¡Cuidado! CEPAL aconseja

La Comisión Económica de Naciones Unidas para América Latina (CEPAL) ha vuelto a referirse a los problemas que aquejan a la región y la forma en que deben encararse. Hay que tomar en cuenta sus recomendaciones.

Según una de sus principales directoras, los desastres que están soportando nuestros países, debido al cambio climatológico, deben ser enfrentados mediante políticas de cada Estado, preservando los sistemas ecológicos y reduciendo el uso de hidrocarburos como fuente de energía. Deben hacerlo también las personas, construyendo sus viviendas sólidamente para que resistan los embates de la naturaleza y buscando fuentes de energía no contaminante para cubrir sus necesidades. No se contenta con eso y añade que, las comunidades, deben evitar el consumismo y desarrollar una cultura de protección del medio ambiente.

El razonamiento impecable de la funcionaria de CEPAL no tiene en cuenta dos aspectos de primera importancia. El primero está en nuestras narices: la reunión sobre el tema del cambio climático en Cancún comprueba, una vez más, que los países enriquecidos se niegan a reducir sus emisiones de bióxido de carbono y, como concesión, se avendrían a aceptar, aunque sin obligarse, un programa de reducción a plazos de tales emisiones.

El segundo se refiere a la explotación de hidrocarburos que, cada vez en mayor volumen, consumen los mismos países responsables del cambio climático, con el ritmo derrochador que caracteriza su modo de vida. Su carrera irracional por el consumo desproporcionado de todas las riquezas que contienen la tierra, el aire y el subsuelo, ha acelerado el cambio climático que sufren nuestros países.

La funcionaria en cuestión señaló que la zona más vulnerable es Centroamérica y el Caribe, cuya población está aumentando, proporcionalmente, más que otras regiones del mundo. No hizo ninguna recomendación al respecto, pero la simple mención del hecho es un llamado a la reducción de los índices de natalidad. ¿Qué sucedería si asumimos esa política de contención de la natalidad? No es necesario hacer proyecciones. Varios países de Europa están sufriendo las consecuencias. Mejor dicho, nuestros compatriotas que emigraron hacia ese mundo, sufren esas consecuencias de pueblos acostumbrados al consumismo, que han reducido a cero su crecimiento poblacional, que se enfrentan a una crisis descomunal y que creen remediar descargando todo el peso sobre los inmigrantes que les hicieron el trabajo duro en los años de su alto crecimiento.

Pero, las cosas son como son. La CEPAL fue creada por la Organización de Naciones Unidas, una organización no democrática, comandada por cinco gobiernos que dictan normas para el resto del mundo, reservándose el derecho a hacer lo que se les antoje, en nombre de la libertad y la democracia. Por tanto, CEPAL tiene un campo de acción: América Latina, y no tiene atribuciones para analizar las causas de los fenómenos que sufre la región, pues éstas provienen de otras zonas. Para este organismo de Naciones Unidas, toda acción de los países de Nuestra América, debe circunscribirse a la región, sin ir más allá de sus límites geográficos.

Hasta aquí pareciera suficiente para mostrar el cuadro de actuación de la CEPAL que aparece ahora, después de mucho tiempo en que mantuvo un bajo perfil. Pero es necesario recordar su historia. Así, podremos saber si las recomendaciones que hace ahora son producto de una falta de análisis o tienen otro sentido.

Cuando se creó, en 1948, su organizador e impulsor, el argentino Raúl Prebisch, impuso su visión de cómo debía producirse el desarrollo económico de esta América. Por entonces, CEPAL se desentendía de los países angloparlantes y sólo se ocupaba de las repúblicas de habla hispana, lusitana y Haití. Su visión fue seguida casi al pie de la letra por todos ellos, sin observación alguna durante toda la década de los ‘50. No se modificó pese a la descarada actuación de Estados Unidos en Guatemala para derrocar al presidente Arbenz, en Bolivia para distorsionar la revolución del 52 y, en general, en todos nuestros pueblos, para controlar la movilización popular. Pero los proyectos de Prebisch llevaron a un mayor empobrecimiento y fueron abandonados, en unos países con más decisión y en otros a fuerza de convencerse de sus debilidades.

Al triunfar la revolución en Cuba, Washington decidió prescindir de la CEPAL y, con el rostro simpático de John F. Kennedy, propuso la “Alianza para el Progreso” que, como dijo el Che en Punta del Este, sólo serviría para domesticar a los pueblos de América Latina, al servicio de Estados Unidos de Norteamérica, como ocurrió de inmediato.

La historia posterior es más deplorable aún: ante el total fracaso de la “Alianza para el Progreso” se implementó el discurso de las “fronteras ideológicas” que dio paso a las macabras dictaduras de dos décadas, con su cortejo de crímenes, desapariciones forzadas, exilios masivos y encarcelamientos arbitrarios, hasta llegar al criminal Plan Cóndor. Era una nueva época de la Inquisición en nombre de la democracia. Fue el tiempo del colosal endeudamiento de nuestros países, promovido por Washington y los gobiernos de Europa Occidental. Pero la brutalidad también fracasó y se fue permitiendo una pequeña apertura en lo que podríamos llamar “democracia controlada”. Para imponer el modelo neoliberal, que se llamó eufemísticamente “de reajuste estructural”, se obligó a esos gobiernos elegidos, a establecer planes de achicamiento del Estado en provecho de las transnacionales que invadieron toda Nuestra América para explotar nuestros recursos naturales, ahondando la miseria y el atraso.

Como vemos, la CEPAL tenía la instrucción de mantener un perfil bajo y lo hizo fielmente.

Es en este nuevo siglo, cuando surgen las nuevas tendencias en Nuestra América, cuando se forma la ALBA y se conforma UNASUR, que reaparece la CEPAL para proponer planes de supuesto desarrollo. Como en su primer tiempo, las propuestas se centran en el esfuerzo que deben hacer nuestros países, por sí solos. Que luego vuelvan los países enriquecidos a beneficiarse con nuestros recursos, parece ser la lógica conclusión a que nos lleva el planteamiento de la CEPAL.