La crisis orgánica de la hegemonía capitalista.

Interacción imperialista entre ecocidio averiguable y aniquilamiento.

Análisis crítico metodológico a partir del Aniversario 40 de la victoria de Viet Nam sobre la maquinaria militar imperialista más poderosa de la historia.

…“el capitalismo nos está llevando al autoexterminio como especie animal si no damos el salto revolucionario al socialismo”.

Iñaki Gil de San Vicente

Introducción.

La interacción entre ecocidio averiguable y aniquilamiento desplegado por la expansión histórica del capitalismo se normativiza contra la biodiversidad sustentable durante el acopio parasitario de capital; proceso efectivo desde mucho antes de la emergencia de la hegemonía angloestadounidense, pero aprovechado por ella también, que refuerza la tecnofilización de la cultura sometida a la Industrial Militar, por una parte; y del reajuste neocolonial del mundo posterior a los años 60 del siglo veinte cuando aumentó el número de sus bases militares en el exterior; pese a que hasta hoy a ganado ninguna guerra de las que ha emprendido.

El imperialismo angloestadounidense durante esa expansión histórica impuso una cultura guerrerista que soporta a su insustentabilidad económico financiera. Tal “supremacía cultural” doma las mentes, para que asuman el crecimiento de esa potencia social particular (1) en que ha devenido su acopio polarizado de capital como relación de poder.

El capitalismo crea las condiciones políticas, culturales y sociorrelacionales para el retroceso hacia un ecocidio del que dicha hegemonía se percibe a sí misma inmune. La incapacidad del capitalismo para embridar a esa potencia social particular lo lleva a un punto de no retorno, cuando ya no existe hacia dónde exportar las crisis y sus consecuencias. (2)

Sus crisis orgánicas coliman a los conglomerados humanos fuera de su centro geopolítico cuando inhabilita el consenso social democrático posible para resolver necesidades vitales fuera y dentro de los centros de poder. Los esfuerzos alternativos al sistema burgués sufren agobios impuestos por esos centros de poder para que desde la noción del sentido común de la cultura del capitalismo se discierna como imposible cualquier alternativa. Los sacrificios alcanzan a generaciones sin garantía alguna. Los pueblos continúan erogando el precio de su eco-existencia al borde del aniquilamiento. Tal esfuerzo durante décadas provoca cansancio mnésico y debilitamiento de la autoestima, que bajo la autoproducción burguesa, termina en reformas que aceleran el agravamiento de la condición del dominado; obviando el sacrificio de incontables personas durante el corto siglo veinte.

El ecocidio imperialista tiende a la pasividad de las mayorías, cuando sus ecosistemas acogen a la impureza capitalista originaria de la sobreproducción de bienes materiales de duración exigua, y de todo el material tóxico que genera esa sobreproducción. Los mitos hollywoodenses descifran al “sur” como ecodiversidad agresiva para la vida civilizada. Y expedita el aumento de esa potencia social particular sobre la miseria incoercible que acecha a la resistencia anticapitalista: enfrentamientos internos, insustentabilidad económica, subversión burguesa local, chabolización que por momentos semejan permanentes. Si le sumamos, la insuficiencia en el grado de cultura política anticapitalista para el cambio radical de la sociedad para la emancipación socialista sustentable posible, pugnas que lesionan el empoderamiento democrático del pueblo políticamente organizado durante la lentitud de los procesos históricos, comprenderemos que algún beneficio recibe el imperialismo en medio de sus crisis durante la interacción entre ecocidio y aniquilamiento.

I. De la interacción propuesta

El ecocidio es la destrucción profunda de ecosistema(s) en un territorio por la participación humana u otras causas, a un nivel tal que la vida para sus habitantes sea insustentable. El desplazamiento de responsabilidad es hacia el cambio climático como evento abstracto, cuando sus daños irreparables son debido al bloqueo de los centros capitalistas con que evadir su responsabilidad. Es posible que la prohibición vinculante de los excesos humanos disminuya el daño climático. Provoca conflictos que desencadenan guerras. Se marca al siglo XXI como el de las guerras por los recursos naturales: el agua, el petróleo, las tierras fértiles, espacios marítimos. Y las “tierras raras” para la producción de armamentos. Se advierte ya están sucediendo. Sus secuelas son a largo plazo o irreparable, incluyen al uso de sustancias químicas cuya prohibición debería ser vinculante en tiempos de paz.

El ecocidio por la intervención humana se cataloga como “averiguable”. A partir de ahí la interacción propuesta adquiere su operatividad. Existen dos tipos de ecocidio: el averiguable y el no averiguable, aun cuando no estemos totalmente de acuerdo con ello. El no averiguable describe la destrucción, daño o pérdida ecológica en un territorio debido a un huracán, actividad volcánica, sísmica o elevación del nivel del mar que provoca inundaciones y la salinización de los suelos. El carácter Antropoceno (3) del planeta (disimulado por la hegemonía angloestadounidense) hace dudar del origen natural de los procesos. (4)

El ecocidio averiguable describe la destrucción de ecosistemas cuando la intervención de personas legales o naturales pueda determinarse; causada directa o indirectamente por varias actividades como las pruebas nuclearas, (5) la extracción intensiva de recursos naturales junto al depósito o abandono de zonas contaminadas con, y de químicos provenientes de la industrialización capitalista. La manipulación inconsciente de organismos genéticamente modificados (OGM), y las guerras. El ecocidio provocado por las guerras precisa de la operatividad de la interacción enunciada.

El aniquilamiento en su implicancia política, se vincula a las guerras como instrumento cuando la dominación imperialista es insuficiente. Tras las dos guerras mundiales del siglo XX, cuando el neocolonialismo adquirió utilidad para la dominación sobre las naciones, esencialmente las liberadas a partir de la década de los 60 durante aquella ola de nuevas independencias, y ante el auge de las luchas de los movimientos de liberación nacional y antimperialistas o anticapitalistas, la ofensiva imperialista consistió en una subversión social que en Latinoamérica y el Caribe tomó forma en la organización y ejecución de golpes de estado contra el avance de tales movimientos hacia la toma del poder político. El blindaje de las oligarquías con el Plan Cóndor -que dejó decenas de miles de personas secuestradas y asesinadas, de las que hasta hoy se desconoce su paradero final-, y el aumento de planes de sabotaje, y guerra económica para impedir que ejemplos como el de Cuba se extendiesen por el resto del continente.

Tras la retirada vergonzosa de Corea, la industria militar angloestadounidense desplegó su agresión contra el sudeste asiático con su centro colimado en Viet Nam. A casi cuarenta años de la victoria vietnamita contra la industria militar angloestadounidense, que con su resistencia salvó al mundo de otra conflagración mundial, se confirma que la interacción enunciada como fundamento tuvo su bautizo allí.

Para la hegemonía angloestadounidense el desarrollo tecnocientífico de su industria militar custodia a la polarización insoportable en la distribución de la riqueza deslastrada de compromiso alguno con los problemas y asuntos sociales. Es un componente básico que expedita el ecocidio imperialista.

El capitalismo importa recursos naturales y exporta restos de su sobreproducción no solo de químicos, también sociopolíticos como sus crisis y guerras. Al tensar a las sociedades en su expansión de la violencia, ha propiciado trastornos que agravan la creciente desigualdad, la despolitización y la desindicalización en sus espacios tercerizados de producción y oferta de servicios, la criminalidad local, el mercado de la prostitución y el narcotráfico, la pedofilia y los asesinatos racistas en espacio público -modos ecocidas de aniquilamiento-, exportándolos mediante la subversión y las guerras.

La interacción enunciada manifiesta el ecocidio como expedito para el aniquilamiento de lo prescindible a su sistémica. Más que la culminación inmediata del extermino, es el fundamento para un avance acelerado que colime a zonas del mundo donde el poder imperialista es cada vez más difícil por razones político-ideológicas.

Hoy el aniquilamiento sirve a la política imperialista que terceriza (privatizan) a las guerras, (6) a los fundamentalismos “religiosos”, a grupos terroristas entrenados y subvencionados por las agencias de inteligencia de los centros capitalistas, a partidos de (ultra)derecha como herramienta social de sus intereses.

La época de cohabitación con el dominado pasó -antes del comienzo del siglo XXI-, por incosteable. “Ocupar” se ha vuelto contra el dominador, metabolizada en las guerras de agresión que la política angloestadounidense perpetra y nunca gana. El sujeto dominado (colectivo) le mueve el piso al poder desde los emplazamientos levantados contra él durante la pugna de fuerzas para el sometimiento a la producción capitalista. “Ocupar” ya no garantiza “quedarse”. Antes, cuando el dominador colonizaba un ecosistema no solo pernoctaba en él, sino que lo saqueaba hasta inutilizarlo. Hoy apelan a la sofisticada tecnología militar a sabiendas de que los recursos bélicos están diseñados para el exterminio; privatización de las guerras, aparte:

“el andamiaje político y militar de […] las […] potencias occidentales tiene como columna vertebral el acceso, control y posesión de los principales yacimientos y rutas petroleras, así como las materias primas que son estratégicas para la supervivencia de la economía y el modo de vida occidental. Ello significa [aniquilar] […] al precio que sea y usando todos los recursos y fuerzas políticas, económicas, ideológicas y especialmente militares”. (7)

El contacto mínimo con el cuerpo social (su biodiversidad) es a expensas de aniquilarlo junto con, o antes que a su ecosistema; y del expolio por las transnacionales. Se manifiesta en una diversidad de variantes, desde el aniquilamiento por la fuerza militar, el asedio contra la solución de necesidades vitales; hasta echarlos a una condición zoónica en que pugnen su sobrevivencia en la vida silvestrada donde otras especies cohabitan un ecosistema salvaje, lo que equivale a compartir (inmunológicamente vulnerable), con ellas, sus virus y enfermedades. El objetivo básico es el exterminio, militarmente hablando; el aniquilamiento del agredido en condiciones ecocidas que buscan dejar al territorio agredido inutilizable. Cualquiera que sea el precio para su población. Las estrategias diplomáticas son un camuflaje útil mientras las condiciones para ese aniquilamiento no sean expeditas desde el punto de vista militar.

La interacción que nos ocupa confirma que estamos en zona del ecocidio averiguable.

II. La “Matrix” de los ecocidios averiguables interactuando con el aniquilamiento

Durante el Proceso de Núremberg los representantes de la cúpula nazi alemana fueron juzgados por un Tribunal Internacional compuesto por los países aliados vencedores (Estados Unidos -EE.UU.-, Reino Unido, Unión Soviética). Los sentenciados eran a quienes “si o si” había que sacrificar cuando se evidenció su inutilidad política durante el reparto del mundo (bipolar) de posguerra que se avenía. Los científicos que trabajaron para el Tercer Reich fueron insertados en el “camino de las ratas” con el objetivo de que integrasen el team que trabajó en los laboratorios militares del Pentágono. Las dos bombas nucleares lanzadas por EE.UU. en Hiroshima y Nagasaki son una prueba fehaciente de la emergencia de la interacción enunciada. La guerra contra Corea de los 50 del siglo veinte, y sobre todo la guerra de agresión contra Vietnam, activaron al complejo militar industrial durante la etapa más extensa del acopio de capital para la hegemonía angloestadounidense, como transnacional tecnocientífica para la producción de geno-ecocidios.

A punto del 40 aniversario del final de la primera guerra geno-ecocida de EE.UU., librada y ganada por el pueblo vietnamita sobre la maquinaria bélica más impresionante de la historia, el sacrificio desplegado demostró que esa estructura infernal no es invencible. Viet Nam, junto a su líder histórico Ho Chi Ming, ofrendó cientos de miles de mártires y víctimas inocentes asesinadas y mutiladas durante lo que Vo Nguyen Giap calificó lúcidamente como una victoria cultural. (8)

El término ecocidio proviene de la guerra de agresión angloestadounidense contra Vietnam, donde el uso de defoliantes como el agente naranja, producido por la transnacional Monsanto, destruyó selvas e infectó las aguas dulces. Armas químicas como el napalm se cebó en la población indefensa. Un movimiento antibelicista mundial abrió tribunales, lamentablemente sin carácter vinculante, para condenar e investigar los daños ambientales de estos agentes químicos sobre los ecosistemas.

Durante esa guerra de agresión, extendida a Laos y Camboya, el ejército estadounidense lanzó miles de litros de agente naranja sobre selvas y cultivos con el pretexto de aniquilar a los combatientes del FNL de Vietnam del Sur y del Ejército Popular de Vietnam del Norte; pero los hechos confirmaron que se extendió sobre la población local no beligerante. Dichos bombardeos alcanzaron un grado tal que sobrepasó ampliamente al de la II Guerra Mundial. La intención manifiesta de los gobiernos angloestadounidenses (3) era el aniquilamiento de ese ecosistema y su población -bombardear Vietnam hasta hacerlo retroceder a la Edad de Piedra. De nada sirvió que los vietnamitas acabasen de salir victoriosos de una guerra cruenta de liberación contra el ocupante francés, y que su espacio geopolítico sufriese una división impuesta con el apoyo político y material de los EE.UU. (9)

Para el aniquilamiento de la población local se utilizaron alrededor de quince defoliantes distintos, entre ellos el agente naranja que supuso el 60% de los herbicidas en las aspersiones aéreas, el mismo posee dos componentes con alto contenido de dioxina; se estiman necesarios unos 100 gramos de este producto para contaminar el agua de una ciudad y matar entre 8 y 10 millones de personas. En Vietnam los 350 kg de este producto esparcidos, no solo causaron daños irreparables a la flora y la fauna; estas tierras tardarán siglos en volver a ser fértiles.

La interacción entre ecocidio y aniquilamiento continúa marcando a las generaciones de vietnamitas con secuelas que van desde retraso mental hasta niños nacidos con deformidades, para una población enorme de discapacitados bajo cuidados especiales de por vida. Desde mediados de los años sesenta 500.000 niños nacieron con deformidades y enfermedades congénitas relacionadas con la dioxina; este tipo de malformaciones continúa hoy.

Otras referencias estiman que Vietnam sufrió el lanzamiento de 83 millones de litros de defoliantes entre 1961 -cuando Kennedy aprobó su uso- y 1971; el diluvio tóxico pretendía destruir el ecosistema que resguardaba y proveía a las fuerzas que luchaban contra la agresión. La dioxina, sustancia cancerígena, pasa a las siguientes generaciones a través de la leche materna. (10)

En el año 2000 oficialmente en Vietnam se reconoció no disponer de una cifra exacta de afectados. En el 2005 se manejaba una que alcanzaba a los cinco millones. La Cruz Roja admitió tres millones padeciendo secuelas del agente naranja. En el país se localizan cinco grupos de malformaciones congénitas; las más frecuentes en la columna vertebral, miembros, senos, el labio leporino y la raja palatina, entre las víctimas de la primera, la segunda y hasta la tercera generación. Hijos y nietos de personas contaminadas durante la guerra, que pueden alcanzar algunos miles. Eran en el 2006, 7.500 víctimas que incluyen a 2.400 infantes de la segunda generación y a 43 de la tercera. La Cruz Roja citó en Quan Nam a 20,000 contaminados o sospechosos de estarlo, a 28.000 ex combatientes enfermos en Thai Binh, provincia del delta del Río Rojo. La asociación local de veteranos estimó 27.500 víctimas en Quan Nam, una cifra superior a la expuesta por la Cruz Roja. (11)

La misma fuente confirmó 3.3 millones de hectáreas, principalmente selvas que fueron dañadas por agentes tóxicos; más de un millón de ellas son hoy áridas o no aptas para el cultivo, teniendo en cuenta que el territorio de Vietnam del Sur alcanzaba por esa época 17 millones de hectáreas. La reforestación posterior a la guerra de las zonas dañadas por los agentes químicos experimentó resultados alentadores, pero el restablecimiento orgánico del medioambiente tardará de ochenta a cien años.

La confirmación de la interacción propuesta está en que EE.UU. no ha erogado un centavo de voluntad política como disculpa por las gravísimas secuelas que dejó su guerra de agresión. Los acuerdos de París que el 27 de enero de 1973 formalmente dilucidaron el fin de esa guerra de agresión -porque se sigue utilizando por los medios mainstream de información una semántica que la elucida como respuesta angloestadounidense a una provocación en el Golfo de Tonkín por el gobierno vietnamita contra un buque de guerra yanqui, semejante al embuste de la explosión del acorazado Maine en el puerto de La Habana en 1898-, introdujeron una ambigüedad al respecto, “suponiendo” que EE.UU. erogaría su contribución al empeño de restañar esas secuelas mediante una comisión mixta que se confrontaba con el concepto vietnamita de reparaciones de guerra, y el angloestadounidense que solo intentaba aplicar contribuciones voluntarias que ellos mismos delimitarían. En el verano de 1973 la comisión suspendió definitivamente sus reuniones. Entre los 70 y los 80 del siglo veinte la actriz estadounidense y en aquel momento militante pacifista Jane Fonda coordinó con el gobierno vietnamita la localización en el terreno de los cuerpos de unos 55 mil soldados yanquis muertos durante esa guerra de agresión y cuyos familiares le hicieron una fuerte presión a su gobierno al respecto. Tanto en Vietnam como en Laos y en la antes Camboya, aún existe una cantidad no precisada ni localmente ubicada de explosivos sin denotar, lo que hizo y hará de tal faena un proceso sumamente peligroso que exige recursos que los gobiernos de esos países no poseen. Fonda gestionó “lo que pudo”, con una disposición y ayuda excepcional por parte de los gobiernos de las naciones afectadas. Pero hasta hoy tales medios vegetan su sueño mortífero, y los habitantes locales se ven obligados a lidiar con ellos. Mientras la BBC publica en su sitio web el reportaje sobre una campesina local que se dedica de manera artesanal a desactivarlos, como si tales engendros de la industria militar angloestadounidense fuesen cuerpos celestes que el “azar” de la naturaleza lanzó desde el espacio. Hilary Clinton en su visita a Laos, ofreció una “posible contribución voluntaria” angloestadounidense conque paliar el sufrimiento de las víctimas, a modo de manipulación política durante un recorrido por el sudeste asiático, donde se fotografió con algunos niños enfermos. (12)

El clímax de tal manipulación por la actual hegemonía imperialista, está en que en marzo del 2005, durante una gira asiática de Condoleezza Rice, sus colaboradores explicaban a la prensa local desde Washington que el compromiso de los EE.UU. con la libertad en Asia se manifestaba históricamente a través de tres guerras en ese continente durante el siglo veinte: la II Guerra Mundial, y las guerras de agresión contra Corea y Viet Nam. Las dos últimas fueron derrotas; y la de la agresión contra Vietnam ha provocado un síndrome en la memoria del pueblo, la cultura y la política angloestadounidenses que podría descifrarse como el pánico ocultó en la deshistorización de su poder. De nada valió que en 1994 William Clinton –quien de joven le escurrió el cuerpo a esa guerra- hubiese levantado el bloqueo contra Vietnam intentando contrarrestar a ese síndrome.

La victoria del pueblo vietnamita fue contra la “Matrix” de todas las guerras genocidas en las que se ha manifestado el fundamento de la interacción propuesta; dejó como moraleja para la expansión imperialista que ocupar un territorio no resulta rentable a su política. Aniquilar mediante ecocidio lo más rápido posible, y retirarse. Como lo ensayaron en Panamá o en Granada; dejar una fuerza multinacional disuasoria de control compuesta por acólitos, como en Haití, mientras crean las condiciones para que el territorio agredido vaya degradándose por bio-vulnerable, hasta alcanzar al ecocidio posible en pos de su aniquilamiento. O materializar directamente esa interacción como en los casos de Libia o Afganistán.

Un presidente oligofrénico como George W. Bush, tras el ¿auto atentado?, (13) a las Torres Gemelas del Trade Center el 11 de septiembre del 2001 declaró la “guerra contra el terrorismo” que ellos mismos fundaron, subvencionan y mantienen, por las reservas petroleras en la zona del Medio Oriente. Cometió la torpeza político-militar de recurrir a la ocupación militar –despliegue sobre el terreno-, hasta empantanarse en un proceso que agravó en el 2007 a la crisis orgánica del capitalismo. Obama –un “RH” de los órganos de Inteligencia-, (14) es una herramienta política para los mismos objetivos con la menor resistencia desde el cuerpo social.

El capitalismo solo puede retroceder hacia adelante; Barack Hussein Obama “retiró” las tropas de Irak, intenta hacer lo mismo en Afganistán, aniquiló la estructura política en Libia apelando a la aviación sin poner un pie allí; curándose en salud de la experiencia de William Clinton que en los noventa tuvo que salir de Somalia en estampida, hacia el otro lado de la frontera con Kenia. Y hoy pretende una “revolución naranja” ucraniana -previo empujón de la OTAN y la Unión Europea-, que propicie que Rusia se digiera a sí misma en un acto de canibalismo político digno de la más estólida producción hollywoodense de ecocidios.

¿El llamado ejército de Daesh (EI) que dice perseguir cierto califato suní de “Matusalén” que incluya -casualmente- a una porción de Siria (rica en petróleo) que resiste una guerra de agresión desde hace dos años, y a la porción de Irak donde se ubican los puntos más importantes en la producción petrolífera, no será otro blufs de los órganos de inteligencia angloestadounidenses para justificar el retorno al “fallido” territorio iraquí, por una parte, y continuar lo acordado con el régimen sionista de Israel, que exige a través de su lobby en la AIPAC que el gobierno angloestadounidense cumpla con su compromiso histórico de aniquilar “limpiamente” a todos los bio-obstáculos contra su expansión genocida anti palestina hacia más allá de las costas del Mediterráneo?

Durante la guerra de agresión a Vietnam el Complejo Militar angloestadounidense incrementó el diseño y producción de elementos tecnológicos, o tecnocientíficos para la interacción enunciada dentro la doctrina bélica en la política estadounidense. El arma nuclear durante la bipolaridad que finalizó con la descomposición de la extinta URSS en 1991, imponía una circunstancia disuasoria; lo que obligó a la hegemonía angloestadounidense a “ensayar” en el terreno otros instrumentos que no fuesen resultado de laboratorio en las ciencias duras.

La Inteligencia angloestadounidense a nivel global antecede o marcha al unísono con la tecnología militar bélica. Su encomienda específica está en crear las condiciones sociales conque destruir el orden ecosistémico/político de la nación o naciones por agredir. Gesta la localización permanente y detallada de los movimientos en el planeta; se extiende hacia el espacio abierto. Impone a las redes digitales su “cotidianidad”. Es imprescindible para ello la propiedad privada sobre tales medios que acopian toda la información que fluye por ellas. Los firewalls apenas sirven de atenuante. La acumulación de datos es enorme y variada; en una semana, un mes o varios años sirve para monitorear a una persona, grupo o institución. Y aniquilarlo. La producción, promoción e intercambio de la información, mal denominada comunicación, en tanto, recurso para la vigilancia y el aniquilamiento, se insertan en un fin cultural más amplio: dividir el mapa del mundo según la lógica maniquea –de las redes digitales-, con la posmodernización del mundo humano conocido; su ecocidio. Discernir a esas redes como concernientes a una revolución tecnológica, en tanto, proceso “abstracto”, oculta al fundamento para el ecocidio y el aniquilamiento mediante esa (re)evolución. ¿Cómo se prepara al sometimiento desde lo antes referido?

Si una praxis de izquierda soporta al grado de cultura política anticapitalista pertinente (15) puede realizar un cambio radical de la reproducción social que deje atrás a una autoproducción burguesa. Pero cuando esa praxis entra en problemas o deja de avanzar, esa autoproducción re-emerge mediante una clase media que gira a la (ultra)derecha; incluye a quienes no pertenezcan a ella pero aspiran a, o se “sueñan” insertos. Lo que es expeditado por esa vigilancia imperialista, que subvenciona a tal clase media y a quienes están por debajo de ella, pero la sueñan, para que se extravíen hacia el retroceso social, político y ecológico. Cuántos middle-class integran las protestas contra el grado de socialización “inconveniente” de sus países, a cambio de migajas provenientes de las “sobras” que dosifica la vigilancia imperialista que es una variante de ecocidio social para el aniquilamiento de dirigentes y personalidades que molestan a la dominación. (16)Y cuántos tienen conciencia de que tales “sobras” les son arrebatas a los exiguos bolsillos de los ciudadanos de a pie (también ecocidiables), en la centralidad capitalista. La cultura política de la clase media es reaccionaria y cierta izquierda, a su servicio, no solo desorienta y confunde; además, incentiva los intereses de esa reacción. La misma clase media es víctima porque la deslocalización vigente no tiene previsto salvarla, sino ir aniquilándola en ese laberinto ecocida echando mano a contratistas para las guerras privadas (sobre todo jóvenes), que a fin de cuentas provienen de los restos de esa clase media en trance de desamparo.

La guerra de cuarta generación ha dejado de ser una hipótesis. El control de las transnacionales sobre la propiedad de las redes para el intercambio de esa información busca que el sujeto social dominado (colectivo), global, discierna al sistema capitalista como “perpetuidad” ubicando a la zona de terror -que la interacción propuesta gesta, subvenciona y ejecuta-, fuera de la cotidianidad burguesa. En el mundo que diseña y custodia la OTAN subordinado a la hegemonía angloestadounidense, las guerras son procesos de ecocidio y aniquilamiento que transfieren las riquezas acopiadas en ellas hacia las multinacionales fabricantes de arma. Ese capital compra a los masmedia del “mundo libre” que promocionan las guerras arguyendo razones humanitarias, para que las mayorías reciban la información sobre tales conflictos precisamente a través de los mismos que tienen el mayor interés en propiciarlos.

Este análisis tiene muy en cuenta que el desplazamiento de los medios tecnológicos de la industria militar imperialista es improbable, en su eficacia, sin el puntal que le proveen las redes digitales de información soportadas por el financiamiento de sus transnacionales.

Las vicisitudes durante la resistencia del pueblo cubano por más de medio siglo de proyecto emancipatorio, son el corolario a erogar ante su negativa a someterse al ecocidio y aniquilamiento imperialistas. La dominación histórica burguesa, puede, tras disolver en el terror todas las relaciones humanas, ser el preludio de otro genocidio si esa resistencia cede. En ese sentido el ejemplo de Vietnam es definitorio. En tanto la guerra de agresión angloestadounidense terminó en una bochornosa retirada del agresor del territorio y su ecosistema con el que pretendía arrasar, aún es una victoria cultural que referencia al desmantelamiento del capitalismo.

Resta un elemento esencial al fundamento de la interacción enunciada.

Thomas Bender descifra a un subset de la deshistorización en el ejercicio del poder angloestadounidense que coloca –como prejuicio ecocida y etnocida- a su sociedad por sobre el resto del mundo humano conocido (17). Dicho subset elaborado durante generaciones propicia que la agresión contra “los otros” someta al sentido común. Es la noción de excepcionalidad (18) que puede ubicarse en la dicotomía “los otros contra nosotros”, que desde el discurso político dominante angloestadounidense posee una fuerte implicación político-cultural para la resignación de los individuos a esa hegemonía. (19)

La “odisea” que promueve la cultura angloestadounidense está contenida en ese proceso de resignación de las mayorías, confirmando que su excepcionalismo “americaniza” (aniquila mediante ecocidio), al orbe, en la cotidianidad de su plutocracia que impone a los raids de sus “drones”, al desarrollo y al predominio tecnocrático de sus armas como supremacía cultural; a la tortura contra lo bio-vulnerable. A la “guerra contra el terrorismo” que es su entuerto político. Desastres materiales y genocidios durante sus guerras de agresión son “daños colaterales” que culpan a las culturas “primitivas” e “intransigentes” incluidas en su eje del mal. Las escatologías mundializadas del entertaiment desde ese excepcionalismo, recrean sagas bélicas alucinantes de aniquilamiento contra dicho “eje”, que advierten a los no resignados acerca de no provocar al poder. La resignación pro-imperialista pronostica cada vez con más frecuencia otro geno-ecocidio en el terrorismo aplicado a las relaciones humanas.

El fundamento que manifiesta la interacción enunciada es un gozne dentro de la sociedad o modelo de cultura angloestadounidense contra la porción de su población que no esté “incluida” en su excepcionalismo. Su concepto de libertad en la desigualdad exalta y promueva a la cultura de las armas dentro de su ecosistema, teniendo en cuenta que como nación los EE.UU. son el resultado de la agresión, conquista y aniquilamiento de culturas, pueblos endógenos y de sus territorios. Su emergencia como entidad económico-financiera se soporta en la brutalidad productiva de la esclavitud de una inmensa población de inmigrantes africanos traídos por la fuerza. La cultura ecocida, y etnocida de las armas es la prerrogativa preventiva con que dominar a un cuerpo social compuesto por los descendientes de esos antiguos esclavos y las personas pobres, después criminalizadas y sometidas a una férrea segregación cuyas estructuras fueron reajustadas a tenor de la necesidad en ascenso de carne de cañón para sus propósitos guerreristas y de producción carcelaria. El esfuerzo de los luchadores sociales contra la segregación racial -que no contra el prejuicio, rasgo que en fluctuación de intensidad aún se extiende a todo el mundo humano conocido-, quedó a medias con paliativos como el de la llamada “política afirmativa”. Ya adentrados en la segunda década del siglo XXI, las personas dilucidadas por las normas culturales del sistema como no euro-blancas, sobre todo de entre la mayoría humilde, pueden ser cazadas y aniquiladas por los cuerpos represivos policiales como animales salvajes. La era del “efecto Obama”, muy bien calzado por Hollywood y sus afrotenientes de la policía en las series televisivas, dobló la esquina. Emigrantes latinoamericanos, caribeños, árabes o africanos son asesinados en la frontera. Desde el núcleo de su sociedad hacia adentro y hacia fuera el ecocidio y el aniquilamiento gestan un proceso naturalizado en su “guerra contra el terrorismo”. La hegemonía angloestadounidense experimenta su peor vía crucis apelando de manera desproporcionada a la interacción que nos ocupa, cuando ésta se despliega al interior mismo de su modelo de sociedad.

La expansión permanente de la cultura del capitalismo trastorna al análisis crítico antimperialista indispensable. Existe una tupición evidente en el discernimiento de la población afroamericana. Ser “ciudadanos” de allí les hace autoinferirse por encima de sus iguales del resto del mundo explotado en mayoría. Sin percibir el gradual ecocidio hacia aniquilamiento que jamás han dejado de padecer en fluctuación de intensidad. Cuando la perspectiva socioeconómica y financiera local atenazan de manera insoportable el cuello de esa población, aumenta de manera desorbitada la cantidad de personas lanzadas a la calle por falta de solvencia con que pagar hipotecas apalancadas, se hace insoportable el desempleo hasta llevar al 36% de su población a depender de cupones de asistencia para comida (que evidentemente no alcanzan); y sobre todo, cuando comienzan a ser cazados como animales salvajes en medio de las calles por los cuerpos policiales que disparan sobre todo lo que sea o aparente ser “no blanco”, es que comienzan a comprender el axioma que señala al fundamento de la sociedad capitalista anglonorteamericana como salvajismo de la liberal sin igualdad, según enunció Samir Amín. (20)

La interacción enunciada se extendió a la ideología sionista contra el pueblo de Palestina, al que de manera acelerada intenta borrar del territorio usurpado con la anuencia del anglo imperialismo británico del que los EE.UU. heredó el compromiso con el posterior lobby de la AIPAC, en su intento genocida por rebasar la costa mediterránea de Gaza hacia los espacios petroleros, seis millas mar adentro. Sobre los palestinos (cristianos o musulmanes, qué más da), se ciñe un averno de bombardeos que ejecuta el aniquilamiento masivo de mujeres, niños, ancianos y discapacitados –“daños colaterales”- dentro del territorio (ecosistema) ilegalmente ocupado por el régimen israelí. Exterminarlos, echarlos al mar, o hacia un calvario migratorio ecocida.

Semejante al excepcionalismo angloestadounidense, el sionismo se asienta en un entuerto seudo académico imperialista que formula la correspondencia entre religión y nación como equivalentes. En tanto resultado de su hegemonía la dominación imperialista vigente es cultural.

III. Ecocidio y aniquilamiento expedito de los otros que “están contra nosotros”

La hegemónica angloestadounidense impone homogeneidad global sobre las otras culturas desde la suya. Deforma a las otras culturas que van semejándosele lo más posible. Es un proceso ecocida que se articula con el aniquilamiento en la medida en que cuando una cultura deja de ser ella misma, por diferente, tenga garantizado su auto exterminio. Involucionar mediante el auto ecocidio cultural rumbo a la semejanza por sometimiento a la hegemonía capitalista, expedita el auto extermino gradual; o, si existe resistencia, la agresión bélica para el aniquilamiento. Si hay rechazo se está contra ellos.

Modelo de sociedad -bajo egocentrismo estólido-, el fundamento de la hegemonía angloestadounidense define no-Cultura a lo que ella dilucide fuera de la dominación que impone. Si el modelo cultural es intrínsecamente egocéntrico la Cultura se hallará siempre donde esté el Ego (21) que acopia y actualiza hacia egocentrismo taxativo de la cultura angloestadounidense mediante la libertad en la desigualdad; fase del proceso políticamente degenerativo que antecede al ecocidio para el aniquilamiento de los diferentes, por el grupo(s) que controle el poder hacia adentro, y hacia afuera del modelo hegemónico.

No es solo desde el punto de vista espacial que el sujeto del modelo, en tanto, sujeto social dominado (colectivo) no puede salirse realmente de su Cultura original o acumulación histórica sin exterminarse a sí mismo. Entrar y salir de una acumulación histórica es un peligro que la dominación angloestadounidense veta a priori. Sus guerras ecocidas de agresión para el aniquilamiento conversan exclusivamente con sus intereses en crisis. Como un “autista”, nunca se arriesga afuera de su propio modelo capitalista que impone, para que lo diferente sea sometido a la interacción enunciada.

La anglo-norteamericanización de la cultura es un arma ecocida de aniquilamiento masivo que tratan de justificar a partir de la doxa sobre la autodefensa y la de sus aliados, en favor de la “libertad del mundo”, que se manifiesta en el entuerto de “los otros contra nosotros”.

El imperialismo, a falta de territorios “vírgenes”, ejerce su sobre-acumulación, parasitaria, de plusvalía sobre los que ya se expandió. Re-pasando por ese “trapiche” a todo lo que pueda convertir en capital. El mundo de la mercancía es la condición social para que el hacer humano sea transformado en una objetivación capitalista que acelera el exterminio durante el ecocidio. Si la autoproducción es la del dominador imperialista la reproducción será la que él controle, su modelización social canon y proveedora de sentido. Provisión que sitúa al sujeto social dominado (colectivo) como ecológicamente prescindible a la hegemonía capitalista. La deshistorización de su poder se la impone a la periferia de su canon cultural cuando agrava las tensiones entre el desproporcionado (por desigual) desarrollo tecnocientífico durante y para el acopio parasitario, y la insustentabilidad de los ecosistemas vapuleados por esa aceleración. Fase del ecocidio para aniquilamiento de “los otros que están contra nosotros”. Y los abismos en su sobreacumulación en mutis ecocida a concretar. El discernimiento a disposición del sujeto social dominado (colectivo) es, entonces, el del vencido que se somete al dominador; como si a una relación eterna para el aniquilamiento imperialista de su propio ecosistema.

La guerra económica como herramienta política es una etapa del despliegue imperialista con que desmantelar, previamente, al orden político y cultural del espacio a ecocidiar. La continuación del mercado capitalista para la aniquilación mundializada de los ecosistemas como respuesta contra la hostilidad proveniente de un “afuera; el mundo de los otros” incompatible con el “adentro; el mundo de nosotros”. Los flujos de capital tienen en la guerra económica un arma que no se limita al acopio parasitario de lo que es, o pueda convertirse en capital; incluye a todo aniquilamiento posible durante la lucha de clases bajo tensiones insoportables. El acopio de los saberes para la manipulación y trastorno hasta la inutilización de los ecosistemas implican a una revolución tecnológica “abstracta”, que embarga y penaliza movimientos de capital hacia espacios eco-aniquilables como Cuba, Irán, Palestina, Haití, Siria o República Árabe Saharaui Democrática, o la antigua Yugoslavia. Pretende un corsé bélico de “sanidad ecocida” contra Rusia, Venezuela, Bolivia o el Ecuador. Cierra el paso a la soberanía argentina secuestrándole una porción de su ecosistema en las islas Malvinas; o a través de la presión de los fondos buitre. Secluye a un ecosistema ajeno y lo “evangeliza” como eco-zona amnésica para el aniquilamiento como la ilegal base militar yanqui en Guantánamo; o en Okinawa. Impide la contraloría de capital “extraviado” en la virtualidad de los paraísos fiscales ecocidiables.

El acoso integral, por parte de la ultraderecha local sometida a la NSA angloestadunidense, que enfrenta el gobierno de Maduro Moros en Venezuela bolivariana tras la muerte de Hugo Chávez Frías, es un posible ecocidio para el aniquilamiento que pretenden sea discernido por hostilidad desde adentro del sistema chavista como un capítulo de esa hostilidad de “los otros contra nosotros”. La ultraderecha cubano-americana manifiesta su anclaje político en la hegemonía angloestadounidense presionando para la continuidad del encierro (bio-ecocidio forzoso para su exterminio; recodar el sabotaje al avión cubano en Barbados en 1976), de tres de los cinco héroes cubanos, supuestos agentes de esa estructura de terror por parte “de los otros contra nosotros”. La interacción propuesta discierne a la superioridad cultural angloestadounidense mediante el grado más alto de desarrollo tecnológico alcanzado, que es un modo de crear sentido común en beneficio del “nosotros” imperialista en la guerra contra “los otros”.

La indispensable eco-sustentabilidad del planeta está en contradicción con la sustentabilidad capitalista. La beligerancia se localiza en el enfrentamiento de una sustentabilidad (capitalista) contra la otra. La “expansión” posible del capitalismo depende hoy de la bisagra entre ecocidio y aniquilamiento contra los ecosistemas que “estorben” a un desarrollo civilizatorio deshistorizado para la “infinitud” que ambiciona esa sobrevivencia; harto complicada. Al capitalismo le es imposible auto disciplinarse, retrocede hacia delante y exige sumisión a su “superioridad” cultural soportada por las armas, que tiende a la desproporción ecocida.

La tecnocracia somete a los ecosistemas a la hegemonía imperialista de turno, para dominar a los mundos y a las mentes durante la interacción entre ecocidio y aniquilamiento. Durante horas “tele-vivimos” una normalidad pasmosa de pasajes de esa interacción. Tras varias crisis dicha hegemonía se ha quebrando en su perfil económico, y apela al despliegue de tal interacción para zurcir ese declive con la agresión militar que custodia al acopio de plusvalía capitalista; somete a la biodiversidad sustentable mediante el apalancamiento tecno-militar que le aplica. La aplicación del valor de cambio sobre la Naturaleza aniquila sus recursos. La escasez de tierras raras, vitales al desarrollo tecnológico capitalista, se une al colapso de las reservas minerales aún existentes.

La invisibilizada tragedia de Centroáfrica (RDC 22), debido al sobre-acopio de coltán es consecuencia de ese proceso. El tantalio de alto grado que se procesa a partir del coltán es vital en aplicaciones militares. La demanda de tantalio estimula la extracción, el comercio y el contrabando de coltán. Su escasez intensifica el ecocidio sobre los habitantes, por aniquilar, en las zonas mineras al este de la RDC. Esencial en la electrónica moderna, es el metal de los aparatos que almacenan energía para las tecnologías aeroespaciales y militares donde las aplicaciones alcanzan temperaturas muy elevadas, y contra la corrosión. Los condensadores de tantalio retienen una carga durante mucho tiempo en entornos de hasta 200º C. Implica a las bombas inteligentes, a la navegación de los drones, y a los sistemas anti-tanque. Sin el tantalio estos sistemas se sobrecalentarían. Los EE.UU. no disponen de coltán; dependen de su importación. Y mantienen reservas de minerales estratégicos y raros. Su almacenaje se estableció en 1939 para reducir la dependencia peligrosa y cara de los Estados Unidos respecto a fuentes de suministro en tiempos de emergencia nacional. Las reservas de tantalio se agotan.

El Departamento de Defensa (EE.UU.) recomendó el almacenamiento de tantalio y de otros ocho minerales. Es un problema que alcanza a nuestra región, cuando el uso extensivo de drones confirma que los EE.UU. necesitan tantalio. Su vínculo con la fabricación de armamento ya no se limita al África central. La jungla amazónica posee reservas significativas de coltán, que se extienden por la frontera entre Venezuela y Colombia. Un mercado negro emergente lo pasa de contrabando a través de la zona de peligro en su camino de Venezuela a Colombia y Brasil. México sufre la privatización neoliberal de su petróleo durante el gobierno de Peña Nieto, que lo expedita hacia los requerimientos del complejo armamentista yanqui. El Departamento de Defensa de los EE.UU. es el mayor consumidor mundial de petróleo y gas. Existe una relación sórdida entre el petróleo, la guerra y la propaganda imperialista, a través de la cadena: CIA, Amazon y The Washington Post contra Wikileaks; debido a esa regresión en la comercialización energética en México.

Secluir al mundo humano para mercantilizarlo es el clímax del ecocidio. La aniquilación de la Vida como amenaza es tan o más traumática que su cumplimiento; impone la sumisión mental al conformismo, la indiferencia, a la invalidez de la conciencia social suficiente para desafiarla. Involucra al discernimiento político estólido que trepana al sentido común, ya muy banalizado por las apologías de Hollywood. No pocos lo analizan críticamente, pero no ha surtido, aún, el efecto necesario. Evidenciando nuestras debilidades que conspiran contra la voluntad política de anular a esa interacción imperialista.

El actual bloque latinoamericano y caribeño de integración, donde resaltan Venezuela, Bolivia, Cuba, Ecuador y Nicaragua, está colimado por la bisagra entre ecocidio y aniquilamiento, lo que supone la incentivación artificial por el imperialismo de las contradicciones naturales en procesos que apenas van construyendo sus propias plataformas.

El dominado mal-intelige a la dominación cuando porta un calco de ella, se hunde en un círculo vicioso que se expande mientras más personas se sometan al proceso. Una cotidianidad (cultura) bajo amenaza de ecocidio por parte del dominador imperialista, se disipa en la amnesia. Aun, cuando la praxis política socialista de, o se acerque a un giro radical de la reproducción conveniente contra dicha amnesia; ella está en los efectos del sometimiento que facilita el aniquilamiento, de ser necesaria su aplicación imperialista.

Los habitantes de las poblaciones afectadas por los bombardeos durante las guerras de agresión imperialista, o de otras desencadenadas por ellas, devienen en oleadas que huyen sin rumbo preciso en dirección contraria a por donde avanza la interacción entre ecocidio y aniquilamiento. La desesperación por no ser un “daño colateral” les sumerge en zonas semidesérticas como en el Medio Oriente o el oeste fronterizo entre México y EE.UU., o agrestemente agresivas como en África o Centroamérica, (23) hasta silvestrarse en un medioambiente donde pugnan con otras especies vivas, sus virus y enfermedades incurables como el ébola; o contra la cólera mortal de los elementos como el mar.

Las estrategias militares del dominador ya tiene previsto a tales “daños colaterales” incluso dentro de sus propios ecosistemas. La falta de derechos políticos efectivos en los procesos migratorios actuales, convierten a los seres humanos en prescindibles; expedita a la emergencia de su aniquilamiento eventual. El insuficiente grado de cultura política socialista pertinente, hace que los individuos, cómodamente sentados sigan video-sagas de bombardeos y masacres contra poblaciones indefensas haciéndolas interactuar con el imaginario inoculado por Hollywood y los medios globales de información, hacia una insensibilidad necia. Es complicado imaginarse a sí mismo como “los otros” contra quienes “nosotros” ejecutan las guerras de aniquilamiento en defensa de la “libertad”.

La deslocalización del calendario de los mercados financieros y el ciberespacio imperialistas colisiona contra la Naturaleza, sus equilibrios y transformaciones cíclicas durante el acopio de plusvalía parasitaria que impone una linealidad homogénea ya descrita. Atraviesa culturas y sus ecosistemas aniquilándolos, anula distancias temporales y crea una nocturnidad ficticia -despilfarrando recursos fósiles no renovables-, como eternidad global del sistema para consumismo incoercible. Durante un ecocidio la rentabilidad a corto plazo diluye a las necesidades vitales en esa nocturnidad ficticia. Un salto capitalista que se interpreta como lo occidental con relaciones y reproducción ajustadas a la intereses de la plutocracia “glocal”. Mientras los países y sus ecosistemas, en desventaja, son diezmados por la economía neoclásica.

Resumen:

La interacción entre ecocidio y aniquilamiento evolucionó a través de la expansión histórica de la cultura del capitalismo a lomos de la modernidad europea y nos coloca, hoy, en las condiciones creadas por la actual hegemonía capitalista en crisis, que soportada por su complejo industrial armamentista mantiene el retroceso hacia adelante de un sistema social que ya no encuentra su punto de equilibrio fuera del acopio parasitario de capital como relación de poder en un mundo ecológicamente insustentable debido a la desmesura de su desarrollo tecno-industrial, que ha expoliado ¿casi? todas las posibilidades naturales de los territorios y ecosistemas del planeta.

Nos vemos obligados a sobrevolar etapas de aniquilamiento mediante ecocidio social, localizables dentro de los ecosistemas y sus pobladores. Secuelas de los trastornos provocados por esa insoportable polarización en la distribución de la riqueza a través del acopio parasitario de capital como relación de poder. Tragedias sociales como el feminicidio, el mercado de cuerpos humanos vivos o muertos y sus componentes tanto de personas adultas como de niños, el trabajo infantil, los infantes y adolescentes utilizados como soldados en las guerras des-localizadas. Las pandemias como el ébola -resultado del acercamiento agresivo entre seres humanos y medioambientes agrestes, sus especies y la falta de estructura de salud-, que cruzan hacia territorio convencionalmente civilizado; y la hambruna que obliga a centenares de miles o a millones de personas desplazadas por las guerras a lanzarse a elementos de comportamiento imprevisible como el mar, los desiertos, o los espacios que tras haber sido zonas de importancia industrial durante una etapa del desarrollo del capitalismo son defenestrados hasta devenir en territorio con ecosistemas habitados por fantasmas.

Las reuniones internacionales, las cumbres de organizaciones como la ONU, las ONG creadas y/o manipuladas por los intereses de las transnacionales hacia la llamada economía verde, y hasta los movimientos sociales indígenas o por la defensa y sustentabilidad ecológica del planeta fueron, y aún son insuficientes. A nuestro criterio no existe paliativo dentro del sistema capitalista. El cambio político anticapitalista mediante transición sustentable posible es indispensable. La interacción entre ecocidio y aniquilamiento aumenta su hiperkinesis pendular sobre el cuello de la humanidad, mientras se propaga o intenta expandirse el retroceso capitalista hacia adelante.

Notas:

1 Ver: François Chesnais (2009). “Un año después del crack bancario y financiero”. En: Rebelión.org. Sección: Economía. 29/12/2009/. http://www.rebelion.org/
2 Ver: Andrei Fúrsov (2013). “Desmontaje del capitalismo y el fin la Época de las Pirámides”. Traducido del ruso por Arturo Marián Llanos. En: Rebelión.org. 26/04/2013. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=167278
3 “En el siglo XX pasamos de un mundo “vacío” a un mundo “lleno”, en palabras de Daly (1999), lo que implica una verdadera mutación histórica, haciendo que se hable ya de la entrada en una nueva era geológica: el Antropoceno. El Antropoceno sería una nueva época de la Tierra, consecuencia del despliegue del sistema urbano-agro-industrial a escala global, que se da junto con un incremento poblacional mundial sin parangón histórico. Todo ello ha actuado como una auténtica fuerza geológica con fuertes implicaciones ambientales. La Sociedad Geológica de Londres, la de mayor historia y quizás la más prestigiosa del planeta, así lo ha definido (Davis, 2008). El Holoceno, la etapa histórica que coincide con el inicio de la agricultura y la expansión y evolución de las distintas civilizaciones humanas, es decir, grosso modo los últimos 12.000 años, ha tocado a su fin. El trecho interglacial que define el Holoceno, inusualmente estable en términos de temperatura global, ha terminado, y habríamos entrado en “un intervalo estratigráfico sin precedentes parecidos en los últimos millones de años”. Estaríamos por tanto en una nueva era histórica marcada por la incidencia de la “especie humana” en el planeta Tierra. Pero indudablemente no es toda la especie humana la que así actúa, sino una parte cada vez más importante de la misma que se ve impulsada y condicionada por un sistema, el actual capitalismo global, fuertemente estratificado y con muy diferentes responsabilidades e impactos de sus distintas sociedades e individuos, que ha logrado alterar por primera vez en la Historia el sistema ecológico y geomorfológico global. No solo el funcionamiento del clima de la Tierra, o la composición y características de sus ríos, mares y océanos, así como la magnitud, diversidad y complejidad de la biodiversidad planetaria, sino hasta el propio paisaje y territorio, convirtiéndose el sistema urbano-agro-industrial ya en la principal fuerza geomorfológica. Una tremenda fuerza de carácter antropogénico, activada y amplificada por un sistema que se basa en el crecimiento y acumulación (dineraria) “sin fin”. Y sus impactos durarán siglos o milenios, y condicionarán cualquier evolución futura.” Fernández Durán, Ramón. El Antropoceno: La crisis ecológica se hace mundial. La expansión del capitalismo global choca con la Biosfera. Libros Libres. Rebelión. org. http://www.rebelion.org
4 La agresividad del imperialismo “ha crecido en proporción a su desorbitada e insaciable voracidad, que ya no repara en límite alguno, sean estos de carácter social, ecológico, jurídico o militar. Cien mil muertos diarios a causa del hambre o enfermedades perfectamente prevenibles y curables es la cifra que, según el PNUD, se requiere para sostener la globalización neoliberal; y la acelerada destrucción de bosques y selvas, así como la contaminación del aire y el agua, y el agotamiento de estratégicos recursos no-renovables, constituyen el saldo negativo del ecocidio que reclama el capitalismo contemporáneo. El orden jurídico internacional, laboriosamente construido luego de la Segunda Guerra Mundial, yace despedazado ante la prepotencia imperialista, y la militarización de la escena internacional preanuncia nuevos y más letales conflictos. Este es el necesario telón de fondo de cualquier discusión seria sobre el tema del imperialismo hoy.” Boron, Atilio. Clase de cierre. La cuestión del imperialismo. Colección Campus Virtual, CLACSO, Buenos Aires, Argentina. 2006. p 490. http://www.bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/campus/marxis/marxis.pdf
5 Tomemos solo al 1954, año del inicio de del acecho de EE.UU. a Viet Nam, como referencia, cuando ya el 10 de febrero en Washington D. C., el presidente estadounidense Dwight Eisenhower advierte de la posible intervención de en Indochina, a causa del asedio a que se ven sometidas las tropas francesas sitiadas en Dien Bien Phu; el 7 de mayo los vietnamitas derrotan a las fuerzas coloniales francesas. y el 4 de junio Francia y Vietnam firman el tratado en el que Francia reconoce la independencia de Vietnam. 1 de marzo: en el atolón Bikini (en las islas Marshall), Estados Unidos ¿en el marco de la operación Castle? detona la bomba de hidrógeno Bravo, de 15 Mt (megatones). En comparación, la soviética Bomba del Zar (la más potente de la Historia, de 1961) fue de 50 Mt, y la Little Boy (la lanzada en 1945 sobre Hiroshima) fue de 0,016 Mt. La lluvia radioactiva contamina a la tripulación del pesquero japonés Dragón Afortunado Cinco (de los que morirá uno de ellos seis meses más tarde) y a los propios soldados estadounidenses. 27 de marzo: en una barcaza sobre el cráter de la bomba nuclear Bravo (detonada el 1 de marzo), en el atolón Bikini), Estados Unidos detona la bomba de hidrógeno Romeo, de 11 Mt (megatones). 7 de abril: en el atolón Bikini, Estados Unidos detona la bomba de hidrógeno Koon, que se preveía que sería de 1500 kilotones pero resultó un fizzle (bomba fallida) de 110 kt. En comparación, la bomba atómica Little Boy fue de 16 kt. 26 de abril: en una barcaza cerca del atolón Bikini, Estados Unidos detona la bomba de hidrógeno Unión, de 6900 kilotones. 5 de mayo: en una barcaza sobre el cráter de la bomba Unión (detonada el 26 de abril), en el atolón Bikini, Estados Unidos detona la bomba de hidrógeno yanqui, de 13 500 kilotones. En comparación, la bomba Fat Man (del atentado terrorista atómico en Nagasaki) fue de 21 kt. 14 de mayo: en una barcaza sobre el cráter de la bomba Ivy Mike (la primera bomba de hidrógeno del mundo, detonada el 1 de noviembre de 1952), en el atolón Enewetak, Estados Unidos detona la bomba de hidrógeno Néctar, de 1690 kilotones. En comparación, la bomba atómica Little Boy (del ataque a Hiroshima) fue de 16 kt. Es la número 51 del total de 1054 bombas atómicas que hizo detonar Estados Unidos entre 1945 y 1992. 14 de septiembre: sobre el polígono de Tótskoye (unos 1050 km al este de Moscú) un bombardero soviético Tu-4 a 8.000 m de altura deja caer una bomba atómica de 40 kilotones, que estalla a 350 m. En el experimento quedan expuestas unas 45 000 personas (militares y civiles). Ver: Enciclopedia Wikipedia. http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=1954&oldid=76467762
6 “La crisis capitalista y la guerra, particularmente la tendencia privatizadora en la actual coyuntura histórica, permiten comprender como en el terreno de la seguridad y la defensa, el Pentágono norteamericano traspasa sus funciones de rutina a las compañías militares privadas. Por eso encontraremos en las descripciones que […] más de la mitad de las personas que trabajan en el súper secreto Centro Nacional de Contraterrorismo en Virginia son empleados de empresas privadas, tales como: Science Applications International Corporativo (SAIC), BAE Systems y Lockheed Martin. La Agencia Central de Inteligencia ha gastado el 50-60 por ciento de su presupuesto (o alrededor de $ 2,5 mil millones al año) con los contratistas, tanto particulares como de empresas privadas.” Lanz Rodríguez, Carlos. Lo que pone al desnudo el caso Edward Snowden: ‘the outsourcing of intellygence”. En: La Haine. org 2/08/2013. http://www.lahaine.org/blog.php?disp=impr&blog=3&p=40390
7 El Vivir Bien como respuesta a la Crisis Global. Varios Autores. Libros Libres. Rebelión.org. http://www.rebelion.org/docs/122287.pdf
8″Vietnam tiene características especiales. Una civilización muy vieja y una larga tradición como reino independiente con particularidades propias y cultura autóctona. Dentro de su milenaria historia, el episodio del colonialismo francés apenas es una gota de agua. Sin embargo, sus cualidades fundamentales y las opuestas del agresor, igualan, en términos generales, las contradicciones insalvables que se presentan en todo el mundo dependiente, así como la forma de resolverlas” Guevara, Ernesto. Prólogo al libro de Vo Nguyen Giap, Guerra del pueblo, ejército del pueblo. Editora Política, La Habana, 1964. En: Escritos y discursos, tomo 1, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana 1972, pp. 225-232. Obras Escogidas Editado en Digital por Resma, Santiago de Chile. Copyleft 2004. p 101.
9 “Desde 1960 hasta 1971 los aviones C-123 de la fuerza aérea norteamericana, como parte de la llamada Operación Ranch Hand, lanzaron casi ochenta millones de litros de herbicidas sobre 2,5 millones de hectáreas de bosques y cultivos de Vietnam, con la idea de defoliar los árboles donde se pudiese esconder la guerrilla del Vietcong, y para destruir las cosechas con las que pudiese alimentarse”. En: Alto al ecocidio. http://www.altoalecocidio.blogspot.com/p/preguntas_01.html
10 “El cielo quedaba invadido por una especie de bruma, por la mañana veíamos caer las hojas y los brotes quemados. Poco a poco los árboles alrededor de nuestra posición se morían, completamente quemados y cada vez nuestra unidad buscaba un nuevo bosque para esconderse. La escena se repetía por doquier”. Vo Ta Huong, combatiente de la provincia de Quang Tri, citado por el dossier sobre el agente naranja publicado en marzo del 2005 por la Asociación de periodistas de Vietnam. (La versión del dossier en francés, inglés y vietnamita). En: Rafael Poch-de-Feliú. Homenaje a Indochina (III). La Insignia. 28/04/2005.http://www.esjlille.fr/article.php3?id_article=125 http://www.lainsignia.org/2005/abril/int_030.htm
11 Ibídem.
12 Ver: Manlio Dinucci. “El Gran Oriente de Obama”. En: Red Voltaire. http://www.voltairenet.org/El-Gran-Oriente-de-Obama
13 Ver: Laurent Guyénot. “11 de septiembre: ¿Una operación que se organizó desde adentro o una operación del Mosad?” En: Red Voltaire. 12/09/2013. http://www.voltairenet.org/article180189.html
14 Ver: Wayne Madsen. “Biografía oculta de los Obama: una familia al servicio de la CIA”. En: Red Voltaire. http://www.voltairenet.org/article166882.html Primera parte
http://www.voltairenet.org/article167328.html Segunda Parte.
15 Gómez Rodríguez, Víctor Andrés. “Los valores sociales y el secuestro de la cultura por el poder político (II)”. En: ALAI, América Latina en Movimiento. 11/11/2014. http://alainet.org/active/78707
16 “Chávez [Hugo] creía que el cáncer que acabó con la vida algunos líderes de América Latina, incluyendo al presidente argentino, Néstor Kirchner a quien se le diagnosticó cáncer de colon, al presidente brasileño, Luiz Inázio Lula da Silva, quien fue tratado por un cáncer en la garganta, fueron víctimas de un complot de la CIA dirigido contra líderes de izquierda. Curiosamente, Carroll sugiere que el ex presidente de izquierda de Uruguay, Tabaré Vázquez, también se recuperó de un cáncer. De hecho, Vázquez nunca tuvo cáncer, además que él es un reconocido oncólogo educado en Francia. Sí el ex presidente del Paraguay, Fernando Lugo, quien en el año 2012 fue derrocado por un golpe de derecha apoyado por la CIA, se le diagnosticó un linfoma, cáncer al sistema inmunológico. […] El dirigente del partido comunista ruso, Gennady Zyuganov indicó que estaba lejos de ser una coincidencia que seis líderes de izquierda contrajeran cáncer aproximadamente en la misma época. El mismo Fidel Castro, que fue blanco de varios intentos de asesinato biológico por parte de la CIA, le reconvino a Chávez “cuídate Hugo. Esta gente (los norteamericanos) ha desarrollado la tecnología. Tienes que tener mucho cuidado.” Fidel Castro casi falleció víctima de una misteriosa afección estomacal e intestinal que contrajo luego de asistir con Chávez y Néstor Kirchner a dos eventos, La Cumbre de los Pueblos y la reunión del MERCOSUR en el mes de julio del 2006 en Córdoba, Argentina.” Madsen, Wayne. “Los asesinatos científicos son parte del prontuario de la CIA”. En: La Haine. 2/04/2013. http://www.lahaine.org/blog.php?disp=impr&blog=1&p=68246
17 García, Facundo. Entrevista al historiador Thomas Bender. “No compartimos el mundo con el resto”. En: Página 12. http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/17-22046-2011-06-20.html
18 “Allá la historia mundial se enseñó sin mencionar demasiado a los Estados Unidos. E inversamente, la historia estadounidense se ha estudiado sin hablar del contexto mundial. A esto me refiero cuando hablo de excepcionalidad. Desde esta postura, no compartimos el universo con el resto. Somos ‘un fenómeno aparte”. Ibídem. Ver también: William Astore. “Combatientes por la libertad de un imperio que se desvanece”. En: Tom Dispatch http://www.tomdispatch.com/post/175337/tomgram%3A_william_astore%2C_we%27re_number_one_%28in_self-promotion%29/#more . Bennis, Phyllis. “Desafiando al imperio: Resistencias de los pueblos, gobiernos y la ONU al poder norteamericano”. En: Transnational Institute. Oive Branch Press, 2010. http://www.interlinkbooks.com
19 Bender opina que: “Nosotros aceptamos nuestras actividades imperialistas justamente porque nos consideramos “aparte”. Creemos que estamos ayudando a la gente que invadimos. Este excepcionalismo es intrínsecamente contradictorio: no compartimos la historia mundial, pero cualquier historia nacional extranjera nos parece una emulación de la nuestra, como si los demás debieran ir en la misma dirección. Y cuando no lo hacen, nos confundimos […]; nuestras intervenciones quedan justificadas porque “los vamos a hacer avanzar” como avanzamos nosotros. El objetivo final sería nuestro modo de vida, o sea “el máximo de evolución”. […] El mayor problema […] es que al pensar que nuestros actos están motivados exclusivamente por causas nobles, no nos entra en la cabeza que alguien nos perciba como su enemigo […]; el sueño americano se asienta sobre la enclenque silla del heroísmo individual. Al extremo de la zoncera, Estados Unidos sería al planeta lo que John Wayne al desierto de Arizona […] [que vigoriza a escala global]: la inclinación […] a celebrar a los héroes en reemplazo de los procesos complejos [recordar a Martínez Heredia]. Encima nuestros héroes contemporáneos han dejado de ser hombres de estado para convertirse en millonarios, al estilo de Donald Trump.” García, Facundo. Ibídem.
20 “Las ideologías comunitarias no pueden suplir la ausencia de una ideología socialista de la clase obrera. Esto se aplica aun para la más radical de aquellas, la comunidad negra, ya que, por definición, su comunitarismo se inscribe en el marco del racismo generalizado que se propone combatir en su propio terreno […] la sociedad norteamericana desdeña la igualdad. La desigualdad extrema no es solamente tolerada, sino apreciada como el símbolo del “éxito” que la libertad promueve […] libertad sin igualdad es igual a salvajismo”. Amin, Samir. “Las desviaciones de la modernidad. El caso de África y del mundo árabe”. En: Temas, No. 46, 2006. p 14.
21 “Es su modelo capitalista (cultura o cotidianidad), y no su acumulación histórica (Cultura), lo que promueve esa hegemonía porque ella no es la Cultura del mundo.” Gómez Rodríguez, Víctor Andrés. La dominación comunicativa: un desafío para el socialismo del siglo XXI en la guerra cultural. En: Pensar a Contracorriente, No. VIII, 2011. p. 198.
22 República Democrática del Congo. (NA)
23 “En la década de 1980, […] la diáspora que se estaba dando hacia los Estados Unidos […] se manifestó […] en el drama de las abejas asesinas. Era esta una especie de abeja llevada desde África hasta el Brasil como parte de un proyecto de cruce de crías. Las abejas se ganaron el apelativo de asesinas porque se volvieron mucho más agresivas que las especies nativas; […] esta propagación fue interpretada desde los Estados Unidos como una marcha inexorable hacia el norte, hacia la frontera mexicana. En los años 80, mientras el país vivía la ola migratoria más grande de su historia, la amenaza de la llegada de estas abejas se convirtió en una obsesión nacional. […] El país se contó a sí mismo que la llegada de las abejas estaba cada día más próxima. Se hicieron esfuerzos por crear una barrera de pesticidas en la frontera. Científicos que trabajaban en el proyecto de los misiles para la Guerra de las Estrellas, inventaron un chip minúsculo que podría ser instalado en el dorso de una abeja asesina y que permitiría seguir su pista. Se perseguía y se destruía, sin éxito alguno, cualquier enjambre sospechoso.” Pratt, Mary Louise. “¿Por qué la Virgen de Zapopan fue a Los Ángeles? Algunas reflexiones sobre la movilidad y la globalidad”. En: Criterios. http://www.criterios.es

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