Un aporte al debate sobre el futuro de la prensa

Niko Schvarz    12.Abr.2015    Opinión

Del 12 al 14 de marzo pasado se realizó en Buenos Aires un Foro Internacional por la Emancipación y la Igualdad, que reunió a personalidades prestigiosas de América Latina, de Estados Unidos y de Europa. Según señalan sus organizadores, se trataba de reflexionar sobre el momento que se está viviendo en América Latina y en algunos países de Europa, donde algunas organizaciones políticas, como Syriza en Grecia y Podemos en España, que conocen bien los avances progresistas registrados en América Latina, están tratando de cambiar el estado de cosas dominante y de aportar soluciones de inclusión social y de rechazo a las políticas de “austeridad”.
En ese marco, el responsable de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet, realizó una entrevista de gran nivel a Noam Chomsky, uno de los más prestigiosos intelectuales del mundo actual, al que define como “un hombre que lleva años pensando cómo construir un mundo más justo, menos desigual y con menos violencia”. La entrevista versó sobre los temas candentes de la realidad internacional. Voy a referirme en particular a los aspectos abordados en el tramo final, que tratan sobre el destino de la prensa escrita, a lo que se agregan una serie de consideraciones sobre las revelaciones de Julián Assange y de Edward Snowden en relación con lo que denomina el “imperio de la vigilancia” por parte de Estados Unidos.
La nueva América latina
Pero antes, quiero destacar una coincidencia esencial con la valoración que se realiza en el reportaje sobre del proceso que está en curso en nuestra América Latina. Tanto la pregunta como la respuesta merecen transcribirse. En la pregunta, Ramonet comienza por señalar, con toda razón, que “en 1999 apareció Hugo Chávez en Venezuela, y una serie de países adoptaron programas anti neoliberales, varios gobiernos progresistas empezaron a aparecer en América Latina; primero en Brasil con Lula; después en Bolivia, con Evo Morales; luego en Ecuador, con Rafael Correa; luego en Argentina, con Néstor Kirchner; en Uruguay, con Tabaré Vázquez y Pepe Mujica. Esto se ha extendido en América Latina; y América Latina se le ha ido un poco de las manos a EE.UU.
¿Qué opinión tiene Vd. de estos gobiernos progresistas, en general, de América Latina? ¿Y por qué EE.UU. ha podido encontrarse en esta situación de pérdida de influencia en América Latina?”.
En su respuesta, Chomsky señala que “son acontecimientos de suma importancia en esta parte del mundo, de relevancia realmente histórica”. Traza la historia de América Latina durante 500 años, controlada por los poderes imperialistas occidentales, sobre todo por EE.UU. en el siglo XX. “Pero, a partir de 1999, empezó a cambiar esta situación. Estados Unidos es la potencia que ejerce el mayor dominio en todo el mundo, pero ya no tiene el poder abrumador de destruir gobiernos y de imponer dictaduras militares donde se le antoja”.
Recorre la historia de los últimos 15 años en América, el intento de golpe en Venezuela en 2002, con apoyo de EE.UU.; el golpe en Haití en 2004, en que Francia y EE.UU. se combinaron para el secuestro y envío de Jean-Bertrand Aristide al centro de África; luego el golpe de estado en Honduras en 2009, ya bajo el gobierno de Obama, contra el gobierno de Juan Manuel Zelaya.
Pero ahora –agrega- “América Latina ha dado un paso hacia adelante para lograr cierto grado de independencia. Es el camino correcto hacia adelante. La UNASUR, Mercosur, CELAC son grupos que representan pasos hacia la integración. La CELAC es totalmente novedosa, porque EE.UU y Canadá quedan excluidos, y esto nadie podría haberlo imaginado; era algo inconcebible años atrás.
Todo ello se ve reflejado de varios modos”. Cita entre ellos el hecho de que EE.UU. utiliza a varios países del mundo para aplicar las peores formas de tortura a sus opositores. Muchos países colaboran con estas prácticas aberrantes: son países, de Oriente Medio, África, Europa, pero ninguno de América Latina. Dice Chomsky: “Cuando América Latina estaba bajo el control de Estados Unidos, era un centro global de tortura. Ahora incluso se negaron a participar en este horrendo juego. Este es un cambio muy significativo. Ha habido casos de éxitos, parciales, en América Latina, que ha liderado la resistencia al proyecto neoliberal. También otros éxitos, aunque hay mucho camino que recorrer todavía”.
Ya hemos señalado nuestra coincidencia esencial con este planteo. Lamento, no obstante, que no se haya llegado más lejos, adoptando la caracterización del presidente de Ecuador, Rafael Correa, quien ha señalado que desde el comienzo del nuevo siglo y milenio América Latina está viviendo, ya no solo una época de cambios, sino un cambio de época. Todos los elementos que aportan, tanto Ramonet como Chomsky, avalan esta definición sobre el carácter de la época que vive nuestra América, y sustentan la lucha de nuestros pueblos por proseguir en el largo camino que resta recorrer, como se señala acertadamente.
La prensa escrita en el mundo de hoy
Entro ahora al gran tema de la prensa escrita en la actualidad. En su pregunta Ramonet realiza un cuadro de la actual situación, señalando “la gran preocupación que existe en el mundo del periodismo sobre la crisis de la prensa escrita”. “”Hay una enorme crisis en la prensa escrita, muchos periódicos están desapareciendo, muchos periodistas están perdiendo su empleo. ¿El periodismo de papel va a seguir existiendo? ¿Qué consecuencias puede tener la desaparición del periodismo de papel?”.
La respuesta de Chomsky a la última pregunta es: “No creo que sea inevitable”. Dice que hay excepciones interesantes, y pone el ejemplo de La Jornada de México, que pasó ser por su difusión el segundo diario en el país y que se lee muy ampliamente, “aunque a la clase de los empresarios no le gusta en absoluto, por lo cual no recibe publicidad”. Pero sí recibe publicidad del gobierno, porque la ley mexicana así lo exige. En síntesis, Chomsky afirma que “La Jornada” es un diario de buena calidad y está sobreviviendo. Creo que no es algo imposible”.
Analiza luego la Declaración de Derechos Humanos de la ONU en lo relativo a la libertad de prensa (artículo 19). Ésta consta de dos aspectos: el derecho a generar una información libre de control gubernamental, pero también el derecho a recibir información y a tener oportunidad de generar información libremente. Lo cual significa sin concentración de capitales. Dice que la prensa rica, compleja e independiente del siglo XIX y principios del XX sucumbió por la concentración de capitales que se invertían en ella y por la dependencia de la publicidad. Cuando se depende de la publicidad, son los anunciantes los que comienzan a tener impacto en el diario.
Un diario moderno actual es un negocio. ”Primero se pone la publicidad, que es lo importante, y después se rellena un poquito aquí y allá con algo de noticias”. Esto lo extiende a la televisión, y señala que tal es la estructura de los medios de comunicación comerciales. “Este tema ha sido una batalla durante siglos”.
Es precisamente a esta altura que deseo introducir mi reflexión, que sintetiza una extensa experiencia personal. Todo el análisis que antecede es impecable, Pero no tiene absolutamente nada de novedoso, y además, no proporciona ninguna salida, ninguna solución para que la prensa (escrita en este caso) pase a desempeñar realmente el papel que le corresponde en las sociedades modernas.
He mencionado muchas veces, y voy a reiterarlo, que hace más de un siglo, exactamente en 1912, el gran tribuno socialista francés Jean Jaurès (asesinado por su tenaz oposición a la primera guerra mundial) caracterizó lo que definía como “la prensa del gran capital” con esta acertada comparación: “Parecen cien campanas, pero las mueve un solo hilo”. Esto no solo sigue siendo cierto, sino que se acentuado considerablemente, con tendencia a adquirir rasgos monopólicos, o casi. Basta con observar la gran prensa en el mundo de hoy. Lo importante es ver cómo se lucha, desde los sectores populares y de izquierda contra ese fenómeno monopólico, contra toda la prensa flechada en la misma dirección, a favor de los intereses oligárquicos y contra los sectores populares.
¿Eso se puede hacer? ¿Existe alguna experiencia en ese sentido? Lo primero, como en geometría, es demostrar el teorema de existencia. Y la respuesta es afirmativa, porque eso ya se hizo, y con pleno éxito, en nuestro país. Y se puede repetir, incluso en mayor escala, en las condiciones políticas y sociales de hoy. Esto es lo que falta, a mi juicio, en el análisis de Ramone y Chomsky. En términos médicos, hicieron un ajustado diagnóstico de la enfermedad. Lo que falta, es el tratamiento, la evolución y el pronóstico.
Una vez más, invoco el antecedente del diario El Popular en nuestro país. Aunque me quepan las generales de la ley. Para ir derecho a la conclusión, afirmo que el papel de El Popular fue decisivo para que se creara el Frente Amplio (esa experiencia formidable que hoy se analiza en toda América e incluso en el mundo) y se generara un movimiento obrero unido en el PIT-CNT que congrega a todos los sectores del trabajo nacional, sin ninguna excepción, y que también es ejemplo a nivel internacional.
Originariamente, se trató de una iniciativa emanada del XVI Congreso del Partido Comunista de Uruguay (PCU) de setiembre de 1955, que superó una difícil situación interna y se proyectó en tres direcciones principales: la unidad sin exclusiones de todas las fuerzas de izquierda, avanzadas y progresistas; la unidad de todo el movimiento obrero en una central única; y la forja de un fuerte PCU, no como una cuestión interna sino como una condición para contribuir, con el esfuerzo consciente de sus militantes, a la creación del Frente Amplio y de la central obrera unificada. La edición de un diario, con penetración en la masa del pueblo, se juzgó imprescindible para alcanzar ese doble objetivo en el plano sindical y político. En ello se empeñaron considerables esfuerzos, que nutrieron un profuso anecdotario pero finalmente, el 1º de febrero de 1957, vio la luz el primer ejemplar del diario El Popular.
En su época inicial, EL POPULAR diario coexistió con el histórico semanario comunista “Justicia”, que había acompañado al PCU desde su fundación en 1920, habiendo sido precedentemente órgano del Partido Socialista, fundado en 1912. En ese primer período, El Popular aparecía todos los días menos los viernes, día en que se difundía Justicia semanario. Después pasamos a bancar todos los días nosotros solos, con el único descanso del día mensual del canillita (vendedor ambulante).
Las dificultades para continuar diariamente en la brega fueron enormes, pero se superaron gracias a una verdadera pasión militante de todos quienes estábamos empeñados en esa tarea. En primer lugar, hubo que vencer las dificultades financieras (como plantean Ramonet y Chomsky). Aquí apelamos, por una parte, a campañas financieras que eran asumidas por todo el PCU, con un criterio de máxima amplitud, sin un ápice de sectarismo, tratando de sembrar conciencia sobre el carácter nacional y popular del periódico.
Todos nosotros (no solo la tesonera administración dirigida por Luis Rodríguez, sino también los redactores) participábamos en la campaña. Si yo revelara los nombres de algunos empresarios que entrevisté y que concretaron una contribución regular, más de uno quedaría sorprendido. Otro aspecto era la difusión: un tiraje grande para nuestro medio, venta un día por semana por todos los militantes (incluso nosotros, que en mi caso me brindó experiencias humanas inolvidables) además de la vía regular por los canillitas.
La otra gran dificultad eran las medidas represivas del gobierno, en particular durante el período del pachecato (presidente Pacheco Uruguay). Con cualquier pretexto se sucedieron las clausuras, que también tocaban a otros periódicos de oposición, en particular de los socialistas. Había que defender la salida de cada número. Más de una vez estaba Rodney Arismendi en la boca de salida del diario, en Río Branco (hoy Wilson Ferreira Aldunate) cerca de 18 de Julio. Más de una vez tuvimos que ir en la madrugada a la oficina de censura de prensa que quedaba en la propia Jefatura de Policía de San José y Yi, a reclamar. Pero contra viento y marea, seguimos saliendo. Cuando tras el golpe de Estado del 27 de junio de 1973 la dictadura nos clausuró y ocupó los talleres, hacíamos el diario oral yendo a visitar las fábricas ocupadas, textiles y metalúrgicas sobre todo, y después se pasó a difundir prensa clandestina y se repartía prensa continuadora de El Popular editada en el exterior, principalmente en México.
Con el retorno a la democracia (y previo al mismo, preparando su advenimiento) aparecieron otras publicaciones, principalmente La Hora. Después reapareció El Popular y tras un período se fusionó con La Hora, conformando La Hora Popular. Actualmente El Popular, ahora como semanario, está transcurriendo en su tercera época, y acaba de festejar el aniversario del lanzamiento de su 300ª edición.
He querido revivir estos hechos lejanos, no para batirnos el parche, sino para complementar el planteo de Ramonet y Chomsky. La prensa del gran capital es lo que ya sabemos, en nuestro país, en América y en el mundo. Lo mismo acontece, incluso en mayor escala, respecto a la TV. Lo que ellos dicen al respecto es totalmente cierto. Pero eso no impide que las fuerzas de izquierda, el movimiento obrero y popular, puedan crear sus propios diarios, sus propios medios de comunicación, y difundirlos al máximo en el seno del pueblo mediante un esfuerzo militante consciente y sistemático. En nuestra modesta escala de un pequeño país, eso pudo hacerse hace más de medio siglo, y en esa forma se contribuyó a un cambio positivo en la sociedad y en la vida política, que hoy se expresa claramente a nivel de gobierno. Y lo que se hizo en el pasado, hoy puede hacerse a una escala mucho mayor, porque la sociedad ha evolucionado positivamente, y eso es válido para toda la América Latina de hoy.

nikomar@adinet.com.uy
Publicación Barómetro