Bolivia: Cuadrando el círculo

Si bien en estos días Costas se ha negado a reunirse y dialogar con el presidente, no ha tenido empacho alguno para hacerlo con el embajador estadounidense Philip Goldberg.

El filósofo ginebrino Jean-Jacques Rousseau insistía en que, bajo una verdadera democracia, la libertad civil de los ciudadanos, bajo la forma de una voluntad general consagrada al adelanto del bien común, obliga a todos sin someter a nadie. En el fondo, en la medida en que el ciudadano es efectivamente soberano, como tal es responsable por los efectos del ejercicio de su soberanía. Si ha dictado libremente su propia ley, al obedecerla no hace sino obedecerse a sí mismo. La libertad no desaparece, sino que se transvalora, es decir, se hace moral: se asume con responsabilidad social.

Todos nuestros actos, como parte de una comunidad política democrática, tienen dos causas: el fin ético que determina la acción y el fundamento estratégico del poder que la ejecuta. Hacer que la voluntad potencie lo común y la libertad sea moralmente sensitiva del otro, es el mayor de los retos que enfrenta la gobernabilidad democrática. La voluntad particular -hasta ahora hechura del mercado y una sociedad preñada de desigualdades- necesita hacerse general y, como tal, poder constitutivo de lo común como realidad permanentemente autodeterminada. Es algo así, decía Rousseau, como cuadrar un círculo: reconciliar los requerimientos de la gobernabilidad democrática fundada en el bien común con la autodeterminación continua de los sujetos singulares que componen la comunidad política. Como señala también el filósofo holandés Baruch Spinoza: la democracia es el ejercicio de un poder consensuado, es decir, el gobierno de cada uno pero a través de todos, es decir, el colectivo.

Estas ideas de Rousseau y Spinoza me vienen a la mente a raíz de la gran aporía a la que se enfrenta en la actualidad el gobierno y el pueblo de Bolivia. El pasado 10 de agosto el presidente Evo Morales Ayma y el vicepresidente Álvaro García Linera vencieron contundentemente en el referendo revocatorio con un 68 por ciento de los electores que le expresaron su apoyo decidido a su obra y planes de gobierno. Ello representa un aumento de casi un 14 por ciento por encima del voto con el que triunfaron en las elecciones presidenciales de diciembre de 2005. Alcanzaron una victoria en 95 de las 112 provincias del país y en 7 de los 9 departamentos. Incluso, pasaron del 40 por ciento del voto en San Cruz y Beni, los departamentos más recalcitrantemente opositores por su autonomismo virulento y de facto secesionista. El soberano popular le otorgó un mandato nacional sin precedentes a Evo Morales Ayma y Álvaro García Linera, sin que cualesquiera de las expresiones locales de oposición, como la representada por Santa Cruz y su prefecto revalidado Rubén Costas, pudiese representar una opción de alcance nacional. De esta manera, la llamada “media luna” parecía irse convirtiendo en “cuarto menguante”.

Nadie puede negar que el gobierno actual es el resultado de la progresiva convergencia social y política en torno a un proyecto común de refundación política, económica y social del país. Tampoco se puede negar que en este caso la potencia constitutiva está integrada por una multiplicidad de aspiraciones e intereses, sujetos y prácticas que han desbordado de hecho el marco limitante del Estado-nacional burgués heredado. De ahí la intensa presión social y política que a ratos parece que producirá un estallido incontrolable de voluntades. Precisamente, por ello la urgencia de avanzar hacia la refundación revolucionaria del país.

El prefecto cruceño Costas, ebrio de su propia lógica excluyente, sigue atrincherado en la exaltación de una “diferencia” absolutista entre el proyecto autonómico y lo que él denuncia la “comunización” promovida por el mandatario boliviano. Sí, lo “común” está más allá de sus limitadas miras y no acaba de hacer el “líder” de los autonomistas una lectura real de la situación de fuerzas a nivel nacional luego de que prácticamente 7 de cada 10 bolivianos apoyaran a Evo Morales Ayma y su proyecto de lo común. ¿Cuánto tiempo más podrá el presidente boliviano seguir empuñando humildemente la mano extendida en la búsqueda de un nuevo intento por alcanzar la consensuación de lo “común” con los autonomistas, sin verse obligado a gobernar, aún con la oposición de los autonomistas, en función del mandato recibido?

Me entristece ver como un ideal tan noble como la autonomía en el caso boliviano se deja arrinconar en el callejón sin salida en que lo ha metido Costas y sus adláteres, quienes se han proclamado “en pie de guerra” contra el gobierno y andan desatando el terror para imponer a la fuerza su voluntad particular y excluyente de la voluntad común e incluyente de la inmensa mayoría de los bolivianos. Si bien en estos días Costas se ha negado a reunirse y dialogar con el presidente, no ha tenido empacho alguno para hacerlo con el embajador estadounidense Philip Goldberg. En fin, se les escapa el hecho, cada vez más eficaz, que mientras se desgastan moralmente con sus paros y bloqueos a la trágala, yermos de apoyo popular, los grandes excluidos, al fin y a la postre, serán ellos, por su propia mano.

Consciente de que la reivindicación autonómica tiene que ser parte de una cadena de equivalencias que preserve la unidad nacional de Bolivia, el gobierno y los movimientos sociales acordaron el fin de semana pasado en un encuentro celebrado en Cochabamba pasar a la ofensiva para poner fin al desafío planteado por estos reductos opositores que pretenden cancelar la hegemonía política obtenida por Morales Ayma en las urnas para profundizar el proceso de cambio. En ese sentido, los movimientos sociales, agrupados en la Coordinadora Nacional para el Cambio (CONALCAM), llamaron al gobierno a saber administrar la victoria obtenida, decretando inmediatamente la convocatoria a la celebración de un nuevo referéndum, esta vez para garantizar la refundación del país mediante la aprobación del proyecto de nueva Constitución Política redactada y aprobada por la Asamblea Constituyente.

Según el vicepresidente García Linera, este paso resulta ya imperativo: “Hace ocho años una de cada cinco personas estaba con el proyecto; el 2005 tres de cada seis personas estaban con el proyecto, hoy de cada diez bolivianos, siete están con este proceso de cambio. El 67 por ciento de los bolivianos le ha dicho al Presidente Evo siga, continúe, avance, dirija”. Por su parte, Morales Ayma le solicitó a los movimientos sociales que le ayuden a garantizar la victoria del Sí a la nueva Constitución.

García Linera reconoce que la autonomía departamental constituye uno de los mandatos y que habrá de saberlo rescatar de manos de unas elites que “engañan al pueblo, que lo maltratan y le mienten”. En ese sentido, tanto el presidente como él entienden las más recientes acciones de los prefectos y los cívicos de derecha como los últimos pataleos de los que han fracasado en obtener el apoyo del pueblo a sus pretensiones desestabilizadoras del proceso actual de refundación.

El proyecto actual de Constitución Política del Estado boliviano reconoce expresamente el carácter pluralista de la nación, la sociedad y la cultura, además de reconocer formas de democracia directa y comunitaria más allá de la forma representativa clásica. En cuanto a la gestión político-administrativa, reconoce cuatro tipo de autonomías: departamental, regional, indígena-campesina y municipal. De esta manera, supera el enfoque estatista clásico recogida en la propuesta de los prefectos y los cívicos de la llamada “media luna” que se limita al reclamo de una autonomía estrictamente departamental, a modo de mini-estados confederados entre sí. El gobierno actual ha insistido en que esta opción sólo sirve para reproducir el centralismo político-administrativo que tanto se critica, aunque a otro nivel. Además, excluye el apoderamiento democrático de todos los componentes de la vida nacional, incluyendo a las comunidades, para decidir sobre la más justa y equitativa distribución de la riqueza nacional.

El gobierno y los movimientos sociales ratificaron el fin de semana pasado que los recursos del país deben distribuirse con esa sensibilidad democrática y humana. Y es que, al fin y a la postre, se refunda desde lo común. Sólo así se puede, en las actuales circunstancias bolivianas, abordar la aparente imposibilidad geométrica de cuadrar el circulo.

Nuestro colaborador es Catedrático de Filosofía y Teoría del Derecho y del Estado en la Facultad de Derecho Eugenio María de Hostos, en Mayagüez, Puerto Rico. Es, además, miembro de la Junta de Directores y colaborador permanente del semanario puertorriqueño “Claridad”.

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