del
cambio climático. Los países desarrollados deben asumir la responsabilidad sobre los migrantes
climáticos, acogiéndolos en sus territorios y reconociendo sus derechos fundamentales, a través
de la firma de convenios internacionales que contemplen la definición de migrante climático
para que todos los Estados acaten sus determinaciones. Constituir un Tribunal Internacional de
Conciencia para denunciar, hacer visible, documentar, juzgar y sancionar las violaciones de los
derechos de los(s) migrantes, refugiados(as) y desplazados en los países de origen, tránsito y
destino, identificando claramente las responsabilidades de los Estados, compañías y otros
actores.
El financiamiento actual destinado a los países en desarrollo para cambio climático y la
propuesta del Entendimiento de Copenhague son ínfimos. Los países desarrollados deben
comprometer un financiamiento anual nuevo, adicional a la Ayuda Oficial al Desarrollo y de
fuente pública, de al menos 6% de su PIB para enfrentar el cambio climático en los países en
desarrollo. Esto es viable tomando en cuenta que gastan un monto similar en defensa nacional y
destinaron 5 veces más para rescatar bancos y especuladores en quiebra, lo que cuestiona
seriamente sus prioridades mundiales y su voluntad política. Este financiamiento debe ser
directo, sin condicionamiento y no vulnerar la soberanía nacional ni la autodeterminación de las
comunidades y grupos más afectados.
En vista de la ineficiencia del mecanismo actual, en la Conferencia de México se debe
establecer un nuevo mecanismo de financiamiento que funcione bajo la autoridad de la
Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre cambio
Climático rindiendo cuentas a la misma, con una representación significativa de los países en
desarrollo para garantizar el cumplimiento de los compromisos de financiamiento de los países
Anexo 1.
Se ha constatado que los países desarrollados incrementaron sus emisiones en el periodo
1990- 2007, no obstante haber manifestado que la reducción se vería sustancialmente
coadyuvada con mecanismos de mercado.
El mercado de carbono se ha transformado en un negocio lucrativo, mercantilizando nuestra
Madre Tierra, esto no representa una alternativa para afrontar el cambio climático, puesto que
saquea, devasta la tierra, el agua e incluso la vida misma.
La reciente crisis financiera ha demostrado que el mercado es incapaz de regular el sistema
financiero, que es frágil e inseguro ante la especulación y la aparición de agentes intermediarios,
por lo tanto, sería una total irresponsabilidad dejar en sus manos el cuidado y protección de la
propia existencia humana y de nuestra Madre Tierra.
Consideramos inadmisible que las negociaciones en curso pretendan la creación de nuevos
mecanismos que amplíen y promuevan el mercado de carbono toda vez que los mecanismos
existentes nunca resolvieron el problema del Cambio Climático ni se transformaron en acciones
reales y directas en la reducción de gases de efecto invernadero.
Es imprescindible exigir el cumplimento de los compromisos asumidos por los países
desarrollados en la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático respecto al
desarrollo y transferencia de tecnología, así como rechazar la “vitrina tecnológica” propuesta
por países desarrollados que solamente comercializan la tecnología. Es fundamental establecer
los lineamientos para crear un mecanismo multilateral y multidisciplinario para el control
participativo, la gestión y la evaluación continua del intercambio de tecnologías. Estas
tecnologías deben ser útiles, limpias, y socialmente adecuadas. De igual manera es fundamental
el establecimiento de un fondo de financiamiento e inventario de tecnologías apropiadas y
liberadas de derechos de propiedad intelectual, en particular, de patentes que deben pasar de
monopolios privados a ser de dominio público, de libre accesibilidad y bajo costo.
El conocimiento es universal, y por ningún motivo puede ser objeto de propiedad privada y
de utilización privativa, como tampoco sus aplicaciones en forma de tecnologías. Es deber de
los países desarrollados compartir su tecnología con países en desarrollo, crear centros de
investigación para la creación de tecnologías e innovaciones propias, así como defender e
impulsar su desarrollo y aplicación para el vivir bien. El mundo debe recuperar, aprender,
reaprender los principios y enfoques del legado ancestral de sus pueblos originarios para detener
la destrucción del planeta, así como los conocimientos y prácticas ancestrales y recuperación de
la espiritualidad en la reinserción del vivir bien juntamente con la Madre Tierra.
Considerando la falta de voluntad política de los países desarrollados para cumplir de manera
efectiva sus compromisos y obligaciones asumidos en la Convención Marco de las Naciones
Unidas sobre el Cambio Climático y el Protocolo de Kioto, y frente a la inexistencia de una
instancia legal internacional que prevenga y sancione todos aquellos delitos y crímenes
climáticos y ambientales que atenten contra los derechos de la Madre Tierra y la humanidad,
demandamos la creación de un Tribunal Internacional de Justicia Climática y Ambiental que
tenga la capacidad jurídica vinculante de prevenir, juzgar y sancionar a los Estados, las
Empresas y personas que por acción u omisión contaminen y provoquen el cambio climático.
Respaldar a los Estados que presenten demandas en la Corte Internacional de Justicia contra
los países desarrollados que no cumplen con sus compromisos bajo la Convención Marco de las
Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y el Protocolo de Kioto incluyendo sus
compromisos de reducción de gases de efecto invernadero.
Instamos a los pueblos a proponer y promover una profunda reforma de la Organización de
las Naciones Unidas (ONU), para que todos sus Estados miembros cumplan las decisiones del
Tribunal Internacional de Justicia Climática y Ambiental.
El futuro de la humanidad está en peligro y no podemos aceptar que un grupo de gobernantes
de países desarrollados quieran definir por todos los países como lo intentaron hacer
infructuosamente en la Conferencia de las Partes de Copenhague. Esta decisión nos compete a
todos los pueblos. Por eso es necesaria la realización de un Referéndum Mundial, plebiscito o
consulta popular, sobre el cambio Climático en el cual todos seamos consultados sobre: el nivel
de reducciones de emisiones que deben hacer los países desarrollados y las empresas
transnacionales; el financiamiento que deben proveer los países desarrollados; la creación de un
Tribunal Internacional de Justicia Climática; la necesidad de una Declaración Universal de
Derechos de la Madre Tierra y; la necesidad de cambiar el actual sistema capitalista.
El proceso del Referéndum Mundial, plebiscito o consulta popular será fruto de un proceso
de preparación que asegure el desarrollo exitoso del mismo.
Con el fin de coordinar nuestro accionar internacional e implementar los resultados del
presente “Acuerdo de los Pueblos” llamamos a construir un Movimiento Mundial de los Pueblos
por la Madre Tierra que se basará en los principios de complementariedad y respeto a la
diversidad de origen y visiones de sus integrantes, constituyéndose en un espacio amplio y
democrático de coordinación y articulación de acciones a nivel mundial.
Con tal propósito, adoptamos el plan de acción mundial adjunto para que en México los
países desarrollados del Anexo 1 respeten el marco legal vigente y reduzcan sus emisiones de
gases de efecto invernadero en un 50 % y se asuman las diferentes propuestas contenidas en este
Acuerdo.
Finalmente, acordamos realizar la 2ª Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio
Climático y los Derechos de la Madre Tierra en el 2011 como parte de este proceso de
construcción del Movimiento Mundial de los Pueblos por la Madre Tierra y para reaccionar
frente a los resultados de la Conferencia de Cambio Climático que se realizará a fines de año en
Cancún, México.

Tiquipaya, Cochabamba, Bolivia, 22 de abril de 2010