Colombia

Bala Perdida

En las encuestas de opinión de principios de agosto, quedó evidente que cerca de tres cuartas partes de los colombianos no creen en el sistema judicial, mientras que dos tercios apoyan el proceso de paz. Por esos mismos días, los negociadores de la guerrilla en los diálogos de La Habana, formularon críticas al Marco jurídico para la paz –MJP-.

Ambas son cosas de la justicia, pero tienen sujetos distintos. La incredulidad en el sistema judicial es una percepción de la sociedad, en cambio el MJP está en debate como propuesta del gobierno para cerrar el conflicto armado.

El gobierno diseñó este proceso de diálogo, para no tocar grandes problemas como la justicia, entonces no se puede esperar que la justicia transicional embutida en el MJP vaya a poder navegar, en medio del mar que es el fallido sistema judicial.

Para que el esfuerzo por la paz llegue a la meta deseada, hay que ir a la raíz de los grandes problemas colombianos, porque de lo contrario, no pasará de ser una bala perdida más, de esas que a diario les quitan la vida a los más inocentes.


Un sistema apachurrado

En la sociedad colombiana crece el clamor por “Verdad, justicia, reparación y garantía de no repetición”, como fórmula que alivie el sufrimiento de las víctimas del conflicto. Para tener claro el camino hacia este propósito, hay que describir la postración del sistema judicial.

El régimen para confrontar a los revolucionarios hizo a un lado al sistema judicial y lo reemplazó por la venganza paramilitar. Este cambio de un medio por otro, en seguida lo generalizó para todo el que critique y proteste.

La corrupción impuesta por las mafias terminó de apachurrar a la justicia y con ella manipulan desde el Fiscal general, hasta cualquier juez de provincia.

El golpe de gracia se lo propinó el régimen en 2012, cuando intentó imponer una reforma a la justicia, para auto indultar congresistas y otros altos cargos del Estado.

Sobre los anteriores escombros, el gobierno pretende edificar la justicia transicional, comprimida en el MJP.


Se auto amnistiaron primero

Fue una confesión de parte, cuando el régimen negoció primero con los paramilitares, para luego redactar con ellos la amnistía con que los premiaron, conocida como Ley de justicia y paz. Con la guerrilla procede al contrario, al fabricar primero el MJP, para luego llevarlo a la mesa de negociación.

El ‘borrón y cuenta nueva’ es tradicional en Colombia, porque en 190 años de vida como república, se han concedido 26 amnistías que borran delitos y 65 indultos que borran penas.

Rafael Uribe Uribe,(12 de Abril de 1859-15 de Octuble de 1914) el gran líder nacional,a quien la dictadura intentó silenciar asesinándolo con hachazos, explicó desde hace un siglo, cómo funciona la feria de títulos, perdones y castigos:

“¿Qué acto revolucionario hay que no quepa dentro del concepto de rebelión? Todos van dirigidos, o contra las autoridades, o contra las personas, o contra las propiedades. El revolucionario se alza contra el orden constituido; desconoce los empleados de todas las jerarquías y lucha contra ellos, puesto en armas; recluta, encarcela y recoge prisioneros; se bate hiriendo o matando a sus adversarios; levanta empréstitos forzosos, expropia mercancías para las tropas, toma ganado para su sostenimiento y caballerías y monturas para la campaña; penetra en las habitaciones y predios ajenos rompiendo puertas y cercas; en los combates pone fuego a edificaciones y plantaciones; y, en suma, echa mano de cualquier medio que esté al alcance para el logro de su fin… Triunfador, el revolucionario es el hombre que sacrifica la tranquilidad, los bienes, o la vida en aras de un ideal: Es el salvador glorioso de la libertad, el padre de la patria y el guerrero enérgico que subordinó a la adquisición de la victoria los intereses individuales. Vencido, es encasillado, dentro de las tristes y deshonrosas clasificaciones del Código Penal con el nombre de rebelde, guerrillero, ladrón, asesino, desalmado, sediento de botín y eterno enemigo del hombre, incapaz de ganarse la vida por medios honrados”.

Revolución y reacción

En el análisis de Rafael Uribe Uribe, no cabe con exactitud el actual conflicto armado, porque la reacción ni la revolución se pueden declarar triunfadoras o vencidas, lo que impone un término medio a la solución política, como lo expresa el concepto de la dejación de armas, para iniciar una lucha por el poder sin usar medios bélicos.

Este periodo experimental, al resultar exitoso debe mantenerse, pero si falla sería un retroceso en la búsqueda de la paz. Por tanto, el carácter definitivo de esta suspensión de la lucha armada, hay que irlo construyendo cada día.

El tratado de paz que se firme abriría una contienda política, en que las organizaciones revolucionarias reiteraremos el derecho legítimo que tenemos de existir y en cada lucha seguiremos buscándole reemplazo al capitalismo marchito, que está llevando a la humanidad y al planeta hacia la extinción.

El reto de construir la paz es enorme y urgente, mucho mayor que cuando luchó Rafael Uribe Uribe, ya que en esa época de cada 10 muertos en una guerra, apenas uno era civil, en cambio hoy pasa lo contrario, pues por cada 10 muertos, 8 son civiles.

Suramérica es clave

El esfuerzo por la paz es tarea de los colombianos, pero necesita del apoyo de la comunidad internacional, en especial de América Latina y El Caribe, porque la lucha por autodeterminación que ella libra, está permitiendo a los pueblos recorrer caminos propios, diferentes a los trazados desde el imperio norteamericano.

Desenganchar a la región de los planes de guerra permanente del imperialismo, es un aporte a la paz mundial. En esta dirección avanza la Unión de naciones suramericanas –UNASUR-, con la construcción de una doctrina de seguridad, encomendada al Consejo Suramericano de Defensa, quien ya desarrolló pactos contra varias expresiones del crimen transnacional.

Los pueblos del continente empujan esta transición pacífica para salir de los viejos pactos militares imperialistas, hacia una doctrina propia, cambio al que se opone el gobierno de los Estados Unidos y en contravía, sigue presionando para mantener al régimen colombiano dentro de sus planes de guerra.

En julio pasado, un estudio de una agencia de inteligencia de los EU, concluyó que un ataque aéreo contra Siria no era viable económicamente, por lo que proyectaron el traslado de su flota de aviones robot (drones), hacia bases militares estadounidenses instaladas en territorio colombiano. ¿Qué ganancia persiguen con este traslado?

Las empresas contratistas militares norteamericanas, siguen llevándose soldados profesionales de las Fuerzas especiales del régimen, para los Emiratos Árabes Unidos, los cuales ya pasan de 1500, lo que ha obligado al gobierno de Santos a intentar parar este tráfico de mercenarios, proponiendo un pacto al país árabe.

Otra vez, el régimen es ‘víctima de su propio invento’, porque mercenarizó al ejército en su afán por vencer a la insurgencia y ahora, estos soldados se van a hacer la guerra, a donde les pagan tres veces más que Santos. La ganancia queda para las empresas contratistas, quienes pagan a los soldados colombianos, sólo un tercio de lo que cobran a los árabes por sus servicios.

Este comercio es visto como un avance por el embajador de EU en Bogotá, quien el 12 de agosto declaró, que “Colombia se ha convertido en un exportador de seguridad”.

Lograr identidad nacional sin guerra

En toda la vida como república, las clases dominantes fracasaron en imponer una identidad nacional con la guerra, el reto ahora es desarrollar identidad nacional, por medio de un consenso, que incluya a todos los sectores políticos y a todas las regiones del país. Objetivo difícil, pero no imposible.

Un virtuoso compositor nacional hace una convocatoria por la paz, que crece en Colombia y en países vecinos, bajo el lema “Todas las balas son perdidas”. Ojalá el conjunto de la sociedad colombiana abrace esta noble causa, más pronto que tarde.