Derechos y deberes en Brasil

Pocas veces los Derechos Humanos estuvieron tan en evidencia en Brasil como en los tiempos actuales. Sectores diversos de la sociedad –muchos de ellos que se reivindican como minoritarios– luchan por más espacio, legitimidad y visibilidad. Banderas de varios movimientos sociales y grupos menos organizados se alzan en Brasil en busca de tarifas más baratas de autobuses, viviendas, seguridad (en las escuelas, en los barrios) e inserción en la sociedad, a través de políticas que afirmen ciertas identidades.

No habría espacio aquí para avaluar el mérito de cada una de estas luchas en el ámbito de los Derechos Humanos, ya que existen infinidad de organizaciones que promueven estos derechos en Brasil y en el mundo. En lugar de esto, propongo una reflexión sobre dos aspectos: 1) La consciencia del brasilero que tiene derechos, pero que no sabe cuáles son esos derechos, y 2) El desajuste entre la emergencia de esa consciencia y el hecho de que ella no camina de la mano con la consciencia de los deberes.

Sobre el primer aspecto, organizaciones civiles y gubernamentales han hecho campañas de concientización de cuáles son los Derechos Humanos. Para dar un ejemplo, la Secretaría de Derechos Humanos –que está vinculada a la Presidencia de la República– ha promovido debates y eventos para mejorar los derechos relacionados con niñ@s y adolescentes, discapacitados, ancianos, violaciones (torturas), muertos y desaparecidos políticos, secuestro internacional, trabajo esclavo, entre otros.

No obstante el problema mayor reside en el segundo aspecto debido a los sinuosos caminos que sigue nuestra media-ciudadanía. Queremos ganar y recibir, pero no queremos ofrecer ni donar. Pensamos siempre en los derechos privados (mi casa, mi automóvil) pero nos olvidamos de los derechos públicos (nuestra calle, nuestra plaza). Deseamos un derecho en los que nos cabe a cada uno; pero nos esforzamos poco en contribuir al engrandecimiento de todos lo derechos (aunque más no sea a través del simple buen ejemplo).

Como si eso no bastase para este segundo aspecto, la evolución de los Derechos Humanos en Brasil sigue un proceso exógeno, cuya fórmula está en la Declaración Americana (del Norte) de Derechos y Deberes del Hombre, y en la declaración Universal de los Derechos Humanos. De este modo organizaciones extranjeras ejercen una enorme influencia sobre las convenciones y pautas sociales brasileras cuando establecen ideas como las de multiculturalismo, y de cuáles son las minorías. A pesar que las relatorías de estas organizaciones las escriben equipos procedentes de varios países, ellos naturalmente se enfrentan a las dificultades de elaborar un recetario que sirva para todos los países. En este sentido, no existe cultura universal, porque toda cultura tiene las marcas de su origen y es por tanto particular.

Muestro este argumento sin la audacia de entrar en una comparación entre los sistemas jurídicos de los países (de América del Norte y Europa) donde se formulan estas propuestas de Derechos Humanos. Si lo hiciese, tendría que cuestionar por ejemplo la incompatibilidad entre los derechos de autodeterminación de los pueblos y las intromisiones que los Estados Unidos (y sus aliados de Europa) hacen en países (Irak, Siria, etc.) que no aceptan los preceptos jurídicos de Occidente.

La evolución de los Derechos Humanos en Brasil ha sido un poco nebulosa en la medida que no se concilia un pasado de exploración con un futuro de ciudadanía. Por eso tanto énfasis se les da a los grupos que se organizan por ejemplo en Comisiones de la Verdad, que intentan conjurar los fantasmas de los regímenes autoritarios. Al calor del mismo problema se arman “círculos tupinicas” a través de la absolución de corruptos y bandidos por el Supremo Tribunal Federal, mientras los activistas protestan contra la truculencia de las fuerzas policiales para contener las protestas en el Brasil.

Usted escogerá, lector, los colores y la altura de la bandera que levantará en su lucha.

No deje de reivindicar los derechos a cumplir junto a los deberes que lo ennoblecerán.

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Publicación Barómetro