EE.UU.

California y la alarma climática

Luis Beatón    22.Abr.2015    EE.UU.

El cambio climático no es una broma, admitió recientemente el gobernador de California, Jerry Brown, en momentos en que sus paisanos enfrentan la mayor sequía de los últimos años y toman medidas para evitar las carencias de agua.

El cambio climático no es una broma, admitió recientemente el gobernador de California, Jerry Brown, en momentos en que sus paisanos enfrentan la mayor sequía de los últimos años y toman medidas para evitar las carencias de agua.

Brown subrayó que “el clima que tenemos en California hará estragos en otras partes del mundo”, tal vez considerando que en esa zona estadounidense se produce la mayor parte de las frutas y verduras para el país y para el mundo.

La sequía en California llega a un nivel alarmante pese a los esfuerzos voluntarios, hasta ahora insuficientes, para reducir el consumo de agua a lo largo del estado, según fuentes oficiales.

En la actualidad los niveles de los embalses son más bajos de lo que eran en 1977, la última vez que el estado sufrió una ausencia de lluvias tan severa, subrayó un artículo del diario The New York Times.

Según científicos citados por el periódico, el agua que se utiliza en la actualidad es superior a la que se repone.

El problema del agua en la llamada ensaladera estadounidense despierta preocupaciones entre sus habitantes, incluso la vista se pone en la agricultura y en la explotación petrolera, dos grandes consumidores del preciado líquido, en un caso por los regadíos y en el otro por las técnicas de fracturación que consumen mucho.

Lo cierto es que la crisis comienza a centrar la atención nacional y ya ocupa espacios en importantes medios de prensa.

Se estima que 38,8 millones de personas viven en California en la actualidad, más del doble que los 15,7 millones que lo hacían en 1960, y la economía estatal está considerada como la séptima más grande del mundo (2.2 billones de dólares).

Una alternativa para los sedientos parece abrirse paso ahora, el agua salada del océano Pacífico, una megamillonaria reserva del líquido que lame las orillas brillando tentadoramente bajo el sol.

Según el diario The New York Times, por primera vez una de las principales metrópolis de California está a punto de convertir el océano Pacífico en una fuente diaria de agua potable, cuando aliste una planta de desalinización de mil millones dólares para suministrar ese recurso hídrico al condado de San Diego. Más de una docena de comunidades a lo largo de la costa de California estudian el asunto y no descartan esfuerzos para seguir ese camino y enfrentar la crisis.

La planta para San Diego podría producir 50 millones de galones de agua al día y según Mark Weston, presidente de la agencia que suministra a los municipios del condado, resulta una opción espectacular.

Aquí la economía cuenta. En San Diego, que depende de los suministros desde el río Colorado y del norte de California, las facturas de agua alcanzan un promedio de alrededor de 75 dólares al mes, lo que disminuiría con la nueva planta.

No obstante, el esfuerzo tiene puntos en contra, ya que la instalación aumentaría las emisiones de dióxido de carbono que causan el calentamiento global, lo cual tensa aún más las reservas de agua. Asimismo, los ambientalistas temen un impacto sustancial en la vida marina.

Nuestra posición es que la desalinización de agua de mar debe ser el último recurso, dijo Sean Bothwell, un abogado de la Coastkeeper California Alliance, una coalición ambiental que lucha contra estas construcciones.

El creciente interés en la desalinización no es simplemente una cuestión de desesperación, aunque eso es ciertamente un factor en los estados con poblaciones en crecimiento y pocas fuentes factibles de agua nueva, plantean expertos.

La desalinización es hoy en una gran industria, con más de 15 mil plantas que operan en todo el mundo. Muchas de ellas son pequeñas y tratan las aguas subterráneas salobres, que requieren mucha menos energía y abarata el tratamiento.

Estados Unidos ya cuenta con decenas de estas plantas más pequeñas, según estimados oficiales.

En California los cortes de agua podrían afectar a todas las comunidades, por lo que son muchos los intentos de enfrentar la crisis con mejoras de las fuentes energéticas, ya sean eólicas o solares, que abaraten los costos de los procesos para potabilizar el llamado oro azul.

A los problemas existentes se unen los que pudieran desencadenar los esfuerzos para hacer competitivo el producto. California y otros estados se enfrentan a decisiones importantes sobre las normas ambientales para las nuevas plantas.

Tanto la ingesta de agua de mar y la eliminación del exceso de sal en el océano pueden dañar la vida marina, estiman ambientalistas.

Consumir grandes cantidades de agua de mar, por ejemplo, puede matar a los huevos y larvas de peces por miles de millones. Existen soluciones técnicas, pero pueden aumentar los costos, y todavía no está claro qué tan estricta serán las regulaciones de California para los que apuestan a desarrollar las industrias a fin de producir agua potable.

Por lo pronto, dirigentes de la Autoridad del Agua del condado de San Diego siguen pensando en fórmulas para conservar las actuales fuentes y recurren a innovaciones como baños de bajo flujo, lavadoras más eficaces y otras que ayuden a ahorrar el líquido.

No obstante, estos esfuerzos no parecen suficientes para asegurar el futuro e insisten en avanzar en los procesos de desalinizacion.

Así el condado de San Diego pudiera recibir hasta 50 millones de galones de agua potable al día a partir de la planta en Carlsbad.

Santa Bárbara, un destino turístico de moda en la costa, podría enfrentar escasez de agua dentro de un año si la sequía continúa, lo que lleva a las autoridades a pensar en reactivar una desalinizadora parada en el lugar a un costo de 40 millones de dólares.

Según el alcalde Helene Schneider esto aumentará la factura de agua pero, para muchos, no tenerla es una opción peor que consumirla a un costo mayor.

Pero si San Diego está en crisis, no menos lo está el condado de Los Ángeles, donde incluso los restaurantes tienen prohibido servir agua a no ser que sea solicitada por los clientes.

De acuerdo con la orden del gobernador Jerry Brown impuesta el 1 de abril, los dueños de negocios que incumplan esa medida podrían recibir multas de hasta 500 dólares.

Aunque si esto no es ilustrativo de la crisis, un estudio del UC Davis Center for Watershed Sciences reveló que la falta de agua puede costar a la industria mil 700 millones de dólares y el empleo a 14 mil 500 personas.

Todo esto indica que la alarma climática llegó para quedarse en una región, donde incluso, una canción popularizó que en California nunca llueve.

*Periodista de la redacción Norteamérica de Prensa Latina.