El efecto invernadero dejaría un millón de muertos en el mundo en el 2030

Sylvia Ubal
30.Dic.2010 :: Destacados

Para quienes nos identificamos con los postulados de la justicia climática y los contenidos del Acuerdo de los Pueblos, este es un texto que mantiene la esencia del Entendimiento de Copenhague, dejando en la ambigüedad los aspectos más vitales de un acuerdo climático basado en la ciencia y la equidad, a la altura de las necesidades que plantea la crisis del planeta.

El efecto invernadero dejaría un millón de muertos en el mundo en el 2030
Organizar el combate por la justicia climática y la justicia social.

Mucho se ha planteado sobre la necesidad de un acción mundial para enfrentar las graves consecuencias del efecto invernadero y la destrucción de la capa de ozono, derivados de la acción premeditada de industrias y empresas que destruyen el ecosistema con la emisión de gases tóxicos, así como destruyen la cuencas de los ríos, la tierra es contaminada, se talan bosques en reservorios naturales, el talado de árboles generando desiertos. Esta es una realidad que no se resuelve en un cónclave donde la mayoría de los países industriales y contaminantes no se comprometen a salvar nuestro planeta.

Pese a que es realidad una realidad objetiva su fracaso, muchos conciben el reciente Acuerdo de Cancún como positivo, de esa manera lo definió Elizabeth Peredo Beltrán Directora de loa Fundación Solón, la que destacó la necesidad de mantener la idea de que “hubo algún resultado” al analizar el contenido y las consecuencias del mismo. Para quienes nos identificamos con los postulados de la justicia climática y los contenidos del Acuerdo de los Pueblos, este es un texto que mantiene la esencia del Entendimiento de Copenhague, dejando en la ambigüedad los aspectos más vitales de un acuerdo climático basado en la ciencia y la equidad, a la altura de las necesidades que plantea la crisis del planeta.

Por otra parte el periodista mexicano Luis Hernández analiza que los resultados de la reunión de Cancún representarán la muerte de unas 300 mil personas inocentes cada año, como resultado de los efectos a los que está siendo sometido el planeta, sobre los que se ha dado licencia para matar.

También plantea que el acuerdo no establece compromisos vinculantes, empodera al Banco Mundial abriendo la posibilidad de mayor privatización, endeudamiento y condicionalidades, establece fondos insuficientes para responder a los impactos del calentamiento global y sus medidas de adaptación y arriesga a la humanidad a una elevación de temperatura promedio por encima de los 2º C. Cuando la gente demandaba un acuerdo efectivo en Cancún, no hablaba de un acuerdo a cualquier costo. Esa no era la idea. Lejos de avanzar para responder con responsabilidad al cambio climático, se ha entregado abiertamente al “capitalismo salvaje” y sus instituciones la gestión de una crisis de grandes dimensiones que compromete la vida de millones de personas.
Hernández expresó por último que el resultado en términos de cambio climático es muy malo, la única manera efectiva que hay para combatir el calentamiento global es la disminución de los gases de efecto invernadero, y que tampoco surgió un compromiso explícito para lograr reducir las emisiones que se necesitan para que no se vea amenazado, no sólo el medioambiente, sino también la especie humana. Lo que se pactó apunta a la posibilidad de que la temperatura de la Tierra se incremente hasta en 4º grados centígrados con los efectos perjudiciales para el clima, la biodiversidad y las personas.
Mientras tanto en la primera semana de la Conferencia de las Partes (COP -16 ) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, el Foro Mundial de Vulnerabilidad lanzaba un informe que reporta que en 2010 al menos 350.000 personas han muerto por impacto directo del cambio climático y que en 2030 podríamos estar hablando de 1.000.000 de muertes en el mundo. Ya estamos hablando de un genocidio y no hay término más apropiado que éste pues esas muertes no son fruto de un castigo que cae del cielo, son fruto de la acumulación de emisiones de gases de efecto invernadero en la atmósfera desde principios de la era industrial, que se ha agudizado desde hace unas 4 décadas y que bajo la Convención y el Protocolo de Kyoto y los reportes científicos del IPCC tiene responsables con nombre y apellido. Nosotros exigimos a los gobiernos que digan la verdad, que expliquen a sus pueblos las consecuencias del cambio climático, las promesas de un futuro seguro no son suficientes, lo que cuenta ahora son los hechos y las medidas reales para parar esta destrucción.

Muchos afirman que los que más contaminan hoy son los países emergentes, que para nosotros no son ningún modelo, y que en el futuro los mayores contaminadores serán los países en desarrollo y argumentan que eso quita vigencia a los acuerdos de Naciones Unidas sobre el clima. Pero es fácil ahora acusarlos sin mencionar la deuda histórica ni los negocios que las empresas de occidente hacen en esos países, aprovechando las condiciones favorables a sus intereses y la mano de obra barata que allí existe. Son precisamente las profundas asimetrías y el uso de las leyes del capital como la de propiedad intelectual y las reglas de inversión, las que han facilitado a estos países ubicarse a años luz en tecnologías y matrices energéticas de bajo carbono.

Eso es lo que está en juego en las negociaciones, pero se prefiere mostrar una cáscara frágil para mantener el adormecimiento y la cultura de la impunidad que nos consume, así lo afirmo Elizabeth Peredo

Los impactos los viviremos con mayor vulnerabilidad en los países del sur y, como siempre, serán los pueblos los que van a poner el hombro, siempre lo hacen, así como en Europa los trabajadores están sufriendo los impactos del ajuste perdiendo sus derechos laborales, así como los estudiantes europeos ven cada vez menores sus posibilidades y derechos de educación, así como los inmigrantes están sobrellevando la hostilidad, así como las mujeres cuidan de la vida, así como los pueblos indígenas defienden sus territorios, así como los miles de damnificados por las inundaciones y sequías están luchando por sobrevivir.

Salvar el clima requiere la adopción de políticas que toquen el corazón del actual modelo de producción, distribución y consumo. El cambio climático plantea la necesidad de unir el combate por la justicia climática y por la justicia social, y de huir de las falacias del capitalismo “verde” y del barniz ecológico a las políticas social-liberales.

Hoy nos queda construir solidaridad para enfrentar la crisis y proteger a los más vulnerables, mantener la digna lucha por la justicia climática.

sylviaubal@gmail.com

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