Bolivia: Evo Morales gana 6 de 9 gobernaciones y resigna 7 de 10 municipios principales


El partido del presidente Evo Morales, que en las elecciones subnacionales del domingo resignó espacios en el 70% de las 10 principales alcaldías bolivianas, extendió su poder más allá de las tierras altas a la subandina Chuquisaca y la amazónica Pando y puso un pie en los legislativos, locales y regionales, de los departamentos de la denominada ‘media luna’, gobernados por opositores radicales y donde carecía en absoluto de presencia.

El Movimiento Al Socialismo (MAS) ganó sin discusión las gobernaciones de La Paz (oeste), Oruro (sudeste), Potosí (sudoeste), Cochabamba (centro) y Chuquisaca (sudeste), esta última con mayor esfuerzo.

Y en una reñida contienda electoral, enturbiada por denuncias de fraude -post sufragio- en las actas, adhirió la gobernación de Pando (norte amazónico), hasta ahora, invariablemente, en manos de conservadores y liberales.

Pando, Cochabamba y Chuquisaca permanecieron en el período 2006-2009 bajo el control de la oposición de derechas.

En el nivel municipal, el MAS se hizo de las alcaldías de El Alto y Cochabamba, ambas en manos de la oposición moderada entre 2006 y 2009 y, en gran avance, ganó la de Cobija, capital del departamento Pando, esquiva siempre a otra pretensión que no sea sino de derechas.

El MAS copó, en términos redondos, más menos el 60% de los legislativos en las 9 gobernaciones -incluidas las de Santa Cruz (este),Beni (nordeste amazónico) y Tarija (sur), de donde no pudo-en las urnas- desbancar a los más fieros opositores de derechas a Morales- y los 337 municipios bolivianos en unas elecciones signadas por un ausentismo que osciló entre 13% y 15% y el planeo de las autonomía o independencia regional política y administrativa.

Los ex prefectos reelectos gobernadores, Rubén Costas en Santa Cruz, Ernesto Suárez en Beni y Mario Cossio en Tarija lanzaron, contra todo pronóstico, discursos más bien conciliadores.

Incluso, el reelecto alcalde de Santa Cruz, Percy Fernández, habló de llegado el momento de “soldar la patria”.

La votación global que obtuvo el MAS, aún no cuantificada pero que parece levemente menor al aplastante 64% que Morales impuso en las generales de diciembre pasado para su reelección, da para meter las narices en las legislativas asambleas y concejos de la quebrada ‘media luna’, una ficción geográfica que en el plano primario de la ideología, más tarde llevada al plano de la práctica, planteó la división de Bolivia en dos: tierras altas y bajas, a manera de antinomias, oriente rico y occidente pobre: indios y blancos.

Morales, que intentaba desactivar ese bloque de gobernadores sospechados de alentar a un grupo de secesionistas europeos, salió a la palestra para representar los nuevos avances, menos perceptibles que los del pasado reciente, de su partido.

El mandatario destacó el “gran triunfo” del MAS en ciudades intermedias, 72 en total.

Morales enfatizó el vigor de su movimiento político de izquierdas, “200% en (el amazónico) Beni y 150% (en el vecino) Pando”.

En consecuencia, certificó, “hay rebelión en la Amazonia boliviana”.

Las elecciones regionales y municipales, que concitaron a una masa de poco menos de 5 millones electores, marcaron una noción de equilibrio en la asignación del poder por parte del electorado boliviano, coincidieron analistas locales.

También la emergencia efectiva de género, pues los electores pusieron a dos mujeres en la cabeza de los municipios de Cobija (norte) y Oruro (sudoeste) y estuvieron a un tris de entregar la gobernación de Beni a una joven de 24 años.

La nota saliente, en este cuadro pincelado por el mandato popular, la puso la escultural Jessica Jordan que perdió por escasos tres puntos porcentuales la Gobernación de Beni y tornó pírrica la victoria electoral del conservador Ernesto Suárez que deberá consensuar, ahora, sus acciones con el MAS en esa región agroganadera y forestal boliviana en trance de despegue.

Morales, que reconoció “errores” en su comando electoral, específicamente en la selección de candidatos, calificó de “impresionante” el desempeño electoral de “la compañera Jordan”, miss Bolivia 2006, en las urnas.

Asimismo, la elección planteó certezas incontrastables: la necesidad de alianzas para sortear el fantasma de la ingobernabilidad, en gran parte de gobernaciones y alcaldías bolivianas, pues donde el MAS ganó, la oposición se tomó importantes espacios legislativo, y viceversa.

Es el caso de la emblemática alcaldía de La Paz, que el ex aliado de Morales, el Movimiento Sin Miedo (MSM, centroizquierda, del alcalde Juan del Granado) gobierna desde 2000 y que retuvo para un lustro más.

El ex presidente del Concejo de La Paz, Luis Revilla se hizo de la victoria en las ánforas.

El correlato de fuerzas en el legislativo Concejo de La Paz ha quedado repartido en partes iguales, 5 para el MAS y otros tantos el MSM. El restante onceavo quedó en poder de la centroderechista Unidad Nacional y, vaya paradoja, ‘normal’ en la política criolla, se convirtió el escaño más decisivo, de oro, y hasta podría convertirse en el titular del Concejo, si se sigue la tradición.

Más aún dada la ‘deriva continental’ que han sufrido el MAS y el MSM entre sí.

Otras de las certitudes es el crecimiento del MSM a nivel nacional, 10 años después de fundado y circunscrito a la ciudad (municipio) de La Paz, pese a varias intentonas y frustraciones en diversas elecciones.

En este acápite el MAS, que marcó las distancias, parece tener mucho que ver.

Los resultados de los comicios que seleccionaron a los titulares de 2.502 cargos electivos por un lustro, parecieron no cuestionar las políticas estatales de Morales, que apunta a la industrialización del país más pobre de Sudamérica y que con el Parlamento a su favor corretea a los corruptos que administraron el Estado entre 1982 y 2005.

La consulta popular, sexta consecutiva desde diciembre de 2005, sin contar el referendo hidrocarburífero de un año antes, dejó la sensación de hartazgo en el electorado que dio muestras de fatiga, dado el recrudecimiento del índice de abstención que oscila el 13 y 15% y que en diciembre último se situó en 6%.

Las elecciones subnacionales que terminaron de sentar las autonomías regionales dejaron un estela de llamados a la reconciliación nacional.

Desde Costas , que en las efervescencias políticas del convulso 2008 llamó a Morales “excelentísimo asesino”, el díscolo Percy Fernández, en Santa Cruz, Revilla, en La Paz, el alcalde electo de El Alto bastión del MAS, Edgar Patana, y hasta el mismísimo Morales se avinieron en concertar para potenciar, de las partes al todo, el desarrollo de Bolivia, desde los municipios y las regiones.

“Ha llegado el momento de la reconciliación”, proclamó Costas, mientras que Patana, cuyos talones pisó la centroderechista Marisol Chapetón, planteó la imperiosidad de trabajar de manera conjunta? sino no vamos a durar?”.

Revilla, por su parte, dijo que La Paz “votó sin miedo por el futuro”, pero significó que “hay necesidad de coordinar para gobernar”.

En un discurso nocturno en el presidencial Palacio Quemado, Morales convocó a las autoridades elegidas “a trabajar de manera conjunta”.

“Los sectores opositores deben entender este proceso de cambio ( ) Sino no pueden sumarse (en el plano ideológico político) aporten con gestión para que gane el pueblo en municipios y departamentos (..) No quiero ninguna confrontación, sino que en 5 años de gestión sean de beneficio” nacional, afirmó al tiempo de reconocer la victorias de sus adversarios políticos.

Coco Cuba es director de ABI- Bolivia