Profesor Gabriel Salazar Vergara:

«Cien años que nos estamos educando pobre con pobre»

Gabriel salazar en suecia foto juana donoso casanellas casanellas7suramericapressEl profesor y premio de historia 2006, don Gabriel Salazar, en su pasada por Estocolmo, Suecia, nos habló, entre muchos otros temas, sobre la situación del profesorado y su relación y compromiso de ayer y de hoy con el pueblo de Chile.

El tema de la educación y de los profesores es muy actual en Chile pero, también en Suecia y en los países vecinos. Se ha debatido muchos últimamente sobre las escuelas en Suecia y sobre todo sobre las escuelas privadas, en las que se lucra a costa de los impuestos. Por ejemplo, el periódico sueco Svenska Dagbladet SvD, publicó el 27 de marzo, un artículo escrito por los Miembros de la Real Academia de Ciecias sueca donde decía que «…desde una perspectiva internacional, el sistema escolar sueco es un caso único. Con la excepción de un sistema que se introdujo en Chile bajo el régimen de Pinochet, no hay otro sistema de financiación pública escolar que permita escuelas dirigidas por particulares con fines de lucro». Para después explicar que el actual sistema escolar sueco se implantó sin hacer ningún tipo de investigación previa. Y terminar diciendo: «El Estado sueco no puede administrar de esta manera indiferente, una de las intituciones más importantes de nuestra sociedad». También en Dinamarca (Liberación 12 de abril 2013) en estos momentos hay cerca de 60.000 profesores en huelga. Veremos cómo será el desenlace del conflicto de los profesores daneses y estaremos atentos al panorama de la educación en Suecia, y como interesante aporte al tema, citamos al profesor Gabriel Salazar, que nos da a los profes de este lado del mundo, ánimo para seguir en esta contienda que es lenta «pero va».

El profesor y premio de historia 2006, don Gabriel Salazar, en su pasada por Estocolmo, Suecia, nos habló, entre muchos otros temas, sobre la situación del profesorado y su relación y compromiso de ayer y de hoy con el pueblo de Chile.
«Necesitamos que la comunidad se eduque de acuerdo a lo que ella quiere, de acuerdo a sus necesidades, a su realidad y a sus recursos», comienza su pausada y rica conversación, el profesor Gabriel Salazar Vergara, sobre los antecedentes históricos de los educadores en Chile, y la coyuntura actual, que se genera en el Chile de hoy, cuando el movimiento estudiantil incomoda al gobierno, en demanda de una educación gratuita y para todos.
Las profesoras en Chile: «Una historia profunda que no se ha escrito»
Si algo caracterizó al profesorado de 1920 fueron tres cosas:
Primero: El ochenta por ciento del profesorado de enseñanza básica eran mujeres. Venían casi en su totalidad de los estratos más bajos de la población, donde habían sido reclutadas para dar clases a gente pobre. Las enviaron a hacer clases a zonas rurales, les pagaban un salario miserable, del cual ellas tenían que pagar el cuarto donde vivirían –el rancho redondo, le llamaban. En ese mismo rancho ellas tenía que formar la escuela. No había recursos ni para bancos, ni para cuadernos, ni nada. Ellas daban las clases sentadas en su cama y lo niños traían troncos para sentarse en ellos. Las profesoras tenían que enseñar en estas condiciones.
Estoy hablando de 1840, época de Diego Portales, de Andrés Bello y de otros artífices del Estado. Se llamaban escuelas filantrópicas, escuelas para pobres. Ahí se formó lo que se llamó el preceptorado femenino. Profesoras de enseñanza básica.
Por supuesto, las profesoras estaban solitas en ese rancho con los alumnos del día pero, en la noche, el capataz, el dueño del fundo, las molestaba. ¿Quién las defendía? Entonces querían cambiarse ¿y de quién dependía el cambio? De la evaluación de su trabajo. ¿Quién las evaluaba ? El inspector de escuela. ¿Qué hacía el inspector de escuela? Te lo podrás imaginar. Esa práctica se alargó por todo el siglo XIX.
En ese contexto se formaron estas profesoras. De origen social popular, trabajando con niños en situación de extrema pobreza. Sometidas a los abusos patronales, cuando a estos se les antojaba; sometidas a los abusos del inspector general que representaba al “glorioso” Estado nacional.
Entoces ¿qué pasó? Se identificaron con la clase popular, el sector más bajo. Ellas mismas venían de ahí. Frente a la moral de la iglesia católica desarrollaron un sentido crítico, burlón, escéptico. Por lo tanto, fueron libre pensadoras. Estas fueron las mujeres que se asociaron en 1923 formando la Asociación General de Profesores en Chile, que vino a ser la primera organización del profesorado en Chile.
¿Y qué hicieron? Durante 100 años ellas habían estado enseñando a niños de su propia condición social, y se dieron cuenta de ello; “¡Puchas! ¡Pero si estamos auto educándonos! Es el bajo pueblo el que, a través de nosotros, se auto educa. ¿Para qué diablos queremos que el Estado se entrometa en este proceso educativo?” Por eso, el movimiento de las profesoras planteó: “queremos reformar la educación –lo mismo que hoy– pero ellas traían el modelo listo. Hoy día nosotros no tenemos claro el modelo pero, poco a poco nos estamos dando cuenta cuál es el que necesitamos, y es el mismo que plantearon ellas en 1925. “Hace cien años que nos estamos educando pobre con pobre, por lo tanto ¿cuál es el principio educativo que hay aquí? La comunidad educa, la comunidad se auto educa. El Estado docente, afuera. Esa es la oligarquía, esa es la elite dirigente, son los extranjeros. Nuestros intereses, nuestra identidad, nuestra realidad debemos trabajarla entre nosotros mismos. Por lo tanto: Comunidad docente, no Estado docente”. “Necesitamos que la comunidad se eduque de acuerdo a lo que ella quiere, de acuerdo a sus necesidades, a su realidad y a sus recursos”. Eso mismo creyó Gabriela Mistral. Escribió varios textos educacionales pero, se la representa sólo como poetisa, y si ustedes leen sus poemas, no tienen nada que ver con los problemas reales; es una poesía inocua, linda pero inocua. Mientras la otra cara de la medalla, el Movimiento de las preceptoras, estaba golpeando duro. Gabriel Mistral subcribió ese proyecto y escribió varias cartas al respecto. No se las publicaron en Chile. Las publicó una revista en Perú que dirigía el gran revolucionario peruano Juan Carlos Mariátegui, y la revista se llama Amauta. Ahí publicó Gabriela y dijo: “Si el Estado docente educa, es Napoleón educando, porque los va a uniformar a todos de acuerdo a no sé qué principios. Pero en cambio si los educamos nosotros de acuerdo a nuestra realidad, a nuestros principios, con nuestros recursos, con nuestra gente, con nuestros hijos; esa es educación”. O sea educación liberadora.
Esta es una historia profunda que no se ha escrito.
La segunda característica es que, producto de todo este trabajo y lucha, del orgullo de no haber cedido a presiones, ni de los inspectores, ni de los terratenientes y, de haber propuesto la auto educación como el gran principio de “rearticulación de la Nueva República”, es que estas profesoras en los años 1930 y 1940 –cuando ya estaban más maduras– inspiraban un respeto impresionante, por su majestad en el porte, su asertividad, su seguridad en sí mismas, su sabiduría, su autonomía, su soberanía. Y en esa actitud, ellas son las que educan. “A mí nadie me viene a decir lo que es educación”.
Hoy día ¿cuál es el cuadro? Profesoras universitarias, la mayoría está a honorarios. No tienen contrato permanente. No le pagan vacaciones. Entonces tiene que repartirse en varias universidades. Horas por aquí, horas por allá. Las universidades particulares están dispuestas a contratarlas porque vienen de la U. de Chile o de la U. Católica. Están repartidas, por lo tanto, no están investigando. No tienen tiempo.
Profesoras de enseñanza secundaria. Si trabajan en escuelas privadas , el sostenedor hace lo que quiere con esta gente.
Yo escribí un libro pequeñito que se llama “Ser niño huacho en la Historia de Chile”. Varios profesores vinieron y me dijieron: “Sabe profe, usé su libro en mi clase y al sostenedor no le gustó y me echaron”. Esa es la realidad. No se puede enseñar, no se puede educar en los colegios chilenos conforme a lo que requieren los Movimientos Sociales. Menos ahora. Si los profesores tienen un par de ideas importantes que transmitir, no pueden, tienen que enseñar sólo para que los alumnos suban el puntaje en las instancias de evaluación y así competir con los otros colegios, por que si compiten bien el ministro le pone al colegio el semáforo verde. Y si hay semáforo verde todo el mundo se matricula ahí. Engorda la matrícula y aumenta el ingreso. ¿Qué hace un profesor con sensibilidad y sentido del cambio social? Nada. Me lo han dicho; “Si hago cualquier cosa me echan”. El Código del Trabajo permite cualquier cosa. Y para no quedar sin trabajo terminan transando y aceptando todo. No están preocupados de construir otro modelo y eso es muy triste. El Colegio de Profesores está dominado por la vieja cultura sindicalista de la otra democracia y dominado, por lo tanto, por partidos políticos que aceptan el modelo general.
La CUT está dominada por el Partido Socialista, que está en la Concertación, y la Concertación es neoliberal… ¿conclusiones?
El Colegio de Profesores, lo mismo –me consta– está enchapado, como se podría decir en la cultura sindical antigua. Entonces, los profesores tienen estos problemas, no tienen contrato permanente, no tienen incentivo para perfeccionarse. El Centro de Perfeccionamiento del Magisterio los evalúa a cada rato pero, nadie los capacita. Es algo ridículo. ¿Cómo se puede evaluar lo que no se capacita? Es como poner los bueyes detrás de la carreta.
Muchos de ellos me han dicho “¡Oiga! La CUT no nos representa” porque es una identidad burocra-tizada, vinculada a los partidos políticos. Ella hace declaraciones, se junta o no se junta con los movimientos de estudiantes, pero las bases están desmo-vilizadas. Los estudiantes secundarios y los otros viven haciendo asambleas; los profesores, nada. Además los sostenedores no lo permiten.
Estoy detallando todo esto porque para hacer los cambios sociales se requieren actores sociales cohesionados democráticamente por dentro. Con capacidad de hacer propuestas para resolver los problemas y no sólo para pedir reajustes. Los profesores no están en condiciones de hacer algo más que eso. Es triste el panorama. Por lo tanto, están convertidos en meros pasa-materia y los evalúan por el rendimiento que logren en eso. Y de acuerdo a eso les pagan más, o menos, o los echan.
Por eso, nuestro profesorado no está en condiciones de pensar Chile. Eso es triste. Por eso urge cambiar todo eso. El problema es cómo y por dónde.
Andamos buscando el vértice de dónde puede expandirse para arriba el cambio necesario. Está claro que ese vértice no está en el Ministerio de Educación, no está en el Colegio de Profesores, no está en los Centros de Investigación de la Educación Superior que tienen las universidades chilenas, porque ellas están más vinculados a las identidades extranjeras que hacia abajo. Eso tampoco sirve.
Se descubrió que la única posibilidad es que sean los estudiantes, no los profesores, los que produzcan los cambios necesario en las escuelas de pedagogía de la Universidad. A través de cambio curriculares. A través de la vinculación del procesos educativo con la comunidad local. Que la cultura callejera se meta dentro del aula y que el aula salga hacia afuera y que las dos culturas se potencien. Entonces, el profesor estará obligados a desarrollar varias dimensiones profesionales.
En lugar de ser un mero pasa-materia de la cultura occidental, que sea un investigador, promotor del desarrollo, un escritor, un polemista. Un polemista de la cultura local, de la cultura popular; que investigue, que publique, que debata. Que no sea un mero pasa-materia sino un investigador. un cientista social. Porque tiene capacidad para eso. Yo, que los conozco como alumnos, sé que son brillantes alumnos. Pero hay que formarlos para eso. Hay que formarlos como investigadores permanentes de la realidad. Porque la mejor manera de educar a nuestros niños es investigar junto con ellos la realidad de los niños. No hay mejor manera de educar que hacer que el niño auto investigue su propia realidad y que el profesor lo acompañe en eso.
Otra cualidad: En términos de prestigio, los políticos aparencen en los últimos lugares, no así los profesores, que siempre ocupan los primeros lugares en la confianza de la comunidad local. Pero, en cambio, no gozan de prestigio dentro del sistema institucional educativo. Entonces el prestigio local, en la comunidad, le permite a los profesores ser agentes o gestores, o monitores o líderes del desarrollo local.
Hay que formar a los profesores en una triple línea: Investigador, escritor, publicista, polemista; docente en aula, gestor del desarrollo local; profesor de aula y fuera de aula. Eso responde a las necesidades reales y, eso permitiría ir creando un sistema educativo con otras bases. Es lo que se está tratando de hacer, y comenzando a realizarse en alguna universidad, por ejemplo la Universidad de Chile. Estamos en eso, los estudiantes de pedagogía, los historiadores sociales, los sicólogos sociales. Pero estamos también luchando dentro de la Universidad de Chile, porque el rector quiere otra cosa. El rector quiere crear un centro de investigación con altas remuneraciones, asociado a Finlandia y a cualquier otro país desarrollado. Para crear una especie de élite especializada.
Eso es, más o menos lo que hay sobre el tema educativo.
El proceso va andando lentamente. Pero va…

Gabriel Salazar Vergara (Santiago, 31 de enero de 1936) es un historiador chileno, profesor de la Facultad de Filosofía y Humanidades y de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile. Galardonado con el Premio Nacional de Historia 2006, es en la actualidad uno de los más destacados exponentes de la historiografía social y política contemporánea chilena.

Texto y foto: Juana Donoso Casanellas