Poesía, (Chile).

Dialéctica de la madre y el hijo

Cote Avello.     29.Ago.2015    Cultura

“Los hijos son prestados”, un día me dijeron
y yo solo veia sangre de mi sangre. ¡Mío!

Segundo a segundo la vida abriéndose paso
nos lleva por caminos recorridos millones de otras vidas
desde edades inconmensurables.
Hijos haciéndose al mundo desde los úteros florecidos,
expandiéndose ellos mismos célula a célula,
hasta desbordar las matrices y pender de un hilo.

Dolor, dulzura, amor, pérdida, nacimiento.
La muerte del feto, la vida del crio.

Bocas asidas a las tetas lechosas y tibias,
cuerpecitos envueltos de brazos arrulladores.
Ojos que se enfrentan con el mundo.
Ojos que miran esos ojos, iluminándose.

“Los hijos son prestados”, un día me dijeron
y yo solo veia sangre de mi sangre. ¡Mío!

Pero el mundo es el mundo, y el mundo tuyo,
nada dice de los colores con los que yo lo pinté en tu pieza de niño.
“Todas las hojas son del viento”, cantaba Spinetta.
Lo entendemos los hombres, ¿Lo entiende el árbol?

Manitas jalonadas por unos pasos largos
a tropezones a rodar por los caminos,
antes a la siga y más temprano que tarde,
extraviados entre luces y sombras, ya sin guía.

El mundo es ancho y basto a la medida de pies grandes
mucho más allá de “donde mis ojos te vean”.

¿Que dicen de tí las fotos que insisto en colgar en la muralla?
Dicen que los ojos, que miraban esos ojos,
los mismos que te miran ahora,
no han dejado de mirarte, mirando el mundo.

Podría decirte, como me dijo mi madre,
y a ella su madre, y a ella su madre,
“cuando seas padre, lo comprenderás”
Y siendo verdadero, como era para ellas,
y es para mi justo este día, no lo comprenderás,
hoy, como yo tampoco comprendí.

Podría decirte a la misma usanza,
“esto que hago, lo hago por tí y me duela más a mí”.

Tomo las tijeras de las madres,
esas que un día descubrimos como una muerte almidonada
en algún rincón oculto de la vida
y corto nuestro cordón umbilical.

Te libero hijo y me libero madre,
para que seas un hombre en el mundo
que mis ojos no tienen como reconocer
y yo no sufra más, que no veas mi mundo.

Dejo de una vez y para todas de criarte,
te dejo con ello, que me vuelvas una otra madre.
La teta mía también tiene que aprender a no necesitar tu boca.

Ensayo una nueva forma de amarte:
Te libero para ser libre, me libero para liberarte.

Te reconozco hombre libre en el mundo que ven tus ojos
y desde mis ojos que abrazan el recuerdo fragmentado,
como un igual te veo levantar tu propio vuelo.
Fuente: Cote Avello.