Tratando de entender lo que pasa en el Cáucaso

La prensa internacional usa diversos nombres para referirse a las dos nuevas piezas de ajedrez, Osetia del Sur y Abjazia.

Osetia del Sur y Abjazia se parecen a Kosovo. En el caso de esta última, la Unión Europea y Estados Unidos, amenazando desde arriba con sus fuerzas armadas agrupadas en la OTAN, se apresuraron a protegerle su declaración unilateral de independencia frente a Serbia. Las protestas de este país, que perdía lo que consideraba una preciada provincia, de nada sirvieron. Tampoco importaron las protestas de Rusia que salió en defensa de Serbia. Las tropas de la OTAN ya estaban en Kosovo “garantizando la paz” y, resguardados en ellas, los kosovares construyen tranquilamente su nuevo país.

Por ahora Serbia no tendrá otra alternativa que asimilar el golpe, guardándose su rencor para “mejores” tiempos. Esos rencores acumulados podrían encontrar su salida dentro de algunas décadas o tal vez siglos. El tiempo importa poco cuando se tiene la seguridad de que la espera algún día deberá terminar.

Ahora es el turno de Osetia del Sur y de Abjazia ubicadas en la cordillera del Cáucaso. En esta ocasión el tablero del ajedrez político se invierte y al otro jugador le toca su turno. Rusia fue una de las perdedoras en la movida anterior, la batalla por Kosovo, y ahora parece haberle llegado el momento.

La prensa internacional usa diversos nombres para referirse a las dos nuevas piezas de ajedrez, Osetia del Sur y Abjazia. Se les identifica como “enclaves”, “regiones autónomas” y hasta como “repúblicas”. Independientemente de la nomenclatura, lo cierto es que, igual que Kosovo, se trata de territorios con poblaciones étnicamente diferenciadas del país que las reclama. En la ex provincia serbia la gran mayoría de los habitantes son albanos o descendientes de éstos. Es decir, no son ni quieren ser serbios. Los de Osetia del Sur y los de Abjazia no son ni quieren ser georgianos. Mientras los kosovares miraron hacia el Oeste en busca de protección, los de Osetia y Abjazia tendieron sus manos hacia Rusia para resguardarse de Georgia. En Kosovo estaban las tropas de la OTAN para “garantizar la paz” y en el Cáucaso estaban las rusas con similar propósito.

Desde hace más de diez años las tropas rusas patrullan Osetia del Sur y Abjazia garantizándoles su autonomía. La situación parecía estable o, al menos, tan estable como cuando las tropas de la OTAN patrullaban Kosovo. Pero entonces apareció en escena un personaje llamado Mijail Saakashvili.

¿Quién es este individuo? Ya todos los que hemos estado pendientes a las noticias sabemos que es Presidente de Georgia, pero eso no nos sirve de mucho para comprender lo que está pasando y lo que pudiera pasar. Es un hombre joven que recibió su primera educación en la vieja Unión Soviética y que en los años ‘90 recibió una beca del Departamento de Estado de Estados Unidos para continuar estudios graduados en la Universidad de Columbia. ¿Un cuadro “captado” con miras al futuro? Todavía no lo sabemos, pero lo cierto es que tras graduarse de Columbia se quedó trabajando con un bufete de Nueva York desde donde cultivó relaciones con elementos conservadores de la política estadounidense ubicados en el Partido Republicano. Entre otras cosas, se precia de ser muy amigo del candidato presidencial de ese partido, John McCain, a quien recientemente paseó por el Mar Negro. En la segunda mitad de la década del noventa regresó a Georgia donde rápidamente ascendió en la política nacional hasta llegar a la jefatura del gobierno. Desde allí muy pronto le dio un vuelco a la política exterior georgiana para acercarla a Estados Unidos, convirtiéndose en uno de sus aliados más fieles y cercanos. Luego, sintiéndose fuerte y protegido por Wáshington, decidió que era el momento de forzar cambios en el tablero donde se mantenían inactivas las “piezas” llamadas Osetia del Sur y Abjazia.

Desde principios de los ‘90 estas regiones, cuya población mayoritariamente rechaza cualquier relación con Georgia, viven virtualmente separadas de este país. Son dos de los muchos sectores del Cáucaso que exhiben su propia identidad y una particular formación étnica, y que luchan por existir de manera independiente o por asociarse con quien se sientan más afines, en este caso con Rusia. Como señalamos, desde hace muchos años están allí estacionados cientos de soldados rusos para “garantizar la paz”.

Saakashvili quiere apoderarse de ambas regiones, las que considera parte de su Georgia, mientras simultáneamente convierte a su país en un íntimo aliado de Estados Unidos en la zona, algo así como el Israel del Cáucaso. Gracias a su relación íntima con sus amigos y mentores de Wáshington, se sintió poderoso y, aprovechando la inauguración de las Olimpiadas, cuando todos los ojos se ponían en China, lanzó una ofensiva militar contra Osetia del Sur llegando al extremo de bombardear con su artillería la propia capital. Inicialmente los aproximadamente 600 soldados rusos allí estacionados opusieron una gran resistencia hasta que las autoridades de Moscú decidieron intervenir para ponerles fin a los afanes de conquista del presidente georgiano. El poderoso ejército ruso expulsó muy pronto al de Georgia de Osetia y lo persiguió por su propio territorio.

¿Quién fue el agresor? Nos resulta evidente que no fue otro que Georgia. También resulta evidente que este país se equivocó en sus cálculos. Tal vez creía que los rusos, temiendo una reacción estadounidense o europea, evitarían intervenir; o tal vez creyó que sus poderosos aliados lo rescatarían. Nada de eso ocurrió y en el proceso su ejército cogió una pela, el valioso equipamiento militar que, pensando en la ofensiva, habían comprado a Estados Unidos y a la República Checa se perdió y como medida desesperada recurrió a sus aliados para que a través de su gran prensa, lo proyectaran como víctima cuando realmente había sido el agresor.

Ésa es la verdadera historia de la “invasión” rusa a Georgia que denuncia la cadena CNN. Además de las movidas estratégicas de las potencias mundiales y de las pretensiones de un gobernante con un gran ego que alimentar, en el sustrato de esta historia están otra vez dos nacionalidades pugnando por existir. Una vez más se demuestra que éstas pueden ser invadidas y agredidas pero muy difícilmente aniquiladas y que tarde o temprano vuelven a levantarse como aquella mítica ave. Ahora es el turno de Osetia del Sur y de Abjazia como ayer fue el de Kosovo.

mjgon@prtc.net