Caos en Libia

Los rebeldes de la OTAN

David García    30.Ago.2011    Mundo


Los rebeldes libios entraron al búnker de Kadafi pero el paradero del líder del sigue en el misterio. Diez mil misiones de bombardeo de la OTAN y una formidable operación desinformativa son la clave de la exitosa ofensiva rebelde.

Bab el Azizia, fortaleza y último bastión en Trípoli del coronel Muammar Kadafi, fue asaltada por los rebeldes luego de un intenso bombardeo de las fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Sin embargo, Kadafi y sus hijos no fueron encontrados.

Este hecho fáctico puso en evidencia la carencia de información fiable con origen en las grandes cadenas internacionales quienes, en un primer momento no vacilaron en afirmar la captura de los hijos de Kadafi. Tal es así que desde la propia Corte Penal Internacional (CPI) se apuraron a requerir la comparecencia de los supuestos apresados.

La operación de prensa se deslegitimó en pocas horas cuando uno de los hijos de Kadafi supuestamente capturados, Saif al Islam, brindo una conferencia de prensa ante cronistas internacionales dejando en ridículo al Consejo Nacional de Transición, a las corporaciones internacionales de noticias y a la propia CPI.

Ante los seguidores de Kadafi y los periodistas que allí se encontraban, Saif al Islam exclamó: “Este es nuestro país. Estamos aquí, vivimos aquí y morimos aquí. Vamos a ganar, porque el pueblo está con nosotros”.

Consumada la aparición pública de Al Islam, la decisión de la OTAN y de la CNT fue aumentar el ataque en Trípoli, pero sobre todo concentrar la ofensiva sobre Bab el Azizia, donde creían que se encontraba Muammar Kadafi y sus hijos.

Lo que siguió fue un intenso bombardeo de las fuerzas de la OTAN que demolió la fortaleza y el arribo de insurrectos desde Misrata. Sin embargo no pudo ser consumada la tan buscada aparición de Kadafi, cuestión estimada como necesaria para decretar el fin las operaciones bélicas.

Mientras ese panorama se desarrolla, en Trípoli continúan los enfrentamientos, se han destruido los símbolos del poder del régimen en desgracia y desde el CNT se apuraron a anunciar que aproximadamente el 90 por ciento de la capital Libia se encuentra bajo el dominio de las fuerzas que responden al CNT.

Luego de la toma de Bab el Azizia el vocero de la OTAN, coronel Roland Lavoie, declaró que la prioridad del organismo sigue siendo “defender a los civiles libios”; y agregó que “seguirán golpeando blancos existentes”, y que “Kadafi no constituye un blanco”.

Pero los hechos dejan en evidencia que las declaraciones de Lavoie no constituyen más que un cúmulo de falsedades. El logro de los rebeldes libios no podría haberse concebido si no fuera por la intervención militar de la OTAN y sus ataques aéreos.

De hecho, se habla de al menos 2 mil muertos en las operaciones para recuperar Trípoli y a eso se suma un número no precisado de heridos. Si la misión de la OTAN era la de proteger la vida de los ciudadanos libios es evidente que la Alianza Atlántica ha fracasado rotundamente en su cometido.

Si Kadafi no constituye un blanco para la OTAN, ¿por qué razón el organismo internacional llevó adelante un intenso bombardeo sobre Bab el Azizia, cuando se sospechaba que el líder del régimen libio se encontraba refugiado allí?

Resulta evidente que la muerte de Kadafi es el verdadero blanco de la OTAN, y no sólo porque ese asesinato sin juicio previo marcaría el fin de las hostilidades, sino porque, en sintonía con la práctica que inaugurara el asesinato de Bin Laden, la desaparición del líder libio evitaría las incómodas declaraciones que éste pudiera hacer en un juicio de trascendencia internacional y que pondría en una desagradable situación a los líderes europeos que hasta hace pocos meses no vacilaban en fotografiarse en su compañía.

En la misma sintonía que exhibiera el vocero de la OTAN, el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, advirtió que están “preparados para continuar con las operaciones militares, siempre en el marco de la Resolución 1973″ y sostuvo que “las operaciones militares van a cesar cuando Kadafi no represente una amenaza para el pueblo libio”.

El presidente estadounidense Barak Obama no vaciló en calificar el accionar de la OTAN: “ha probado que es la alianza más capaz del mundo con su fortaleza y aviones, acompañada de ideales democráticos”.

No dejan de sorprender las declaraciones del mandatario, quién disfraza con sus palabras las verdaderas intenciones de Estados Unidos: utilizar el territorio libio para el asentamiento de bases militares que sean la cabeza operativa del Comando África (AFRICOM) actualmente con sede en Stuttgart, Alemania.

Ese objetivo de importancia geoestratégica permitiría actualizar la presencia estadounidense después de que sus bases operativas en Egipto y en Irán fuesen progresivamente desapareciendo por el peso de los movimientos sociopolíticos en esos países.

La instalación del AFRICOM en Libia implicaría también poseer una base sólida para el inevitable enfrentamiento que Occidente deberá llevar con China, nación que en los últimos años ha avanzado lento pero sin pausas con suculentas inversiones en el continente africano.

Para China el resultado ha sido nefasto y paga caro su timorata posición en el Consejo de Seguridad de la ONU cuando en lugar de oponerse a la intervención occidental decidió abstenerse.

Por otra parte no puede dejar de observarse la injerencia que la prensa internacional tuvo en el desarrollo de las operaciones militares. Montó una formidable campaña de desinformación desde el inicio de la crisis.

En efecto, la trascendencia de noticias que apuntaban a Kadafi como represor de su pueblo al comienzo del conflicto no pudo refrendarse luego en los hechos. No se hallaron entonces cráteres de bombas y las centenas de cadáveres de manifestantes que la prensa señalaba como un hecho.

Sin embargo, esas denuncias motivaron que la CPI pidiera la captura de Kadafi y justificó la intervención de la OTAN para la protección de la ciudadanía Libia.

Ahora, lo ocurrido con el anuncio de la detención de los hijos de Kadafi, y la posterior aparición pública de Saif al Islam deja en claro que en Libia se está llevando adelante una operación mediática tendiente a instalar la idea de que el régimen de Kadafi está acabado.

En este contexto, la Red Voltaire denunció que sus periodistas Mahdi Darius Nazemroaya -Center for Research on Globalization- y Thierry Meyssan (presidente y fundador del medio), fueron amenazados de muerte.

La red Voltarie mantuvo observadores en Trípoli desde el comienzo de las hostilidades y merced a su presencia se ha evidenciado la falaz calidad de muchas de las informaciones divulgadas por la prensa internacional.

Días atrás, en la página web de la Red Voltaire denunciaron que las amenazas se deben a que “Thierry Meyssan describe la rebelión como resultado de un movimiento minoritario utilizado para justificar ante la opinión pública internacional la realización de una clásica operación militar”.

De la denuncia efectuada por la Red Voltaire se desprende que esa operación militar está cimentada en una operación mediática, encargada de mostrar a los rebeldes como luchadores por la democracia y la libertad. Dicha operación requiere para su éxito que no sobreviva testigo alguno que posteriormente pueda dar fe de una realidad distinta con la que se pretende engañar a la opinión pública mundial.

A todo esto debe sumarse que, en las últimas horas, desde el Pentágono se anunció que el régimen de Kadafi posee armas químicas, incluidas unas diez toneladas de gas mostaza y un arsenal de misiles de corto alcance.

Esta información busca alarmar a la población europea dado que la combinación de armas químicas y misiles pone en peligro potencial a las poblaciones del sur europeo que podrían ser blanco de un líder “acorralado y desquiciado”.

Es esperable que ante tal peligro los ciudadanos acepten el asesinato a sangre fría y sin juicio previo de Muammar Kadafi. Sin embargo no puede dejar de señalarse la similitud con las hipotéticas armas químicas que justificaron la invasión de Irak en 2003.

Las corporaciones mediáticas han sido usadas como un arma más de la guerra Libia, cuestión que hace imprescindible encarar la lucha futura contra los monopolios de medios en todo el mundo y que realza la importancia del único país que ha logrado poner un freno a dichos monopolios: Argentina y su ley de medios. ¿Qué país se animaría a sancionar una ley semejante que corra los velos de sus ciudadanos?

Para finalizar, como hemos sostenido desde APAS al inicio del conflicto, a las tribus libias que han pergeñado este desastre propio de traidores les espera un futuro en consonancia con su pasado: seguirán montando camellos por un desierto estéril mientras el hombre blanco europeo les chupa hasta el tuétano sus riquezas.

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David García | Desde la Redacción de APAS
28|08|2011