Desde Cuba hacia el 2015.

La accountability que atenaza a la cultura política socialista durante la implosión imperialista de lo político. (I)

Acerca de cuáles son las armas necesarias al interior de nuestro modelo socialista para discernir las reales intenciones de la política angloestadounidense con relación a Cuba.

“la revolución verdadera, de liberación humana y social y de creación de personas nuevas, es difícil, conflictiva y a veces inaceptable.” Fernando Martínez Heredia.

Introducción.

La transición socialista posible será el ejercicio democráticamente empoderado (1) del grado pertinente de cultura política, durante actos efectivos de justicia social garantes de la soberanía nacional, para una reproducción que corresponda a la equidad sustentable contra la falta de control popular vinculante sobre esa reproducción. La rendición de cuentas protege al grado de cultura política socialista pertinente contra la evasión a ese control popular. O el intento de moderarlo.

La implementación socialista aún padece de insuficiencias durante la reproducción en busca de equidad social. El empoderamiento del pueblo políticamente organizado todavía es su “talón de Aquiles” (2). El control legal sin el empoderamiento antes enunciado es un instrumento político de la autoproducción burguesa.

I. El capitalismo se autoproduce mediante la propiedad privada sobre los medios fundamentales de producción.

Partiendo del canon de la sociedad angloestadounidense, hoy globalizado, de “libertad en la desigualdad” cada proceso que se semantice como capital es apalancado (3) por la administración de su acopio desde la ley burguesa (4) para reafirmación del canon que responde a los intereses de los grupos de poder político con un fuerte soporte ideológico (5). La inversión social es sometida al valor de cambio de dicho acopio. O los grupos de poder exigirán el regreso al redil de su control.

La emergencia del neoliberalismo para compensar a la crisis (6) agravada desde el 2007 desanudó las riendas sobre una disciplina fiscal burguesa. Los grupos de poder tras el divorcio del dólar de su dependencia del oro como patrón de medida a principios de los setenta en EEUU y junto al desmantelamiento de la sociedad del bienestar, mantienen secuestrado al control “legal” de dicho proceso; al dólar-USA y a sus implicaciones bursátiles.

El imperialismo vapulea a las mayorías; el control plutócrata tiene su esencia en una potencia social particular (7) en que devino ese acopio parasitario que es una relación de poder (8). Durante la crisis agravada del sistema capitalista se recorta o desaparece la inversión social, los fondos de jubilación; la deuda y la hipoteca del insolvente expolian a los países deudores. Los intereses apalancados son un nodo básico para el acopio parasitario capitalista en esa relación de poder. El concepto plutócrata de accountability reacciona sobre quién deslice un índice hacia (o contra) esa acumulación.

El discernimiento burgués limita la política a la actividad profesional de los partidos “legalmente” instituidos. El político burgués no interactúa con el cuerpo social sino que pugna contra él, lo que distingue a varios empaques de la cultura política capitalista: al Estado que define las relaciones de poder y modos de dominación en la unidad simbólica de la sociedad; a la sociedad civil y a los actores políticos. A la mediación institucional tutelada por el orden impuesto a la base social por el poder político. El grado pertinente de cultura política capitalista dilucida quién y cómo somete a las relaciones entre las gentes y el Estado, es decir, entre la ciudadanía y la forma en que ésta se representa ante el Estado para el encausamiento de demandas sociales y la resolución de los conflictos.

Todo lo anterior subordinado, mediante la economía neoclásica, a la autoproducción burguesa en su acopio parasitario de capital como relación de poder.

En tal contexto se evidencia a la irresponsabilidad política como el pináculo de la accountability posible en los entuertos de las agencias internacionales que prestan bajo intereses leoninos; como de los gobiernos que se sobre-endeudan (9). La plutocracia global, sus finanzas y acciones operativas someten a los estados y a las culturas. Una contraloría alternativa sería el comienzo de un trastorno que la accountability sistémica se encargaría de hacer pasar por ilegal.

El término anglo accountability (10) es un vocablo sin traducción literal al castellano. Etimológicamente semantiza al acto de rendición de cuentas, a la responsabilidad personal y legal que dicho acto conlleva. Ambas interactúan con la “culpa” previa – preliminary blame-, de no ser leal –trustworthiness-, preciso –conscientiousness-, apropiado –reliability-, y capaz –skill. Ese mandato pesa –burden, dead weight, load-, sobre la responsabilidad personal dentro de la turbulencia burguesa como políticamente necesario. Lo que hace, hipotéticamente, del funcionario público a cualquier nivel una prueba agobiante para la cultura política capitalista.

Las propuestas socialistas no aplicaron suficiente control legal económico-financiero sobre el movimiento de los recursos estatales en manos de individuos que los disciernen como propiedad privada; a prerrogativas materiales y sociales en medio de conflictos graves debido a la insustentabilidad en la producción de bienes materiales, a los trastornos en su valor de uso y a la imprevisión contra una economía ilegal –que no, simplemente informal.

Estado y legalidad son relaciones necesarias en la transición socialista posible. Trabajo y productividad son sociorelacionales. Sin ética (que no sacrificial), ni libertad individual en equidad a compartir habrá antagonismos tensando aún más la bisagra entre la cultura (el proyecto emancipatorio) y la política (11).

El derecho a la libertad ciudadana individual, a mofarse de las jerarquías serviles, dogmas y verticalismos, a escoger la ocupación laboral que mas beneficie no puede estar por sobre el derecho, la dignidad y la libertad ciudadana individual de los otros en la autoproducción socialista posible. La libertad ciudadana en equidad es una relación a reproducir en democracia. La ciudadanía está en permanente reajuste socialista; su cultivo sociorelacional mantiene a la subjetividad ciudadana en una búsqueda –ardua, accidentada- de la equidad efectiva en la diversidad.

La reproducción de la decencia como valor social y los trastornos que esta padece son insuficientemente analizados, aún, en la hegemonía efectiva socialista. Lo que trae a colación a un entuerto que despolitiza a la sociedad manifestándose en el funcionariado que convierte a la autoridad delegada en culturalmente oligofrénica que le garantiza un salario, asignación material y legitimidad social al margen de un mandato popular empoderado por democrático.

La pasividad social dribla en la vida privada y pública de individuos subjetivados dentro del actual modelo cubano hegemónico, durante los problemas entre personas naturales y/o jurídicas que entrañan algún modo tóxico de relación social y convergen en la tragedia de una inercia resentida que degrada al compromiso político socialista; que es una relación social contra la pacificación mental imperialista.

La autoproducción burguesa aprovechó cualquier interpretación hermenéutica anterior a ella para promover una virtus “helénica” (12) que eternice al sistema capitalista y a su poder durante la intersubjetivación entre los “selectos”, al acopiar durante la expansión histórica de su cultura a todos los modos de dominación que le precedieron.

Ese trastorno obstaculiza a la lucha por la equidad para todos al invocar a una integridad pseudo-revolucionaria. De ahí que durante el cambio radical socialista apunte a una selectividad individualista que posibilite el acceso al poder social (como funcionario) a un individuo supuestamente decente bajo compromiso político irrisorio.

Todo está en que los intereses individuales sean los que culturicen a la memoria común de los individuos subjetivados para disimularlos contra la socialización hasta lo posible de la libertad ciudadana en democracia mediante distribución equitativa del poder. Aun si la transparencia absoluta es improbable debido al complejo tráfico de la información hacia su semantización, históricamente contextualizada, para devenir en conocimiento, es necesario reconocer lo inútil de teleologizar a la imprevisible dinámica cultural que manifiesta la sociedad en su cotidianidad a través de reajustes permanentes a aplicar durante pugnas y demarcaciones comunes.

Esos intereses evaden rendir cuentas durante el cambio social radical contra la autoproducción burguesa. Alguien puede presentarse ante sí y ante los demás como merecedor de crédito; ejemplar. Pero desafiará a su conciencia ante una catarsis que lo ciegue, concentrándose en su propio ombligo como centro abstracto de discernimiento, en medio de una realidad que lo implica y a la que no puede (o no quiere) comprender en toda su dimensión política. Por la tentación de quien acepta o calla ante el orden constituido; subordinado al “equilibrio oportuno” por sobre los trastornos que provoque.

La sumisión política elude a lo que resulte conflictivo si equivale al análisis crítico por orgánico; y advierte un interés disimulado por paralizar toda iniciativa que pueda resultar «sospechosa».

Ser «gente de confianza» para una autoproducción excluyente dentro de la que los individuos intersubjetivados procuran mantenerse más en función de sus “cualidades” que enfrentando a los problemas sociales. Inmerso en la obsesión por aparecer inofensiva para las instituciones; escudriñando la mejor relación con una instancia del poder que proteja a sus intereses, hasta hoy insuficientemente estudiados.

El corolario es una rendición de cuentas donde priman la hipocresía, el disimulo, la «doble vida», la negación a reconocer los fallos propios e incoherencias en lo político. Y la amenaza de articularse superior a los demás -por legitimación académica, etnócrata, fenotípica, de género u opción sexual, o socioclasista.

Se puede asumir el cambio radical en favor de la justicia social efectiva con el grado pertinente de cultura política, apelando a instituciones que expediten esas buenas intenciones. Pero si se entra en las reglas del juego de ciertas mediaciones subjetivas e institucionales cualquiera, por muy buena voluntad que tenga, se podría ver acosado por los entuertos de una ideología que se disfraza de praxis política socialista para el cambio social, siendo el producto de otros alicientes que poco o nada tienen que ver con aquella.

A partir de una ideología (apelamos a la perspectiva marxista del concepto) una casta burocrática sacrifica la transición socialista a su autoproducción en el poder. No existe neutralidad política; simplificar a la praxis política para el cambio social radical en la transición socialista tiende a una prerrogativa de casta (13).

El individuo se intersubjetiva en un contexto histórico determinado como sujeto político. No existe decencia posible sin honradez política. No se cultiva al modo sociorrelacional ciudadanía sin posicionamiento político.

Durante la cotidianidad en transición socialista ciertos conflictos se deslizan por inferencias deshistorizadas que evadan sospechas acerca de los fines de algunos individuos “decentes”. El resultado sería la emergencia de quienes puedan insertarse en la insoportable polarización de la distribución (global) de lo “escaso”.

El capitalismo se guía por los intereses de los sectores sociales, aun a riesgo de mantener una inestabilidad crónica (Marx). Y descansa sobre las tensiones de sus crisis que reajustan mediante su accountability al acopio parasitario socialmente improductivo; apelando al capital como una relación social de poder.

La actual hegemonía del capitalismo es políticamente autista porque se concentra en servir a esa potencia social particular que vigoriza y expande a la polarización insoportable en la distribución de la riqueza; está en función de blindarla contra el cambio radical socialista.

Modelar alternativas aún será arduo y plagado de amenazas que obligan al despliegue de voluntad política y creatividad suficientes durante ese cambio social radical. El ejercicio del poder es la más perentoria y compleja de las funciones políticas para una alternativa anticapitalista.

El imperialismo exige implotar a la capacidad de disenso político anticapitalista dentro del socialismo; despolitizarlo sometiéndolo a su expansión cultural.

II. La práctica política.

En el socialismo hacer política hoy obliga a cultivar con delectación al disenso crítico por orgánico, subjetivamente a irse por sobre la cotidianidad existente. Situar al proyecto socialista por sobre el poder; algo que ya se ha dicho pero a ratos parece insuficientemente redundado.

La norma para la praxis política anticapitalista tiene que ser (es) el discernimiento crítico pertinente mediante el cual trazar la dimensión de la libertad ciudadana propia, y a partir de allí respetar la libertad de, y la equidad con los otros, en función de alcanzar el equilibrio posible contra las dominaciones y las exclusiones a través de actos de justicia social efectivos. Tiene que concurrir un modo radicalmente socialista, desde cabeza propia respetando el criterio y el espacio del otro, siempre que ese otro no intente subvertir al Derecho y a la legalidad, consensuados en democracia. Porque el diálogo y el consenso posibles desaparecerían. Con la autoproducción burguesa nunca se negocia. Es la política socialista.

Tales límites comunes durante la praxis política en la convivencia social tienen una fuerte dependencia de la acumulación histórica en una sociedad. Sin esa implicación sería improbable la praxis política socialista. Hay una interacción ineludible durante la reproducción entre esa acumulación, el nivel de cultura política (socialista) pertinente y la función antes enunciada para la producción y distribución amplia, por democrática, del poder.

Tocante al carácter sistémico de la cultura política, en la medida en que se complica el estudio sobre la autonomía del campo de lo político “y de lo político mismo” sin agotarlo en la actuación estatal, ni en su importancia durante la praxis pertinente para la rectificación radical posible del actual modelo de socialismo cubano, aumenta la implicación del grado de la cultura política como producto a largo plazo de la historia; es decir, adquiere un carácter sistémico.

La cultura política es la consecuencia de acumulaciones históricas desde las que, mediante selectividad intersubjetiva, se diseña y adquiere sentido un sistema político para el cambio radical o la continuidad no-teleológica del pasado en su interacción con el presente hacia futuridad. Debido a la deshistorización en el ejercicio de su poder, el sistema político capitalista “reconfigura” sociedades mediante la dominación política indispensable.

¿Por qué esa interacción, mediante selección intersubjetiva, para la continuidad no-teleológica del pasado en su interacción con el presente hacia futuridad, entre acumulación histórica y modelo de sociedad (o cotidianidad), indispensable a la cultura política en su grado pertinente?

Es necesario reconocer la imposibilidad de teleologizar a la imprevisible dinámica cultural que manifiesta la sociedad en su reproducción a través de reajustes permanentes a aplicar para el consenso, indispensable durante pugnas y demarcaciones comunes. Tal proceso es improbable sin el grado de cultura política socialista pertinente.

No es la administración (estatal) de la sociedad, sino la garantía de la concienciación de modos relacionales a socializar hasta lo posible, como libertad o ciudadanía en democracia mediante distribución equitativa del poder.

El grado pertinente de cultura política se actualiza a través de esa interacción (por selectividad intersubjetiva) entre acumulación histórica y modelo de sociedad. Dicho grado de cultura política pertinente implica:

-Al proyecto de emancipación social asumido y a la praxis política posible para su materialización.

-Al empoderamiento en democracia y libertad posibles de los sujetos (no meros individuos) a partir de ese grado pertinente de cultura política que conmina a reconocer al de la libertad propia y la del otro o los otros. A partir de la apropiación consciente de una interacción desalienada dentro de la diversidad, principio bastante maltrecho desde la intensión de implosión política imperialista al interior del socialismo.

-A partir de tal empoderamiento, al derecho de los sujetos concienciados en democracia efectiva, conque eliminar la posibilidad de dominación de unos sobre los otros. Es decir, al control democrático sobre la política desde el grado de empoderamiento que corresponda a cada uno, en pos de un proyecto social de emancipación (socialista), que equivalga al compromiso del poder político con el proyecto de emancipación. Cuando dicho poder somete al proyecto de emancipación, lo domina mediante intereses políticos que inevitablemente lo constriñen a una circunstancia determinada dentro de la compleja sistémica social.

-A la garantía de ese grado de cultura política socialista pertinente que impida que alguna expresión de la diversidad cultural activa dentro de la sociedad, aprovechando trastornos en la cultura política, apele a ellos para someter a otra porción social de esa diversidad. O contra la auto-banalización de expresiones de la diversidad cultural, hasta que sus portadores crean posible, o mejor, beneficioso existir en el campo de la cultura al margen de lo político, o trocándolo por su valor de cambio: rentismo improductivo. La despolitización de alguna expresión de dicha diversidad, apropiándose de lo social sin vínculo con los asuntos y problemas sociales. Es la política manifiesta en el analfabetismo funcional, cuando el poder somete al proyecto de emancipación y constriñe a la cultura; es decir, condiciona de manera trastornada al reajuste del grado de cultura política pertinente.

La representatividad actual más avanzada en la democracia socialista aún es insuficiente para inmunizarse del proceso anterior.

Existe una tendencia (casi naturalizada) a la burocratización del poder político al limitarlo a la administración y el orden de la sociedad, a partir de normas y directivas que emanan de dicho poder representante conque acomodarse a un modo de dominar, por muy “blanda” que parezca la opción asumida al respecto.

-No existe acto de justicia social eficaz dentro de un proyecto de emancipación socialista, desde una opción del poder político que someta al grado pertinente de cultura política. Siempre tendrá un límite impuesto no por la integración de los sujetos a partir de la distribución democrática y amplia del poder, sino por los intereses burocratizados del grupo o casta en el poder político-económico. Esta tendencia a la burocratización del poder para blindarlo de la intervención (contraloría) del pueblo políticamente organizado es consuetudinaria en la modernidad capitalista.

Desde lo que nos queda del legado de la cultura liberal de euro-occidente, donde el poder es una abstracción constantemente separada del control posible por parte de los sujetos (ciudadanos). En la disposición de clases, grupos y estratos, o núcleos familiares, devino en una condicionante psicosocial que, por ejemplo, ahora mismo vapulea sinuosa al modelo actual de sociedad cubano, activándose a nivel medio, o comunitario desde un “arriba” que implica a normativas inamovibles.

Organizaciones sociales como los CDR, los sindicatos, asociaciones gremiales, que pueden o no formar parte de lo que en la actualidad se denominan movimientos sociales, son susceptibles de ser acorraladas dentro de la burocratización conque asegurar intereses de corporativismo político.

La imposibilidad de la dominación política imperialista coherente a nivel global refuerza al corporativismo político del capitalismo colectivo; son sus intereses los que están en función de esa implosión política imperialista.

-Es improbable que pueda concebirse al pueblo políticamente organizado y empoderado desde distribución amplia por democrática del poder para evitar el sometimiento del proyecto de emancipación (cultura), sin el grado pertinente de cultura política socialista. Las inquietudes al respecto solo pueden ser solucionadas a partir de una subjetividad culta en democracia; que los ciudadanos con independencia de su labor profesional, oficio u ocupación laboral disciernan de qué se habla cuando exista alguna referencia a tales asuntos. Nadie podría defender su libertad, respetar a la libertad de los otros, conservar y defender valores, ni crear un espacio equitativo de interacción social, desde la insustentabilidad o la falta de actualización en el grado de cultura política socialista pertinente; que equivale al de cultura general. De esa dificultad no se salva ni la misma dirigencia que represente a ese pueblo políticamente organizado, si adolece de tal problema.

Con asesores se mitiga el asunto solo en parte. Que, por cierto, puede extenderse a una porción de la producción de pensamiento.

-Esa interacción entre acumulación histórica y modelo de sociedad, que se manifiesta de manera selectiva por parte de una subjetividad en contexto histórico determinado, puede experimentar retrocesos, obstrucciones, desajustes; y crisis por incertidumbre a partir de un reajuste deficiente del grado de cultura política socialista pertinente. La dinámica de una cultura es imprevisible.

La tendencia histórica durante procesos revolucionarios para el cambio social anticapitalista, radical, manifiesta etapas de retroceso que propician clausuras culturales impuestas por la burocratización, el primer síntoma del poder político al someter a la cultura con que relegar a los sujetos a normativas que obedecen a los intereses de determinada manifestación de corporativismo político (¿no parece un objetivo estratégico de la guerra política angloestadounidense contra Cuba?). Dirigentes o grupos, municipales o provinciales que durante décadas ocuparon (¿ocupan?) puestos determinados en la organización social, leyes y procesos legales y organizativos que se añejan hasta la inoperancia sin que “alguien” se percate. Determinados modos de control, o acomodamiento a los caprichos y conveniencias de un grupo en específico.

No se refiriere a la administración ni al orden de la sociedad; sino al modo en que los sujetos reconocen, y se manifiestan dentro de la dimensión de la libertad y sus límites.

Puede ocurrir un abandono del proyecto emancipatorio socialista que se manifieste mediante una dispersión imprevista del grado de cultura política alterando la dirección en la que debe encausarse el cúmulo de los problemas y asuntos sociales; muy bien aprovechado por las agencias de espionaje en función de esa implosión imperialista de lo político.

IV. El desarrollo social y la cultura política.

Cuba está empeñada en la rectificación radical que asegure a la sustentabilidad socialista y antiimperialista con justicia social. En medio del bloqueo angloestadounidense -herramienta de su guerra política-, es estólido que alguien acumule “capital” mediante rentismo parasitario, coma, se vista y beba cerveza a costas de los otros; o se creen espacios del mercadeo de bienes materiales y los servicios que equivalgan a “centros bursátiles de bolsillo”; por ejemplo en la comercialización de productos agropecuarios durante la puja especulativa de los precios. La economía es intrínseca de la política, no hay economía a secas.

Emerge un rentismo despolitizante –una plusvalía al margen del trabajo-, recurriendo a la insuficiencia salarial real como alegato, para el acopio sin utilidad social ni respeto a las leyes. Ese colmo de la incultura política evade compromisos sociales; más que descansar en el acopio de objetos, impide la socialización productiva necesaria a la praxis política socialista. Con sujetos mentalmente pasivos o asistencializados indiferentes ante el compromiso social sería improbable abolir a ese rentismo.

Se da una situación política anómala cuando, al despolitizarlos, se alienan actos efectivos de justicia social contra el desamparo persiguiendo el valor de cambio de esos actos. No se niega el derecho legal a enajenar una propiedad, o de recibir asistencia social. Pero uno de los objetivos para la implosión del disenso anticapitalista emerge cuando un acto de justicia social efectiva se despolitiza hacia su valor de cambio en la cotidianidad que busca sustentabilidad política (en democracia) a la transición socialista posible.

Los valores ideopolítico y ético interactúan con lo material desde una acumulación histórica que soporta a la cotidianidad como sistémica política durante la responsabilidad en la praxis socialista que significa dar, quitar, disminuir o enfrentar esa responsabilidad en democracia, ante sí y ante lo otro o los otros. Improbable durante la despolitización de actos de justicia social efectiva, para una disminución sensible de la conciencia política cara a la sustentabilidad del socialismo.

Las gentes se comunican entre sí acumulación cultural en contexto político históricamente definido; las consecuencias de la interacción entre presente y pasado en pos de futuridad posible reajustan a la reproducción social a través del grado de cultura política socialista pertinente. Lo que implica a una aptitud intelectiva eficaz contra el “socotroquismo” político soportado por la banalidad. En el apremio durante la rectificación radical socialista posible, se olvida de manera displicente que “el gran proceso de democratización de los consumos culturales que emprendió el capitalismo, [fue y aún es] un instrumento que ha tenido un valor grande y creciente en las reformulaciones de su hegemonía”(14) .

La simbiosis entre la liberación nacional y el socialismo devino en un gran logro revolucionario que Cuba le aportó a la cultura del siglo XX; solo posible a través del crecimiento y expansión de un grado de cultura política (anticapitalista) pertinente del que emergió la semantización de pueblo políticamente organizado, antes “masa”, a empoderar en democracia socialista.

V. La economía política.

La economía es “abstraída” de la política durante la pugna de fuerzas en la lucha de clases para despolitizar a la sociedad. Determinándola como parcela que sirve de “tubo de escape” a sus crisis (15).

La pasividad social, de manera fluctuante, se extiende al espacio privado de dentro del actual modelo cubano hegemónico (local), como a lo institucional cuando nos referimos a los problemas subjetivos que converjan en la degradación del compromiso político; que es también una relación social.

El ámbito laboral y el privado evidencian disfunciones. Se puede ejemplificar en que si a alguien no le llega el agua a su apartamento debido a un problema subjetivo, frente al televisor, en la sala de su casa viendo un documental de Discovery Channel acerca de los avances tecnológicos de las instalaciones hidráulicas en los apartamentos del “primer mundo”, recodará constantemente con amargura, como un entuerto despolitizado que no le llega el agua a su casa; esa despolitización canibaliza a los espacios a contracorriente de la hegemonía imperialista.

Ante el consenso burgués-estadounidense, global, de libertad en la desigualdad se disciernen como insustentables a las alternativas socialistas.

La apertura de Cuba al mercado internacional alteró la ansiedad en un país pobre y bloqueado, con tradicionales y muy complicados problemas con el parque automotor; dependiente de un stock derivado de la segunda postguerra mundial (1944-61) en la expansión industrial angloestadounidense. El parque del antiguo Campo Socialista quebró en su suministro; pero aún si se conduce un Lada, un Moskovich o un Polski se “sueña” un carro “americano”.

Pudiera acotarse que en medio de, e intentado contradecir a los avances de la sociedad cubana mediante actos efectivos de justicia social, “portar” un auto estatal o privado, o ser el chofer de un ómnibus discierne a un podercillo inculto y despolitizado durante la reproducción de relaciones tóxicas, en que la disponibilidad abusiva por ilegal de un vehículo estatal es una mística que desguaza a la economía del país.

Los vehículos estatales son los más “demandados”; su asignación es un sortilegio. En la cotidianidad burguesa global andar a pie es un tabú de los peores que relega al cualquiera a la exclusión; al deambular deslocalizado de los desempleados o los homeless, de gran utilidad para el desanimo y el conformismo. Las condiciones actuales en el país para la transportación de las personas aún no desarman a ese trastorno.

Existe, además, una degradación ineludible: la de la biosfera producida por las emanaciones de dióxido de carbono emitidas a la atmósfera, que en cantidades insoportables hacen de ciudades como México DF, Tokio, Shanghái, Sao Paolo, Madrid, Nueva York, Los Ángeles, Hong Kong, o Nueva Delhi lugares irrespirables. ¿A quién se le ocurrió que la transición socialista sustentable incluiría la posibilidad, político-económica, de un auto para cada individuo?

Las personas aún ocupan demasiado tiempo en el horario laboral sin que esto se revierta en una socialización productiva ética y eficiente. Entra por la puerta de servicios, como trastorno sutil que se agudizada durante la primera década del Periodo Especial –aunque emergió antes-, dificulta en extremo la racionalización indispensable debido a que no pocas plazas laborales estatales están ocupadas, aún, por personas que perciben sueldos tan improductivos que llegan a parecer rentas; pese a la insustentabilidad salarial en el país.

Es un síntoma tropicalizado el que las administraciones de centros preferentemente de servicios en ocasiones descomercializados, abran lo suficiente esa hendija para “controlar” a los trabajadores adhiriéndolos a una relación social tóxica. Y se manejen estrategias para cubrir el problema de manera tal que este no impida alcanzar, por momentos, condiciones de destacado o vanguardia sindical. Los administrativos que ven en riesgo su permanencia en un puesto suelen utilizar esa opción apelando a intereses inconfesables.

Se evidencia en la cotidianidad cubana la existencia de un estrato que persigue el acopio parasitario de “capital” tras el culto al dinero, para quienes la diferencia entre desigualdad e igualitarismo es venal.

Todo lo que se integre al estrato que logre, en diversidad de niveles, su acceso a ese “acopio” es discernido como socialmente respetable y exitoso en una desigualdad despolitizada. Lo contrario entra en una relación “igualitarista” que no merece respeto y es considerado un mortal común manipulable: un “igual que yo” obligado a admitir el estatus de convivencia impuesto en un reducto de “igualitaristamente iguales” (pseudo-colectivista) que deprecia a la diversidad equitativa.

Las dificultades materiales y financieras son seudo-discernidas desde una lectura políticamente atrófica que se hace de la sociedad propia y del concepto de ciudadano a través de los referentes que promueve el imperialismo, hacia la imposibilidad de un orden político sustentable para el reajuste radical socialista al modelo actual cubano.

La semantización del valor de uso se deprecia en beneficio del acopio de dinero duro por cualquier vía, mediante el valor de cambio. Si no es una generalidad si una tendencia inserta en la implementación de variantes del cuentapropismo que emerge como reajuste necesario al mercado del trabajo en el país.

Ese culto al dinero –en tanto equivalente al dólar angloestadounidense-, repta a través de las hendijas que los individuos le dejan a la convocatoria global que promueve la despolitización de las mayorías. Se filtra hacia los espacios de la convocatoria revolucionaria, para que se esté “adentro” y “afuera” al mismo tiempo en correspondencia con la función agenciada, o no, a la convocatoria burguesa desde el espacio revolucionario.

¿Es, o no, una situación generalizada?; lo suficientemente expandida como para compartir espacio físico y mental con las alternativas anticapitalistas.

La inhabilidad intelectiva para discernir las rectificaciones políticas, crea opositores abiertos o disimulados asumiendo dos opciones: el total rechazo (canibalesco) al modelo por rectificar, o la adhesión disimulada que generalmente cosiste en reproducir normas y cotidianidad que deben ser cambiados, la actualización deficiente de, o la información mal procesada hacia conocimiento en contexto histórico determinado.

La inmersión en variantes de la conciencia social que tiendan a la sociorrelación limitada a una religión, a un grupo con la misma orientación sexual, “racial”, o hacia un reducto social auto-secluído. Muy útil a los objetivos que persigue esa economía despolitizada.

Notas:

1″Empoderamiento, aquí, tiene la doble connotación de: -apropiación de los recursos de competencia (reflexividad, creatividad, interacción constructiva, autorrealización profesional) individuales y colectivos, así como, -disponibilidad del ejercicio de poder en los diferentes ámbitos sociales. La formación de personas-colectivos [comprometidos y] portadores de competencias reflexivas-creativas, pasa por la promoción de acciones de integración de conocimientos, capacidades, motivaciones y valores para la interacción social humana cooperada, la autodirección personal y social, referidas a todos los campos de la vida y que, […] se aplican […] sobre todo en […] la autogestión social y para el emprendimiento solidario, pero también referidas a la acción ciudadana emancipatoria.” Ovidio D’Angelo Hernández. Contextualidades complejas y subjetividades emancipatorias. CLACSO.
http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/Cuba/cips/20120822022318/angelo17.pdf. Pág.12
2″en el proceso de construcción de las alternativas posibles del poder popular, las instituciones deben ser “vigiladas”, el funcionariado debe ser controlado por formas de participación popular democráticas que eviten la instauración de burocracias alienadas de las necesidades e intereses de las masas populares.” Ibidem. Pág.13
3Apalancamiento es la relación entre capital propio y crédito invertido en una operación financiera que al reducir el capital inicial a aportar produce un aumento de la rentabilidad obtenida. El apalancamiento aumenta los riesgos de la operación, porque provoca menos flexibilidad o mayor exposición a la insolvencia o incapacidad de atender los pagos. Tiene su coincidencia etimológica en inglés en la palabra “leverage” (apalancar). (N.A.)
4Ver: Tommy Unger. Which billionaire could buy your city? -Research Center | Redfin. June 5, 2014.
http://www.redfin.com/research/reports/special-reports/2014/us-cities-
5Ver: Thierry Meyssan. ¿Quién es el enemigo? Red Voltaire. 4 de agosto de 2014.
http://www.voltairenet.org/article184972.html. Págs. 4-5
6 Hasta la emergencia de la primera crisis mundial de postguerra, tras un periodo largo de acopio capitalista a finales de los sesenta y principios de los setenta del siglo veinte, dicho control era más o menos orgánicamente disciplinado. (NA)
7 “El movimiento del capitalismo está ordenado por una potencia social particular, […] una gigantesca acumulación de dinero convertido en “capital” o que aspira a serlo. Esta potencia social tiene dos particularidades. Primero la de autonomizarse frente a la sociedad, alzarse frente a ella, a medida que se refuerza gracias a largas fases de acumulación ininterrumpidas (como la que se inició durante la Segunda guerra mundial). Y después, la de ser incapaz de concebir que su expansión pueda tener algún límite.” François Chesnais. Un año después del crack bancario y financiero. Rebelión. Sección Economía. 29de diciembre de 2009. http://www.rebelion.org/
8 “Desde comienzos de la década de 1840 Marx afirma que el capital no es una cosa o una cantidad de dinero; es una relación social que cree que se define en dos dimensiones. En primer lugar es la relación entre el trabajo asalariado y el capital y la explotación del trabajador con la extracción de la plusvalía y, en segundo lugar, la relación entre los distintos capitales, lo que Marx en los Grundrisse, el primer borrador de El Capital, llama los “muchos capitales”. En particular, toma la forma de competencia entre capitales rivales. Son estas dos relaciones y sus interconexiones las que para Marx definen la naturaleza del capitalismo. Creo que esa es una visión crucial.” Alex Callinicos. Explorar El Capital. Sinpermiso.info. 22/6/2014. Traducción: Gustavo Buster http://www.sinpermiso.info/
9 Los bancos estadounidenses –durante la custodia imperialista de su acumulación-, son el clímax del fraude crediticio global sin precedentes históricos. Mayúsculo aquelarre en la historia financiera pasa casi inadvertido hasta para los espacios a contracorriente del capitalismo de donde un porciento no despreciable de jóvenes emigra hacia aquel Leviatán. N.A.
10 En principio la “accountability vertical de tipo societal (O’Donnell, 1998) refiere a la rendición de cuentas que es ejercida por grupos y aun por individuos con el objetivo de movilizar al sistema legal para plantear demandas al Estado y al gobierno con el fin de prevenir, compensar o condenar acciones (o inacciones) presumiblemente ilegales perpetradas por funcionarios públicos.” Celi Jardim Pinto. Ciudadanía y democracia: los aportes de una perspectiva de género. En Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. La democracia en América Latina: hacia una democracia de ciudadanas y ciudadanos: contribuciones para el debate. – 1ª. ed. – Buenos Aires: Aguilar, Altea, Alfaguara, 2004. 488 p. p.266.
11 “Es indispensable que la concepción del socialismo vuelva a formar parte de la cultura política, un socialismo que esté a la altura de nuestras necesidades, y de las realidades, los proyectos y los sueños del siglo XXI, para que sea capaz de reforzar e iluminar mejor la identidad nacional, y de ayudarnos a elaborar nuestro proyecto. Es necesario que lo político sea considerado como parte de la cultura del país, y no la cultura un “frente” que se atiende políticamente […] lo político y la práctica política tienen que estar en el centro de la vida. Es imprescindible para que un país como Cuba sobreviva y continúe siendo lo que es, y no sea abandonado al supuesto “libre juego de las leyes de la economía”, una opción que sería suicida. Pero para desempeñar ese papel central, la política tiene que desarrollarse, y volverse capaz de animar y conducir la vida social y las motivaciones y los intereses y valores de los individuos.” Fernando Martínez Heredia. Identidad y cultura nacionales: historia y temas actuales. Revista Caminos.
http://revista.ecaminos.org/articles/article/identidad-y-cultura-nacional
12 Patrimonial, egoísta, fanática, homofóbica, misógina, etnócrata, geófaga y racista dominante. NA.
13 “La lógica pequeña o perversa, mezquina o simplona, solo sirve para entender vidas y sociedades que tengan esas mismas características: no sirve para entender la necesidad ni la vida de las revoluciones […] [es propia] de un orden burgués de la vida social, que no se va y se resiste a desaparecer, que se recupera y puede ser capaz de regresar y de hundir todo.” Fernando Martínez Heredia. Silvio Rodríguez: Por todo espacio, por este tiempo. lahaine.org. 14/4/2014. http://www.lahaine.org/blog.php?disp=impr&blog=1&p=76881
14 Fernando Martínez Heredia. Revolución, cultura y marxismo. La Jiribilla, No. 665, 8 al 14 de febrero de 2014. http://www.lajiribilla.cu/articulo/6906/revolucion-cultura-y-marxismo
15 “El capitalismo es un complejo sistema institucional, que limita al capital en su propio interés a largo plazo y que asegura (en primer lugar con la ayuda del estado) su expansión [económica] en el espacio. Esto último es de vital importancia para el capitalismo debido a su orientación extensiva. El capitalismo no puede ser de otra manera, porque resuelve muchas de sus contradicciones [sobre todo las económicas], trasladándolas fuera de su propio marco y creciendo en el espacio […] para funcionar con normalidad el capitalismo necesita la zona no capitalista, que convierte en la periferia capitalista y sin la cual tampoco puede existir […] La zona no capitalista ha desaparecido y ahora el capital(ismo) ya no puede resolver sus problemas, sacándolos fuera – no hay dónde. Y las guerras como las de 1914-1918 y 1939-1945 tampoco son posibles” Andrei Fúrsov. Desmontaje del capitalismo y el fin la Época de las Pirámides. Traducido del ruso para Rebelión por Arturo Marián Llanos. Rebelión. 26-04-2013. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=167278