Vale la pena releer

Candelita que no prendió

Candelita que se prenda: el bloqueo aprieta y se va la luz, y el gas no llega porque el gas y la producción de petróleo, el blanco del bloqueo, van de la mano, porque todo en este país depende del petróleo, de su venta bloqueada para que te canses, para que te agobies, para que te rindas y aquí nadie se rinde…

Esta semana la orden era guarimbas, calle, calle y más calle sin retorno, Maduro vete ya. El domingo, bullían las cadenas de WhatsApp anunciando multitudes furibundas, tic, tac, tic, tac, cerrando cada calle, de cada pueblo, de cada municipio, de casa estado del país hasta que caiga el rrrrrégimen, que vea el mundo cómo sus esbirros nos matarán, porque nos matarán, y si no nos matan nos matamos nosotros mismos, nada nuevo… que lo vea la OEA, la ONU, ¡el mundo libre! SOS. Mañana es el día final, otra vez, a ver, chaburro, adónde te vas a meter, hora 0, ahora sí, porque ¡no es no!… San Miguel Arcángel y su espada vengadora…

Todo es cuestión de estrategia: como no hay gasolina, como las colas en las estaciones de servicio son larguísimas, como ahí hay un gentío pasando roncha, el ultra antichavismo, creyendo que la gente es idiota, creyendo que nadie notó que las sanciones las gestionaron ellos, y que celebraron cada medida que los gringos tomaron para asfixiar PDVSA, decidieron que el centro de las acciones violentas serían alrededor de las gasolineras, ahí, para capitalizar con el cansancio de la gente que hacía cola… Cerrar con piedras y ramas -a falta de gente- las vías por donde llegarían las gandolas cargadas del combustible que todos esperamos. ¡Genios!

Nadie se movió de su cola. ¿Quién iba a querer hacerlo? ¿Quién iba a exponer su vehículo a ser incendiado en una protesta incendiarias? ¿Quién iba arriesgar perder su turno para echar gasolina?

Un gordo con bermudas surfer caminaba, cámara en mano, por una avenida margariteña anunciando: “Señores, el pueblo está arrecho, señores, todos están en las calles, porque no hay gas, no hay luz, no hay gasolina, señores –en esos videos, igual que en los audios de WhatsApp, es importante, no sé por qué, decir “señores” al principio y al final de cada oración– jadeando de cansancio por su paso rápido, por el palo de sol que estaba haciendo, señores, el gordo surfer buscaba con su cámara una multitud que no había, señores. Palos, cauchos y piedras indignadas, señores, cerraban la avenida que fue despejada por las personas que esperaban en la cola para llenar sus tanques de gasolina.

Candelita que se prenda: el bloqueo aprieta y se va la luz, y el gas no llega porque el gas y la producción de petróleo, el blanco del bloqueo, van de la mano, porque todo en este país depende del petróleo, de su venta bloqueada para que te canses, para que te agobies, para que te rindas y aquí nadie se rinde… Unos focos en distintos pueblos del interior. Protestas contra el hambre cuyo objetivo no eran los supermercados, sino incendiar alcaldías bolivarianas, sedes del PSUV y hasta un galpón lleno de alimentos del CLAP –debe ser que querían cocinarlos antes de saquearlo–. Cabalgando sobre la angustia que ellos crearon, sicarios de Voluntad Popular coordinaban guarimbas por radio. Una serie repetida. Cuatro gatos de los millones de venezolanos que padecemos los efectos brutales del bloqueo, cuatro gatos quemando cauchos, para que hubiera humito, para que pareciera una cosa tremenda en una foto tomada de lejos.

Cuatro gatos, dos días, y ya. No cuajó.

En el mundo paralelo de las redes sociales el país estaba en llamas. Tuiteros citadinos aprendiéndose apurados los nombres de pueblos que no saben ubicar en el mapa de su propio país, para copiar y pegarlos, cursilísimos, en la estrofa del Himno Nacional que soban cada vez que alguien en alguna calle quema un caucho.

Así, el lunes y martes, en las redes, nos instaban a “seguir el ejemplo que Yaritagua dio” o el de Santa María de Ipire, o el de Upata, o el de… Y no se te ocurra tuitear que esas fotos sin gente, pero llenas de piedras y ramas trancando calles vacías no tienen pueblo, Carola, porque te acuso –¿adivina?– de no tener empatía, de ser una enchufada que vive en España nadando en euros, petros, yuanes y Nutella que te da el gobierno a cambio de que tuitees, Carola, para que nos arruines el show, Carola, pero no, Carola, porque si tuvieras empatía verías que hasta las piedras protestan contra Nicolás, o sea, retuit, retuit, te insulto, retuit…

Flor de dos días, porque no había pueblo con voluntad de servirle el país en bandeja a los delincuentes sifrinos que nos tienen pasando roncha. Los que llevan años produciendo y cazando escenas de sufrimiento popular para sacarle una foto que le llore al mundo #SOSVenezuela, que un señor está comiendo de basura, mientras Lorenzo está cómodamente en guerra. #SOSAlmagro que quemamos negros porque parecen chavistas y nos dan mucho miedo, o sea, que #SOSPompeo, que aprieten sanciones para ver si esta gente se rinde, aunque sea de hambre, que #SOSTrump, que de todas las opciones que están sobre la mesa queremos una invasión, con bombas, marines, muerte, muerte, muerte, porfaplis.

Candelita que no prendió porque este pueblo está sufriendo, sí, pero no es el pueblo bruto que los seres superiores, que planifican o tuitean desde su sofá, quieren que sea. Pasando roncha, sí, arrechos, también, claritos, ¡de bolas! porque sólo un idiota no sabe que lo que menos necesitamos ahora es que también nos incendien las calles, que vuelva la violencia y los muertos que siempre son los mismos: este pueblo que quieren manipular y que ni de vaina se deja.

Por eso las piedras y las ramas, donde no hubo sino puñitos de gente que no representan la voluntad de la mayoría, esa que resiste, esa que no salió a la calle porque lo que quiere es paz.

¡Nosotros venceremos!

Este artículo fue publicado originalmente en la web de Con el Mazo Dando el 30 de septiembre de 2020.