Perú: Soberbia, provocación y poder

alan garcia peru

Para soberbio y sabelotodo: Alan García. El “mago” de la palabra cree que su dicho es la verdad, infalible e imperecedera, y que todos deben aceptarla.

Para soberbio y sabelotodo: Alan García. El “mago” de la palabra cree que su dicho es la verdad, infalible e imperecedera, y que todos deben aceptarla. Cosa complicada, pues lo sabemos voluble no de carácter y estado de ánimo sino de sus convicciones políticas: un socialdemócrata “converso” al neoliberalismo. Tampoco obviemos el pragmatismo extremo y su incontrolable adicción a la sensualidad del poder. Serían solo detalles de su personalidad, anecdóticos, si no fuese el Presidente, en un país de tradición política caudillista, al igual que el Apra.

Como Presidente de un gobierno de derecha -con claro formato fujimorista-, estos rasgos de personalidad marcan la forma como ejerce el poder. Prepotencia, imposición, desprecio a los demás son sus rasgos constantes. De allí -y de su servilismo a los intereses de la gran empresa y los “dueños” del Perú- su insistencia en gobernar ignorando al país real, en ningunear a los electores y tratarlos como si todos fueran niños que no saben ni distinguen lo que es bueno para ellos, debiendo él decidir e imponerles el camino correcto que nadie más que él conoce. ¿Lo seguiremos tolerando?

García dice que las comunidades nativas y los pueblos amazónicos no saben lo que les conviene. “Se condenan al atraso” ha dicho ante la movilización de 65 etnias y cientos de miles de peruanos y peruanas de la Amazonía en defensa de sus tierras y su manejo, por la derogatoria de los D. Leg. 1015, 1073 y otros que ponen en cuestión sus derechos y el manejo de los recursos naturales y el medio ambiente. Dice, como Confiep, que lo que los pueblos amazónicos deben hacer es “poner en valor sus tierras”, sus “cerros”, vendiéndolos o concesionándolos a grandes empresas y transnacionales que los exploten. Otro camino los condena al atraso de siempre.

Fácil es olvidar la responsabilidad del viejo Estado y sus gobiernos en la ausencia de educación bilingüe y servicios de salud para las comunidades, su incapacidad de aprovechar el banco biogenético a favor de la gente, la inoperancia en promover el turismo ecológico, la explotación de los recursos y actividad agropecuaria en armonía con los pueblos y el medio ambiente. No, todo lo debe resolver la gran inversión privada, caritativa y desinteresada, cual Madre Teresa. Las mayorías sobran, son incapaces.

¿Son ignorantes quienes exigen se reactive el PETT para acabar de titular sus tierras comunales o que el Instituto de los Pueblos Amazónicos recupere nivel ministerial y se genere un Fondo Indígena para promover la ciencia y la transformación de los recursos existentes con el ancestral conocimiento de los pueblos?

La huelga indefinida -disciplinada y madura- de los pueblos amazónicos y su ejercicio del control político sobre la autoridad abrieron paso a una solución, sin la mecedora de Jorge del Castillo y sus actas incumplidas. Impusieron una negociación con el Congreso. Exigieron que cumpla su función: impedir el abuso gubernamental en el ejercicio de facultades legislativas delegadas mal usadas y hacer cumplir el Convenio 169 de la OIT que obliga que los pueblos originarios sean respetados y consultados ante cualquier medida que los implica y afecta. Conquistaron poner el tema en agenda y derogar los D. Leg. 1015 y 1073.

Ahora, vía Jorge del Castillo, García anuncia “difícilmente vamos a promulgar la ley (de derogatoria)”. “Papá lo sabe todo”, no acepta ni lo que el Congreso decide, ni lo que los pueblos reclaman. Solo él vale. Quiere imponer a sangre y fuego su trasnochado proyecto del “perro del hortelano”: la modernidad es la gran empresa, las transnacionales, y el atraso lo representan los pequeños productores, las comunidades campesinas y nativas, los trabajadores que exigen derechos, etc. Así, la mayoría de los peruanos sobran si no sirven a las transnacionales.

García olvida que el poder que temporalmente ejerce emana del pueblo. Lo usa a su antojo, abusivamente. Resulta un peligro para el país, un provocador de violencia, confrontación e inestabilidad. ¿Olvida que está cada vez más aislado, que la gente demanda cambio de rumbo y que le tocan la puerta Moquegua (por incumplimiento de actas firmadas), las comunidades amazónicas y campesinas (para derogar otros decretos legislativos inaceptables), los pescadores y armadores (derogar la ley de cuotas pesqueras), los trabajadores de Salud, los despedidos y jubilados, los fonavistas?

Un Presidente provocador echa gasolina al fuego de la protesta social. Cierra las puertas a una solución política, democrática y provoca violencia y militarización. Por ello, hay que recuperar un poder mal utilizado por quien traicionó sus compromisos electorales de cambio y es hoy abanderado del continuismo neoliberal fujimorista. La revocatoria del mandato presidencial está a la orden del día, se debate entre la gente. Pero, en lo inmediato, es evidente que el gabinete de Jorge del Castillo resulta insoportable, agotado y deslegitimado. El gabinete de la mecedora y el lobbismo al servicio de la gran empresa debe irse ya. Si no, el pueblo “lo irá” y abrirá paso al proceso de la revocatoria presidencial, al cambio de rumbo que el país reclama.