Obama a México

Crónica de una visita anunciada

La anunciada visita para mayo a México del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, por más que esperada genera aquí expectativas, tras un prolongado distanciamiento entre las vecinas naciones y muchos cruciales asuntos pendientes.

En el primer mandato de Obama, el tema México estuvo casi ignorado; mientras en la administración de Felipe Calderón (2006-2012) no se apreciaron avances significativos, ni siquiera en los asociados a seguridad y cooperación antidrogas.

Tras anunciar su visita a este país, el presidente estadounidense lamentó en declaraciones a la prensa que a veces la relación se caracteriza justamente por ser de frontera o simplemente sobre los cárteles de la droga, cuando en realidad debía ser más que eso.

La tónica de este acercamiento parece diferente, delineada desde el 27 de noviembre último cuando ocurrió el primer encuentro entre Obama y el presidente electo de México, Enrique Peña Nieto.

La agenda de mayo entre los líderes de ambas naciones “como socios globales responsables”, incluye, según anunció la cancillería mexicana, trabajar en la “identificación de nuevas vías para ampliar los beneficios mutuos de su cooperación en América del Norte”.

Los puntos previstos para el diálogo son muchos, pero migración, comercio y seguridad marcan la relación México-Estados Unidos, temas hasta ahora relegados.

También tales asuntos se entrelazan con las tres batallas decisivas de Obama en política interna, con México en medio: deuda pública, reforma migratoria y control de armas.

La crisis financiera de Estados Unidos puede tener mayo desahogo en esta nación cercana y segura; además sumergida ahora en una reforma energética con amplia expectativa para la inversión extranjera.

México es el segundo socio comercial de Estados Unidos, con fuertes relaciones de intercambio, e incluso el 40 por ciento de sus exportaciones se hace desde el norteño país.

También el punto de mira está en fortalecer la triada Estados Unidos- Canadá-México, más allá de Tratados de Libre Comercio, y éste último como puente importante para lograr nexos con otras alianzas comerciales del continente americano. Por otro lado, al parecer está a punto de salir la reforma migratoria, que si no llega a ser integral por el freno de los Republicanos, podría saldar en alguna medida la postergada promesa del residente en la Casa Blanca hecha a los hispanos en 2008, los mismos que tantas prueba de fe le dieron después en las urnas a favor de su segundo mandato.

De los inmigrantes en Estados Unidos, el 60 por ciento son mexicanos y más del 50 por ciento de ellos están indocumentados. Por la parte mexicana el estimado es de seis millones 800 mil conciudadanos viviendo en Estados Unidos sin papeles.