Chile

Caminando como ciegos guiados por tuertos

Esta catástrofe global, no sólo en el tema de salubridad, sino en el tema económico, ha llegado como un vendaval a destruir nuestras certezas, que ya eran pocas.

Esto en parte se debe a que nuestra visión de mundo no da cuenta de los problemas que nos han caído encima. Ni a la clase política ni a los personajes de a pié.

Y cuando una comienza a no entender nada de lo que sucede, se entra en el mundo de la confusión colectiva.

En este momento debemos enfrentar la ruina económica de nuestro pequeño y frágil país, que tuvo que aplicar el freno a toda su economía, mandando a las personas a su casa para evitar el contagio de un virus que el cuerpo médico internacional dice que es profundamente contagioso.

Así en paralelo, las unidades económicas se quedaron sin trabajadores, la demanda por sus productos cayó a niveles mínimos, tuvieron que despedir a los trabajadores para poder enfrentar los pagos a proveedores y a bancos.

Porque las empresas no trabajan con capitales propios, sino con el crédito que les dan los proveedores y los bancos. No tienen un hoyo lleno de dinero al que echar mano, más bien tienen un hoyo que hay que estar llenando perpetuamente con dinero obtenido de terceros.

El recurso último de una empresa es vender parte de ella para que entre dinero fresco, cosa que se hace en la Bolsa de Valores cuando una empresa cotiza en Bolsa.

Y si por alguna razón las acciones de la Bolsa bajan de valor, cualquier venta de parte de la propiedad, no tapa el hoyo de deudas que crece día a día.

Y en tiempo de crisis no hay tantos clientes dispuestos a comprar empresas quebradas con un hoyo de deuda astronómico.

A su vez, detrás de esas empresas hay personas que viven de sus sueldos. Y si se corta la fuente de sueldos, se echan mano a los ahorros. Pero si no hay ahorros, las personas tienen que seguir pagando sus cuentas básicas, su comida, y sus deudas. Deudas que van desde los dividendos para comprar una casa, los seguros de salud, el sobregiro del banco y las deudas con las grandes tiendas. Y ni hablar de los remedios, que suelen ser importados y son carísimos.

Además hay una gran proporción de la clase trabajadora que vive de su trabajo diario revendiendo productos en las Ferias Libres, o prestando servicios a terceros de cuidado de viejos y niños, o de fletes y repartidores, cuyo sustento se gana día a día .

Ambos estratos, asalariados más o menos elegantes y trabajadores precarios, no tienen como vivir en este estado de desastre económico.

El ahorro real de ambos grupos es mínimo, más bien lo que los aúna son sus deudas.

Y el gobierno de turno tiene que encabezar con lucidez, las soluciones posibles antes de que se le derrumbe el país, sus instituciones y su gobernabilidad.

Además las personas, como humanos que compartimos un territorio, no podemos ser abandonados por nuestro Estado, ya que el único sentido de tener un territorio con límites y un Estado que norme nuestras relaciones, es para poder interrelacionarnos, defendernos en caso de ataque foráneo o interno, mantener la estabilidad de nuestras familia y nuestro sustento diario.

Si no fuera así, no tendríamos aduanas ni ejército, ni una estructura legal común ni carreteras ni puentes. No pagaríamos impuestos y podríamos vender pedazos de país al extranjero, como ser a los chinos que tienen dinero, y que después nos saquen a patadas de nuestras casas.

Pero estamos en un país con Estado y fronteras y enfrentado a un caso de ataque interno, de desastre nacional a nivel económico y sanitario.

Y las soluciones, si es que existen, tienen que estar a la altura de las circunstancias.

Circunstancias extraordinarias requieren soluciones extraordinarias. Lo importante es que sean cuerdas y enormemente flexibles.

Pero también existe un mundo exterior que se impone a nuestra realidad y que nos invade.

Los bancos internacionales son dueños de nuestras hipotecas y deudas con las grandes tiendas y no son Hermanitas de los Pobres, más bien Amiguitas de los Ricos. Cobran intereses y reajustas y las deudas se multiplican día a día. Y les importa un bledo embargar y rematar a nadie, aunque esté en cuarentena.

Somos presos de nuestras deudas.

¿Qué soluciones puede dar un gobierno a tamaña maraña de relaciones?

Digo soluciones a corto plazo, no cambios estructurales, que esa es harina de otro costal.

El gobierno ha tratado de afirmar a las empresas para que puedan seguir funcionando. Pero si no hay demanda de sus productos, solo estamos haciendo más dulce su decadencia, de modo de que al cerrar puertas se pueda pagar las indemnizaciones correspondientes.

Una solución de emergencia fue mandar cajas con comida a un gran número de personas que ya estaban sufriendo hambre. Esperamos que esta solución haya sido limpia y no haya favorecido a un proveedor único como sugieren muchas publicaciones en Internet.

El debate es como darle dinero a las personas que teniendo empleos medianamente remunerados los han perdido. Ya llevamos 4 meses de reclusión parcial, donde paulativamente se han producido despidos, y las familias no tienen ahorros para cubrir sus deudas.

Y no sabemos cuándo saldremos.

Y aquí enfrentamos el hecho de que los trabajadores remunerados no solo no tienen ahorros sino que viven de sus deudas, igual que las empresas. La llamada Clase Media chilena es un eufemismo para representar a personas de cuello y corbata, sin ahorros, con muchas deudas e infinitas aspiraciones.

Esta falta de solidez quedó al descubierto con esta pandemia y el problema es de donde sacar dinero para esta solución extraordinaria.

Una posibilidad es sacar parte de los fondos de ahorro de la vejez de las cuentas de AFP, Administradoras de Fondos de Pensiones donde hay dineros de todos los asalariados.

Otra opción es que el gobierno le de cuerda a la maquinita de impresión de dinero y entregar dinero directamente. Otra es rebajar impuestos a ciertos estratos. Pensemos que el IVA consume el 19% de todas las transacciones. Pero ahí se queda sin dinero el Estado.

No sé en qué monto están los Fondos Soberanos de Chile, que están en forma de Bonos de la Deuda de USA, que se deben usar para las catástrofes nacionales. Pero hoy habría que venderlos en un mercado que va a la baja.

Lo que tengo claro es que los Fondos de la AFP han sido usados para apuntalar la Bolsa de Valores de Santiago, y que están en forma de acciones de empresas o de canastas de acciones en los bancos.

Convertirlos en dinero efectivo significa vender acciones rápidamente con la pérdida que esto significa y el impacto en el mercado accionario. También podría el Estado comprar estas acciones a un valor razonable quedándose con el 10% de las AFP.

Pero eso no está permitido por la Constitución, aparentemente.

Asi las AFP son algo así como ese librero feo y viejo que apuntala una pared y que aparentemente se puede sacar porque lo sostiene un antiestético perno oxidado. Y estamos pensando en que un día le sacaremos el perno y nos libraremos del vejestorio.

Pero como estamos en Chile donde tiembla todos los días y alguien nos dijo que la pared era estructural deberíamos llamar a un experto antes de meterle mano al tema , si es que somos prudentes y no nos dejamos llevar por nuestras fobias estéticas ya que la pared se nos puede caer encima.

El grave problema es que el anteojo con que se mira el problema es en gran parte ideológico y a mi modo de ver, es un problema técnico

El problema es confundir ambas. La parte política se refiere a las creencias acerca de cómo debiera funcionar la realidad de una comunidad humana.

La parte técnica se refiere a la teoría económica que pretende hacer predicciones acerca de los efectos de los distintos usos que se hace de los parámetros económicos..

Unos se niegan a transferirle dinero directamente a las personas. Otros cuestionan los montos, Otros los mecanismos de entrega. Otros las fuentes de fondos, ya que no es lo mismo retirar dinero de las AFP debido a que este está invertido, lo que genera una observación de orden técnico en cuanto a los efecto colaterales.

Así emitir papel moneda tiene efectos inflacionarios a mediano plazo ya que la inflación puede coexistir perfectamente con la deflación en la que estamos y nos quedamos varados en el hoyo.

Y la verdad es que como somos pobres, ya que la mayoría de las personas que habitan el país no cuentan con ahorros y tienen empleos precarios, la crisis nos va a herir profundamente sea cual fuere la solución propuesta.

La mentada clase media, no es más que un sueño de Telenovela y estamos metidos en un zapato chino.

Mientras tanto veo en las noticias que se aprobó en la Cámara de Diputados el retiro del 10% de los Fondos de Pensiones, con la aprobación de la bancada de oposición y varios de la bancada de gobierno.

Y en medio de la algarabía veo una figura payasesca con una capa fucsia danzando entre los diputados.

Y siento terror, ya que el hecho de que personajes de gobierno hayan votado en contra del gobierno por un proyecto dudoso es chocante porque me dice que están aterrados y no saben qué hacer; pero que algún o alguna diputado/a se ponga a hacer payaserías en el recinto de los diputados, como si la decisión fuera el comienzo de alguna solución espectacular que nos va a llevar a un mundo mejor, y el Congreso fuera la sede de una fiesta infantil, es el último toque que le faltaba a la Cámara para transformarse en un loquerío.

Porque esta solución no resuelve al problema actual de las personas, que es la necesidad de financiar varios meses sin empleo. Puede que varios millones de personas puedan retirar cifras insignificantes, y muchas menos puedan retirar algo contundente.

Y tampoco resuelve el problema de fondo del sistema de pensiones, que necesita una remodelación. Solamente le tira el mantel a las Administradoras de Fondos de Pensiones, que se pueden venir abajo con la Bolsa de Valores incluidas, y todos salimos perdiendo. Una vengancita que puede resultar un poco cara.

Y este es un problema técnico, no ideológico. Pero por supuesto que las personas van a tildar de ideológica la postura opuesta, la que no nos gusta.

Y locura es no saber leer la realidad, no porque sea complicada sino porque las pasiones y el ego ciegan a las personas.

Entonces a la Pandemia y a la Recesión Económica, y al caos del pueblo debemos añadirle legisladores confusos o delirantes.

¡Que DCaminando como ciegos guiados por tuertos
por Olga Larrazabal S. (Chile)

Publicado el 16 julio, 2020 , en Opinión

15 de Julio de 2020

Esta catástrofe global, no sólo en el tema de salubridad, sino en el tema económico, ha llegado como un vendaval a destruir nuestras certezas, que ya eran pocas.

Esto en parte se debe a que nuestra visión de mundo no da cuenta de los problemas que nos han caído encima. Ni a la clase política ni a los personajes de a pié.

Y cuando una comienza a no entender nada de lo que sucede, se entra en el mundo de la confusión colectiva.

En este momento debemos enfrentar la ruina económica de nuestro pequeño y frágil país, que tuvo que aplicar el freno a toda su economía, mandando a las personas a su casa para evitar el contagio de un virus que el cuerpo médico internacional dice que es profundamente contagioso.

Así en paralelo, las unidades económicas se quedaron sin trabajadores, la demanda por sus productos cayó a niveles mínimos, tuvieron que despedir a los trabajadores para poder enfrentar los pagos a proveedores y a bancos.

Porque las empresas no trabajan con capitales propios, sino con el crédito que les dan los proveedores y los bancos. No tienen un hoyo lleno de dinero al que echar mano, más bien tienen un hoyo que hay que estar llenando perpetuamente con dinero obtenido de terceros.

El recurso último de una empresa es vender parte de ella para que entre dinero fresco, cosa que se hace en la Bolsa de Valores cuando una empresa cotiza en Bolsa.

Y si por alguna razón las acciones de la Bolsa bajan de valor, cualquier venta de parte de la propiedad, no tapa el hoyo de deudas que crece día a día.

Y en tiempo de crisis no hay tantos clientes dispuestos a comprar empresas quebradas con un hoyo de deuda astronómico.

A su vez, detrás de esas empresas hay personas que viven de sus sueldos. Y si se corta la fuente de sueldos, se echan mano a los ahorros. Pero si no hay ahorros, las personas tienen que seguir pagando sus cuentas básicas, su comida, y sus deudas. Deudas que van desde los dividendos para comprar una casa, los seguros de salud, el sobregiro del banco y las deudas con las grandes tiendas. Y ni hablar de los remedios, que suelen ser importados y son carísimos.

Además hay una gran proporción de la clase trabajadora que vive de su trabajo diario revendiendo productos en las Ferias Libres, o prestando servicios a terceros de cuidado de viejos y niños, o de fletes y repartidores, cuyo sustento se gana día a día .

Ambos estratos, asalariados más o menos elegantes y trabajadores precarios, no tienen como vivir en este estado de desastre económico.

El ahorro real de ambos grupos es mínimo, más bien lo que los aúna son sus deudas.

Y el gobierno de turno tiene que encabezar con lucidez, las soluciones posibles antes de que se le derrumbe el país, sus instituciones y su gobernabilidad.

Además las personas, como humanos que compartimos un territorio, no podemos ser abandonados por nuestro Estado, ya que el único sentido de tener un territorio con límites y un Estado que norme nuestras relaciones, es para poder interrelacionarnos, defendernos en caso de ataque foráneo o interno, mantener la estabilidad de nuestras familia y nuestro sustento diario.

Si no fuera así, no tendríamos aduanas ni ejército, ni una estructura legal común ni carreteras ni puentes. No pagaríamos impuestos y podríamos vender pedazos de país al extranjero, como ser a los chinos que tienen dinero, y que después nos saquen a patadas de nuestras casas.

Pero estamos en un país con Estado y fronteras y enfrentado a un caso de ataque interno, de desastre nacional a nivel económico y sanitario.

Y las soluciones, si es que existen, tienen que estar a la altura de las circunstancias.

Circunstancias extraordinarias requieren soluciones extraordinarias. Lo importante es que sean cuerdas y enormemente flexibles.

Pero también existe un mundo exterior que se impone a nuestra realidad y que nos invade.

Los bancos internacionales son dueños de nuestras hipotecas y deudas con las grandes tiendas y no son Hermanitas de los Pobres, más bien Amiguitas de los Ricos. Cobran intereses y reajustas y las deudas se multiplican día a día. Y les importa un bledo embargar y rematar a nadie, aunque esté en cuarentena.

Somos presos de nuestras deudas.

¿Qué soluciones puede dar un gobierno a tamaña maraña de relaciones?

Digo soluciones a corto plazo, no cambios estructurales, que esa es harina de otro costal.

El gobierno ha tratado de afirmar a las empresas para que puedan seguir funcionando. Pero si no hay demanda de sus productos, solo estamos haciendo más dulce su decadencia, de modo de que al cerrar puertas se pueda pagar las indemnizaciones correspondientes.

Una solución de emergencia fue mandar cajas con comida a un gran número de personas que ya estaban sufriendo hambre. Esperamos que esta solución haya sido limpia y no haya favorecido a un proveedor único como sugieren muchas publicaciones en Internet.

El debate es como darle dinero a las personas que teniendo empleos medianamente remunerados los han perdido. Ya llevamos 4 meses de reclusión parcial, donde paulativamente se han producido despidos, y las familias no tienen ahorros para cubrir sus deudas.

Y no sabemos cuándo saldremos.

Y aquí enfrentamos el hecho de que los trabajadores remunerados no solo no tienen ahorros sino que viven de sus deudas, igual que las empresas. La llamada Clase Media chilena es un eufemismo para representar a personas de cuello y corbata, sin ahorros, con muchas deudas e infinitas aspiraciones.

Esta falta de solidez quedó al descubierto con esta pandemia y el problema es de donde sacar dinero para esta solución extraordinaria.

Una posibilidad es sacar parte de los fondos de ahorro de la vejez de las cuentas de AFP, Administradoras de Fondos de Pensiones donde hay dineros de todos los asalariados.

Otra opción es que el gobierno le de cuerda a la maquinita de impresión de dinero y entregar dinero directamente. Otra es rebajar impuestos a ciertos estratos. Pensemos que el IVA consume el 19% de todas las transacciones. Pero ahí se queda sin dinero el Estado.

No sé en qué monto están los Fondos Soberanos de Chile, que están en forma de Bonos de la Deuda de USA, que se deben usar para las catástrofes nacionales. Pero hoy habría que venderlos en un mercado que va a la baja.

Lo que tengo claro es que los Fondos de la AFP han sido usados para apuntalar la Bolsa de Valores de Santiago, y que están en forma de acciones de empresas o de canastas de acciones en los bancos.

Convertirlos en dinero efectivo significa vender acciones rápidamente con la pérdida que esto significa y el impacto en el mercado accionario. También podría el Estado comprar estas acciones a un valor razonable quedándose con el 10% de las AFP.

Pero eso no está permitido por la Constitución, aparentemente.

Asi las AFP son algo así como ese librero feo y viejo que apuntala una pared y que aparentemente se puede sacar porque lo sostiene un antiestético perno oxidado. Y estamos pensando en que un día le sacaremos el perno y nos libraremos del vejestorio.

Pero como estamos en Chile donde tiembla todos los días y alguien nos dijo que la pared era estructural deberíamos llamar a un experto antes de meterle mano al tema , si es que somos prudentes y no nos dejamos llevar por nuestras fobias estéticas ya que la pared se nos puede caer encima.

El grave problema es que el anteojo con que se mira el problema es en gran parte ideológico y a mi modo de ver, es un problema técnico

El problema es confundir ambas. La parte política se refiere a las creencias acerca de cómo debiera funcionar la realidad de una comunidad humana.

La parte técnica se refiere a la teoría económica que pretende hacer predicciones acerca de los efectos de los distintos usos que se hace de los parámetros económicos..

Unos se niegan a transferirle dinero directamente a las personas. Otros cuestionan los montos, Otros los mecanismos de entrega. Otros las fuentes de fondos, ya que no es lo mismo retirar dinero de las AFP debido a que este está invertido, lo que genera una observación de orden técnico en cuanto a los efecto colaterales.

Así emitir papel moneda tiene efectos inflacionarios a mediano plazo ya que la inflación puede coexistir perfectamente con la deflación en la que estamos y nos quedamos varados en el hoyo.

Y la verdad es que como somos pobres, ya que la mayoría de las personas que habitan el país no cuentan con ahorros y tienen empleos precarios, la crisis nos va a herir profundamente sea cual fuere la solución propuesta.

La mentada clase media, no es más que un sueño de Telenovela y estamos metidos en un zapato chino.

Mientras tanto veo en las noticias que se aprobó en la Cámara de Diputados el retiro del 10% de los Fondos de Pensiones, con la aprobación de la bancada de oposición y varios de la bancada de gobierno.

Y en medio de la algarabía veo una figura payasesca con una capa fucsia danzando entre los diputados.

Y siento terror, ya que el hecho de que personajes de gobierno hayan votado en contra del gobierno por un proyecto dudoso es chocante porque me dice que están aterrados y no saben qué hacer; pero que algún o alguna diputado/a se ponga a hacer payaserías en el recinto de los diputados, como si la decisión fuera el comienzo de alguna solución espectacular que nos va a llevar a un mundo mejor, y el Congreso fuera la sede de una fiesta infantil, es el último toque que le faltaba a la Cámara para transformarse en un loquerío.

Porque esta solución no resuelve al problema actual de las personas, que es la necesidad de financiar varios meses sin empleo. Puede que varios millones de personas puedan retirar cifras insignificantes, y muchas menos puedan retirar algo contundente.

Y tampoco resuelve el problema de fondo del sistema de pensiones, que necesita una remodelación. Solamente le tira el mantel a las Administradoras de Fondos de Pensiones, que se pueden venir abajo con la Bolsa de Valores incluidas, y todos salimos perdiendo. Una vengancita que puede resultar un poco cara.

Y este es un problema técnico, no ideológico. Pero por supuesto que las personas van a tildar de ideológica la postura opuesta, la que no nos gusta.

Y locura es no saber leer la realidad, no porque sea complicada sino porque las pasiones y el ego ciegan a las personas.

Entonces a la Pandemia y a la Recesión Económica, y al caos del pueblo debemos añadirle legisladores confusos o delirantes.

¡Que Dios nos ampare!ios nos ampare!