Paro nacional en Chile

A todo o nada

Con gran adhesión de las clases populares y apoyo masivo a los estudiantes, profesores y trabajadores universitarios; Chile está un momento clave para un potencial cambio del modelo de educación, y del orden neoliberal en general. Manifestaciones y represión. Ya hay un adolescente muerto en circunstancias aún no aclaradas.

Comenzó la segunda mitad del año 2011 y con ella se inició uno de los períodos más críticos de la presidencia de Sebastián Piñera. El paro nacional por la educación en el país trasandino, que tiene como actor principal al movimiento estudiantil, logró un consenso generalizado, no solo en el país sino también en el continente.

Por supuesto que este fenómeno de adhesión general no representa un dato extraordinario. A decir verdad, es lo que se esperaba de un pueblo que en su conjunto sufrió como pocos el afán de lucro neoliberal en la educación, y la mercantilización de la misma.

Al cierre de esta edición culminaron las 48 horas de para nacional dispuestas por la CUT, que contó con alta adhesión y que se conjugó con una movilización de unas 600 mil personas.

Las manifestaciones fueron reprimidas, lo cual dejó un saldo de 1394 detenidos y 153 heridos, según relató el diario Tiempo Argentino. También se atribuye a ese accionar represivo la muerte de un adolescente de 16 años, quien falleció en la madrugada del 26 de agosto, en un barrio de Santiago, después de recibir un tiro en el pecho que, supuestamente, fue disparado desde un vehículo policial. Ese dato lo brindó la familia del chico. “Eso es lo que el hermano de este joven me cuenta”, dijo el alcalde de la populosa comuna de Macul, al sudeste de Santiago, el opositor demócrata cristiano Sergio Puyol, y reportó el mismo diario.

Ante la denuncia de la muerte en manos policiales, el presidente de Chile, Sebastián Piñera, anunció que abriría una instancia de diálogo: “Como presidente de Chile convoco a todos: estudiantes, padres, profesores y rectores, a que iniciemos ahora mismo ese diálogo en La Moneda, en el Congreso, porque yo sé, y ustedes saben, que eso es lo que la inmensa mayoría de los chilenos espera y exige de nosotros”. Pero, más allá de las conciliadoras palabras, el presidente atribuyó la muerte de “un joven” a la “violencia desatada”, desestimando su responsabilidad política.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) el 85 por ciento del financiamiento de la educación universitaria en Chile corre por cuenta de las familias y sólo un 15 por ciento lo da el Estado. Esa desigual distribución mantiene endeudados a amplios sectores de la clase media y ha convertido a Chile en el segundo sistema escolar socialmente más segregado del mundo.

Las carreras universitarias son muy costosas. Estudiar Medicina implica entre 54.353 y 76.574dólares. Arquitectura fluctúa entre 37.273 y 56.400 dólares. Periodismo tiene un costo de entre 27.150 y 41.926 de dólares.

A eso debe sumarse que 700 mil jóvenes, del millón de estudiantes de universidades y centros de formación técnica, provienen de la clase media y de los quintiles más pobres, se entiende que esa inmensa mayoría ha debido recurrir a créditos con intereses que van desde del 2 al 6 por ciento para poder costear sus estudios.

La reacción de Sebastián Piñera consistió en apelar a la “unidad de los chilenos” y advirtió sobre la amenaza “del virus de la beligerancia y la intransigencia”. Luego agregó que no se debe dejar que ese germen penetre en la sociedad durante las celebraciones por el Bicentenario del Congreso.

Se trata del clásico discurso de la derecha latinoamericana cuando se encuentra en situaciones de retroceso ante avances populares, y acude a mostrar un rostro pseudo progresista, falsamente democrático, y apela a terminologías del tipo “paz”, “diálogo”, “unidad” o “republicanismo”. Ni que hablar de asimilar cualquier tipo de reclamo con algún tipo de “enfermedad”.

Es decir, es difícil comprender que quienes se posicionaron históricamente como ordenadores de la economía chilena -ya sea por el control del negocio del cobre, por el manejo de instituciones financieras, o por el control de la línea aérea más importante- hablen de diálogo cuando muy difícilmente apelaron al mismo para instaurar el sistema educativo vigente. Si no hubo diálogo cuando se instaló en la noche pinochetista es absurdo pensar en que lo haya cuando lo quieren sacar.

Jaime Gajardo, presidente del Colegio de Profesores, advirtió semanas atrás: “En el momento en que estamos, no nos podemos dejar amedrentar y vamos a seguir adelante con las movilizaciones y diciéndole al gobierno que queremos un diálogo pero un diálogo de verdad, con garantías y con temas de fondo”.

Como muestra de la fuerza y el desarrollo de organización que va generando la lucha por la educación, vale destacar que el paro nacional es convocado por la Central Unitaria de Trabajadores de Chile (CUT), el Colegio de Profesores, la Confederación Chilena de Estudiantes (Confech) y numerosas organizaciones sociales y políticas, pese a las presiones y amenazas del gobierno.

Arturo Martínez, presidente de la CUT informó a los periodistas este domingo que más de 82 organizaciones sindicales, gremiales, federaciones y confederaciones, junto a medioambientalistas, de derechos humanos, rectores universitarios y otros sectores adhirieron públicamente a la paralización y resaltó que se está dando inicio a un proceso de unidad social amplia en todo el país” y adelantó la participación de amplios sectores de la sociedad chilena en la paralización y manifestaciones de esos días.

Actualmente, el presidente Piñera cuenta con una aprobación menor al 25 por ciento en la mayoría de las encuestas realizadas, y un rechazo superior al 55 por ciento. Para la Concertación, opositora, las cosas tampoco son de color rosa: sus números no son para nada mejores que los del actual mandatario.

Por su parte, el movimiento estudiantil no para de cosechar aliados y amigos en el resto del continente americano.

En el XVI Congreso Latinoamericano y caribeño de Estudiantes, organizado por la Organización Continental Latinoamericana y Caribeña de Estudiantes (OCLAE), todas las delegaciones se solidarizaron se pronunciaron a favor de la comunidad universitaria trasandina. Estos fueron los casos de la FEU (Cuba), FEUU (Uruguay), FEUE (Ecuador), Brasil y la Secretaría de Asuntos Internacionales de la FUA (Argentina).
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Emilio Meynet | Redacción de APAS