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En honor a la verdad

Ernesto Wong Maestre :: 29.07.14

“Otro fantasma recorre el mundo”. Quisiera así la burguesía que exclamáramos cuando se interpreta el dinamismo de la política exterior de China.

Pero no, ya no es un fantasma ni es una utopía más, es el socialismo hecho proyectos populares en ejecución, es la nueva concreción del ideal socialista en sus versiones china, cubana, venezolana, boliviana, nicaragüense, bielorrusa, vietnamita, entre otra decena de condiciones histórico-concretas en que se transforman muchas de las sociedades del Sur y también alguna del Norte como lo está haciendo la rusa a su manera y con sus particularidades, basándose todas en los inolvidables principios socialistas de producción, distribución, cambio o consumo, y en esas riquezas cognitivas aportadas por el saber universal para construir la verdadera democracia, el poder del pueblo.

Es la nueva diversidad que va trascendiendo, mediada por la gestión y fortaleza de los Estados con la aprobación popular, hacia la conformación de un mundo pluripolar y multicéntrico que sigue amenazado por las estrategias imperialistas de la OTAN y de los intereses de sus miembros más potentes. Por ello es por lo que está siempre latente, como la espada de Damocles, la bipolaridad multicéntrica o la necesidad de la batalla por la paz que solo será posible cuando se desintegre el sistema imperialista o el polo pacífico alcance tal poderío frente al polo belicista que eso se convierta en una verdadera disuasión bélica antiimperialista.

Los pueblos del siglo XXI, a pesar del control mediático mundial por parte de las corporaciones de la noticia y la información, saben distinguir, cada vez mejor, entre el accionar imperialista de Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña o Alemania, y las operaciones de las potencias emergentes como China, Rusia, Brasil, India y Suráfrica que antes fueron colonizadas o agredidas por las primeras, y después han sido víctimas de la neocolonización durante varias décadas y aún hoy están sujetas a prácticas imperiales, a las que confrontan con proyectos integracionistas.

¿Qué ciudadano del mundo puede hoy confundir las políticas agresivas, militaristas, intervencionistas y explotadoras de los gobiernos de Estados Unidos con las políticas de cooperación en beneficio mutuo o de inversiones de capitales de mutuo acuerdo que implementa China en estrecha coordinación con los gobiernos del sur que juntos se dedican a dar mayor bienestar, felicidad y seguridad a sus pueblos?

Los que califican a China de “otro imperialismo” son aquellos testaferros del Complejo Militar-Financiero-Comunicacional imperial de EEUU que están preocupados por los potentes avances del socialismo chino. Día tras día, la República Popular China va dejando atrás a las potencias capitalistas, y sin ninguna ambición o egoísmo va compartiendo sus tecnologías, sus servicios y sus productos con precios solidarios y tratando a cada país receptivo y dispuesto a la reciprocidad solidaria en planos de igualdad, respetando la soberanía y el derecho a la autodeterminación que tiene todo pueblo.

Nunca antes una potencia mundial trató en plano de igualdad a los países de América Latina, África o Asia, como hoy lo hace la República Popular China en diferentes sectores y ámbitos de la vida nacional. Nunca antes un país agrícola como China llegó a conquistar el cosmos en seis décadas y comenzar a construir una ciudad estelar entre los astros y la Tierra como la están construyendo los científicos chinos. ¿Qué potencia había compartido sus logros tecnológicos espaciales con otro país no potencia que no fuera en el siglo XX la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y ahora en el siglo XXI China?. El gigante asiático socialista ofrece en condiciones ventajosas, respecto a las potencias capitalistas, sus satélites y sus servicios formativos a sus aliados de menor potencia, que la diferencian sustancialmente de cualquier potencia capitalista que haya incursionado en el espacio cósmico. Venezuela y Bolivia son dos países latinoamericanos que se han beneficiado de tales condiciones y hoy disfrutan de satélites propios para proporcionar numerosos beneficios a sus pueblos.

Quienes pretenden cercenar el futuro independiente y soberano de los pueblos tratando de enemistarlos con China son precisamente los racistas y burgueses que menosprecian a los pueblos llamando a la población, empobrecida por el propio capitalismo, “arrastrados”, “patas en el suelo”, “harapientos”, “cholos”, “los villeros”, sean obreros, campesinos o simplemente indígenas.

Quienes pretenden obstaculizar la vía del desarrollo sostenible e integral que ofrece China a sus aliados estratégicos tratando de presentar al gigante asiático como un “imperialista” son los que siempre han subestimado las capacidades emancipadoras de los pueblos y los condenan al ostracismo para que no sean capaces de quitarse el yugo capitalista de quienes los subestiman y se aprovechan del poder económico que detentan.

Los venezolanos patriotas tienen en su desiderátum “desmontar el sistema neocolonial de dominación imperial”, como lo establece el Plan de la Patria 2013-2019 en su punto 4.4. y los antipatriotas aspiran a evitarlo tratando de falsear la realidad y enemistar a los venezolanos y venezolanas con China.

Faltan al respeto de los pueblos quienes los ven como incapaces de dirigir sus destinos, autodeterminarse o de controlar a los inversores extranjeros, sobre todo en los países donde Gobierno-Pueblo-Fuerza Armada conforman una unidad política de transformaciones sociales. Esos irrespetuosos son los mismos que tratan de horadar la unidad cívico-militar y no dejan de conspirar para desestabilizar a Venezuela y derrocar a su gobierno popular, usando todos los medios de comunicación y desinformación a su antojo y aprovechando su poder económico para especular, robar, chantajear, cooptar, extorsionar, y así detener la consolidación del sector público de la economía que es la fortaleza económica del pueblo en Revolución.

Los que menosprecian y subestiman a los pueblos son los mismos explotadores de la mano de obra trabajadora que roban los valores agregados, creados por quienes producen, sin retribuirle nunca esas equivalencias ni compartir con ellos esas grandes ganancias, lo que resulta a todas luces diferente de lo que está logrando el Gobierno Bolivariano en su alianza con China que refuerza todo el sistema de Misiones Bolivarianas y proyectos sociales en beneficio de todo el pueblo en su conjunto porque de la infraestructura (transporte, comunicaciones, vialidad, puertos, aeropuertos, edificaciones) en desarrollo se están beneficiando todos los sectores y clases sociales lográndose así un mayor equilibrio con justicia social hacia los que históricamente fueron los explotados.

Es un tránsito hacia ese tipo de sociedad visualizada en el artículo 2 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela donde su Estado debe ser “democrático y social de Derecho y de Justicia, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y, en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político”. Estado que constitucionalmente se fija como “fines esenciales la defensa y el desarrollo de la persona y el respeto a su dignidad, el ejercicio democrático de la voluntad popular, la construcción de una sociedad justa y amante de la paz….”.

Por ello, los que se oponen a la alianza estratégica integral con China son los mismos que se oponen a la democracia cuando insisten en desconocer al Presidente Constitucional Nicolás Maduro y se oponen a la construcción de una sociedad justa al rechazar el apoyo financiero para la industrialización integral y sostenible de la Nación. Son esos que no aman la paz y por todo ello son los que violan sistemáticamente la Constitución de la República Bolivariana.

Todos los pueblos comprenden plenamente que el gobierno socialista de China tiene una alta responsabilidad con sus mil trescientos cincuenta millones de ciudadanos y ciudadanas de ese país, a quienes ante todo, debe garantizarles bienestar, seguridad y felicidad en razón de las ocho o nueves décadas de sacrificios consciente de su población para lograr tener una Patria libre socialista, independiente y plenamente soberana.

Además de ello, China ofrece en sus convenios internacionales las condiciones financieras más óptimas para ser aceptadas por sus contrapartes, siempre en el entendido del “provecho mutuo” para las partes y la solución pacífica de las controversias y conflictos. Todo ello muy distante de lo que histórica y actualmente hace el Fondo Monetario Internacional con sus Paquetes de Ajuste Estructural que impone a los países necesitados de inversiones extranjeras y que los conduce la ruina y a la pérdida del control político sobre su territorio y su población, tal y como lo observamos en los países que han suscrito TLC con EEUU donde una de las condiciones imperiales es estar sujetos a las normas del FMI.

El imperialismo es la fase superior del capitalismo, así lo concibió el fundador del primer Estado socialista del mundo, Vladimir Ilich Lenin, y lo caracterizó resaltando sus cinco rasgos al iniciarse el siglo XX, todos vigentes en su esencia, tal y como lo ha interpretado el acucioso investigador Atilio Borón en su obra Imperio, Imperialismo, o en su genial estudio de aplicación “América Latina en la geopolítica del imperialismo”. Según esos estudios y los de Antonio Gramsci o Ernest Mandel y las tesis de Albert Einstein, entre otro centenar de investigadores y tomando como referente la filosofía política de los líderes revolucionarios de Nuestra América como Fidel Castro, Hugo Chávez, Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa, el imperialismo como sistema hegemónico es monopólico, avasallador, explotador, expansivo, belicista, inamistoso con los pueblos del sur, antidemocrático, depredador, criminal y degradante del ser humano.

Fue el imperialismo yanqui con todos sus monopolios quienes convirtieron a Venezuela en “una factoría petrolera subordinada al modelo consumista y belicista del imperialismo yanqui” donde “nació un régimen capitalista, represivo y neocolonial que hundió al noble y glorioso pueblo de Bolívar en la más grande miseria material y moral”, reconoce el Plan de la Patria 2013-2019 en su primer Objetivo Histórico.

Por ello, quienes tratan de igualar a China con el imperialismo yanqui son también los que pretenden de que Venezuela no logre ser una potencia y no pueda reducir a niveles “no vitales la participación tecnológica de las potencias imperiales en proyectos de desarrollo nacional” y no pueda eliminar “la participación tecnológica de las potencias imperiales en sectores estratégicos para la soberanía nacional” que son dos objetivos estratégicos propuestos por el Comandante Eterno Hugo Chávez Frías en el 4to Objetivo Histórico del Plan de la Patria (*).

Se debe tener mucha confianza y certeza de que China socialista podrá apoyar y cooperar para alcanzar los Cinco Objetivos Históricos, los Nacionales, Estratégicos y Particulares del Plan de la Patria porque mientras las capacidades soberanas se reducen al mínimo en las condiciones de la hegemonía estadounidense sobre la Nación, con la alianza estratégica integral China-Venezuela las potencialidades venezolanas crecen y se expanden, los niveles de seguridad se elevan y pueden consolidarse. Particularmente porque ambos pueblos disponen de las virtudes, el talento y la valentía necesarias frente al depredador capitalismo y para actuar transformadoramente en beneficio mutuo, y en solidaridad con otras naciones necesitadas como se hace en la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba) y en Petrocaribe.

La historia dirá la última palabra porque el pueblo en Revolución hace su historia y sabrá hacer honor a la verdad y a su memoria histórica. Hoy alza la voz y proclama junto a su Libertador Simón Bolívar: “Lo que se ha hecho no es más que un preludio de lo que podéis hacer. Preparaos al combate y contad con la victoria…” (**)

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Notas:
(*) Léalo en http://albaciudad.org/LeyPlanPatria/


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