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Caso Khashoggi: Es la economía, estúpido

Guadi Calvo    24.Nov.2018    Mundo

Una vez despejadas las dudas sobre que el asesinato del periodista Jamal Khashoggi, no fue una operación de enemigos internos o externos del reino saudita, las responsabilidad del crimen cae sobre el príncipe heredero Mohamed bin Salman (M b S) ya nos preguntamos: “¿quién sabe, donde el presidente Donald Trump decida cortar la línea de responsabilidades? porque sin duda es el único quién lo va a disponer”. (Ver Khashoggi: Por qué todos estamos hablando de él).

Ya Trump ejecutó el esperado corte y ya sabemos todos, lo que todos presumíamos, ha salvado las barbas del heredero expresado su apoyo incondicional a Arabia Saudita y afirmó que no había nada que vinculara al príncipe Mohammed bin Salman con el asesinato de Khashoggi.

En un mensaje escrito el 20 de noviembre que titula “¡El mundo es un lugar muy peligroso!”, vaya descubrimiento, Trump no solo ignora la investigación de la CIA que concluye con que fue el príncipe M b S quién ordenó el asesinato, y deja mal parada a la comisión del Senado compuesta por demócratas y republicanos, que, estudiaban la suspensión de la venta de armas a Riad, entre otras sanciones, sino que reafirma los lazos indisolubles sellados en el “Pacto del Quincy” de 1945.

Ahora habrá que esperar que la prensa internacional comience a arrear una vez más sus banderas de “indignación” por el asesinato de un colega, y como en otras muchísimas oportunidades la monarquía wahabita salga indemne, como del genocidio que en este preciso momento ejecuta contra el pueblo yemení, donde ya ha asesinado a 65 mil civiles.

Así todo Trump deja abierta una vía de escape a sus declaración, por si surgiera alguna otra evidencia incontrastable diciendo: “Nuestras agencias de inteligencia continúan evaluando toda la información, pero podría ser que el príncipe heredero haya tenido conocimiento de este trágico evento, ¡tal vez lo hizo y tal vez no!” En buen romance la investigación ha terminado y ya no se conocerá públicamente nada de lo que se sepa.

La afirmación del presidente tuvo su correlato de manera inmediata por parte de Fred Ryan editor y CEO del Washington Post, medio con el que colaboraba Khashoggi, al momento de su muerte: “La CIA ha investigado a fondo el asesinato de este periodista inocente y concluyó con gran confianza que fue dirigida por el príncipe heredero. Si hay razones para dudar de los hallazgos de la CIA, el presidente Trump debería hacer pública esa evidencia de inmediato”.

Si bien, no había que esperar demasiada dureza en el castigo a los Saud, por el asesinato, tampoco se esperaba tanta indulgencia por parte de Trump, que sin duda es mucho más dependiente del Reino de lo que se ve. Es cierto que Riad es el pívot fundamental en su estrategia contra Irán, fuente de todo terror universal, según el rosáceo magnate y en mucho la sobrevivencia del enclave sionista en Palestina.

Además los sauditas se han constituido en un elemento clave para el America First. Trump, que ha definido como muy exitosa su visita del año pasado al Reino, donde habría cerrado inversiones sauditas en los Estados Unidos, por 450 mil millones de dólares lo que crearía hasta 600 mil puestos de trabajo, solo para cubrir los requerimientos de armamentos por parte de Riad, ya que de esa inversión, hasta ahora no concretada, de 110 mil millones serían para la adquisición de equipamiento militar. Los exagerados anuncios de inversiones sauditas los refuta el informe del “Centro para el Pensamiento de Políticas Internacionales” de Washington, cuyo autor, William Hartung, precisa que los nuevos empleos no alcanzan los 20 mil.

Además Riad, proveedor histórico de petróleo barato a los Estados Unidos, puede perjudicar mucho a la economía norteamericana con solo cerrar por un rato los grifos de su producción, prueba de esto es la respuesta que dio en una de sus últimas ruedas de prensa: “Si quieres ir a ver que los precios del petróleo suban a 150 dólares el barril, todo lo que tienes que hacer es romper nuestra relación con Arabia Saudita”.

Una importante crisis petrolera podría estallar, ahora que está en marcha el plan de sanciones por parte de los Estados Unidos contra la República Islámica de Irán, lo que ha producido un considerable aumento en los precios del petróleo y se espera que continúe en alza, si Arabia Saudita no cubre el faltante, del fluido iraní.

Riad, es fundamental para cubrir este nuevo déficit petrolero, según los cálculos más discretos, el reino podría suministrar hasta un millón y medio de barriles más por día al mercado. Casi lo mismo que Irán estaba produciendo, un millón seiscientos. Mientras que Rusia y otras naciones petroleras del Caspio podrían también subsanar el faltante e incluso los propios Estados Unidos acudiendo a su producción por fracking .

Trump, como empresario en muchas oportunidades ha desarrollado grandes negocios con los sauditas, a pesar de haber declarado en plena crisis por el asesinato que: “no tenía intereses financieros en Arabia Saudita” olvidado miles de millones de dólares que ganó tras innumerables transacciones inmobiliarias e inversiones sauditas en sus empresas.

Tres años atrás declaró en Mobile, Alabama, en plena campaña que se llevaba muy bien con ellos y afirmó: “Me compran apartamentos, gastan 40 millones, 50 millones. ¿Se supone que debo disgustarlos? Eso me gustan mucho.”

Por lo que el presidente norteamericano, que ignora el informe de la CIA y otras agencias, se conforma con sancionar a 17 de los involucrados en el crimen, que se habrían movido por la libre, al tiempo que tal como lo han hecho el rey Salman y su hijo cataloga a Khashoggi, como “un enemigo del estado” además de ser miembro de los Hermanos Musulmanes, la organización fundamentalista de origen egipcio que propugna el wahabismo, la misma filosofía religiosa que los Saud, al-Qaeda y el Daesh.

De cómo blanquear a un príncipe

El decisivo apoyo de Trump a Riad, ha sido un salvoconducto indispensable, para que el príncipe bin Salman, pueda salir del cono de sospecha en que quedó desde que estalló el escándalo Khashoggi, a principios de octubre y del que emergieron detalles tan escabrosos y pueda concurrir a la cumbre del G20, que se desarrollará en Argentina a fin de mes. Si la respetabilidad de los países concurrentes fuera realmente cierta, ninguno de sus representantes podría siquiera estrechar la mano del príncipe, cuya presencia ya habría sido confirmada por Buenos Aires.

Lo que generará una importante disyuntiva no solo para los asistentes sino y fundamentalmente al propio príncipe, ya que, a pesar de que el reino ha enviado a funcionarios de rango inferior a cumbres anteriores, el año próximo la cita se mudará nada menos que a Riad.

De asistir el príncipe a Buenos Aires, se encontrará nada menos que con Recep Erdogan, el presidente turco, quien no se ahorró acusaciones contra Riad y filtró toda la información de sus agencias de inteligencia a sus colegas occidentales, e incluso insinuó que la responsabilidad del crimen era absoluta del príncipe Mohammed.

A la vez la delegación saudita estará junto a Ángela Merkel, la canciller alemana, cuyo país ha ejecutado las sanciones más fuertes tras el crimen de Khashoggi, suspendiendo la venta de armas y prohibiendo el ingreso al país de unos dieciocho ciudadanos sauditas involucrados en el caso. Frente a la pasividad de otras muchas naciones accidentales que tienen importantes acuerdos económicos con el Reino.

El mundo “civilizado”, “blanco” y “democrático” que asiste a las reuniones del inminente G20, ¿tendrá el coraje de hacerle algún reproche a unos de los más perversos asesinos del presente? genocida en Yemen, financiador de la guerra en contra Siria del Daesh y al-Qaeda o aquello impuesto en 1992 por James Carville, el asesor de campaña de Bill Clinton: “es la economía, estúpido” volverá a sonar tan rotundo como un trueno en mitad de la noche.