El orden internacional

De La Haya conocemos muy poco. Está en los Países Bajos, es ciudad sede de organismos internacionales y últimamente ha estado “de moda” por varios conflictos que se ventilan allí, algunos sumamente importantes para Bolivia.

Allí, en La Haya, está la Corte Permanente de Arbitraje (CPA) que acaba de “sancionar” a Bolivia por la estatización de Guaracachi que, según la CPA afectó a una transnacional a la que habrá que indemnizar.
La CPA encontró “ilegal” la nacionalización del 50 por ciento de las acciones de Rurelec en la eléctrica Guaracachi, según indicó en un comunicado la compañía del Reino Unido, que desarrolla y posee plantas de generación de energía eléctrica a nivel internacional.
Rurelec formaba parte de los cuatro consorcios que pidieron formalmente el pasado 18 de diciembre en tribunales de arbitraje internacionales que Bolivia pagara 1.870 millones de dólares como indemnización por las nacionalizaciones.
En concreto, las demandas fueron planteadas por la petrolera anglo-argentina Pan American Energy (PAE), por la española Abertis y por Guaracachi America Inc. y Rurelec, de inversores británicos y estadounidenses, cuyas filiales nacionalizó el gobierno boliviano.
Lo de Rurelec es de “solamente” 41 millones de devaluados dólares estadounidenses, pero si en la misma CPA llegaran a “prosperar” las otras demandas, el asunto se complicaría exponencialmente para nuestro país.
La CPA hace parte del sistema de la ONU y la alternativa para dirimir conflictos derivados de las casi sacrosantas inversiones era el CIADI, que era parte del “orden” internacional del Banco Mundial, algo así como estar en el sartén, o caer al fuego.
El CIADI es el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones, con sede en Washington y varios países, entre ellos Bolivia (en el año 2007), Ecuador (en el año 2009) y Venezuela (en el año 2012) se han retirado del organismo.
De manera que ni con la CPA en La Haya, ni con el CIADI en Washington podemos tener algún tipo de tranquilidad al referirnos a esas tan anheladas inversiones, es decir, se siente la carencia de otro orden internacional, mejor sin comillas.
Del “Nuevo Orden Internacional” se está hablando hace mucho tiempo y se dijo algo inclusive de un nuevo orden internacional de la información, hace décadas, pero parece que ahora ya pasó la hora de hablar del tema y comenzar a construirlo.
Por supuesto que no es una labor sencilla ni exenta de riesgos e inclusive de peligros, porque existen aún fuertes concentraciones de poder que se resistirán a desaparecer, porque siempre hay resistencia al cambio.
Pero el mundo ha logrado sobrevivir a varios imperios y también a peligrosas bipolaridades como el periodo que aún recordamos con el elocuente nombre de “guerra fría” y tendrá que construir un nuevo orden, porque el actual no es funcional. Es la terca realidad.
Hace tiempo sabemos que la realidad es una construcción social (Peter Berger) y la sociedad actual no puede ser inferior a su propio destino. De manera que, sigamos trabajando en ese propósito del Nuevo Orden.