Suecia se encamina a liberar la exportación de armas

Ricardo Daher    26.Oct.2007    Europa

Suecia parece encaminada a eliminar las actuales restricciones a la venta de armas a países en guerra o acusados de violar los derechos humanos, y aceptar los criterios que dicte el gobierno de Estados Unidos, según se desprende de las últimas decisiones en esa materia y que involucran al actual gobierno derechista y al anterior gobierno socialdemócrata.

En los hechos, el gobierno sueco ha aceptado ya excepciones a la ley que impide la venta de armas a países en guerra o que violen los derechos humanos, siempre que éstos reciban el beneplácito de los Estados Unidos. Actualmente Suecia negocia vender armas a las dictaduras de Pakistán, Tailandia y Arabia Saudita, mientras abastece con proyectiles al ejército de ocupación norteamericano en Irak y Afganistán.
La única prohibición de venta de armas o repuestos militares aprobado por el gobierno sueco en los últimos años, ha sido contra Venezuela el pasado año, y tras aceptar el reclamo norteamericano de considerar a ese país como un “gobierno peligroso”.
El caso de Venezuela puede ser el ejemplo típico de la nueva política sueca de exportación de armas y sometimiento a la política exterior norteamericana.
Durante 20 años Bofors, del grupo Saab suministró equipos militares a Venezuela, pese a las denuncias de violaciones a los derechos humanos y los actos de corrupción de los sucesivos gobiernos conservadores en ese país. Sin embargo, ahora, bastó una decisión del gobierno norteamericano de bloquear la venta de armas y repuestos a ese país, para que Suecia se plegue a la medida.
La decisión fue adoptada el pasado año por el entonces gobierno socialdemócrata y fue aplaudida por la Embajada norteamericana en Estocolmo.
Recientemente, una serie de artículos en el diario conservador Sydsvenska Dagbladet, denunció una política hipócritica de Suecia en el comercio de armas. Sin embargo, más que hipócrita, se debe coincidir que se trata de abandonar cualquier prurito moral y dar vía libre al mercado, conciderando además que la promoción de las exportaciones de armas vienen a cubrir los recortes en las gastos internos de Defensa ya anunciados por el nuevo gobierno derechista.

Vender sin mirar a quien
La lógica del sistema capitalista es consumir y producir ganancias. Los conceptos de solidaridad, respeto a los derechos humanos y promoción de valores, no integran esa lógica. El control que ejercía -y que por ley debe ejercer aún- el parlamento correspondió a una etapa en que la socialdemocracia pretendía representar otros valores.
Ahora, más adaptados a los nuevos tiempos de globalización y capitalismo salvaje, tanto los partidos conservadores como la socialdemocracia, eliminan los controles a la venta de armas, primero por la vía de los hechos y después, preparando una legislación “actualizada”.
En 2005, un informe preparado a pedido por el gobierno socialdemócrata al ex parlamentario del Partido del Centro, Anders Svärd, concluía que “las normas legales que regulan la exportación de materiales bélicos instituídas en Suecia y actualizadas por última vez en 1993 deben ser actualizadas”.
Según Svärd, Suecia debe adaptarse a la nueva situación internacional, a la propia reducción del ejército sueco operada en los últimos tiempos, y a una creciente internacionalización de las empresas del país que fabrican armas y que actúan en el mercado. También considera que la industria militar y la colaboración internacional en este terreno debe tener más peso que la propia necesidad de la defensa de importar materiales, argumentó que hasta ahora ha justificado las exportaciones suecas entre otras razones, el financiamiento de una buena parte de la defensa nacional.
En la actualidad las regulaciones de ventas están en consonancia con razones políticas, entre ellas la de neutralidad del país, que desaparecida la Unión Soviética y el pacto de Varsovia se considera para muchos obsoleta, y a una creciente participación hoy en las políticas de defensa comunes de la Unión Europea. El otro aspecto es el que se refiere a la prohibición de venta a “países en conflicto” o que “violen gravemente los derechos humanos”, cosa que muchas veces las empresas suecas han violentado mediante la venta a segundos países, por ejemplo.
Y por último, no menos influye para que se trate de liberalizar las normas existentes, el hecho de que las empresas suecas han sido adquiridas por las de otros países y dependen crecientemente de tecnologías extranjeras, principalmente de Estados Unidos y de Gran Bretaña, las que en definitiva deciden a qué países se le vende.
Entre las recomendaciones más importantes de Svärd estaba de la otorgar libre permiso para la exportación de material militar.
Svärd argumentaba que la exportación de armas no sólo debía autorizarse por razones de seguridad, sino también como impulso a la industria del país.
Entonces la propuesta quedó archivada en los cajones del escritorio de la ministra de Infraestructura, Ulrica Messing. El vocero del partido de gobierno de entonces en cuestiones de relaciones exteriores, el socialdemócrata Urban Ahlin comentó que el contenido de la propuesta necesitaba de mucha discusión y que debía hacerse en el futuro.
Con el cambio de gobierno en octubre de 2006, la discusión quedó en manos la alianza de derecha que, al menos publicamente, muestra discrepancias internas.
La líder del Partido del Centro y ministra de Comercio, Maud Olofsson, dice que hay que adecuar la ley y acompañar las propuestas de Svärd. Rechaza que Suecia mantenga una política hipócrita de legislar contra la venta de armas a países en guerra y/o violadores de los derechos humanos. Lo que pasa, explica la ministra de Comercio, es que hay que actualizar la ley. Es decir, primero violar la ley para después actualizarla
Alf Svensson, representante del Partido Demócrata Cristiano en la Comisión de Constitución del parlamento no quiere cambiar la ley, pero justifica la excepción a la misma que se hace con Estados Unidos.
Svensson niega que ello ejemplifica una política hipócrita. Debemos tener escala de grises, la mayor parte del mundo no es blanca ni negra, sino gris, justifica.
Svensson pone como ejemplo Estados Unidos en guerra con Irak. Suecia debe tener la libertad de continuar vendiendole armas a Estados Unidos, insiste, pese a que la ley dice que no se podría. “Somos tan dependientes de Estados Unidos,que no podemos tener una ley cuadrada y tratar de meter la realidad a presión en ella”.
Mientras, el ministro de Defensa Sten Tolgfors aplaza también la discusión y deje entrever que es necesario un cambio de la legislación. En los hechos el gobierno conservador actúa ya de esa manera.
“En términos generales cada país tiene derecho a defenderse, después la ley sueca indica como puede usarse el material bélico vendido en cada país. No hacemos negocios con todos los países, pero no tenemos una lista negra sino que evaluamos cada caso en particular” sostiene Tolgfors.
El Partido Socialdemócrata en la oposición ahora, también está dispuesto a un cambio en la legislación. De hecho las excepciones a Estados Unidos comenzaron con el gobierno socialdemócrata.”Los socialdemócratas queremos tener una nueva legislación en el tema” dice Urban Ahlin, representante del partido en la comisión de Exteriores. Es mucho lo que ha sucedido desde la última actualización de la ley. Una gran parte de las armas se fabrican hoy en colaboración con otras industrias de defensa y a veces es dificil saber si es un producto sueco o extranjero”.
Los otros dos partidos de oposición parlamentaria, Partido de Izquierda y Medio Ambiente, exigen el cumpimiento de la ley vigente.
Peter Rådberg, representante del Partido de Medio Ambiente en la comisión de Constitución subraya que la ley es clara en impedir la venta de armas a países en guerra. “La norma es clara, pero siempre sale a relucir la palabra “seguridad nacional” para justificar la excepción. La ley debe ser todavía más estricta. Se ha usado el argumento de que detener la exportación de armas a Estados Unidos puede tener como contrapartida el corte de abastecimiento de material norteamericano para el avión Jas y paralizar sus servicios. Esa amenaza no es real” sostiene Rådberg.

Reducción de controles
Aunque el informe Svärd dió la señal de cambio en Suecia, en los hechos el país ya venía preparando cambios en consonancia con las decisiones de otros países exportadores de armas europeos.
En mayo de 2003, Aministía Internacional presentó un informe que evaluaba los cambios que se realizaban en Europa sobre el negocio de la venta de armas. El comunicado de la organización publicado en Londres decía: “En julio de 2000, seis de los mayores exportadores de armas europeos -Francia, Alemania, Italia, España, Suecia y el Reino Unido- firmaron el Acuerdo Marco relativo a las medidas encaminadas a facilitar la reestructuración y funcionamiento de la industria europea de defensa. El acuerdo tiene por objeto reducir los controles impuestos sobre las empresas exportadoras de armas dentro de Europa, pero podría debilitar los controles a la exportación de armas, ya que no prevé una transparencia adecuada ni la vigilancia de las exportaciones a países no participantes”.
Un año más tarde, en mayo de 2004, Amnistía Internacional volvía a denunciar que “los controles sobre la exportación de armas en la Unión Europea ampliada son peligrosamente ineficaces, por lo que es necesario establecer con urgencia normas nuevas y estrictas para proteger los derechos humanos y salvaguardar la seguridad de las personas”.
Al tiempo que reclamaba una política más restrictiva y mayores controles, advertía que “las armas y el material y los servicios de seguridad de la UE están contribuyendo a que se cometan graves abusos contra los derechos humanos, y la escala de abusos potenciales es ahora mismo enorme. Los principales países exportadores de armas de la UE (Francia, Alemania, Italia, Suecia y Reino Unido) son responsables de un tercio de los negocios de armas del mundo”.
La carrera armamentista iniciada por Estados Unidos arrastró a todos los países, especialmente cuando ya no se conoce a que capitales responden cada empresa fabricante de armamento.
Según SIPRI, el Instituto de Investigaciones para Paz, el gasto militar mundial en 2006 llegó a
1.204 mil millones de dólares. Esto representa un incremento en términos reales del 3.5 % entre 2005 y 2006 y un 37 % entre 1997 y 2006. El gasto militar mundial en 2006 equivalió al 2.5 % del PIB mundial.
También según SIPRI con sede en Estocolmo, la venta de armas de las 100 empresas productoras de armamento más grandes del mundo (excluyendo a las empresas chinas) alcanzó en 2005 un estimado de 290 mil millones de dólares. Esto representó un incremento del 3 % en términos reales.
Suecia no quiere quedar fuera de este creciente y pujante mercado.

Incentivar la exportación
Tras la decisión del gobierno conservador de reducir los gastos de la Defensa, la producción militar apuesta a la exportación de sus productos.
El pasado 5 de setiembre renunció a su cargo el ministro de Defensa, Mikael Odenberg en protesta por el recorte presupuestario. La compra de material de Defensa se reducirá en 980 millones de coronas para el año 2010, y con el objetivo de seguir bajando. Actualmente en la industria militar sueca trabajan alrededor de 25.000 personas.
Una semana antes de anunciar el recorte, el primer ministro Fredrik Reinfeldt visitó el astillero de Kockum en Karlskrona, donde se siguen fabricando barcos, y adelantó la medida. “Los barcos de combate no entran en el futuro de la defensa del país, nuestro objetivo no es ahora defender el territorio, sino participar en misiones de paz internacionales” dijo Reinfeldt. “El Estado no seguirá contribuyendo a la generación de nuevos barcos” resaltó. “No creo que el Estado deba garantizar el trabajo a largo plazo en todo el país. El trabajo debe motivarse en la calidad, la capacidad y la competitividad” insistió.
El discurso de Reinfledt coincidía casi por completo con la conclusiones del informe Svärd presentado en 2005 y que proponía la liberación de la venta de armas.
Desde entonces, la industria de militar ha decidido apostar a la exportación. “Debemos desarrollar la colaboración con empresas extranjeras. Una buena parte de la industria del futuro está en la internalización, participar en proyectos de desarrollo internacionales” sostuvo el nuevo ministro de Defensa, Sten Tolgfors.
La exportación de material de guerra sueco ha crecido exponencialmente. Mucho más de la mitad de la producción se destina a la exportación. El pasado año se vendieron barcos de guerra, aviones, cañones, misiles por más de 10.000 millones de coronas (más de 1.500 millones de dólares).
Suecia se ubicó en el octavo lugar en el mundo en la lista de países exportadores de armas.
Cuando Suecia acuerda una colaboración militar, como por ejemplo con Arabia Saudita, no se tienen en cuenta sólo aspectos de seguridad, sino también la posibilidad de Suecia de acceder a ese mercado con otros productos, como telefonía, vehículos automotores, alimentos, etc. En estos casos la venta de armamento funciona como punta de lanza para el resto de la industria.

¿Existe una industria militar sueca?
La Bofors de Karlskoga que fabrica cañones y granadas, es propiedad ahora de la empresa británica estadounidense BAE Systems. La misma empresa es propietaria de Hägglunds de Örnsköldsvik que produce lanzagranadas y otros equipos para blindados.
La productora de explosivos, Eurenco Bofors está controlada por la empresa francesa SNPE.
La Saab de Linköping que construye el avión Jas Gripen y controla la fábrica de radares Ericsson Microwaves, es a su vez controlada, en más de un 20% por la británica estadounidense BAE Systems. Los astilleros de Kockum de Malmö y Karlskrona, fabricantes de submarinos y corvetas, son propiedad actualmente de la empresa alemana ThyssenKrupp.
El Departamento de Material de Defensa, FMV por su sigla en sueco (Försvarets materielverk) es una institución estatal que en sus comienzos estaba orientado a la compra de material para la defensa. Ahora tiene objetivos más amplios como la promoción y venta de material bélico producido en el país, aunque sus fabricantes, como se ha visto, no son sólo suecos. FMV tiene un presupuesto para promover las exportaciones de armas de 103 millones de coronas al año, y aunque redujo su personal, emplea todavía a 1.500 personas.