Chile

¿Podrá Bachelet cambiar el modelo económico?

A partir del 2011, la protesta ciudadana se ha desplegado y la crítica al modelo económico se ha hecho evidente. Luego, con las elecciones los cuestionamientos se profundizaron. Existe rechazo al sistema educacional, a la previsión y al régimen de salud, derechos ciudadanos convertidos en negocios. Preocupa la indefensión de los consumidores por las arbitrariedades que sufren en los Supermercados, las Farmacias y Casas Comerciales. Hay inseguridad en los hogares frente a las empresas de servicios públicos, que envían todos los meses cobros inexplicables. Existe descontento en los trabajadores por la precariedad del mercado laboral y el debilitamiento de los sindicatos. Y, existe molestia en la ciudadanía por la intervención del poder económico en la vida política.

Curiosamente, los políticos de la Concertación y sus tecnócratas, han sido más neoliberales de lo que ellos mismos imaginaron. La vigorosa “crítica al modelo”, que la oposición a la dictadura realizó hasta fines de los años ochenta, pasó al olvidó cuando se convirtió en gobierno. Como en el cambalache, todo lo que antes se había quemado comenzó a adorarse. El miedo a los poderes fácticos, la falta de voluntad para cambiar lo existente o el convencimiento ideológico impidió a los gobiernos de la Concertación utilizar el Estado para restituir las posiciones de poder que la dictadura y los Chicago boys le cercenaron a la mayoría nacional.

Durante los gobiernos de la Concertación se renunció a las políticas de promoción a la producción y a las exportaciones lo que, en el marco de una vigorosa demanda por recursos naturales, ha acentuado nuestra especialización en actividades de bajo valor agregado. En segundo lugar, la “política de neutralidad” del Estado, convirtió en usurera la alta tasa de interés que se les cobra a las pequeñas empresas.

En tercer lugar, a pesar de la evidencia que para reducir la vulnerabilidad externa se precisa de una adecuada regulación a los flujos de capital, se ha preferido profundizar la liberalización de la cuenta de capitales. En cuarto lugar, el Estado ha sido complaciente con la concentración patrimonial, no ha facilitado la libre competencia y ha colocado en condiciones de indefensión a los consumidores. En quinto lugar, la debilidad de los sindicatos se ha profundizado, producto de una legislación que promueve la externalización, limita la negociación colectiva y no tiene eficacia fiscalizadora.

Finalmente, los gobiernos de la Concertación persistieron en esa política de “focalización” social, iniciada durante el gobierno de Pinochet, que segrega y desintegra a la sociedad. La preconizada libertad inherente al modelo se diluye en medio de una aguda concentración del poder económico.

Así las cosas, incluso en el ámbito empresarial se viene produciendo un antagonismo creciente entre los intereses del reducido grupo de empresarios chilenos ligados a la internacionalización de la economía y el mayoritario grupo de productores y empresarios que, como consecuencia de la desiguales condiciones de competencia, paulatinamente van siendo desplazados hacia la periferia de la economía o simplemente se extinguen. En suma, los grandes empresarios, que se desarrollaron gracias a la protección de Pinochet y que se consolidaron gracias al liberalismo de la Concertación, han vivido en la más plena seguridad para potenciar sus negocios. En cambio, los pequeños empresarios, los trabajadores, los estudiantes pobres, los pensionados y un amplio espectro de consumidores, enfrentan el desafío cotidiano de la desprotección y de las desigualdades frente al sistema económico. El modelo es neoliberal. No responde a los intereses de la mayoría de los chilenos y, por ende, hay razones poderosas para exigir su modificación. La Presidenta Bachelet tiene la palabra.