Otra vez las Malvinas

Las islas Malvinas, ese territorio que Gran Bretaña insiste en considerar “suyo” están nuevamente en el ojo de la tormenta y ahora con rumores de “separatismo” que ya sabemos los bolivianos a dónde conducen: a fraccionar aún más nuestra ecúmene latinoamericana, que ya ha sufrido,

como ejemplo excepcional, la separación de Panamá y el destrozo de la Gran Colombia, una de las realizaciones del libertador Simón Bolívar, a quien desde fuera de este continente parecen seguir temiendo.
El detonante para la reactivación del conflicto, que esta vez encuentra una América Latina cohesionada y no propiamente gracias a la OEA, es un “referéndum” que el gobierno inglés anunció para que los Malvinenses decidan si prefieren ser ingleses o “británicos”.
La soberanía de las islas Malvinas ha estado en conflicto entre el Reino Unido y la República Argentina desde 1833. En la actualidad es uno de los dieciséis territorios en la lista de las Naciones Unidas de territorios no autónomos bajo supervisión del Comité de Descolonización, con el fin de eliminar el colonialismo, por lo que la situación de las islas es examinada anualmente por el Comité de Descolonización desde 1965.
Para la ONU, la soberanía, tanto de las islas como de sus espacios marítimos circundantes, está en litigio aunque, hasta que ambas partes resuelvan el contencioso, permite que continúe la administración local en manos del Reino Unido, para el cual las Malvinas constituyen un Territorio de Ultramar. Argentina no reconoce la soberanía británica sobre las Malvinas, a las que considera una «parte integral e indivisible de su territorio que se halla ocupada ilegalmente por una potencia invasora».
Muchas gestiones se han hecho para solucionar este conflicto de la mejor manera, pero es evidente que el “orden internacional” existente no tiene la capacidad para ocuparse de esa solución.
Una de las últimas gestiones de la Cancillería Argentina hizo saber que lamenta que Londres, en lugar de cumplir con sus obligaciones internacionales reanudando negociaciones para resolver esa controversia y consciente de su aislamiento internacional en relación con la Cuestión Malvinas, intenta tergiversar la controversia antes que resolverla.
Sin embargo, insiste la comunicación, el Reino Unido no puede modificar la controversia a su antojo.
Por eso, según la Cancillería, el supuesto referendo y cualquier otra consulta que Londres pudiera inventar en los territorios disputados, no pueden tener ese resultado ni relevan a ese país de cumplir con la obligación que el derecho internacional le impone de resolver pacíficamente la disputa mediante la reanudación de negociaciones.
Subraya también que la iniciativa del referendo no encuentra sustento en ninguna de las 40 Resoluciones de las Naciones Unidas sobre la Cuestión de las Islas Malvinas, que es considerada como un caso especial y particular de descolonización.
Nadie quiere un conflicto y en las instituciones integradoras latinoamericanas, como Unasur, Alba, Celac, ya se ha expresado formalmente el respaldo a la postura argentina. Hoy, que la unidad bolivariana está particularmente reforzada, podría ser la hora precisa para ponerle fin a ese secular conflicto.

tomado de Editorial de “El País” (Tarija, Bolivia, 10-03-13)