Bolivia: Malas lecturas de la oposición

La derecha opositora tiene en el periódico cruceño El Día a su vocero oficial; este medio se encarga no sólo de transmitir lo que la dirigencia “cívica” y logiera opina y siente, sino que también se dedica a bajar la línea. Una línea por lo general dura y torpe, instruida por su propietario Branko Marinkovic a su amanuense Cayetano Llobet.

Siguiendo esa línea de acción, una selecta delegación de la autodenominada “media luna” se reunió recientemente en Tarija; paradójicamente, sus conclusiones “reservadas” más sobresalientes son difundidas por el director de ese medio, presente también en tierras tarijeñas para tan innobles fines.

El diagnóstico no puede ser más errado; y es Rubén Costas el encargado de vociferarlo por medio de ese matutino:

Costas habla de “tiranía” y los cívicos se rearticulan

El gobernador electo de Santa Cruz, Rubén Costas, dijo ayer que “la tiranía del Gobierno se cae” al salir vitoreado de una audiencia que se suspendió imprevistamente… También dijo que la tiranía se ha empezado a caer a propósito de la derrota del Movimiento Al Socialismo en siete de 10 capitales, entre ellas La Paz y Oruro, y en la medialuna que sigue intacta y por eso convocó a sus seguidores a defender el voto para que no ocurra lo mismo que en Pando donde con bloqueos pretenden hacer cambiar los resultados.

Considerar al actual gobierno como una “tiranía” es, sin duda, un exceso con fines propagandísticos. Ninguna “tiranía” admitiría que la oposición difunda de manera cotidiana el infundio no sólo por el periódico de marras sino a través de toda una orquestada red de canales y medios masivos. Ninguna “tiranía” permitiría que acusados de delitos flagrantes como el terrorismo tengan a su disposición abogados, medios y recursos legales para asumir su legítima defensa. Ninguna “tiranía” aceptaría, finalmente, convocar periódicamente a elecciones para consultar al soberano sobre asuntos de su interés.

Que el gobierno de Evo Morales se cae, es sólo un buen deseo de quienes quisieran volver a un pasado más saludable para sus negocios. Es la misma lectura que empecinadamente hacía y hace la señora Susana Seleme, que suspira por una insalvable división del país entre oriente y occidente. Idéntica mirada se tuvo cuando, al calor de las arengas, decidieron caminar por la cornisa de la “independencia”, tomando instituciones y fomentando la violencia. Entonces, siete de nueve prefecturas estaban en manos de la oposición; según esa lectura, la fruta se caía de madura y no faltaba más que un pequeño empujón.

Es evidente que los resultados electorales no han sido los esperados por el gobierno; Evo mismo no ha podido ocultar su decepción (su rostro es más elocuente que los porcentajes que analiza). Pero de ahí a señalar una pronta caída, es entusiasmarse de puro comedimiento.

El espejo debe resultarle cruel a don Rubén Costas: la asamblea legislativa regional, todavía por confirmarse, es un escenario que le impedirá una gestión discrecional; esta vez, deberá no sólo rendir cuentas, sino pedir permiso. Son las reglas de la “tiranía” que quisiera que se acabe pronto, pero no le queda otra que acatarlas.

Éste y no otro es el fondo del embrollo. A manera de consuelo, ensayan la de Tuto Quiroga, quien tan pronto quedaba derrotado electoral y políticamente, se daba a la tarea de hablar en nombre del porcentaje que no había votado por Evo. El aprendiz de brujo intenta ver en la votación del MSM una formidable base social para retornar al pasado, echar un manto de olvido a los delitos cometidos por sus conmilitones y agrupar fuerzas.

Malos consejos desde Tarija. Lo prudente es seguir con el discurso conciliador, que las elecciones ya pasaron. Paradójicamente, ahora el gobernador electo saca nuevamente a relucir las garras; cree ingenuamente que su elección es sinónimo de impunidad.

La próxima batalla no se librará con ilusorios aliados en La Paz, será en la Justicia. En el banquillo de los acusados no estará solo el actual gobernador, sino todos aquellos que, en su momento, creyeron posible edificar con sangre y luto un muro de Berlín que separara oriente de occidente.

Pando y Beni, más allá de resultados electorales, son buena prueba de que, si algo no queda intacto en el país, es aquella mal llamada “media luna”, a pesar de cívicos y cayetanos.