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Patrón de belleza en Brasil

Bruno Peron Loureiro :: 20.05.14

Hay una batalla que se traba entre la presión exógena a favor de sus patrones estéticos y la belleza que cada individuo reconoce (o no) en sí mismo. Esta relación de fuerzas no se da solamente en relación a las características de nuestros cuerpos, sino además en cómo se idealiza nuestro cine, nuestra música, nuestro teatro.

Para evitar consideraciones breves entre áreas distintas en este pequeño espacio, redacto un texto sobre nuestra dificultad en ser coherentes con nuestra propia belleza, aunque esta difiera de lo que se llama el patrón estético. En forma sucinta, pocos estamos conformes con lo que somos y con lo que tenemos.

Este desafío de autoestima se debe en gran parte a las sugestiones que nuestra masa corporal debe ser de tanto, nuestra altura de otro tanto, nuestro cabello de una manera y nuestra sonrisa de otra. El patrón de belleza en Brasil es meticulosamente calculado de acuerdo con aquel uno de cada mil seres (como lo indican varias fuentes de Internet) que tendrá condiciones para satisfacerlo. Los otros novecientos noventa y nueve quedarán con sus frustraciones, a menos que aprendan a trabajar su psicología.

Más allá de cifras como éstas, hay factores culturales que pesan sobre la medida de sufrimiento o de realización de aquellos que aceptamos patrones de belleza. Esto se debe a que ellos cambian a lo largo del tiempo en cada país o grupo étnico. Estas variaciones ocurren en cualquier cultura, pero en Occidente puedo mencionar momentos en que las mujeres se preocupaban con los contornos de su cintura, y en seguida con los senos protuberantes (luego hicieron uso de la silicona).

Julia Moioli, en su reportaje ¿Cuáles países tenemos los patrones de belleza más extraños? (Mundo Extraño, Edición 107) compara los patrones de belleza de algunos países. Ella indica que por ejemplo, el patrón de Irán valoriza la exhibición de una nariz bonita, y las tribus de Mianmar ennoblecen los cuellos largos, y los de Mauritania valorizan a las mujeres obesas como pertenecientes a una elite.

Como es de esperarse, en los modernos países occidentales los medios de comunicación (sobre todo en sus telenovelas) tienen un influyente papel en la definición de que apariencia y que cuerpo deben tener las personas. Es nítido que en Brasil el modelo clásico greco-romano de belleza física está bastante presente, aún así este modelo ha sufrido modificaciones en el correr del tiempo que favorecen a una apariencia alta, magra y rubia para hombres y mujeres.

Este mirar occidentalizante sobre un cuerpo esbelto y descolorido no es fiel a la mezcla étnica que Brasil testimonia en sus entrañas. Por eso la televisión hace un escándalo cuando una matogrosence de piel morena venció en el concurso de Miss Brasil 2013, que es promovido por la Red Bandeirantes. Hubo un alarido porque finalmente una “brasilera típica” había sido electa en un concurso de belleza física. No obstante continuo creyendo que esta matogrosence es una de las mil que tiene el porte estético autorizado, pero no por ser morena o blanca.

En la opinión del escritor Augusto Cury, autor del libro La dictadura de la belleza es la revolución de las mujeres (2005) cualquier persona tienen una belleza particular y única que no justifica la búsqueda de patrones de belleza exógenos, extraños e impuestos. No necesitamos ser como el actor de telenovela presente tantas horas por día, o como la presentadora de televisión que gana en parte su salario porque tiene el patrón estético que su empleador desea.

Valoricémonos en lo que somos (por fuera y por dentro) sin intimidarnos por lo patrones de belleza que ignoran aquello más precioso que tenemos.
No hay patrón de belleza acertado o errado, bueno o malo, mejor o peor, solo aquel que sirve a la autoestima y a la aceptación de nosotros mismos.

Sorprendámonos con el resultado e un simple cambio de actitud en este asunto. Nuestras bellezas asomarán como flores en primavera.

http://www.brunoperon.com.br
Publicación Barómetro


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