El segundo secuestro de Ingrid Betancourt

La “liberación” de Ingrid Betancourt: un palo embarrado por las dos puntas.

La “liberación” de Ingrid Betancourt: un palo embarrado por las dos puntas. Por un lado, está la moralmente deplorable acción de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) de pretender justificar el uso de medios crueles e inhumanos, como el secuestro, para adelantar un fin revolucionario. ¿El fin justifica los medios? ¿Qué justifica entonces el fin? Decía con razón el filósofo argelino-francés Albert Camus que el medio. La moral del rebelde tiene límites.

Ningún fin que requiera para su adelanto, por ejemplo, la opresión o tortura de un ser humano por otro, puede justificarse desde una perspectiva revolucionaria. El fin emancipador de toda explotación de un ser humano por otro sólo se puede adelantar a través de medios éticamente comprometidos con la más absoluta valoración de la libertad y dignidad humana. Desde una óptica revolucionaria, el ser humano nunca puede ser considerado un medio. El ser humano es nuestro fin.

Por otro lado, está el burdo montaje del que es responsable el presidente colombiano Álvaro Uribe con el propósito de revertir ante la opinión pública colombiana la pérdida de legitimidad de su presidencia al denunciarse por el Tribunal Supremo de ese país la compra de votos en el Congreso para revisar la legislación electoral que permitió su reelección. Uribe se había pronunciado recientemente por la celebración de un referendo popular para legitimar su reelección del 2006.

Y es que si la Operación Jaque con la que alegadamente se “liberó” a la política franco-colombiana parece demasiada perfecta como para ser verdadera, conforme al historial pasado del gobierno en relación al tema de los rehenes en manos de las FARC, es por que tal vez realmente constituye un monumental engaño.

Según diversas informaciones confiables, se empiezan a barajar diversas versiones acerca de lo acontecido. La primera es que se pagó un rescate de 20 millones de dólares a los guerrilleros de las FARC responsables de la entrega. Esta versión, difundida por el diario electrónico francés MediaPart, asegura que la operación “no fue un logro del Ejército colombiano, sino que se debió a la rendición de un grupo de las FARC”, producto de una “negociación directa de los servicios secretos colombianos con el grupo guerrillero que tenía cautiva a Betancourt”.

Según la emisora pública suiza Radio Suisse Romande (RSR), una fuente “fiable” y cercana a los acontecimientos le asegura que el gobierno de Bogotá, con la ayuda de Washington, pagó a Gerardo Antonio Aguilar, alias “César”, uno de los dos guerrilleros detenidos, la suma antes mencionada del fondo de 100 millones de dólares que tiene Colombia para comprar a los guerrilleros que deserten y faciliten información o entreguen a secuestrados. Aguilar, junto a Alexander Farfán, el otro guerrillero, se beneficiarán presuntamente de una amnistía y serán asilados en otro país, posiblemente Francia. Señaló la RSR que, según su fuente, la operación militar fue una simple “puesta en escena”. Abundó que los tres mercenarios estadounidenses también liberados junto a la Betancourt explican la intervención del gobierno de Estados Unidos en el operativo. Era de esperarse que, como es común en estos casos, las autoridades colombianas, francesas y estadounidenses negasen haber pagado el rescate.

Una segunda versión de lo acontecido es la dada a conocer por la Agencia Bolivariana de Prensa (ABP) desde Caracas. Según ésta, el Ejército colombiano interceptó el proceso de implementación de la liberación, ya negociada por la guerrilla y una delegación franco-suiza, para “presentarla como un éxito del Gobierno”.

Según la ABP, la dirección de las FARC había expresado a la delegación europea, integrada por el francés Noel Sáez y el suizo Jean Pierre Gontard, “su disposición a liberar los rehenes”. Ello “plantea dudas sobre hasta qué punto la liberación estaba ya acordada y si el Ejército colombiano la interceptó para presentarla como éxito del Gobierno”. Los dos enviados europeos, los cuales contaban con la autorización del gobierno colombiano para sus contactos, fueron objetos, como era de esperarse, de “un estrecho seguimiento” por parte de las fuerzas de seguridad locales. De ese modo estarían en condiciones de interceptar la liberación o, en el caso de no poderla controlar, abortarla tal y como hicieron con el proceso de negociación que se daba al momento del ataque militar al campamento del comandante guerrillero Raúl Reyes en Ecuador.

Por su parte, la agencia internacional de noticias Inter Press Service (IPS), coincide con la versión de la ABP. Aseguró ésta que según una fuente de la propia guerrilla: “La liberación estaba programada para este fin de semana o el próximo, según había acordado el secretariado y el propio Alfonso Cano, por eso se daba el reagrupamiento. Las fuerzas armadas se enteraron e interceptaron la liberación para hacer creer que se trataba de un rescate”.

Bajo este segundo escenario, aparece el abogado de los guerrilleros detenidos, Aguilar y Farfán, alegando que en la operación de rescate participaron extranjeros y que sus representados fueron engañados pues creyeron que estaban facilitando una misión humanitaria. Asimismo, el gobierno de Estados Unidos ha informado haber solicitado la extradición de ambos guerrilleros para ser juzgados en Estados Unidos por su colaboración en el secuestro de los tres mercenarios estadounidenses.

Así las cosas, Uribe procedió a “secuestrar” a la Betancourt para sus propios fines, usándola como un codiciado trofeo. Además de relegitimar su presidencia, procedió a lavarle la cara a unas fuerzas del orden público denunciadas nacional e internacionalmente como responsables de graves violaciones a los derechos humanos y constitucionales de miles de colombianos.

De ser así, Ingrid Betancourt jugó a la perfección el papel esperado por sus nuevos captores. Le agradeció a Uribe su “liberación”, es decir, al mismo que hasta el día anterior su madre, esposo, ex esposo, hijos y amigos denunciaban como su peor enemigo y el mayor obstáculo para alcanzar su libertad. Se pronunció a favor de la reelección de Uribe y bendijo como guiadas por la mano de Dios a las fuerzas militares y policiales colombianas.

Los resultados no se hicieron esperar. Según una encuesta realizada por el Centro Nacional de Consultoría para la revista Semana, si en estos momentos el actual mandatario se postulase a una segunda reelección obtendría el 72 por ciento de los votos. Uribe consiguió así revalidar espectacularmente su política de confrontación militar con la guerrilla de las FARC, a tono con su política de seguridad enmarcada en su alianza estratégica con Washington.

Sin embargo, una vez la Betancourt pudo salirse del cerco que le montaron sus “liberadores”, en París empezó poco a poco a tomar cierta distancia de éstos. Primeramente, caracterizó su “liberación” como un operativo de paz y no de guerra, a la vez que reconoció la importancia de la mediación francesa para evitar que prevaleciese la opción militar, como lo prefería el gobierno de Uribe. Además, instó al presidente colombiano a rectificar su lenguaje guerrerista hacia las FARC. “Hemos llegado al momento en el que es preciso cambiar ese vocabulario radical, extremista, de odio, de palabras muy fuertes que hieren íntimamente al ser humano”, señaló.

En declaraciones dadas a la cadena BBC, fue más enfática en marcar cierto distanciamiento frente a Uribe cuando expresó: “El único país que todavía tiene guerrilla es Colombia y por eso es que estamos en la extrema derecha…Quienes han elegido a Uribe son las FARC. Si no hubiera FARC, no habría Uribe. Los colombianos votan por Uribe porque están hasta la coronilla de las FARC”. Sobre sus diferencias con el mandatario colombiano continuó abundando que, a su juicio, el problema de Uribe es que “concibe el problema colombiano como una crisis de violencia, de seguridad, y esa crisis de seguridad, esa violencia es la que produce un malestar social”. Ella, insistió, piensa “al revés”.

“Para Uribe, el final de las FARC es el restablecimiento de la paz en Colombia. Para mi, la paz de Colombia pasa por unas transformaciones sociales”, puntualizó la otrora rehen de las FARC y, como no decirlo, también de Uribe.

Al preguntársele cómo se define ideológicamente en estos momentos, respondió la política franco-colombiana: “Yo siempre seré de izquierda. Mi corazón estará siempre a la izquierda…Yo estoy en una izquierda que es una izquierda del corazón…Uno tiene que estar donde la gente sufre, donde uno puede hacer la diferencia”.

Según diversos sondeos, Ingrid Betancourt encabeza la intención del voto para las elecciones presidenciales de 2010 en Colombia, en el caso de que Uribe no se presente por tercera ocasión. Al respecto, su única reacción ha sido reconocer que la política es su “destino” pero que hablar de una candidatura a la presidencia “por ahora, suena algo muy lejano para mí”.

“Por el momento, quiero poner mis ideas en claro”, concluyó.
Uno que compartió con Ingrid Betancourt en la selva durante su secuestro cuenta como ella pasaba sus horas confeccionando un plan de gobierno que llegó a incluir cerca de 200 puntos. Ello explica por que Uribe no tuvo prisa alguna en promover su “liberación” y sólo accedió a ello cuando ya no le quedaba otra alternativa.

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